

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 20
Bill continuaba mirándome mal.
— ¿Qué quieres decir con algo raro, eh?
— Ven. — jalé su mano para entrar a la habitación de Maddy y señaló su cama. —Se hizo orina en cama. Ayer se puso rara luego de bajar de cambiarse y cuando salimos seguía actuando extraña por un momento.
— Uhm. — relamió su boca yendo hacia la ventana para abrirla. — Por favor, saca el colchón y déjalo en la terraza secar.
— Pero no te muevas de aquí, te lo suplico.
— A ver, Tom. Cálmate.
— No. Lo siento pero no. Si quieres sácalo tú y yo me quedo aquí.
— Como quieras. — dice sacando el colchón de la cama de Maddy para llevar a la terraza. En eso salía la niña con su albornoz de osito y se sentó en el sofá.
— Mi papá siempre me busca ropa.
— Oh… — voy hasta su enorme closet para buscarle ropa. Elegí una camisa deportiva, unos pantalones grandes, unas medias y unos zapatos deportivos, con vergüenza y haciendo a un lado mi cara tomé un calzón pequeño junto con unas medias y las dejaba en su cama. — Cámbiate rápido, por favor. — salgo de la habitación casi corriendo para cerrar la puerta a mi detrás. Me quedé arrimado en la pared un rato, con la cabeza pegada en la misma y los ojos cerrados.
— Aquí está el otro colchón. — llega diciendo Bill.
— Okay, espera a que se vista.
— Sí, uhm… rogaría que vayas a su escuela, justifiques la falta y hagas que presente sus tareas.
— Está bien.
— Ya. — dice Maddnees desde el interior y Bill abre la puerta para entrar.
— Maddnees, ¿qué es esa ropa? — pregunta Bill con molestia mientras yo meto el colchón a la cama.
— La eligió mi papá…
— Ay. — se tapa el rostro para calmar sus ganas de querer explotar. — ¡La has vestido como tú!
— Y no le queda mal.
— Agh. — va al closet y me tira unas sábanas lila de ceda con nuevas colchas para que la tienda mientras le busca una ropa diferente. Tiendo la cama en silencio hasta acabar y me enderezo. — Pobre ese mameluco, esas sandalias y esa blusa, Maddy.
— Uhm, no… a mí me gusta.
— Por favor.
— Déjala. — cruzo los brazos, arqueando una ceja. — Siempre está vistiendo vestidos, mallas y cosas así, deja que sea feliz por un momento.
— Okay. — suspiró colocando la ropa que sacó de nuevo en su lugar.
— Voy a ir a mi casa a traer de nuevo mis cosas.
— Está bien…
— ¿Puedo ir contigo? — pregunta Maddnees tomando mi mano. Acaricié su cabello húmedo antes de responder.
— Por supuesto.
— Yo también. — añade Bill ganando una mirada de ambos y asiento con la cabeza empezando a salir con Maddnees de la mano.
Bill iba detrás de nosotros en silencio y luego su novio le gritaba un ‘Bill, tengo hambre’. El mencionado suspira gravemente y detiene sus pasos. — ¿Me pueden esperar, por favor?
— Sí, supongo.
— Gracias. — da un toque en mi hombro antes de ir a la cocina mientras Maddy y yo caminamos al auto. Hago que se suba en la parte de atrás con él cinturón como siempre e iba a hacer tiempo encendiendo el auto e ir a revisar la parte de adelante que no tenga algún inconveniente o los neumáticos.
Lo empiezo a limpiar bien para que su pintura esté reluciente y luego salía un Bill desganado.
— No podré ir pero… — levantó ambas manos con un par de bolsas de sandwiches con jugos de cartón de mora y me los daba. — Para ustedes. — lo metió en el auto para darle a Maddy y luego volvía hacia mí
— ¿Por qué no puedes ir?
— Trabajo. — murmuró.
— ¿O tu novio no te deja?
Vuelve a mirarme mal: — Tengo trabajo, ¿qué parte no se entiende, eh?
— Bueno, que eres el jefe y estás en tu casa, nadie te observa y puedes hacer lo que te venga en gana.
— Joder. Solo no puedo.
— Okay, al volver quiero retomar la confesión que me hiciste ayer. — levanté la mano para darle una caricia que Bill esquiva dando un manotazo en el antebrazo y retrocede, a la defensiva. Ignoro su comportamiento subiendo al auto y cerrando la puerta del coche para salir. Una vez que tengo el carro fuera cierro el portón dando una última mirada al pelinegro y voy rumbo a mi casa.
En el transcurso voy comiendo el sándwich delicioso que preparó Bill con un pan diferente, no era de ese pan insípido que le daba a Maddy. Consistía en sandwich de salami, con lechuga, tomate, mayonesa, queso derretido en exceso que hasta me manché de grasa la camisa y el jugo de la marca ‘pulp’ buenísimo estaba.
«Dios, benditas las manos que las prepararon.»
— Papá, si no avanzas el tuyo me lo das. — en cuanto el auto se detiene en un semáforo en rojo volteo a ver cómo Maddy se terminó su sandwich. Estaba embarrada toda la ropa y se chupaba los dedos haciendo que riera y le comparta un trozo.
&
— ¡Abuelita! — salta Maddnees a los brazos de mi mamá al entrar a la casa.
— Hola, preciosa. ¿Cómo estás?
— Bien, te extrañé mucho.
— Hola. — saludo yo con un beso en la mejilla antes de desaparecer por las escaleras a mi habitación para meterme a dar un baño rápido. Al salir me pongo ropa limpia con la crema corporal de siempre y desodorante. Meto más ropa limpia a la maleta porque está ves si nadie me saca de la casa de Bill ahora que ando sicoseado y no sé que es esa tensión que hay en la casa.
Voy metiendo los zapatos, medias, boxers y me entra una llamada de ‘Baby Bill’ que contesto al instante pero en ella solo oigo quejidos, respiraciones entrecortadas y suspiré.
— Uhm, sí estás teniendo tus cosas con tu novio ¿por qué me llamas? esto es raro. — y cuelgo, guardando el móvil al interior de mi bolsillo.
Una vez que tengo listo todo bajo con la maleta pesada a la sala, siendo el centro de atención de mamá e iba a hablar pero llega un mensaje de la misma persona.
|Por favor, ven a casa…
|tengo que salir.
✔✔
Hice una mueca: — ¿Otra vez te vas?
— Lo siento mucho. — digo dándole un abrazo por detrás ya que estaba sentada en el sofá con la cabeza de Maddy en sus piernas, ambas mirando la tele.
— Bueno, pero… ¿todo está bien?
— Sí. Ahora tengo que ir por Bill, no sé a dónde irá.
— De acuerdo.
— Vamos, Maddy.
— No, papá. Déjame aquí con mi abuelita, por favor. — pidió en tono de súplica mientras yo avanzaba hasta la puerta.
— ¿Y que le digo al histérico de tu papá, eh?
— No creo que le moleste que Maddy se quede aquí, sabes lo mucho que la quiero y la voy a cuidar. Además siempre paso sola en casa y no vendría mal su compañía.
— Sí, por favorcito.
— Bueno, pórtate bien. Vendré en la noche. — suspiré saliendo finalmente de la casa para subir la maleta a la cajuela del auto y luego yo al asiento del conductor para ir, no sin antes pasar por una gasolinera a poner combustible e ir hasta la casa Kaulitz que era como conducir de polo a polo porque si estaba bien lejos…
Lejísimos.
Al llegar metí el auto al interior de la casa para bajar mi maleta e ingresar al interior de la casa, directamente a la que era mi habitación. La llaves de esta seguía dónde dejé la última vez y la metía a mi llavero nuevamente, poniendo seguro la habitación y así bajé a la sala para esperar.
— ¡Biiiill! — grité con flojera. — ¿Cuanto vas a tardar?
— Creí que aún no llegabas. — dice a mi detrás. Rápido me levanto para verlo.
— Recién llegué, uhm… ¿a dónde iremos?
— Tengo que ir a mi oficina y luego te regresas si quieres. Vamos. — jala mi brazo para sacarme de la casa e ir hasta el auto dónde sube en la parte de atrás. Rodeo los ojos estresado por su cambio de actitud así nada más. Abro las puertas automáticas para salir y así mismo las cierro para irnos. — Oye, mañana es tu día libre. ¿Qué vas a hacer? — cuestiona mientras se pasa al asiento delantero junto a mí.
— Estar en casa todo el tiempo, lo único que no sé si es en la de Georg, en la tuya o en la mía.
— Oh, bueno. Ojalá que en mí casa. — susurró sacando de su bolsa las sombras oscuras para retocar su maquillaje frente al diminuto espejo que traía consigo mismo. Agregaba más y más polvo oscureciendo su ojo y yo fruncía el ceño.
Se acabaría todo solo en un ojo, ¿qué le pasa?
— Oye, ya… — digo quitando la sombra de su mano. — ¿Qué es pues? te la pones en un solo ojo como si tuvieras que tapar algo, no sé. — Bill mantuvo su expresión neutra con la mirada al frente, callado. — ¿Te está pasando algo que yo no sé?
— No. — murmura tajante, de brazos cruzados durante todo el camino hasta su oficina. Mi cabeza se llena de dudas e incluso se pone a hacer suposiciones referentes a la charla que tuve con Gianella antes de ayer en la cual me preguntó estúpidamente si Bill se dió cuenta de que Alex era un maltratador.
Metí el auto dentro del edificio—luego de presentar identificación entre otros datos —a los parqueaderos subterráneos, todo estaba oscuro y habían unos pocos coches en el interior.
— ¿Por qué abajo?
— Anda. — digo arrebatándole la bolsa. Bill se pone a forcejear conmigo por quitármela y al no poder me pega por todos lados.
— ¡Dámela! ¿¡qué haces!? — en silencio busco ese frasco con esas toallitas que usó hace unos días con Maddy y le devuelvo la bolsa, logrando callarlo.
— Si no escondes nada quítate el maquillaje y déjame ver.
— No quiero.
— Bueno. — guardé los productos en mi bolsillo. — Hasta que lo hagas voy a parecer un maldito chicle pegado a ti.
— Como quieras. — abrió la puerta del coche para bajarse del auto. Yo repetí su acción luego se bajar los seguros del auto e ir corriendo detrás de él, para seguirlo hasta el ascensor que había ahí. Ambos nos subimos en el ascensor en silencio e íbamos al piso seis que era el de su oficina.
Al llegar fue el centro de atención y todos se le lanzan a mostrarle los pendientes que debe firmar, revisar, entre otras cosas. Esas personas fueron ignoradas y solo entramos a la oficina con el respectivo seguro en la puerta.
— ¿Puedes recoger tú esos pendientes?
Voy hasta la puerta para hacerme presente y aclaro mi garganta antes de hablar: — Todo lo que el señor Kaulitz tenga que revisar entréguenmelo a mí. — extiendo ambas manos. En menos de cinco segundos tenía una lluvia de carpetas sobre mi que metía a la oficina a dejar en el escritorio y Bill sonreía divertido.
Al volver hasta la puerta recogí unos que cayeron al suelo y le pongo seguro antes de sentarme.
— Oye, no te pregunté que clase de carrera estabas estudiando.
— Dirección y Administración de empresas.
— Interesante. — sonrió de lado yendo al pequeño refrigerador para sacar una botella de vino junto con un par de copas. — ¿Ahora sí tomas?
— Puedo hacerlo para no dejarte solo.
— Oh, claro. — vuelve al escritorio luego de quitar el corcho y servir dos copas bien llenas. — ¿Es lo que hiciste cuando saliste con Gianella?
— ¿Qué?
— Te recuerdo que esa noche te metiste a mi cama. — extiende la copa de vino y yo la recibo para oler. No me gustaba el aroma pero la tomaría aún así. — Olías a tragos.
Yo reí dando el primer trago.
— Fue mi primera vez y no estaba con Gianella o Georg, solito.
— Estúpido. — reía divertido aún bebiendo su copa. — Me interesa la carrera que estás siguiendo, Tom. Yo estudié economía, contabilidad y finanzas y negocios internacionales pero este último no acabé por el tiempo, además mi cabeza ya no da para más.
— Sería bueno que continúes. — relamí mis labios poniéndome de pie para curiosear en la oficina. — Yo quiero tener una empresa así de grande como la tuya, Bill.
— A lo mejor y llegas a ser mi empleado aquí.
— No. — hice una mueca. — No quiero tener un jefe histérico, quiero mi propia empresa.
— Gracias por lo de ‘jefe histérico’. — dice en un tono de voz ofendido mientras ríe.
— Es broma.
— No, ya dijiste.
— Uhm. — relamía mis labios volviendo a acercarme a Bill, cara a cara. — A lo mejor quiero ser el presidente y director de tu empresa. Me gustan los puestos importantes.
Bill ladeó una sonrisa coqueta mientras deja mi copa con la suya sobre el escritorio y me mira de la misma forma.
— ¿Qué dices si te pago la carrera, Dad Tom?
— No. — acaricio su mejilla. — No voy a sentirme en deuda con usted, Baby Bill. — murmuré antes de pegar mis labios en su cuello. El pelinegro gime con delicadeza apoyando sus manos detrás de su espalda.
— Me pagas siendo un buen presidente y director aquí en K’z, es lo único que pediría. — una mano lleva hasta meterla entre nuestros cuerpos y tocar mi erección que crecía. — Yo puedo enseñarte como se trabaja aquí. No sé por qué me inspiras tanta confianza que podría dejarte todos mis negocios bajo tu responsabilidad. Sé que los llevarías de maravilla.
— ¿Crees que somos un buen equipo? — digo abriendo sus piernas para así escurrir mis manos hacia su trasero, apretarlo y empujar en contra de mis caderas para sentirlo.
— Lo somos… — gimoteó al dejando que yo moviera sus caderas de arriba abajo en mi contra. — Tienes autoridad, buen liderazgo y lo demuestras en mí y en mi hija… ojalá fueras su papá.
— Biológicamente hablando quizás no, pero ¿qué tal como su padrastro, eh?
— ¿Qué? — decía con la mente en las nubes sin pensar.
— También me gustas e independientemente de todo quiero tomar la paternidad de tu hija como mía también.
— Tom. — gimió buscando mis ojos. — Dime que no es por interés.
— No. Mis padres me enseñaron buenos valores y les estoy agradecido. — sus ojos se oscurecen al instante que siente como le abro el cinturón para meter mi mano dentro de sus pantalones y libero su miembro duro.
Bill se encarga de quitarme la visera y el gorro de lana para dejar caer mis rastas. Me toma por la nuca y apega su frente a la mía. Ambos bajamos la mirada para ver cómo era tocado por mi mano. — Me gustas así de histérico también, todo de tí. — Bill levanta la cabeza para atrapar mi boca en un beso corto. — Uhm… deja a ese novio que tienes y elígeme a mi.
Empiezo a bajar sus pantalones junto a los boxers a una altura prudente y luego lo volteo. Cómo me encantaba la vista de su trasero frente a mis ojos y lo acaricio dando suaves azotes con una mano zurda mientras la diestra desabrocha mis pantalones y caían al instante. Después bajo mis boxers para tocar mi pene.
— Ay, Tom… — gimió. — Pero no me has dicho si quieres que te pague los estudios.
— No lo sé. — llevo mis dedos a su boca. Bill se encarga de chuparlos, llenarlos de saliva para así yo humedecer su zona y meter un par de dedos. Su piel se eriza y su trasero se empina más rozando mi glande.
Cuando creo que está dilatado un poco voy acercando la punta pero me detengo.
— No tengo preservativos. — murmuré.
— ¡Joder! — da un golpe en la mesa cabreado.
— Lo siento. — vuelvo a ubicar su ropa con normalidad. Luego yo acomodo la mía en silencio y voy a sentarme en su asiento. Bill se encuentra inconforme por detener el acto pero así estaban las cosas. Nos quedamos en silencio por un rato, Bill movía su pie desesperado con la evidente erección entre sus piernas. — Te puedo masturbar.
— No me es suficiente.
Reí divertido inclinando mi cuerpo hasta tomar la mano de Bill para jalarle y hacer que se siente en mis piernas. Este empieza a moverse con ansia, deseando mi pene y por supuesto, excitándome nuevamente con sus movimientos.
En serio lo ví tan necesitado que me ganó la cachondería y llevo las manos hasta su cinturón nuevamente para desabrochar y bajarle hasta dejar al descubierto su culo pálido. Doy un par de nalgadas antes de sacar mi pene para ponerlo en su entrada.
Bill iba bajando lentamente, tragando mi entrepierna con su culo. Estrechando con sus paredes mi polla y sin esperar se comienza a mover.
Su culo lo sentía cálido y mojado como la primera vez.
Mientras me monta hago un espacio entre los dos para sacarme la camisa y tomar el control de los movimientos en su interior. Metiendo mis manos debajo de su camisa oscura para agarrar sus pectorales. Tenía una manía terrible por tocarle siempre ahí porque sus pezones en mis palmas se sentían deliciosos por su dureza.
Bill también se quitaba la chaqueta gris, luego la camisa y ambas volaban lejos de nuestra vista. En su espalda tenía un morado por lo que supuse que fue del impacto de aquel día y lo besé ahí mismo, robándole un gemido de dolor.
Detengo mis movimientos y obligo a su cuerpo a levantarse. Tiré todo los papeles que habían en el escritorio para recostar el cuerpo de Bill con el frente hacia mi y le termino de quitar lo último que tiene de ropa. Le beso en las pies, ascendiendo a sus piernas, los muslos, doy una lamida en sus huevos y sigo por el abdomen hasta llegar a sus pezones. Lamo uno de ellos y muerdo con ganas.
— Mhmm. — gimotea con la piel erizada. Le acaricio los tatuajes visibles ansioso mientras vuelvo a meterme en su interior para seguir jodiendo su precioso culo. — Ay, sí… — hecha la cabeza hacia atrás. Sus labios estaban secos y su garganta quizás seca igual.
Él se veía divino así de excitado por mí.
Me motivaba a darle más y más rápido, ¿qué importa si escuchaban? aquí quería complacerle a él.
— Tom. — dirige su mirada a mi mientras se masturba su polla, explorando mi torso desnudo y levantándose para ver cómo mi pene desaparece y aparece en su interior. — Agh… mhmm… — de igual forma exploro a detalle su torso desnudo. En un lado en las costillas también tenía un morado.
¿De qué era esta vez?
— Ojhm… voy a acabar. — murmura mordiendo su puño. — Más… y gime como esa vez que te metiste en mi casa, por favor. También gime que me encanta escucharte.
Me sonrojé más de lo que estaba.
¿Yo? ¿gimiendo? pff…
— Tom… — casi gritaba. — Hazlo, por favor. Gime… — jugueteo con el piercing en mi labio y cierro los ojos para dejarme fluir.
— Mhmm. — solté un gruñido por como Bill estaba contrayendo su entrada. — Oh, sí… — relamí mis labios. Aquellos sonidos que eran suspiros se vuelven gemidos graves y audibles porque sentía como estaba por correrme.
— Ufff… ¡mhmm! — chillaba mordiendo su labio inferior y dejándose venir sobre su abdomen. Para yo poder venirme salí de su interior y lo hecho en entre sus piernas, con un último gemido alto. — Ay… — lo escucho al abrir los ojos. Bill aún seguía con las piernas abiertas. — Más. — súplica.
— No podemos ser un par de irresponsables, ¿sabes? deberías ir a ponerte una inyección anticonceptiva en caso de no tener preservativos.
— Vamos… — tomaba mi pene flácido para tocarlo igual que el suyo, volviendo a crear una erección al instante. — Una segunda vuelta… — así lo guía a su entrada para meterlo y dios.
Yo no me negué.
Continúa…
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