

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 2
— Disculpen que los haya recibido así en estas fachas pero no he tenido tiempo de arreglar la casa, el tiempo me consume y tampoco he podido contratar personal temporal para que la limpien. — dice mientras se sirve una tasa de té de la jarra que anteriormente le habían traído.
— ¿Usted vive solo en todo esto? — cuestiona Georg, que era el que más tenía la boca abierta. En cambio yo veía a Bill asentir con lentitud.
— Por favor, no me trates de usted. Llámame Bill.
— Okay, Bill. — decía Georg con una sonrisa. — Tienes una casa increíble.
— En contra de mi voluntad. — suspiraba dejando la taza y después jugando con los dedos de sus manos, nervioso. — Era la casa de mis padres, siempre les gustó los lujos y ahora que están en el más allá me pertenece, al igual que sus negocios. Esto no era lo que yo quería pero de algo tengo que vivir.
Ahora yo asentía con lentitud.
— Te pareces mucho a Moritz. — comenta Bill haciéndolo sonrojar, mientras yo rodeaba los ojos. ¿Acaso vine a escuchar cumplidos hacia Georg? sí era así me iba y los dejaba a ambos platicar a gusto. — Okay, Tom. Cuéntame de tí.
El sonrojado fuí yo y no era bueno porque no podía hablar.
— Tom lleva cinco años trabajando de niñero. — mintió Georg por mí. — Ha cuidado por mucho tiempo de mi, un par de primas y bueno, tiene una excelente recomendación.
— No cabe duda. — agregaba Bill. — Si lo recomendó tu padre es por algo, eso me agrada… ¿pero por qué no habla él?
— Está nervioso.
— Oh. — sonrió Bill. Colocó una taza de té en la que estaba vacía y me la pasó en un gesto amable. Yo la acepté y le doy un sorbo, luego inhalando el aroma de la canela. — Entiendo, pero no lo tomes como una entrevista formal de trabajo, ni yo mismo sé cómo realizar una pero supongo que voy bien… ahm… ¿estudias o trabajas?
— Estudio. — respondí finalmente en un hilo de voz, incapaz de mirarlo a los ojos. — Y quiero un trabajo porque en la universidad van a quitar las becas por lo tanto necesito seguir costeando mis estudios.
— Fascinante. — muerde su labio inferior analizando la situación. Quería morirme ahí mismo porque el gesto realizado de su parte me había gustado mucho. — ¿Cuánto cuesta?
— Toda la carrera en si nueve mil euros. Recién ingresé y bueno, ya me voy a quedar sin beca.
Bill rió moderadamente tapando su boca: — Maldición, esa es una maldita desgracia.
— Lo es.
— ¿Cuanto era el valor de tu sueldo en tus antiguos trabajos? — aquella pregunta me había tomado por sorpresa por lo que regreso a ver a Georg buscando ayuda.
— Trescientos mensuales. — respondió.
Bill asintió con la cabeza para luego decir: — Me parece muy poco.
— Poquísimo. — agregó Georg. — Ni siquiera yo estaba de acuerdo en esa paga tan humillante cuando Tom se ha partido el lomo cuidando niños rebeldes entre otras cosas como lavar su ropa, trastes, limpiar… ¡pff! es un niñero no un sirviente.
— Entiendo y concuerdo contigo, ese sueldo realmente es humillante.
— Pa… — Bill suspira al ver como una niña pequeña interrumpía la conversación. Yo la miré. Igualmente era pelinegra, de tez pálida como Bill y joder, una copia exacta suya pero la nena tenía el cabello corto, ojos más pequeños. También traía el uniforme de una escuela costosa.
La expresión de la niña era una de tristeza y su rostro estaba rojito por haber llorado anteriormente. Su cabello estaba revuelto y al escuchar a Bill se quedaba quieta, sin dar un solo paso.
— Ahora no, Maddy. Estoy hablando con los chicos, ve a tu habitación.
— Pero no te enojes conmigo. — lloriqueaba la pequeña con resentimiento. — Te prometo que no voy a volver a sacar una mala nota.
— Que vayas a tu habitación, luego lo hablamos y por favor, cámbiate el uniforme. — la niña lloró mucho más antes de dejarse caer al suelo aún en llanto. Tenía los ojos cerrados, su rostro un poco levantado y la boca abierta.
Bill suspiró tapando su rostro.
— Maddnees Genevieve Kaulitz ponte de pie ahora o tu castigo será peor que el anterior.
— Haz algo. — susurró Georg dándome un codazo pero es que yo no sabía qué. Así que creí en algo prudente y me pongo de pie para acercarme a la niña. La levanto y cargo en mis brazos acariciando su espalda para calmarla pero me abrazó y lloró más. — ¿Le fue mal o qué?
— La profesora me llamó para decirme que conversaba mucho con la hija de Andy, mi mejor amigo y ambas sacaron una mala calificación en la lección de matemáticas. Le he dicho muchas veces que no me molesta que converse con sus amigas pero para eso está la hora del receso. ¿Por qué tiene que hacerlo en clases? me molesta que me llamen al trabajo por algo que ya hemos hablado y sigue haciendo.
— ¿Me dejan hablar con ella? — pedí refiriéndome a Bill y a Georg, quienes me miraron. El pelinegro se pone de pie para perderse entre una de las puertas y Georg caminó lejos, pero obviamente no salió e iba a escuchar lo que diría. Hice que Maddy—quien aún lloraba—se siente en el sofá a mi lado. Sequé sus lágrimas con la manga de mi saco. — Por favor, no llores. Te vas a ver muy fea si lo haces.
— No soy fea solo que nadie me entiende.
— ¿Qué no te entienden?
— Estoy muy triste porque si hago cosas malas es la única forma de tener la atención de mi papá y se enoja ¡le disgusta! nunca se acuerda de que tiene una hija esperando por él en casa, siempre estoy sola. ¡Siempre!
Fruncí el ceño: — ¿Papá nunca pasa en casa? — Maddy niega con la cabeza, su llanto iba cesando de a poco después de decirme eso.
— Lo único que quiero es que me dé su atención, abrazos y me diga cosas bonitas. Siento mucha envidia cuando no va a mis programas en la escuela y su mejor amigo lo reemplaza porque él si tiene tiempo para Bri. — suspiré con tristeza.
La vida de muchos niños ricos era como la de Maddnees. Muchos padres centrados en su trabajo, hijos abandonados en casa y haciendo todo lo malo para llamar su atención que de nada sirve porque no recapacitan pensando en si lo que ellos hacen está bien. He aquí el ejemplo de una niña de siete años, hace lo que a su papá le disgusta para poder verlo pero no de la forma en la que quisiera, siempre con lo malo en la situación. Fijándose en el error cometido sin profundizar las razones.
— ¿Puedo hablar con papá sobre esto? — pregunté curioso, a lo que ella negó con su cabeza varias veces. — ¿Por qué?
— Se va a enojar más conmigo.
— Está bien no le diré. Qué sea un secreto entre amigos.
— Si…
— ¿Secreto entre amigos? — dije brindándole mi mano. Maddy la mira con duda antes de estrecharla amistosamente. — Mi nombre es Tom.
— Hola, Tom. Soy Maddy. — la expresión de ternura en mi rostro no daba para más.
— Mucho gusto, Maddy. — por el rabillo del ojo veo como Bill se acerca a nosotros en silencio. — Ve a cambiarte para que no te regañe papá. — le digo, a lo cual obedece educada y sale corriendo, ignorando la presencia de Bill, quien vuelve a sentarse a mi lado y Georg se acerca detrás de mí.
— Lo siento. — se disculpó apresurado. — Me pone nervioso verla llorar por algo que tiene la falla y Dios, soy un padre primerizo. No sé cómo lidiar con ella en estas cosas.
— Está bien, no pasa nada. — respondí con una media sonrisa.
— Bueno, uhm… luego de verla así ¿aún te interesa el trabajo?
— Claro que sí.
— Gracias. — dijo con cierto alivio en su voz y una sonrisa. — Por mi empieza desde hoy, no tengo problema. — asiento con la cabeza mientras veo a Bill ponerse de pie. — Te espero en mi despacho para arreglar un par de cosas. — afirmé con la cabeza mientras lo veo irse.
— Estoy muy feliz. — agregó Georg poniendo sus manos sobre mis hombros. Yo me levanté para voltear a verlo y los dos nos sonreímos en complicidad. — Espero que cuando salgas me llames, salgamos a beber y lo pagues con tu primer sueldo.
— Por supuesto. — sonreí mientras chocaba los cinco con Georg a modo de despedida. El castaño en cuestión de segundos abandona la enorme casa dejándome a solas en mi primer día.
Para no hacer esperar a mi nuevo jefe voy hasta su despacho. Golpeó la puerta antes de entrar y detrás de ella se escuchaba un ‘siga’.
Entro a la habitación que parecía una enorme biblioteca estatal. En la misma habitación había una segunda planta donde el sacó la cabeza para que subiera hasta donde estaba.
Tomé asiento en la silla de enfrente del escritorio, mirando sus ojos por primera vez.
— Estaba hablando con mi abogado para realizar el contrato de tu trabajo, lo traerá mañana. — empezó hablando mientras yo le oía en silencio. — Eso mientras tanto, mañana en el contrato verás todo lo demás y por supuesto, puedes leerlo a detalles sin gustas. No tengo problema.
— Está bien.
— Por ahora voy a estar en casa todo el día por lo que me gustaría conocerte más y que me conozcas tú a mi, así que si tienes dudas, preguntas o inquietudes házmelo saber. — relamía mis labios acomodando mi trasero muy bien en el asiento. Después posaba ambos codos sobre el escritorio, mirando fijamente a Bill, que se dedicó a cruzar sus piernas y mirarme, sonrojado.
— ¿Eres padre soltero?
— Sí.
— ¿Qué hay de la mamá de Maddy?
— No existe y jamás existirá. — arqueo ambas cejas por la frescura en la que lo dijo. — ¿Tiene usted hijos, Tom?
— Ninguno.
— ¿Y novia?
— Tampoco.
— Mejor. Quisiera que estés entregado a tu trabajo completamente y si es posible te mudes a vivir aquí. Más que el niñero de Maddy me gustaría que fueras como su segundo papá. Aquel que me reemplazará cuando yo no esté porque estoy seguro que trabajarás largo aquí y yo espero lo mismo. Juro que no puedo solo con la responsabilidad de Maddnees y claro… Eso te será recompensado con un buen dinero, no te preocupes.
— Entiendo. — Bill servía en un vaso de cristal un poco de bebida alcohólica y se la tomaba de golpe. En el momento que me la ofrecía me negué. — No tomo. — a lo cual sonrió ladino, bebiendo él. — Mejor dime las actividades que debo realizar.
— Mañana entra a la escuela a las siete en punto, ni más ni menos. Estudia en el colegio religioso ‘corazón de Leipzig’. Queda cerca. Por las tardes pasaba curso de ballet que dejó de tomarlo por mi falta de tiempo y quiero que lo vuelva a tomar. No come tanta grasa, come dulces de vez en cuando. No en exceso y tiene que dormir a las diez de la noche. Por supuesto que le está prohibido el uso de un teléfono móvil, cuando debe consultar se queda en mi oficina haciéndolo donde yo la vea y luego vuelve a casa. No hay más computador que el de mi trabajo. Por supuesto que ve la tele y… ¿ya?
— Joder. — empiezo a reír por lo bajo mientras niego con la cabeza. — Cuánta exigencia para una niña de siete años, Bill. ¿Qué te sucede?
— Discúlpame pero precisamente porque es una niña de siete años tengo que evitar el uso de la tecnología. Hoy en día la gente es mala y me asusta con lo que se pueda encontrar. Quizás cuando tenga sus diecisiete años recién le de un móvil. Antes no.
— ¿Y los dulces? a todos los niños les encanta.
— Cuando digo que no en exceso es para evitar los bichos, dolores, etcétera, uhm… en navidad si le dejo comer lo que quiera y en su cumpleaños. No soy tan malo como parece.
— Oh, por supuesto.
— Irás aprendiendo a lo largo del tiempo, no hay que adelantarse.
— Perfecto, creo que eso es todo. — me pongo de pie e igual Bill repite mi acción. — Iré a dar un vistazo a la casa. — Bill asiente en silencio y yo empiezo a retirarme del despacho, antes de salir por las puertas estilo francés el pelinegro dice:
— Piensa lo de mudarte a vivir a mi casa, serías como el dueño. — observo hacia la planta de arriba donde está Bill, sacando su cabeza y yo le sonreí, haciéndole un ademán con la mano.
— Lo pensaré. — termino por guiñarle un ojo y salgo completamente, con él pulso alocado.
Suelto un suspiro terrible al estar solo y voy caminando recorriendo la casa.
Realmente no había nadie, todo estaba desolado, más desierto que el Sahara.
Por supuesto que no iba a vivir aquí.
¿Qué tal si me aparecía un maldito fantasma por la noche a punto de jalarme las patas? Dios santo.
En este tipo de casas es que se hacían las películas de terror.
— ¡Tom! — decía Maddy corriendo por las escaleras hacia mi para abrazarme. — Creí que ya te habías ido y que no querías ser quien me iba a cuidar por llorar frente a ti.
— No pasa nada. — le sonreí acariciando su cabellera sedosa. — Me iré en la noche y por supuesto que voy a cuidarte. Me caes bien.
— ¡Genial! — exclamaba emocionada. — Mira, te hice un dibujito lindo por ser mi primer amigo que pasará en casa conmigo siempre. — me extendía un dibujo o mejor dicho un garabato de un par de personas. Yo era el chico con cuerpo de triángulo y Maddy la de un círculo. En la mitad de ambos estaba la palabra ‘Mejores amigos’. — ¿Te gustó? siempre se lo hago a mis amigos.
— Está muy bonito, Maddy. — ella me abrazó nuevamente y yo sonreí. A mi detrás sentí la presencia de un Bill con los brazos cruzados, recargado en el marco de la puerta y con una sonrisa que no dejaba ver sus dientes me saludaba una vez más, reapareciendo mis nervios al instante.
¿Por qué la presencia de Bill me ponía demasiado nervioso?
— Maddy por favor enséñale la casa a Tom, probablemente acepte quedarse aquí para cuidarte a ti y la casa.
Ay, ¿por qué el tono de voz que estaba usando era demasiado bueno para mis oídos? y es que gustaba su tono maravilloso de voz. Su voz no era grave, al contrario, muy suave y dulce.
Me pegaba en dónde más dolía.
— Vamos. — dijo la niña sacándome de mis pensamientos, jalando mi mano apresurada. — ¡Te quiero enseñar la colección de autos que tiene mi papá! ¡tienes que verlos! — entonces empiezo a caminar a la par de Maddy.
— ¿Le gustan mucho los autos a tu papá, Maddy?
— ¡Sí! no lo has visto correr en auto, es un buen piloto pero ya no lo hace desde que sufrió un accidente y lo dejó mal. — comentaba triste. — Mi mamita iba con él y ella se murió. — lo último terminó con tristeza — Yo solo tenía cuatro años. Desde ese entonces ya no corre en auto.
— ¿Cómo sabes?
— Las pocas veces que ha estado conmigo me ha contado sus historias. Yo quisiera que vuelva a correr para verlo. — al llegar mi boca casi cae al suelo al ver todos los autos de distintos modelos, años, colores y premios.
Entre ellos estaba el Cadillac que tanto aparecía últimamente en mis sueños y lo quería comprar.
Continúa…
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