

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 18
— Maddnees, por favor baja del auto. — forcejeaba para sacarla del coche y hacer que entre a la escuela pero esta se negaba abrazándose del cinturón de seguridad. No sé cómo se enredó con el, lo cierto es que no podía hacer tanta fuerza por estar bajo la mirada de todas esas personas que traen a sus hijos. — Se te hace tarde, amor. — digo colocando una mano en la cintura rendido y la otra limpia el sudor de mi frente.
— No quiero, no quiero, no quiero. Que venga mi papá Tom, por favor. — y ahí de nuevo se ponía a llorar.
Hoy no estaba de humor para soportar su berrinche y busqué como desenredar el cinturón de su cuerpo hasta conseguirlo y sacarle del auto a la fuerza e hizo que mi espalda choque en la pared. Solté un suspiro y le di un golpe en las nalgas que le hace llorar mucho más.
Era la primera vez que lo hacía.
— Ya, cállate. — tomé su mano y agarré la mochila del auto para cerrar la puerta y llevarla a como de lugar al interior de la escuela siendo el centro de atención de todos esos niños.
Sara al verme llegar corrió hacia Maddnees para abrazarla y tratar de consolarla mientras le pregunta «¿qué te pasó?» con esa voz de mosca muerta. Yo no doy explicaciones, solo me largo de la escuela luego de colocar mis lentes de sol en dirección al auto y próximamente mi casa.
Al llegar Alex me espera con la comida servida en la mesa pero yo voy hacia la habitación ignorando su presencia. Tomo la maleta que trajo su ropa y empiezo a meterla como vaya. En eso sube y me empieza a preguntar: — ¿Qué pasa?
— Te vas de mi casa ¡ahora! — grito continuando con todo lo que veía a mi paso.
— ¿Por qué? ¿qué hice?
— ¡Solo quiero que te vayas! ¿¡okey!? — digo deteniendo mi acción y mirándole con cara de pocos amigos. Este frunció el ceño terriblemente y saca la ropa de la maleta.
— ¡Pues no me voy nada!
— ¡Qué te vayas! — soltaba histérico.
— ¿¡Por qué!? — me toma de los hombros para sacudir mi cuerpo. Yo respiraba profundamente, mirándole a los ojos.
— Me gusta la soledad de mi casa, ¿okay? amo estar solo con mi hija, Maddnees no se siente cómoda viviendo contigo y la verdad es que yo tampoco.
— Me suena a que quieres terminar.
— ¡SOLO TE ESTOY SACANDO DE MI CASA NO TERMINANDO CONTIGO!
— Joder. — murmura sentándose junto a la maleta. — Si se supone que Maddy empieza a quererme.
— Pues no. — cruzo los brazos. — Maddy finge quererte para que yo me sienta bien, ¿entiendes? si ella no está de acuerdo en que estés en su casa pues tienes que acatar la orden e irte. Soy tu maldito jefe.
— Es solo una mocosa de siete, ¿qué puede saber ella de comodidad o no?
— Mucho, Alex. Muchísimo más que tú y yo.
— ¿Y qué hay del niñero, eh? — vuelve a encararme como antes. — No me creo ese cuento de que Maddy no se siente bien conmigo, eh. ¿¡Es que acaso quieres quedarte a solas con él!? ¡me doy cuenta que te come con la mirada!
— ¡Pues ve y dile que me meta al horno y prepare un Bill a la plancha y me coma, imbécil!
— ¿¡Qué podría esperar si eres un hombre de mala reputación!? — levanté la mano para darle una bofetada. Seguido una tos fingida se oye en la puerta de la habitación y Alex lo miró amenazante. Supe que era Tom por ello y por la forma en la que trató de balancearse para golpearlo pedo lo evité saltando a rodear su cuello y ahorcarlo.
Ambos cayendo al piso pero mi espalda recibiendo el impacto.
— ¿¡Qué tienes!? — le grité. — ¿¡No te das cuenta que solo cuida de mi hija!? ¡Maddnees lo ve como una figura paterna! ¿¡qué te pasa!?
— ¡Suéltame! ¡lo golpearé!
— ¡No! — grité dándole manotazos en el pecho.
— Anda. — dice Tom tronando sus dedos y cuello, da saltos para ponerse ligero y decir: — Suéltalo que yo también quiero. No sabes las ganas que le traigo.
— ¡Pues ya está! — solté a Alex y me pongo de pie al toque, poniéndome en la mitad.
— Háganse mierda por mí, par de hijos de puta. — salí de la habitación para el pasillo creyendo que no lo harían pero Tom se lanzaba con todo a golpear a Alex. Escuché el primer golpe y detengo mis pasos tapando con las palmas mi nariz y boca. Corrí para ver cómo esas bestias se mataban en mi habitación con las cejas arqueadas y el susto a mil.
La pelea sigue intensificándose, y yo me siento cada vez más desesperado. Pensé en tratar de intervenir pero Tom y Alex están demasiado enfadados para escucharme.
— ¡Basta! — grito con fuerza. — ¡Ya! — la pelea sigue y Tom parece llevar la delantera. Alex está sangrando por la nariz y tiene un ojo hinchado, mientras que Tom parece apenas haberse raspado la mano. Le daba solo golpes en el rostro tomándole por la ropa y elevándolo. — ¡Basta! — grito otra vez y es Tom quien finalmente me escucha soltando a Alex y poniéndose de pie.
A pesar de estar demasiado enfadado lo dejó y dió dos pasos atrás. Alex está en el suelo, medio inconsciente. Tom se queda parado observando, jadeando de cansancio y esfuerzo.
— Dios mío. — corrí a ayudarlo. — ¡Eres una bestia, idiota!
Tom suspiró.
— ¡Ve a traer el kit de Maddnees a su habitación! ¡rápido!
— No, lo siento. Solo vine a retomar mi día de trabajo. — dijo estirando la mano para tomar las llaves del auto e irse.
.
By TOM
Entré al coche tomando rumbo a aquel lugar secreto donde daban licencias de conducir como su fueran todas las de la ley sin la necesidad de pasar un curso. Ayer con Georg fuimos a dejar todos los papeles y hoy asistíamos a la foto y finalmente tendría mi licencia comprada.
El me esperaba desde hace rato allá en las oficinas y yo por prestarme a los juegos de ese imbécil ya iba tarde.
Me dolía la mano derecha, está estaba hinchada y roja. Seguro más de día iría poniéndose peor pero ¿qué más daba? las ganas de golpearlo se habían cumplido y estaba más que feliz.
Me motivó a poner una canción de rap e ir entonando—desafinado—lo que decía el cantante en su letra hasta llegar. Estacioné el auto y Georg corrió hacia mí y me jalaba para meterme en la fila. Estaba a solo un participante. Me arreglaba bien en el espejo tras de mí sin la gorra de visera y la de lana, dejando al descubierto todo y Georg ahogaba un grito.
— ¿Qué?
— ¿Quién mierda te hinchó la boca? — le iba a responder pero ya era su turno. Yo en ningún rato sentí que me haya dado un golpe pero era cierto, mi boca se veía fatal. Ahora seguía yo y había una cara para que no se note tanto. Nos hicieron pasar a la siguiente oficina donde esperamos una eternidad para obtener la licencia de conducir y salíamos emocionados. Ahí se fue todo mi sueldo. — Ahora sí conduciré todos los autos que pueda.
— Y yo también. — digo jugando con la bola hinchada de mi boca.
¿Por qué justo en el piercing?
— ¿Ahora sí me vas a decir quién te golpeó? — sonreí mientras abro los seguros del auto para los dos entrar e irnos a festejar como ayer.
— El novio de Bill.
— ¿¡Y lo dices tan tranquilo!?
— Ash. — rodeo los ojos. — Golpea como una nena a diferencia de lo que yo hice.
— Que cínico. — ensanché más mi sonrisa. En eso vibra mi móvil y Georg contesta mandando a los altavoces del auto para escuchar.
— ¿Sí?
— Tom, ehm soy Sara la profesora de Maddnees y necesito que vengas urgentemente a la institución. La niña está con fiebre y no quiere que le avise a su papá ya que me comenta que le golpeó en los glúteos al ingresar y tiembla.
Georg y yo nos miramos con el ceño fruncido: — Okay, estaré ahí en cinco.
— Muy amable, gracias. — cuelga la llamada y me voy desviando hacia la escuela de Maddnees muy culpable de su berrinche cuando tranquilamente podía ceder y convivir tranquilo con ellos pero es que me mataba. Me jode que quiera quitarme el cariño de Maddy, a Bill…
— Creo que te quiere mucho. — agrega Georg ante mi silencio.
— Me dice papá. — musité al estacionar el coche en el lugar de siempre. Georg se bajó junto conmigo para ambos entrar a la institución luego de firmar la hoja de constancia de quién entra y sale de su escuela.
— No me jodas, es la chica del bar.
— Cállate. — pedí al llegar. Ella nos llevó hasta la enfermería y Georg se quedó esperando sentado en la banca de afuera mientras yo entraba y veía a Maddy dormida. Su rostro estaba rojito con una compresa de hielo en la frente y tapada con una manta de la cintura para abajo.
— ¿Qué sucede en casa de Maddnees, Tom? — suspiré profundamente tomando asiento en la banca frente a la enfermera para llenar el formulario de salida con mi firma.
— Nada en realidad. Ayer no estuve con ella por hacer unos pendientes y se me pasó por alto avisarle personalmente a Maddy que saldría y se puso así. Me avergüenza mucho decirlo pero no me aparecí todo el día en su casa y bueno, me quiere tanto que ajam…
— Nos preocupa el bienestar de Maddy, señor Trümper.
— Todo está bien. — aclaré. — Es solo que… Maddnees es una niña muy sensible. — dije acabando de llenar la hoja. — A veces se pone nerviosa y asustada por cosas que no son importantes.
La profesora me miró con una mezcla de curiosidad y escepticismo.
— Entiendo, pero ¿estás seguro de que no hay nada más que esté pasando en casa que pueda estar afectando a Maddnees?
— No.
— ¿Qué me dice del golpe?
— Uhm, no lo sé… pero si pasara algo yo buscaría la solución. Hablaré con Bill al respecto. — cada vez más incómodo me ponía esta charla.
La profesora me miró durante un momento, como si estuviera tratando de leer mi mente. Luego, asintió con la cabeza y me dio el formulario de salida como un comprobante para mostrar en la puerta.
— Está bien. Puedes llevar a Maddnees a casa. Pero si notas que algo está mal, por favor no dudes en llamarme. — asentí con la cabeza y tomé el formulario de salida. Me sentí aliviado de que la conversación hubiera terminado, pero también me sentí culpable por el estado de la niña.
Salí de la enfermería con Maddnees en brazos, tratando de encontrar una forma de explicarle lo que había pasado ayer sobre mi ausencia.
Georg tomaba la mochila de la niña y ambos salimos hacia el auto.
Al llegar Georg me abrió la puerta e hice que Maddy se acueste en asiento y antes de cerrar la puerta se levanta de golpe a llorar.
— ¡Aaaaaaaaa, mi papá Tom! ¿¡dónde está mi papá Tom!? — gritaba somnolienta.
— Maddy. — llamó su atención. Ella se calla al instante al verme bien y se tira a mis brazos para llorar más. La cargué y me abrazó fuerte casi ahorcándome. Sobé su espalda provocando más su llanto.
— Oh, por Dios, amigo. Ya me veo en una situación así con mi hijo, uy no. — dice subiendo al asiento del copiloto. Yo rodeo los ojos.
— ¿Por qué ya no me quieres? — decía herida y yo sentí morir.
En el pecho se sintió una punzada insoportable que me llenó los ojos de lágrimas.
Separé a Maddnees de mi para que me mire. Le doy un beso en la mejilla mientras su llanto iba cesando: — No, amor. Si te quiero mucho. No pienses eso.
— Es qué tú te fuiste olvidando que tienes un hija. — jadeaba aún soltando lágrimas.
— Oh, no me olvidé. Solo tuve unos pendientes y fue mi error no avisarte, ¿si, princesa?
— Por favor no vuelvas a hacerlo. — vuelve a soltar en llanto. — Te extrañé mucho.
— Ya, pequeña. — acaricié su cabeza. — ¿Nos vamos a casa?
— Ujum. — asiente en afirmación. — Quiero ir contigo adelante.
Intercambio miradas con Georg y este se baja del auto dejando la mochila en la parte de adelante para subirse atrás. Cerré la puerta de dónde estaba para meterme en el asiento del chofer y sentado a Maddy a mi lado con él respectivo cinturón de seguridad.
— Ánimo, te vez fea así. — digo tomando un pañuelo para limpiar su rostro.
Ella rió.
— Tengo hambre.
— ¿No has comido el lonche?
— No. — suspiró agarrando su mochila luego de que terminé de limpiar. De ella sacó la comida que Bill le había puesto en la bolsa. Me ofreció una galleta y luego a Georg.
Su fiebre había pasado y su semblante triste había pasado a uno feliz.
— ¿Puedes dejarme en mi casa? — decía Georg desde atrás, asiento con la cabeza desviando rumbo a su casa.
— Uhm, papá. — levanta su mano para meter un trozo de uva a mi boca y la recibí ante tal acto amable. Luego le daba a Georg en la mano y tarareaba una canción muy feliz.
¿Qué tan importante me volví en la vida de Maddnees Kaulitz?
— Oh, es cierto. — murmura Georg tapando su boca y yo sonreí inocente mirando a mi mejor amigo a través del retrovisor. — ¿Cómo es posible, amigo?
— Mira, Maddy. — señalo a Georg. — Si no me encuentras suelo estar con él, es mi mejor amigo.
— ¡Tío Georg! — exclamó levantando ambos brazos. — Soy Maddy, tu sobrina.
Georg se enterneció.
— Tan linda. — sonríe se lado acariciando su cabeza desde atrás.
— Uhm, deberías anotar tu número en mi agenda, tío Georg. Para así llamarte cuando necesite a mi papá y lo mismo tu número papá, y el de mis abuelos, de mi tía Abby… — Georg recibió aquel cuaderno de felpa con él lápiz para anotar su número personal.
Después se lo devuelve a Maddy una vez que estaciona el auto fuera de su casa.
— Adiós, Maddy. Pórtate bien.
— Seguro. — dice agitando su mano para despedirse.
Continúa…
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