Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 16

By BILL

Mi rostro palideció en ese instante como si fuera la peor noticia. Tom lo nota y mantiene su mirada de estar hablando más en serio que nunca.

— No, oye. ¿Qué hay de Maddnees?

— Ya no sé si requiera mi atención, ya le diste un nuevo papá. — comenta sacando un poco la cabeza para ver a esos dos aún en sala. — Iré a dejarle a la escuela, a sus clases de ballet, programas, comidas y ya, aunque este último lo dudo. Me cambió por una pizza…

Suelto un bufido para cruzarme de brazos, mirando a Tom con seriedad y continuo: — No haré lo que me pides.

— Bueno, yo me voy.

— ¡Es que no puedes irte! — susurré/grité para los dos nada más. Tom arquea sus pobladas cejas medio ofendido.

— Entonces, ¿qué? ¿le digo yo que se vaya? — amenazó con ir donde Alex caminando unos cuantos pasos hasta que lo jalé de vuelta de aquellas muñequeras deportivas, arrebatándole una en el proceso y Tom vuelve a mirarme fijamente.
Agarré su mano para ponerle el pedazo de tela acariciando su mano.

— ¿Te molestó que Alex me haya hecho el amor?

— No me cambies de tema.

— Ay, Dad Tom. — jalé más de esa mano para rodear su cintura. Acariciarle el pecho fornido y bien trabajado con las palmas sintiendo calor. El rastafari me mira fijamente en silencio dejándose tocar. — Es mi novio.

— Y también fue de tu mejor amiga. — agregó.

— ¿Y eso qué? — rodeo los ojos cabreado. — Espera… ¿cómo sabes eso?

— Gianella es mi compañera.

— Oh, maldita jodida perra. — susurré enojado.

¿Qué le tiene que andar contando a Tom sobre mí?

¿Es que acaso todavía no la supera o que mierda?

— ¿Qué hay de mí? — insiste Tom.

— Eres el amante, ya lo dijiste.

El rubio suspiró ante tremendo facto que tiré: — ¿Ya no tienes fisuras en el ano? — mi rostro se ruborizó al instante. Tom se burló de mi expresión acariciando la rasta blanca que caía por mi hombro de mi cabello recogido en una media cola descuidada. Quitaba la goma y mi cabello cae como cascada.

— ¡Papi, papi! — entra corriendo Maddnees a la cocina. Tom me empuja disimulado para abrir el refrigerador y sacar un cartón de jugo de naranja para beber del pico.

— No hagas eso. — se encogió de hombros como un malcriado y Maddy lo miraba en silencio. — ¿Qué sucede, Maddnees? — digo para que no lo siga mirando o aprenda esa mala maña.

— Alex Pez dice que tardas mucho en la cocina.

— Tres días. — sale diciendo Tom por las puertas francesas dándome a entender que ese era el plazo que me daba para sacar a Alex de la que era mi casa.

Joder.

— ¿Tres días? — cuestiona Maddnees. — ¿De qué?

— Nada, amor. — acaricio su cabello con delicadeza. Este se veía cada vez más largo y abundante como el mío, muy castaño oscuro que tiraba a negro, super lacio y bien cuidado.  — ¿Por qué no hablas con Tom?

— Mhmm. — cruza los brazos molesta. — Estaba tomado de la mano de la tía de Bri y hablaban muy entretenidos. Estoy enojada y no se ha disculpado tampoco. — agachó la cabeza con tristeza. Abracé a Maddnees mirando a punto fijo.

Mañana iría a darle una visita corta a Gianella Gühne.

&

— Buenos días. — dice Alex llenando mi rostro de besos. Me levanté desanimado porque hubiera querido que esos besos sean provenientes del rastafari que estaba molesto conmigo y claro, yo con él.

¿Cómo me venía a exigir sacar a Alex de mi casa si yo puedo hacer lo que me dé la gana?

Ash.

— ¿Cómo amaneciste? — sigue acariciando mi piel por debajo de la sabana.

— Bien. — suspiré zafando el agarre de mi cuerpo para poder entrar a la ducha a bañarme. Pongo seguro en la puerta para mí mayor privacidad y siento como Alex la forcejea para entrar, algo que me disgustó.
Coloqué la bolsa que evita mi cabello mojarse ya que hoy no es día de lavado y aseo mi cuerpo con normalidad. Tallando bien mi piel con el jabón, los exfoliantes y quitando el poco bello que tengo en mis axilas y con el agua fría enjuagué los restos.
Para el rostro tengo un jabón exclusivo y con eso terminaba mi ducha.

Salí del baño para meterme al closet gigante a buscar una nueva mudada. Lo bueno de todo esto es que Alex no estaba aquí, probablemente fue a bañarse a los baños de las habitaciones para las visitas.

Sequé bien mi cuerpo y empiezo por ponerme un boxer negro. Hoy no tenía ganas de ponerme algo extravagante como el hilo. Seguido me pongo un pantalón jean oscuro, una camisa blanca. Mi cabello recogido en una coleta hacia atrás y una bufanda negra en el cuello—tapando aquel chupetón que me hizo Tom—y unas botas cualquiera.

Bajé hasta la cocina y en vez de Tom estaba Alex, preparando el lonche para Maddnees que miraba por la ventana atentamente.

— Buenos días, amor. ¿A quién miramos? — saludo parándome detrás de mí hija para ver por la ventana también. Tom estaba analizando el coche, dándole la preparación necesaria para salir sin ningún problema con la música de tal a alto volumen.

Tom vestía el día de hoy prendas oscuras de pies a cabeza con unos lentes de sol que le quedaban de lo lindo.

— Quiero que sepas que ya no estoy molesta. — dice Maddnees bajando la cortina para abrazarme.

— Ve y dile, amor.

— Me da pena.

— ¿Ya te vas, Maddy? — entra diciendo Alex entusiasmado hasta donde estábamos ni hija y yo. La mencionada asiente con la cabeza sin despegarse de mí. — Te preparé el lonche, uhm… no sé bien de cocina pero hice el intento.

— Gracias, Alex. — respondí por ella y tomando el lonche.

— ¿Tú también te vas?

— Sí, uhm… tengo que hablar con la profesora de Maddy. — mentí cuando en realidad iría a la casa de esa zorra difamadora.

— Oh, que mal. — rodea mi cintura para así darme un beso en la frente. — Quería darte un momento de diversión.

— Estoy aquí. — hablaba Maddy. — Que asco sus besos.

Alex rió por lo bajo.

— Vamos. — jala mi mano para empezar a salir. Alex me da un último beso para dejarme ir del todo y nos dirigimos rumbo al coche que estaba listo esperando por nosotros dos.
Al llegar subí con Maddnees a los asientos traseros y así Tom ponía en marcha el auto.

Fue muy incómodo la verdad…

Todo el camino Tom iba con la música a mucho volumen y Maddnees estaba desanimada. Yo mirando al rubio por el retrovisor. Su rostro estaba sin esas gafas y podía ver sus ojos centrados en el camino hasta llegar.

Me bajé yo a dejar a Maddnees hasta su aula ya que Tom no se mosqueó.

Sara se acercó a mi con nervios para informarme: — La salida de los niños es a las diez, rogaría puntualidad.

— Sí. Gracias por avisar. Adiós, amor. — no me responde, solo camina de la mano con la Miss al interior del aula.
Yo respiré profundo caminando a pasos grandes hasta llegar a la camioneta y meterme en el asiento del copiloto de volada, golpeando a Tom en el brazo al subir.

Este solo ignora y pone a andar el auto con la música a full.

— ¿A dónde vas? — pregunta sin interés alguno.

— A la casa de Andreas, por favor. — asiente desviando de camino para meterse por la calle que da más rápido a la casa del rubio. Iba todo el camino de brazos cruzados rabiando.

¿Cómo sabía de ese atajo, eh?

— Oye. — llamó su atención bajando el volumen de la música. Tom regresa a verme sin voltear la cabeza y suspiré. — Maddnees sale a las diez, por favor. Ve puntual.

— Ehm, no. Tengo unas cosas que hacer con Georg a esa hora. Sí quieres te dejo el auto y vas tú.

— Dile que no puedes y ya.

—  No puedo cancelar, lo siento. — suspiré profundamente sin decir más.

Minutos después el auto se detuvo frente a la casa de Andreas. Me coloqué mis lentes de sol antes de bajarme e ir a golpear la puerta.
Está es abierta dejando ver a Gianella Gühne con una sonrisa que se borra al instante al verme a la cara.

«Seguramente pensó que era Tom.»

Pobre estúpida.

— ¿Puedo pasar? — ladeo la cabeza obstruyendo su vista. Miraba ansiosa al interior del coche buscándolo y luego me miraba a mí.

— Andreas no está.

— Ya lo sé. — digo abriéndome paso al interior de la casa como si fuera mía.
Gianella medio cierra la puerta. Cruza los brazos para verme con molestia.

— ¿Qué quieres entonces?

— Hablar contigo.

— ¿De qué? yo no tengo nada que hablar, lo sabes ¿no?

— ¿Es que a todos lados que vas siempre tienes que llevar mi nombre en tu boca sucia, Gianella?

— ¿Qué? — soltó una carcajada seca sin ganas. — ¿Con quién hablé yo de ti?

— Tú sabrás.

— Si de ti no me acuerdo más que para entrar al baño a limpiarme el culo y veo mi mierda en el papel higiénico. — yo también crucé los brazos, brindándole una sonrisa socarrona.

— Por favor, ya. Supera el tema. Sigue adelante, estudia, búscate un trabajo, que se yo. Aún eres una mocosa para él, solo tienes veinte años y el te lleva seis.

— El tema ya está superado, ¿no lo ves?

— Por supuesto, está tan superado que hasta ayer tuviste que andar hablando sobre mi con mis empleados.

Gianella se ofendió, dándome la razón: — Vete de mi casa Bill, o te juro que no respondo.

— Toma. — digo sacando de mi bolsillo la billetera para sacar una cantidad de dinero. — Cómprate una asquerosa vida para que dejes de estar hablando de mi con los demás. Ridícula. — tiré el billete de cinco euros al suelo. Paso por su lado riendo y antes de pisar la salida Gianella me tomaba del brazo para voltearme con fuerza y golpear mi mejilla.

Oh, por supuesto que no me quedé con las manos quietas y le devolví, quizás dos veces más fuerte y así nos agarramos del cabello para pelear.

Esta sería la cuarta vez que nos agarramos a golpes desde que somos enemigos a muerte ¡por un hombre, joder!

— ¡Hey! — grita Tom bajándose del auto para intervenir en el pelea, forcejeando con ambos para que nos separemos. Recibió un par de manotazos pero al final de tanto esfuerzo logró separarme, cayendo con Gianella al piso que daba patadas y golpes intentando zafarse mientras lloraba y gritaba. — ¡Ve al auto, Bill! ¡No pelees más! — ordenó.

Observo su rostro con molestia y me peino un poco el cabello.

— ¡Déjame! ¡lo quiero matar! ¡le voy a destrozar el rostro de muñeco de porcelana! ¡agh

— En tus sueños.

— ¡Anda, Bill! — vuelve a gritar Tom.

— Ash. — rodeo los ojos volteando sobre mi propio eje dispuesto a irme pero me detengo sintiendo algo enredado en las uñas. Era el pelo grasoso de Gianella.

— ¡Anda!

— Ya, una última cosa… si yo quiero, vuelvo a bajarte el novio, maldita arrabalera. Siempre voy a estar diez pasos más que tú, preciosa. — le tiré un beso volado haciendo que se cabree más y subo al auto pero en la del chofer para irme conduciendo.

Dejando a Tom ahí.

&

No llegué a casa, directamente fuí a esperar a la escuela de Maddnees porque en casa estaba el maldito causante de mis problemas y no quería discutir más.

Me miraba al espejo una y otra vez, revisando si tenía alguna herida en el rostro o si me faltaba algún mechón de cabello, rasta, uña, nada. Todo estaba intacto solo mi mejilla ardía y ya pues.

Hasta en las peleas ganando.

— Que perra eres. — me digo a mi mismo besando mis dedos y poniendo aquellos besos en mis mejillas con una sonrisa pero se borra al ver el nombre de Andy en la pantalla de mi celular.

Lo tomé luego de suspirar.

— Hola, hermoso. ¿Cómo estás?

— Con la novedad de que fuiste a mi casa y golpeaste a mi hermana… otra vez…

— Oh, tú sabes quién es la que siempre pierde los modales cuando me ve. Además fui a hablar tranquilamente porque ella anda contando sus traumas a mis empleados, ¿okay? ellos no tienen por qué saber la mierda que es su jefe, ¿qué les importa mi vida?

— Ay, no puede ser. ¿Ella sigue hablando de tí por el tema de Alex?

— Sí, cielo. Yo ya lo dejé ahí, ya es mucho tiempo y ¿por qué ahora viene a hablar?

Andreas suspiró: — Amor, siento mucha vergüenza por eso. En nombre de Gianella te pido una disculpa.

— Está bien, vida mía. No tienes que sentirte así. No es tu culpa, ¿de acuerdo? solo dile que olvide mi nombre y lo que pasó, que reciba ayuda si quiere… buahj. — digo mirando por la ventana.

— Lo hace. — suspira derrotado. — Solo le pegó muy fuerte el cambio de Alex. De gustarle una mujer a andar con un hombre, no lo supera nada, nada, nada.

— Ya no es mi problema, ¿sí? es horrible andar peleando por un hombre.

— Ish, dímelo a mí.

Yo reí divertido.

— Si sigue hablando de mi le voy a plantar una denuncia.

— Y yo no me voy a meter.

— Okay, hermoso. Eso espero, pero ya, yo no quiero arruinar nuestra amistad, por favor. Habla con ella. — suspiré. — Por cierto, el niñero de mi hija se quedó ahí.

— ¿Tom?

— Sí… ¿sigue ahí?

— No, hace media hora salió con Gianella y un chico de cabello castaño claro lacio. No sé a dónde fueron… pero ví una honda rara entre tu empleado y Gianella. Nomás te aviso porque me he dado cuenta de los besotes que se dan ustedes dos.

— Okay, gracias por decirme.

— Está bien, cielo. Estaremos hablando cualquier cosa. Adiós.

— Bye. — le tiro un beso a Andy a través del móvil y se su parte recibo lo mismo antes de colgar.

Empiezo a dar golpes en el asiento de al lado cabreado.

Maldito Tom.

Maldita Gianella.

Maldito Georg.

¡Agh!

Yo no le voy a dejar tranquila y si entre esos dos hijos de puta hay una honda rara pues la voy a parar.

Siempre un paso más adelante de ti siempre voy a estar, maldita rubia oxigenada. No serás feliz con nadie.

¡De eso me encargo yo!

¡Agh! – ahora golpeo el volante.

Y como primer paso que voy a dar es sacando a Alex de mi casa para tener a Tom conmigo a solas y por supuesto, no dejaré que ningún hombre se te acerque no sin antes haberlo probado yo.

— ¡Zorra! — grité con todas mis fuerzas.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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