

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 12
By BILL
Llegué a la plaza unos minutos tarde por culpa de la negligencia de Tom—quien se había ido a estacionar el auto para dar una vuelta en la plaza mientras yo estaría aquí ya que le pedí de por favor que no se vaya—, lo bueno que Abby estaba ahí esperando paciente y al verme me sonríe poniéndose de pie para saludarme con un beso en la mejilla.
— Amigui, creí que no llegarías.
— Ush. — rodeaba los ojos al tiempo que nos sentamos. Levanté una mano hacia el mesero y este se acercó. — Un latte, por favor. — anotó antes de retirarse y continuamos con la charla. — Ni me digas.
— A ver, ¿qué es lo que te sucede? ¿peleas con Alex?
— No. — reí. — Ese debe estar haciendo de las suyas en Marbella y no me importa, ya no es nada para mí.
— ¡Es cierto! ¿por qué estás aquí y no en Marbella? disfrutando aquel paisaje, los eventos a ti que te gusta modelar y ser el centro de atención.
— A ti no te voy a mentir. — suspiré relamiendo mis labios. Le sonreí al mesero al instante que trae mi bebida y le doy el primer sorbo. — ¿Recuerdas el niñero del que te hablé que habíamos tenido ahí un par de roces?
— Sí, ¿qué con él?
— Ese perro, Abigail. — mordí mi labio inferior mientras inhalo el aroma del chocolate. — Lo tengo en mi mente desde que me mandonea como si fuera el puto jefe. Me encanta.
— Oh, por Dios. Qué perra.
— No me fui a Marbella por él, además ya no me sentía en compromiso con Alex y no me ví en la obligación de ir por más que quería modelar. Quise quedarme por él y por mi hija… que por cierto piensa que yo no le doy atención por estar con Alex.
— Ay, pobre niña. — hizo un puchero. — Yo te dije desde el inicio que los presentes e intentes que se lleven bien pero ahí vas tú de necio. Seguramente no te hubieras visto en la necesidad de contratar un niñero si hubieras hecho caso desde el inicio.
— Ay, cállate. No digas eso. Tom cayó como un ángel del cielo. Maddnees lo llama papá Tom. Hasta le quiere más que a mí. — bebí un sorbo del latte y miré por detrás del hombro de mi amiga. Tom estaba sentado con una mujer rubia, risa y risa, causando una chispa de molestia en mí.
— ¿A quien miramos? — voltea a ver en mi dirección, pues eran la única pareja que está ahí a parte de nosotros dos. — Oh, ¿quien es?
— Tom. — respondí haciendo una mueca de disgusto.
— ¿Él niñero?
— Sí…
— Ay, que perro. — voltea para verme a mi con una sonrisa. — Está guapo el condenado… ¿quien es la mujer que está con él?
— ¿Y yo que sé?
— Ush. — reía por mi rostro serio.
— Anoche me humilló. — hablé sin dejar de verlo.
— Disimula, por favor. Lo estás apuñalando con los ojos. — centré la mirada en Abby, atragantándome con la bebida. Tom miró en mi dirección pero se hizo el tonto, no me hizo caso. Mi amiga mueve su banca para dar un par de golpes en mi espalda. — Ya… calma…
— Si, ya…
— ¿Por qué dices que te humilló?
— Me castigó como si fuera una nena pequeña. Luego dijo que para hablar tengo que levantar la mano e hizo que gateara hasta donde estaba el tocándose. También me hizo beber leche tibia de un plato en el suelo y lo peor de todo es que yo le obedecí.
Abby dió un grito agudo tapando un boca muy emocionada: — Dios, qué… ¿y te cogió con su polla grande?
— Ese es el puto problema. — suspiré cruzando mis piernas, acomodando mi cuerpo mejor en la banca. — No me cogió, se corrió en mi cara y ya estaba… ¿¡puedes creerlo!? — susurré/grité. — Me molesté por ello y le di un manotazo en la mejilla, le provoqué herida, nada grave y ahí me tenía en la noche frente al espejo mordiendo mi puño mientras me daba placer.
Abby volvió a estallar en un grito y reía con el rostro sonrojado.
— Mierda, maldita perra…
— Sí. — bufé enojado.
¿Por qué teníamos este tipo de charlas con esa confianza así? Abby me conocía desde que era un niño, era la hija de una de las mucamas que trabajó para mis padres y he visto su transición de hombre a mujer.
De igual forma tenía un hijo más pequeño que Maddy, salido de sus entrañas por lo tanto nos entendíamos y bueno… es mi amistad más sincera.
— Ya quiero que me lo haga, ¿sabes? pero cuando estoy a punto de dar el siguiente paso…
— Piensas en que vas a volver a hacerte adicto al sexo y que no podrás parar. — terminó por mí. Le afirmé con la cabeza, tímido. — Pero amigui, yo te entiendo. Date a ese bombón, ¿quién no se volvería adicto con un hombre así, eh? hazlo, que no te de pena y nadie te detenga.
— Dios. — abaniqué mi mano para darme aire fresco ante el calor que de pronto recorrió mi cuerpo. — Ya hasta me lo imaginé.
— Con confianza. — guiñó su ojo tomando su bebida y yo la mía para chocar en complicidad.
Pues lo haría.
&
Después de la reunión pequeña con Abby, Tom y yo volvimos a la hora indicada por Maddy que como siempre terminaba dormida, exhausta de tanto jugar con su amiguita. Tom la llevaba a su habitación para acomodarla adecuadamente en la cama y yo estaba horneando la masa que quedó ayer sin hacer mientras tomaba una copa de vino.
Alistaba un par de cosas para preparar las hamburguesas para dos. No era fan de estar metido en la cocina pero si la situación lo requería así lo haría.
Así también mensajeaba—o discutía—por mensajes con Alex.
Él desgraciado me peleaba por no haber ido a Marbella, que le hice quedar en ridículo con esas personas que ansiaban conocerme y verme modelar.
Pff.
— ¿Te ayudo en algo?
— Sí. — digo al escuchar el ‘ring’ del horno. Me pongo los guantes en las manos para abrirlo y sacar el pan con un aroma delicioso que pongo en el recipiente traído por Tom.
El rubio también inhaló el aroma.
— ¿Se ve bien? — pregunté con coquetería. Tom se me acercó demasiado para volver a inhalar el aroma.
— Muy bien y el pan también.
Supe que su respuesta no era referente al pan sino a mi trasero que había dado un toque disimulado. Sonreí mientras tomo el cuchillo para partir el pan y darle de probar un poco en la boca. Tom lo recibió en un gesto sensual, metiendo el trozo en con mis dedos.
Mi boca se entre abrió cuando se deslizan fuera de su boca sin el trozo del pan y húmedos por su saliva.
— Delicioso. — va hasta el refrigerador dejándome con una calentura terrible e iba a encender la estufa para fritar la carne. En la otra las papas cortadas cortadas con el aceite caliente. Dediqué a lavar la lechuga una vez más, el tomate y empiezo a armar como me gustaba.
Doble jamón, doble queso… uff…
— Este es el plan más sano que tengo en mi casa. — comento recibiendo las carnes para poner en cada hamburguesa. Para sellar las ponía a fuego bajo para que el queso se derrita y ya estaba.
— Yo los he tenido siempre. Nunca me ha gustado salir hasta el viernes que fuí con Georg. — ambos llevamos los platos al comedor con la respectiva bebida y nos sentamos como un par de gentes civilizadas. — Todo gracias a mi primer sueldo.
— Oh. — asiento dando una mordida pequeña a mi hamburguesa.
— Creen que soy amargado y por eso no tengo muchos amigos.
— Uhm, ¿qué hay de la rubia de hoy? — pregunté intentando sonar casual.
La tensión entre los dos era palpable mientras cenábamos.
Tom se rió y miró hacia abajo, como si estuviera avergonzado e hizo que frunciera el ceño: — Ella es solo una amiga de la universidad. Fuimos allegados un par de veces, nada importante. — dijo.
Me reí, sintiendo una pizca de celos como unas horas atrás: — Oh, por supuesto. Entiendo. — dije, sonriendo sin creerle. Tom me miró también sin dejar esa sonrisa pero como si ahora lo hiciera con maldad.
— De verdad, es mi compañera en la carrera.
Me encogí de hombros.
— No es asunto mío. — dije, intentando sonar indiferente pero la verdad era que me importaba. Me importaba mucho. Y no sabía por qué o quizás sí porque no quería que nadie le arrebaté su ‘papá Tom’ a Maddy…
…creo.
Ninguno dijo nada más para terminar de cenar. Tom se ofreció a ayudarme a limpiar la cocina. Mientras trabajábamos juntos, sentí una sensación de comodidad y familiaridad que no había sentido en ningún rato con todos los quedantes que he tenido con anterioridad.
Me sentía muy de ambiente doméstico. Cuando terminamos, Tom se volvió hacia mí, mirándome fijamente.
— Gracias por la cena, me encantó. — dijo.
— De nada. — cruzo los brazos mirando hacia el suelo. — Voy a ir con Maddnees a… — y entonces, sin saber por qué, Tom se acercó a mí y me besó. Fue un beso suave y gentil, pero que me hizo sentir un rayo de electricidad recorrer mi cuerpo y me aferro a él, rodeando su cuello con ambas manos. Dimos unos cuantos pasos hasta que chocamos con la mesa en el comedor. Tom me levanta como una pluma para sentarme sobre la madera y seguir con el beso.
Rodeo su cintura con mis piernas, metiendo mis manos debajo de la camisa mientras baja hacia mi cuello para succionar y dar mordidas que me hacen gemir de dolor.
Se abre paso entre mis piernas—abriendo más—y metió su mano debajo de mis pantalones, sobando mi polla. Coloqué ambas manos sobre la madera, dejándome tocar. Relamiendo mi boca. Los ojos cerrados.
En el momento que levanta mi camisa para quitarla lo detengo con la mano, ganando una mirada de confusión: — ¿Qué estás haciendo?
— No lo sé. — dijo con voz ronca. — ¿Tú qué crees?
— No… — susurré con el ceño fruncido aún con los ojos cerrados, volvía a poner su mano dentro de mis pantalones, luego de desabrochar el cinturón, el botón y bajar la bragueta. Sacaba mi pene al aire libre para tocarlo mientras me ve y con su otra mano deshace de sus pantalones con los boxers sacando su miembro y juntando con el mío.
Estoy con ese pensamiento en la cabeza que no me deja avanzar…
Me atormenta.
Me mata.
— ¿Por qué no? ¿qué es lo que sucede en tu cabeza que no te permite avanzar?
Qué rica la forma de rozar su glande mojado en el mío. Fascinante, me envía shocks eléctricos con cada movimiento circular realizado y abrí la boca, teniendo la mente nublada e iba a hablar si no fuera por la boca de Tom que fue interrumpida.
Lo beso de vuelta, casi recostándome sobre la madera y al estar echado en su totalidad, se encarga de quitarme las botas y bajar mis pantalones junto a los boxers. Me atrae por las caderas para después inclinarse y meter su cabeza entre mis nalgas.
Su lengua jugueteaba en mi orificio mientras sus manos abren mis piernas y las eleva para que descansen en su espalda. Me puso mal tener su lengua en ese lugar prohibido.
Muchas veces en el sexo era yo quien tomaba la iniciativa, les hacía disfrutar pero jamás me complacían a mi y…
— ¡Mhmm!
— Shh. — sisea metiendo un par de dedos de golpe y haciéndose visible ante mis ojos. — Muerde el puño, hazlo. No quiero que hagas ruido. Maddnees puede despertar y no quisiera que tenga un trauma de por vida.
Es cierto.
Suficiente con aquella vez que me vió sentado en sus piernas, besándome con él.
¿Qué explicación le iba a dar si nos veía así?
Por lo tanto mordía el puño dejándome llevar con la increíble sensación de sus dedos y los saca de golpe provocando un sonido de destapar un corcho. Mi pene expulsaba gran cantidad de líquido seminal.
Vuelve a arrastrar mi cuerpo lo suficiente para buscar mi entrada con el glande e irse enterrando en mí, lentamente.
— Tom. — gimoteo apretando el puño de la mano que traía en la boca. Dolía, su grosor. Me estaba lastimando terriblemente y él lo notaba que se inclina hacia mí para darme besos en la mejilla.
Quema y siento como crea una fisura en los alrededores.
Mi culo no estaba acostumbrado como hace tiempo y mierda. Las lágrimas descendían perdiéndose entre mi cabello.
— ¿Sientes mucho dolor? — pregunta con la voz libidinosa, los ojos oscuros y deseosos.
— Si. — susurré.
— Es que estás bien estrecho… ¿quieres que pare? aunque no sé si lo puedo hacer. — dice moviéndose lento.
— Hazlo… no t-tienes protección. — hablaba sin pensar las palabras que estaba diciendo. — No quiero un embarazo otra vez, por favor.
— Te compro la pastilla, ¿vale?
— Ah… — cada vez su pene sale para entrar más profundo, cortándole la respiración. Busco su cuerpo para abrazarme de él y Tom sigue, mucho más profundo, rápido. Quema ahí abajo pero el dolor va calmando a medida que me voy a acostumbrando a su tamaño. Mis quejidos de dolor son reemplazados por los de placer y Tom se endurece tanto en mi interior que me siento partido.
Ahora hace que me recueste a un lado mientras sigue dándome sosteniendo mi cintura. Se mueve bien, me fascina. Tapa mi boca aún así y continúa.
— Mhmm… ¡ah! — azota mi culo reiteradas veces. No puedo callar y expresar lo bien que se siente tenerlo adentro ensanchando mi entrada. — ¡Mmm, sí! ¡oh..!
— Sí. — veía en su rostro la dedicación, el esmero que le pone a sus movimientos en mi interior. Ese hombre está rojo hasta las orejas.
Sin detenerse se quita la gorra de visera junto con el de lana. Su frente húmeda por las gotas de sudor que descienden por su rostro.
Joder, él se veía atractivo así.
Después fui bajado de la mesa. Apoyé mis codos en la misma y Tom seguía dándolo todo en mí sosteniéndose de mis glúteos. El choque de ambas pieles húmedas me fascina. Mucho más cuando agarra mi cabello en una coleta para tirar la cabeza atrás.
Asciende la mano de mi glúteo para meter debajo de la camisa para tocar mis pectorales como si fueran un par de senos voluptuosos. Los estrecha y pellizca mis pezones sensibles.
Yo decido tocar mi entrepierna, masturbando con ansia y como mi cuerpo me lo pedía. Era rápido.
— Oghm…
— ¡Ah! ¡sí!
— ¿Así? — dice, para morder después mi hombro. Abandona mi cabello para poner la mano sobre la mía que está en mi pene. Ayudarme con la felación. — ¿Mhmm?
— ¡Sí! — chillé explotando recio toda la esperma acumulada de mucho tiempo. Era diferente masturbarse a tener sexo con alguien más.
Me vine mejor.
Tom también se corría sobre mis nalgas y se apoyaba en mi espalda, estrechando mi cuerpo entre sus brazos. Los dos con la respiración descontrolada y exhaustos.
— ¿Pa…? — la voz de Maddy y sus pasos bajando las escaleras nos ponía en alerta. Tom me lanzó su camisa para ponerme e ir a atenderla.
— Ve. Yo me cambiaré aquí rápido. — asentí en iba caminando a pasos apresurados. Maddy llegaba a la última escalera y se lanza a mis brazos. La cargo en los mismos. — ¿Pasa algo? — preguntaba Tom ya vestido. Ella se lanzó a sus brazos y lo abrazaba fuerte.
— Tuve un sueño feo, papá.
— Oh, linda. Todo está bien. — ambos acariciamos su espalda y cabello.
— ¿Podemos dormir los tres juntos, por favor?
— Pregúntale a Tom si quiere. — dije observando el rostro del mencionado.
— ¿Puedes?
— Sí, preciosa.
Entonces los tres subimos a la habitación principal que me pertenecía y nos pusimos cómodos para dormir.
Continúa…
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