

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 10
Metí la maleta de Bill y la mía—que me tocó poner en una bolsa porque no alcanzó todo lo que tenía—al auto mientras él estaba en el interior de la casa alistando a Maddnees con ropa adecuada.
Revisé el coche haciendo tiempo. Le puse agua, revisé los neumáticos y que no faltará más mientras este se calentaba encendido.
— ¡Papá Tom! — grita Maddnees corriendo hacia mí. Dió un brinco y fue cargada entre mis brazos y la elevo en el aire haciéndole reír.
— ¿Cómo estás, muñeca? — pregunté luego de acomodarla en un brazo para abrir la puerta trasera y sentarla en el asiento con el debido cinturón.
— Muy bien. — sonreía.
— Que bueno. — di un beso en su frente para luego cerrar la puerta del auto. Yo me subí a la parte del conductor mientras que Bill se subía a la del copiloto muy serio y arranco rumbo a su casa.
— ¿Papi le puedes poner el patito Juan?
— Oh, por supuesto. — busqué entre las canciones del internet la que pedía y le pasé por bluetooth al auto. Maddy empezó a aplaudir y cantar mientras Bill solo la miraba, aguantando una risa.
«Al menos no estaba tan serio.»
— ¿Por qué no somos una familia? — dijo y Bill volvió a su expresión de seriedad. Ninguno de los dos respondió y Maddy creyó que no la oímos. — ¡Papá! ¡Apaga la música! — obedecí pausando la canción, sin dejar de mirar al frente. — ¿Por qué no somos una familia? — vuelve a preguntar.
Observo sus rostros a través del retrovisor y ella estaba hablando en serio, con los brazos cruzados.
— O sea, a mi papá Tom le gustas. ¿A tú también te gusta mi papá? — apreté mi agarre en el volante algo sonrojado por las palabras que decía Maddy. Bill me miró en silencio, lo supe porque lo ví por el rabillo del ojo. — ¡Papá Bill! ¡respóndeme!
— Por favor, no grites…
— Ash, ¿si no por qué hablarían uniendo sus bocas? aunque… — Maddy se volvía pensativa, mirando el techo del auto mientras movía su dedo índice. — Ahora que lo recuerdo la Miss dijo que eso era un beso de cuando dos personas se gustan, ¡mis papás se gustan!
Bill suspiró.
— Maddnees, ya…
— ¡Se gustan! ¡se gustan! ¡se gustan!
— ¡Shh! — sisea volteando a verla con unos ojos amenazantes. Maddnees se quedó estática, agachando la cabeza.
— Sí. — hablé llamando la atención de Maddnees. Ella levantó la mirada con ilusión. — Nos gustamos, princesa. — dije colocando mi mano sobre la de Bill, obligando a entrelazar estas dos.
Ella sonrió.
— Oh, no es…
— Nos gustamos tanto que Bill me ha pedido que me mude con ustedes y eso hago. Voy a vivir contigo, Maddnees. — interrumpí las palabras de Bill con eso último y Maddy chilló casi dejándome sordo.
— ¡Felicidades!
— No es cierto. — golpea Bill mi pierna luego de zafarse del agarre de mi mano. Ya habíamos llegado a casa así que abría el portón para meter el auto.
— Cállate. — pedí levantando el dedo índice. — ¿Por qué te gusta romper sus ilusiones? es solo una niña. — Maddy estaba ajena a la discusión que teníamos su papá y yo, hablaba muchas cosas, planes, viajes que quería hacer con sus papás.
— Porque te estás cogiendo a su maestra.
— ¿Coger? — dijo de repente. — ¿Coger a mi maestra? — ladeaba la cabeza. — ¿Cómo coges a mi maestra? ¿qué es eso? — Bill se bajó de volada del auto para ingresar a la casa a pasos largos dejándome a mi con la lluvia de preguntas que hacía Maddy. — Papá, ¿qué es coger y cómo te coges a mi maestra? — apegué la cabeza a la cabecera del asiento con los ojos cerrados. — Coger, coger, coger…
— Es una mala palabra. — respondí avergonzado, mirando nuevamente por el retrovisor. — No la puedes decir tú porque se oye feo salir de tu boca, ¿entendido?
— Sí, señor. — ponía su mano en la frente como un soldado haciendo que me eché a reír negando con la cabeza.
Finalmente bajaba del auto para bajar las maletas. Maddy se ofreció a ayudarme y entre los dos metimos las cosas a la casa. Bill estaba en la pequeña sala frente a la tele hablando por teléfono, ajeno a lo que hacíamos.
Estaba discutiendo, muy estresado.
— Papá, ¿quieres ayudarme a cocinar algo? estoy muy emocionada porque vas a vivir conmigo y te quiero cocinar algo con mucho amor.
— Claro que sí. Cuenta conmigo. — extendí mi mano para chocar los cinco con los de ella y sonreímos en complicidad.
— ¡Voy a buscar papel y lápiz para anotar lo que debemos comprar! — salía corriendo con velocidad a las escaleras para subir a su habitación mientras yo me quedaba en la sala llena de gritos. Voy sigiloso hasta donde está sentado y pongo mis manos sobre los hombros de Bill, descendiendo por debajo de su camisa estremeciendo su piel a causa de mis manos frías.
— … te hablo luego, Mónica… sí… gracias. — tiró el móvil a un lado para acomodarse bien en el sofá. — Tom, ¿dónde está Maddnees?
— Fue a buscar papel y lápiz, vamos a salir.
— ¿A dónde? ¿puedo saber?
— Haremos compras porque la ayudaré a cocinar. — vuelvo a poner mis manos sobre sus hombros para masajear suavemente. Bill suelta quejidos de placer con cada movimiento que hago. Estaba muy tenso, ¿qué tantas cosas tenía en la cabeza?
— Te confieso que no la había visto tan feliz como ahora. Te quiere mucho, Tom… tampoco o te cojas a su maestra ahora que le has dicho algo que no es cierto.
— No me la cogí, ¿cuántas veces debo repetir?
— No te creo nada.
— Parece que hablas por ti, más no por la niña.
— ¿Qué? — se levanta de golpe del sofá para encararme. Crucé los brazos observando lo nervioso de su reacción. — ¡Pff! ¿qué cosas dices?
— No sé, tú dime.
— Maddnees se pondrá muy triste de saber que su papá Tom engaña a su papá Bill con su maestra.
— Quizás… — relamí mis labios. Bill coloca ambas manos en sus caderas.
— ¿Ves? y ya que le mentiste espero que cumplas y me trates como tal. No sé que concepto tiene Maddnees de nuestro falsa relación pero haremos lo posible. Empieza a gustarme como es.
— Bueno, no tengo problema. Por ello me pagan.
— Oh, no digas así. — cruza sus brazos, adoptando mi postura. — Me hace sentir que le compré un papá.
— ¡Ya lo encontré! — grita haciéndose presente en la escena. Traía una bolsa pequeña con un cuaderno de selfa felpa. Se arrodilló en la alfombra. De esa bolsa saco unos cuantos lápices de colores para después mirarnos. — ¿Qué vamos a comprar? — yo me acerco hasta donde estaba para sentarme en el suelo.
— ¿Qué me quieres preparar?
— ¡Tú comida favorita!
Mordí mi labio pensando: — No tengo una comida favorita.
— Mi comida favorita y la de mi papá es la hamburguesa, ¿verdad, pa?
— Sí…
— ¿Qué tal si preparamos las hamburguesas, eh? — propuse mirando a Bill y luego a Maddnees.
— Sé hornear pan. — decía Bill por lo bajo, sentándose a mi lado y mirando a su hija. — ¿Me incluyen en sus planes?
— Mhmm, si tú trabajo te deja… quizás mi mamá no me hubiera hecho sentir así. — murmuró por lo bajo mirando el cuaderno y jugando con un lápiz de color. Bill me mira, quizás buscando ayuda en mí. La verdad es que a mí también me ha dejado sin palabras su respuesta.
— Si puedes. — expreso con lentitud.
Sin mas que agregar.
&
Ya estábamos en el centro comercial. Maddy estaba sentada en el interior del coche mientras yo lo conducía, buscando por cada sección lo necesario.
Nos detuvimos en el área de frigoríficos buscando la carne molida que usaríamos.
— ¿Cómo te gustaría que fuera? — pregunta Bill a su hija tomando dos tipos diferentes de carne. — De milanesa de pollo o carne real.
— ¿Puede ser ambas? ¡qué sea hamburguesa doble! — exclama con emoción. Bill lanzó dos empaques de cada carne. — Papá, ¿me puedes bajar? quiero poner las cosas en el carrito.
— Vente. — tomé su cuerpo con ambas manos para bajarla y salía corriendo lejos de nosotros. Seguimos avanzando hasta donde corrió y puso un par de bolsas de papas fritas ya cortadas.
Ella ya sabia todo lo que iba, solo nos guiaba.
— Oye. — llamaba Bill mi atención, posando su mano sobre la mía. Regreso a verlo, deteniendo el coche. — Estoy asustado.
— ¿Por qué?
— Sobre lo que dijo Maddnees respecto a su mamá.
— Oh. — asentía volviendo a caminar con el coche. — Le has mentido diciendo que murió, ¿no?
— Sí…
— ¿Por qué? — fruncí el ceño. Bill miraba los productos pensando. Su rostro se veía un poco pálido, haciéndome saber que la cosa estaba grave. — No debes mentirle. A pesar de su edad háblale con la verdad. Los niños son inteligentes, van a entender.
— Tengo miedo de decirle que no existe, Tom. No quisiera que me juzgue o me odie más de lo que quizás lo hace. Ya no soportaría más y me lo he ganado a pulso… lo sé…
— Aprovecha esta noche, dile lo que tengas que decir. Te ayudaré, para eso estoy.
— Gracias… — Bill se lanzó a mis brazos para rodear mi cuerpo, escondiendo su cabeza en mi cuello. Respondí su abrazo con ganas y sentía mi corazón latir desbocado con tener cerca su perfume una vez más.
Bill olía a gloria pura, joder.
— ¡Listo! — exclama Maddnees. En el momento que nos dimos cuenta el coche estaba lleno de productos que había metido mientras estábamos distraídos conversando. Bill se separó de mí para mirar y suelta una risa que esconde el llanto silencioso que había causado aquel tema.
— Vámonos. — le dice a su hija luego de limpiar disimulado su rostro. — ¿Me dejas tomar tu mano, amor?
— Sí. — sonreía Maddy tomando la mano de su papá para caminar a hacer fila en la caja. Observo como Bill se pone a hacerle conversación a Maddy y esta le responde igual, con esa emoción que solo un niño siendo el centro de atención de su padre puede reflejar y yo me sentí bien.
Deseando formar parte de su familia.
La fila iba haciéndose corta y nuestro turno llegaba cada vez más. Maddy me ayudó poniendo las cosas sobre la superficie que se movía adelantando las cosas.
Saqué mi tarjeta con intenciones de pagar pero Bill no me dejó, la daba él. Sentí raro porque si podía pagarlo pero al final de cuentas no me negué y tomé las fundas para salir al coche y guardar en la cajuela. Bill salía detras mirando la enorme factura que salió.
— Maddy puso todo el supermercado en un momento que nos descuidamos.
La mencionada sonrió inocente bajo la mirada divertida que le dí.
&
Los tres estábamos en casa con unos delantales para cubrir la ropa y observando a Bill preparar la masa muy concentrado mientras la carne, lechuga y papas fritas estaban remojadas en agua para quitar el hielo.
El cabello negro de Bill estaba recogido en una cola hacia atrás como la que tenía yo y Maddnees también, solo que el suyo era más pequeño. Cómo el rabo de una tortuga.
Muy gracioso.
—…entonces lo dejas reposar. — unos diez minutos terminaba diciendo al poner la masa en un recipiente de cristal y tapando con un pañuelo. Después se sacaba los guantes y los tiraba a la basura para ir a sentarse.
— ¿Y eso va a crecer? — preguntaba curiosa. Bill asentía con la cabeza. — Wow. Ya lo quiero probar… es la primera vez que te veo cocinar y seguro lo haces bien.
— Trataré de impresionarte. — ella afirma en silencio sin despegar la vista de la masa. — Maddy. — llama su atención con una repentina seriedad. Creo que llegó el momento de decirle la verdad o eso esperaba yo.
— ¿Sí, pa?
— ¿Podemos hablar, amor?
— Sip, ¿sobre qué?
— Ven, vamos a la sala. — Maddy suspira dando un salto de la silla para correr a dónde Bill le ordenó. Este respira profundo al levantarse de la silla. Yo me acerqué a él para acariciar sus mejillas. — Tengo miedo, lo juro. Muchísimo miedo.
— Ve. — alenté mirando sus ojos fijamente. — Háblale tranquilo, no te exaltes y evita gritarle. Yo estaré aquí, apoyándote.
— Gracias. — le dí un beso en la frente antes de que se fuera detrás de Maddnees. Yo me quedé a una distancia prudente dónde podía oír lo suficiente. En ese espacio estaba en el comedor por lo que tomé asiento dando la espalda y jugando con un lápiz que había ahí.
Yo también sentía los nervios de Bill caer sobre mí.
No sería fácil pero por algo tenía que empezar.
— ¿Quieres una paleta, corazón?
— Sí… ¿de qué quieres hablar conmigo? ¿y por qué mi papá Tom está allá?
— ¿Quieres que venga?
— Sí. Ven, papá Tom. — batallé en su ir o no unos segundos hasta que me levanté para ir a sentarme junto a Bill. Maddy nos miraba a ambos fijamente, con una sonrisa ofreciendo una paleta a ambos y la tomamos en silencio. — ¿Saben que se ven bonitos juntos?
Bill sonrió nervioso.
— Gracias. — respondí yo, entrelazando la mano de Bill con la mía. — ¿Estás listo? — murmuré para que me oyera solo él.
— Sí, ya. Basta de mentirle.
— Okay… — aclaré mi garganta. — Maddy escucha con atención a papá.
— Ujum.
— ¿Podemos hablar sobre mamá?
— ¡Sí! — exclamaba emocionada. El semblante de Bill decayó. — Adoro las historias que me cuentas de mamá, pero nunca me has dicho su nombre.
— No puedo, Tom. — soltó el agarre de mi mano para ir a esconderse al baño. Maddy me miró arqueando una ceja sin comprender y yo me levanté para ir detrás de él.
— ¿Le pasa algo a papá? ¿por qué está triste?
— Solo está pasando un mal momento, no te preocupes. ¿Qué tal si vas a ver la masa? seguro ya creció gigante.
— ¡Si! — corrió a toda velocidad para la cocina mientras yo me adentraba un poco más al baño. Golpeo la puerta y Bill me abre dejándome pasar. Lo abrazo fuerte a penas lo veo deshecho, acariciando su cabello.
— No pude… — lloraba fuerte aferrándose a mi camisa con sus puños. — Estoy jodido, Tom. Soy un cobarde, no tengo los pantalones bien fajados para desmentir lo que por años he dicho y me quiero morir. Hice todas las cosas mal.
— Está bien, solo querías darle una buena imagen a tu niña. — frotaba su espalda, beso su cabello y luego cerraba los ojos ahuyentando lágrimas que amenazan con abandonar mis ojos. — Calma, Billy bebé. — susurré. — Me está partiendo el corazón oírte llorar así.
Dicho esto su llanto fue cesando y lentamente levanta la cabeza para verme. Yo también observo sus ojitos, y me tomo el atrevimiento de limpiar sus mejillas húmedas con maquillaje corrido.
— ¿Por qué…?
— No lo sé… solo… mi corazón reacciona así.. es extraño lo sé pero es como si yo ya hubiera sentido algo por ti de hace tiempo.
Continúa…
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