
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 1
«Como es de su agrado o mejor dicho desagrado, las becas universitarias que cubría el campus durante mucho tiempo han llegado a su fin ya que hemos tenido muchas bajas gracias a los estudiantes que reciben las becas y al obtenerlo dejan de venir, entonces la comisión, la directiva y el consejo nacional de Alemania ha decidido que desde el siguiente año no se darán más becas. Pueden disfrutar de sus vacaciones.»
«¿¡Qué!?» escuchaba quejarse a algunos becados, llamando la atención del director de la universidad «¡Por lo menos que sigan dando las becas a los estudiantes con buenas notas!»
«Exacto»
«Concuerdo con ella»
«No por culpa de los retirados tenemos que pagar las consecuencias los buenos estudiantes que han trabajado y pasado noches en vela por tener los mejores puntajes»
Y yo obviamente estaba de acuerdo en eso. Estaba en el grupo de becados con mejores notas por eso había obtenido los estudios sin costo alguno en la universidad más costosa de Alemania.
Quizás pude haber ido a estudiar en alguna universidad pública pero para el trabajo que quería ejercer el peso del título universitario con el nombre de este campus pesaba demasiado por las buenas referencias y exigencias que pedía mi futuro trabajo y ahora estaba jodido.
A mis padres no les podía pedir que me costearan una universidad así porque apenas vivíamos del sueldo de papá, quizás si teníamos una casa propia, un auto ni tan malo ni tan bueno pero funcional. A veces mi mamá tomaba turnos de medio tiempo con treinta euros de paga que no alcanzaba para más. Yo también hacía trabajos temporales fáciles y el dinero les daba para cualquier gasto necesario de comida y así.
Me sentía mal porque desde ya sentía que mis sueños se iban de picada.
«Presentaremos una propuesta y probablemente sean unos diez elegidos de los cien becados.»
Por supuesto que la respuesta no nos agradó en lo absoluto y con ello nos estábamos retirando del patio central a la salida para empezar las vacaciones en las cuales me encargaría de buscar trabajo fijo todo el día hasta que me salga algo aunque lo sentía en vano porque estaban escasos y peor cuando la persona no tenía experiencia para obtener un puesto bien pagado.
Quería llorar de impotencia.
— ¡Tom! — llamaba Georg a mi detrás, corriendo hacia mi para alcanzarme porque no me detuve en ningún momento a esperarlo. — Tranquilo, hombre. Camina más lento.
— Quiero estar solo.
— Oh, vamos amigo. — dió un par de palmeadas en mi hombro mientras caminaba a la par conmigo. — No te pongas así por lo de la beca, yo puedo hablar con mi papá y te puede pagar los estudios. No tendría problema con ello. Le caes bien y el dinero sería lo de menos.
— Gracias, Georg. — sonreí con timidez. — Pero sabes que no puedo aceptarlo, me sentiría en deuda con tu papá y no viviría en paz.
— ¿Entonces que sugieres?
— Buscaré trabajo de lo que sea pero que sea bien pagado, solo así conseguiré para pagarme la inscripción del siguiente nivel. La colegiatura mensual ya sería puro cuento.
— Mhmm. — pensaba Georg deteniéndose a mi detrás mirando el suelo. Yo también me detengo mirándolo algo confundido. — ¿En qué tienes experiencia?
— Carpintería. — mordí mi labio inferior, a lo cual Georg negó con la cabeza.
— Algo más útil.
— Sé un poco de plomería…
— Mhmm. — volvió a negar. — ¿Sabes conducir y tienes licencia? Podría decirle a mi papá que necesito un chofer para que me lleve a todos lados y bueno, ahí entras tú.
— Sé conducir pero no tengo licencia, es lo mismo que nada.
— ¡Agh! — dió un grito rabioso, avanzando la caminata. — ¿Ves como quiero ayudarte y no cooperas? déjate ayudar con la primera opción que te di.
— No, ya te dije que no. Ya no insistas.
— Bueno. — respondía levantando las manos a modo de rendición. — ¿Vas a ir a mi casa como todas las tardes? podría salir a ayudarte a conseguir trabajo y bueno.
— Es el plan más sano que me has ofrecido de todos los que me has invitado, por lo tanto acepto.
Georg reía con gracia: — Por dios, al fin voy a salir con mi mejor amigo después de tanto insistir. — dijo mientras nos desviamos rumbo a su casa. Yo sonreí igual con gracia negando con la cabeza.
— Las veces que me has incluido en tus planes han sido para ir a esas fiestas de niños ricos en el cual yo no encajo, ¿entiendes? me hacen sentir alguien inferior por ser becados y eso no me gusta. No por tener más dinero que otros te da el derecho de pisotear a los demás.
— Amigo, sabes que esa no fue mi intención. — mordió su labio inferior, agarrando su cabello para acomodarlo hacia atrás. — Además, solo quiero que te diviertas. No sé… vives amargado, rechazas a las mujeres que babean por ti en la uni ¡y ya hasta piensan que eres gay!
— Quizás lo soy. — bromeo.
—Vaya, eso explica muchas cosas. — ambos nos miramos antes de empezar a reírnos con humor ante lo dicho.
Georg me caía demasiado bien porque fue el único entre todos que ha demostrado humildad a pesar de venir de una familia de rango, a diferencia de todos esos chicos mimados en la universidad, por eso tenemos la amistad más linda y transparente durante el corto tiempo que llevo estudiando ahí.
Una vez que llegamos a su enorme casa me invita a pasar para comer el almuerzo y por supuesto acepté porque me moría de hambre y por no ser un mal educado porque cuando Georg iba a visitarme jamás demostraba actitudes extrañas, al contrario. Halagaba la comida de mi madre todo el tiempo, le ayudaba en algunas cosas al igual que yo y mierda.
Más que mi amigo lo consideraba un hermano.
— Buenas tardes. — entraba saludando el señor Listing con su característico smoking caro y una sonrisa amable. — Que bueno verte aquí en casa, Tom. Me alegro más de verte a ti que a Georg. — y así bromeaba su padre haciendo que me burle de la expresión de mi mejor amigo divertido.
— Ja, ja, ja. Qué gracioso.
— Lo lamento, sabes que considero a Tom un hijo más.
Y yo me sonrojé.
— Uhm. — tragaba Georg la comida antes de hablar. — Precisamente por eso le decía a Tom que quería hablar contigo sobre… — antes de que dijera algo más le pellizcaba en la pierna. Georg se contuvo un grito que al instante fue reemplazado por las siguientes palabras: — Vamos a buscar trabajo para Tom y probablemente para mí. — lo solté aliviado.
— Me parece bien, ¿es por la situación de los becados en la universidad? estoy al tanto de ello.
Georg asentía y yo también.
— Puedo pagarte los estudios.
— ¡Eso también le decía! que tú no tienes problema con eso, ¿verdad?
— Así es.
Suspiré para luego responder: — Yo le expliqué a Georg que no podría aceptar tal propuesta porque me sentiría en deuda con usted y bueno, también quiero buscar un trabajo para continuar ayudando a mis papás.
— Pues te pago los estudios y eso no puede ser impedimento para que busques un trabajo. — el hombre se encogía de hombros. — La única deuda que tendrías conmigo es el compromiso en mantener tus notas. Lo mismo contigo, Georg.
— Lo sé.
— ¿Qué dices, Tom? ¿Te los pago? — relamía mis labios mirando el plato de comida que ya estaba a la mitad, pensativo.
— ¿Me deja pensarlo?
— Por supuesto, tienes largo para hacerlo.
— Gracias. — el padre de Georg sonrió con amabilidad.
— ¿Cómo te fue hoy, padre? — preguntaba el castaño cambiando el tema. Yo en cambio me dedicaba a comer en silencio.
— Muy bien, hoy conocí al nuevo socio, modelo y empresario de la compañía K’z. Es un hombre joven de veintiocho años con una hija de siete años que por cierto oí el rumor de que estaba buscando niñera para su nena. Casi se me olvida.
— ¡Ahí está! — chillaba Georg. — ¿Nos puedes dar el número para contactarnos lo antes posible con él?
— Por supuesto. — sacaba del smoking una tarjeta de presentación a nombre de ‘Bill Kaulitz’ y me la daba. Analicé la tarjeta y en ella se veía el número telefónico, dirección donde encontrarlo y el nombre de su empresa.
¿Será?
— En el momento que vayan a hablarle díganle que va de mi recomendación por su buena atención y amabilidad. Nos hicimos grandes amigos.
— Okay, gracias. Vamos Tom. — Georg me jaló de la chaqueta para sacarme del comedor rumbo a su habitación. Cuando salí de la cocina le agradecí casi en un grito a la chica por su buena comida y continué mi camino detrás de mi amigo.
Al llegar a su habitación cerraba la puerta de golpe y tomaba el convencional. Me arrebató la tarjeta y empezaba a marcar el número con desesperación. En cambio yo me mordía las uñas de las manos con nerviosismo, no esperaba encontrar una opción de trabajo tan pronto y menos con niños si no era lo mío. Por supuesto que me parecían lindos pero es que era una nena de siete años, ¡por Dios!
— Hola, ¿sí?… ¿está hablándole Georg Listing, hijo del dueño de la empresa Listing?… exacto, el mismo. ¿Podría hablar con Bill Kaulitz?… ah, es que mi padre me dijo que estaba buscando alguien para cuidar a su hija y mi padre en forma de agradecimiento le ha conseguido alguien cercano a nosotros… por supuesto que ya ha trabajado anteriormente con niños y bueno, no hay duda. Usted sabe que mi padre es un hombre serio y no sé si Bill puede recibir a la persona recomendada e interesada en el trabajo… ¡por supuesto! — corrió a donde se encontraba su cuaderno de notas y empezó a anotar. — Ajá… sí… calle principal, ajá… okay… muchas gracias… el nombre es Tom… Tom Trümper… okay, muchas gracias. — y así finalizaba la llamada.
Muy feliz.
— ¡Joder! — grita, empezando a dar saltos constantes. — ¿Estás listo para tu entrevista de trabajo, Tom?
— Tan… ¿rápido? — dije al punto de querer balbucear. Georg asentía reiteradas veces. — Wow…
— Tu cita es en… — miró el reloj que adornaba en su mano y suspiró. — Media hora, ¡vámonos que está lejísimos de aquí! — Georg me jalaba como un desesperado en búsqueda del chofer para que nos llevara a la dirección solicitada.
Sentía las manos sudorosas por los nervios. Yo no esperaba que pudiera conseguir un trabajo así de rápido.
No tenía experiencia cuidando niños, pero supongo que era algo fácil cuidarlo. Solo tenía que verlo, evitar que haga travesuras, ¿dejarlo en la escuela..?
— Come esto. — interrumpió Georg mis pensamientos pasando una bola de chicle de menta. Después me colocó un poco del perfume demostrativo que traía en su billetera y sentí que me ahogaba. El perfume que usa era fuerte a diferencia del mío comprado en un baratodo, a tres euros cada cosa.
— ¿Por qué haces eso? — abría la ventana de mi lado para que el aire ingresara y se lleve el olor fragante de su perfume. Georg se burlaba de mi rostro.
— Yo sé que te gusta estar con tu aroma natural de hombre selvático pero es una entrevista de trabajo y debes verte bien. También si es necesario un cambio de look y rompa más a tu talla. — rodeo los ojos irritado.
— Seré un niñero no un jodido empresario.
— Por lo mismo, si te ven así ¿quién le va a confiar a su hija a un tipo con fachas de rapero maloliente?
— ¡No huelo mal! — le grité dándole un golpe suave en la cabeza que lo hace reír a carcajadas mientras que yo tenía un rostro de pocos amigos.
Las mismas palabras que me decía Georg las decía mi madre y yo no quería entender.
Mi estilo, vestimenta y pinta no le hacía daño a nadie. Quizás daba las fachas de un puto ladrón pero no lo era, me gustaba vestir así porque es algo que hoy en día está a la moda.
— Joder, son los años dos mil. No me vengas con las palabras que me dice mi mamá.
Georg continuó riendo durante todo el camino hasta que llegamos. El chofer se quedaría en la puerta esperando nuestra salida mientras nos dedicamos a anunciar nuestra llegada. A la puerta se asomó una mujer adulta de cabello blanco y lacio, con prendas finas y tacones altos de aguja.
Muy guapa la señora.
— Buenas tardes. — saludó con una sonrisa mientras se queda a una distancia prudente.
— Hola. — devolvía Georg el saludo. — Estamos buscando a Bill Kaulitz, mi amigo tiene una entrevista de trabajo para ser la niñera de su hija y aquí estamos. — la vista de la mujer me recorre de pies a cabeza con una expresión de desagrado.
Yo me sentí incómodo por su mirada.
— Lo está recomendando el señor Listing. — agregó Georg, quizás al darse cuenta. Ella finge una sonrisa antes de volver por dónde salió.
— Vámonos. — dije dando la vuelta para meterme al coche pero Georg evitó jalando mi cabello. — ¿¡Qué te pasa!? — le grité con una voz considerable, sin ser vulgar.
— ¿¡A dónde vas!? — devuelve el grito de la misma forma.
— Quiero ir a mi casa. — suspiré. — ¿No te diste cuenta de como esa mujer me vió? sí así me vió ella no me imagino el tal Bill Kaulitz.
Georg suspiró.
— Así son esta sarta de riquillos, no te preocupes.
— Vámonos igual. — cuando estaba por meterme al auto Georg nuevamente lo evita y me susurra:
— Ahí está. — respiro más nervioso que antes volteando a ver a la persona que salía caminando hacia la puerta a pasos rápidos. Aquella persona tenía el cabello demasiado negro, largo, unas gafas en la cabeza, maquillaje oscuro, perforación en una ceja. Su vestimenta era como la de una estrella de rock y era alto, más alto que yo.
Eso no lo hacía ver nada elegante por lo que me inspiró la confianza en mi mismo.
— Casi babeas por la vieja pelinegra. — bromea Georg por lo bajo, me puso nervioso el hecho de que aquella persona pudiera oírlo al estar frente a mí. Su perfume llegó a mis fosas nasales, no era fuerte como el que traía yo, al contrario, su aroma era suave y embriagador.
— Hola. — sonrió amable mientras se abrazaba a si mismo. Georg y yo nos miramos incrédulos al descubrir que no se trataba de una chica como tal. Era un hombre y por supuesto, no era viejo como se había referido Georg anteriormente. — Entren, por favor. — sacó de su móvil para teclear un par de cosas y la puerta automáticamente se abría. Georg y yo entramos a la casa y luego el pelinegro cerraba la puerta detrás de nosotros para empezar a caminar al interior de la misma. — ¿Cómo se llaman?
— Georg.
— Tom. — murmuré.
— Oh. — él rió muy suave. — Soy Bill Kaulitz. — nuevamente Georg y yo nos miramos pero con la boca bien abierta. Al estar frente a la puerta Bill se quitaba los zapatos para reemplazar por unas pantuflas cómodas y nos hace pasar a la enorme casa. Era como tres veces más grande que la de Georg.
— ¿Gustan tomar algo? — decía la mujer de pelo blanco. A lo cual mi amigo y yo negamos con la cabeza.
En cambio Bill asiente mientras nos continúa guiando a un pequeño espacio.
— Tomen asiento, por favor. — obedecimos al instante y los ojos de Bill me miraban a mi, después a Georg y así. En eso nuevamente la mujer de cabello blanco aparece con una jarra de té que la deja en la mesa de centro.
— Gracias por todo, Bill. Nos vemos en la oficina, que pases un buen día.
— A tí. — se despiden con un ademán de manos y después tenía la atención del hombre puesto sobre nosotros.
Su mirada intimidante me hacia poner cada vez más nervioso.
Continúa…
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