
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 8: Extraño a mamá
By Bill
— ¿Cómo mi mamá? — pregunta Tom y yo arqueo las cejas e hice un «O» con la boca mientras lo miraba fijamente. Dándome cuenta que la había cagado completamente. Dejo escapar un suspiro mientras estiro el brazo para apagar lo que estaba consumiendo y mirar a Tom a los ojos.
— Fue una broma de mal gusto. — me excusé. — Estoy trabado, puedo decir cualquier mierda en este momento. ¿Qué tal si lo ignoras y cogemos mucho?
Tom empezó a ponerse rojo del enojo, a temblar y respirar sin control. Fui apresurado a la cocina para llevarle un vaso de agua, el cual fue rechazado de un golpe. Vi como el agua cayó lentamente al suelo y el vaso se rompió. Cerré los ojos para no perder yo el control ya que fue mi culpa haber mencionado eso. Al abrirlos, él empezaba a irse hacia la calle y no podía permitirlo.
— Tom. — llamo su atención, yendo a. pasos lentos hasta quedar detrás de él, mirando sus espaldas. — Discúlpame, yo no debí decirlo…
— Pero lo hiciste.
— Dios, es que… — la cercanía entre el cuerpo de Tom y el mío cada vez estaba menos, mi pecho podía sentir su espalda caliente. No dudo en rodear su cuerpo entre mis brazos. Este echaba su cabeza hacia atrás. — En serio tienes razón. Podría llegar a mayores cosas el que siga consumiendo esa porquería.
— Promete, por favor. Me da ira que bajo el efecto de esa basura me digas cosas que me duelen mucho e involucrar la muerte de mamá en ello me jode, mierda.
— Ya, shh… — una de las manos de su cintura desciende hasta su ingle y luego exactamente su entrepierna flácida para darle un apretón. — ¿Puedes perdonarme, por favor? Voy a dejar la marihuana por ti y para no seguir diciendo comentarios que te enojen. — Tom afirmó con la cabeza en lo que se endereza para voltear a verme y me tomaba por la cintura.
— ¿Puedo besarte?
En mi boca aparece una sonrisa lasciva mientras muevo la cabeza en negación. Tom hace un puchero con su boca, indignado por el rechazo.
Lo obligo a soltarme de su agarre para yo atraerlo hacia mi por la nuca, merodear en sus labios y deslizar mi lengua por la comisura. Robando el aliento a mi contrario que se veía un poco necesitado, urgido.
Antes de hablar me pegué a su oreja: — ¿Por qué tienes que pedirme permiso? mi boca es tuya así como tú boca es mía, me pertenece; y en el instante en que yo quiera tomarla lo haré y punto. No me va a importar si quieres o no. Solo lo haré.
Beso la piel de su mejilla, bajo hasta el cuello dando leves mordidas y obligo a Tom a voltear en contra la pared. El susodicho gime a gusto en cuanto siente como pego mi entrepierna en su trasero.
— Me harta que finjas ser un niño bueno cuando en realidad te mueres por ser una mierdilla, igual que yo. — azoté su glúteo sobre la tela del jean holgado que cubría su culo.
— Yo quiero dártelo esta vez.
— No. — susurré buscando a tientas el botón y desabrochando los jeans que cayeron al toque al suelo. Acaricie las piernas fornidas de Tom en cuanto estuvieron a la vista, ascendiendo a su trasero. Tom se encargaba de quitarse en cuando tenía el jean arrastrando en sus pies, seguido la gorra, la camisa y lo demás que tenía para liberar sus enormes rastas.
De ellas se escapó ese magnífico olor embriagador masculino.
— Me lo debes como parte de tus disculpas.
— Mhmm. — reí por lo bajo negando con la cabeza. — Todavía te falta aprender a cogerme para complacerme como quiero.
— No me importa.
— Por favor, no hables.
— No hables tú. — en un abrir y cerrar de ojos Tom volteó mi cuerpo para que quede contra la pared. Estampó mi mejilla en contra del frío cemento y jalaba mi cabello sin piedad. Apreté los ojos al mismo tiempo que relamía los labios encantado por aquel arranque. — Te he disculpado pero en mi interior aún siento ira.
Yo mismo me desabroché los pantalones y me los quitaba—muy excitado—para estar a la par de Tom.
El pantalones negro en mis pies y luego lejos de mi vista siendo pateado por el rubio. Lo mismo sucedía con mis boxers y me dejaba exhibido. Lo único que tenía cubierto era el torso, del resto nada.
Las caderas de Tom son apegadas lo suficiente a mi trasero, haciendo que sienta como su miembro se ponía más duro con cada movimiento de fricción.
— ¿Me vas a hablar sucio? — pregunté en tono de burla, recordando la última vez que le pedí e hizo un comentario innecesario de ‘la basura’.
— Cállate, Bill. No hables tú tampoco.
Remojé mi boca seca.
— Cada que abres la maldita boca es para mencionar estupideces. — reí con excitación, muy ronco de mi parte en cuanto la punta de su pene húmedo se empezó a deslizar entre mis glúteos. De arriba abajo masturbando su pene. Me sorprendía que en estos instantes se pusiera activo. Aparte sacar de quicio a las personas era mi hobby y no obedecería el ‘cállate, Bill’.
— Le das muchos rodeos. — continué. Tom volvió a empujar mi cabeza en contra la pared y la dejaba ahí, haciendo presión mientras que la otra la guiaba hacia mi agujero. Hizo presión entre mis nalgas, adentrándose. Yo apreté los ojos, sintiendo como en mi trasero creaba una fisura y dolía pero era lo de menos.
Para nada me molestaba ser cogido sin previa preparación.
Tom se debilitaba en cuanto lo tenía dentro completamente. Yo muevo mi cuerpo de adelante hacia atrás, necesitando o rogándole con movimientos que deseaba sentir toda su longitud en mi interior y así lo hacía. Aún aferrado en mi cabello y con una mano separando mis nalgas se movía Tom.
No, no estaba teniendo cuidado.
No estaba cogiéndome como la primera vez que yo le indicaba.
Lo hacía por su cuenta.
Su pene entraba y salida de mi trasero, me quemaba el anillo muscular que lo acogía y se ensanchaba con cada penetración.
Coloqué la mano sobre la pared a ojos cerrados, sudando. La mano izquierda la puse en mis testículos y la derecha masacraba mi falo sin control, casi al ritmo de sus movimientos.
Tom azotaba mis glúteos retiradas veces, cada golpe más fuerte que el anterior y liberaba mi cabello.
Esa mano que estaba en mi cabeza anteriormente se metía bajo de mi camisa para apretar mi pezón, erizando mi piel, por poco enloqueciendo mi cabeza.
— Mhmjm ooj… — gemía poniendo los ojos en blanco. — Tom te estás moviendo muy rico, ¡ahí, sí! — chillaba desbocado. Una vez más fui volteado y obligado a agacharme. Puse las manos en el suelo y mis piernas quedaron abiertas, muy templadas y así recibía su pene en mi.
El ruido de ambas pieles se volvió constante, más ruidosa, seguido del golpe en ambos glúteos con sus manos bien abiertas.
Yo estaba por acabar solo con esta pose.
— Tom, maldición.
— Voy a regar todo mi esperma en tu culo, Bill.
Fruncí las cejas y mordí mi labio inferior más fuerte que antes, estaba muy caliente. Luego de unos segundos el rastafari bajó la mano a mi entrepierna, apretó el glande sin compasión y yo estaba explotando al exagerar en su mano. El ruido que hizo Tom al sentir como sin querer mis paredes apretaron su pene lo hizo correr de golpe y sorpresivamente.
Salió de mi interior y yo caigo de rodillas al suelo, con la cabeza baja y una respiración incontrolada. Escucho los pasos de Tom un poco más cerca y siento como vuelve a tomar mi cabello, para levantar mi cabeza y hacer que lo mire. Me muestra la mano que estaba manchada de mi esperma antes de ordenarme algo tan sucio que nunca imaginé hacer.
— Límpiame. — mi rostro seguramente tenía una expresión sumisa porque hizo lo que me pidió. Lamía y chupaba sus dedos limpiando los restos de mi esperma hasta dejarlo sin nada. Vi al rastafari sonreír con perversidad y acercarse a mi, fingir querer besarme para luego solo dar un par de golpes en mi cabeza e irse.
Ahí fue que descubrí que la clave para poder tener un sexo de los que me gustaban con Tom era hacerlo cabrear.
&
Toda la noche dormí en el sofá como si no tuviera responsabilidades hasta que los ruidos que provoca Tom en la planta de arriba me hacen despertar de muy mal humor. Me senté en el sofá mientras me rascaba la panza y luego me desperezaba, estirando los brazos hacia arriba y temblando las piernas. Luego me levanto para colocarme los boxers y subir hacia donde se encontraba Tom haciendo quien sabe que.
Golpeo la puerta un par de veces antes de entrar y ahí estaba, acomodando su habitación de lo lindo mientras en sus orejas tenía unos auriculares.
Cruzo los brazos y cargo mi peso en el umbral de la puerta analizando la situación. Eso hacia solamente cuando estaba estresado. Le gustaba desordenar y volver a ordenar mientras la música martilla sus oídos.
El volumen estaba alto que yo desde aquí podía escuchar la música de Eminem.
«Mockingbird»
Doy unos cuantos paso hasta quedar detrás de él y desconectar el mp3. Tom me mira sonrojado y deja de lado los auriculares para luego darme una sonrisa tímida. Yo en cambio ladeo la cabeza, analizando su expresión ya que estaba más cerca.
— ¿Qué pasó? ¿por qué tan estresado?
— Fuah. — dio vuelta y dejó caer su cuerpo sobre la cama, con los brazos abiertos. Relamí mi boca con el ceño fruncido y luego yo puse mis manos en las caderas, esperando una respuesta. — Thiago me invitó a una cena esta noche, quiere que vaya a compartir con su familia y no quiero ir. Ya no tengo problema en acercarme a elle pero es…
— Por papá. — respondí por él. Mi rubio amigo asiente frunciendo la boca.
— Siento que estaría de mal tercio en la familia perfecta… entre comillas… — hizo con sus dedos índice y corazón unas comillas falsas. Rodeaba los ojos y volvía a dejar caer sus manos a los lados, como la pose inicial. — Odio a Gordon Trümper, ¿por qué no murió él?
— Mhmm. — miraba el techo de la habitación pensativo. Era cierto que en más de una ocasión había escuchado a Tom maldecir a Gordon mil veces, deseándole la muerte.
— ¿Qué hago?
— Ir. — me encogí de hombros sin darle tanta importancia. — Jódele un rato la vida, no sé. En algún momento tienes que sacar eso que sientes adentro y te va a liberar, y si no es así… ¿qué tal un par de pastillas que nos pongan feliz?
— Joder. — suspira en cuanto decido caminar un poco hasta estar frente a él, sentarme sobre su entrepierna e inclinarme para masajear los hombros. Tom acaricia mis brazos, sintiendo la relajación que le doy con mis manos. — Pastillas no, por favor. Nada de drogas.
Rodeo los ojos.
— Ya las probaste una vez, ¿lo recuerdas? tú tristeza era tan profunda que lo único que hizo sentir bien fueron esas pastillitas de colores.
— Prefiero fumar cigarrillo… o la hierba. — susurró. — Además las pastillas me las diste con mentiras, dijiste que era un calmante. — comencé a reír a carcajadas luego de darle un golpe considerable a Tom en el pecho.
— Solo éramos un par de adolescentes traviesos. — me excusé en cuanto la risa comenzaba a cesar y me dejaba caer a su lado, para observar el techo junto con él. — Ay, muchas veces el fumar me hace olvidar lo dulce que era mamá con nosotros. Me sentía su hijo biológico.
— Ella te amaba, no te imaginas cuánto.
— Me lo imagino porque lo sentí, lo demostró y jamás me hizo de menos. — sin querer sentí como un par de lágrimas de deslizan por el rabillo
de mis ojos. Tragué saliva una para después atrapar mi labio inferior con mis dientes.
— La extraño. — continuó Tom.
— Maldición, yo también. — el rastafari levantó un poco su cuerpo para verme, rápido evité que me viera en ese estado. Es muy tonto llorar y extrañar a una persona que no está pero que dejó valiosos recuerdos de mi vida tan oscura. Unos recuerdos que me vuelven sensible con tan solo mencionar a la persona causante de ellos, con el dorso de la mano limpié la humedad antes de sentarme, aún mirando en otra dirección. Tom aún seguía observando mi acción pero no decía ni una sola palabra, le agradecía su silencio. — Me miras mucho. — fingí dureza con mi voz, lo cual hizo suspirar a Tom y colocar su mano alrededor de mis hombros.
— Me pregunto mucho sobre tus papás, ¿por qué no los has buscado? — una sensación intensa en mi pecho se presentó, giré lentamente el rostro para ver a Tom a la cara sin expresión alguna. Este bajó su brazo para tomar mis manos entre las suyas, sin dejar de mirarme y yo estaba a punto de colapsar. — ¿Has pensado que pueden estar ahí afuera buscando a su hijo?
— O quizás reproduciéndose en abundancia para reemplazar al que decidieron abandonar a su suerte.
Tom negaba.
— Eso no lo sabes.
— Tampoco quiero saberlo. — murmuré. — Estoy bien sin saber de ellos, tengo conmigo a la única persona en la que confío ciegamente y con eso me basta. — aflojé su agarre de mis manos y me levanto de la cama dispuesto a irme pero su comentario me detiene en seco.
— Sería bueno que los busques.
Regreso a verlo con una mirada asesina, respirando incontrolado y con el rostro ardiendo en rabia. Apreté los puños, quería regresar hacia el para darle un golpe pero en cambio solo decidí irme a mi habitación a pasos largos. En cuanto entré empecé a golpear todas las cosas que tenía a mi paso y entre eso cayó una bolsa con el polvo blanco mágico.
Lo miré como lo más prohibido del mundo pero también con ese deseo de consumirla. Me ganaba la tentación, de eso estaba seguro y no había duda.
¿Qué hago a estas instancias de la vida si mis ganas son mayores que yo?
.
By Tom
Deslicé saliva por mi garganta mientras oía el ruido proveniente de la habitación de Bill. No recuerdo si alguna vez le dijo a mamá sobre sus padres o si nunca en la vida habló de ellos pero de lo que estoy seguro es que no los quiere ver ni en pintura y fue muy impertinente de mi parte pero no paro de tener esa curiosidad en todo momento.
Vaya que lo había puesto mal el tema, Bill siempre aparentó ser lo peor y él pensaba que llorar era para nenas.
Nunca lo había visto así de mal.
Mis pensamientos se ven intervenidos por el ruido de mi celular. Estiré la mano para contestar de inmediato.
— ¿Diga?
— Tom, soy Thiago.
— ¿Cómo estás?
— Bien. — lo oí reír por lo bajo a través de la línea. — Te llamo para que me acompañes a hacer unas compras para la cena porque quiero prepararla contigo, ¿qué dices?
— Sí.
— Perfecto, iré a tu casa.
— Te espero. — dije antes de terminar la llamada. Suspiré y guardo el móvil en mi bolsillo. Me dirigí hacia el closet para ponerme una camisa limpia, acomodé las rastas como de costumbre y bajé a la sala para esperar a Thiago mientras veía la tele.
El ruido en la habitación de Bill había desaparecido y supuse que ya se había calmado.
En cuanto vuelva de la comida hablaré con él una vez más pero con intenciones de disculparme por haber tocado un tema que lo ponía de mal humor y que jamás había sido mi intención o por maldad, que solo era un amigo preocupado por su vida antes de conocerlo.
Recosté mi cabeza hacia atrás, un poco estresado porque Thiago no llegaba rápido y me empezaba a desanimar. Me molesta esperar mucho para salir, ¿por qué no solo nos encontrábamos en el lugar y ya?
— ¡Tooom! — los ruidos en la puerta me hicieron saber que ya había llegado. Me levanté de golpe para poder abrir y ver a un Thiago con un nuevo look frente a mí. Vestía prendas oscuras similares a las que Bill suele usar y tenía un par de piercings angel fangs en el rostro. Mordí mi labio inferior curioso, se veía un poco extraño.
Una mala copia de Bill.
— ¿Estás listo?
— Sí. — le sonreí ignorando mis pensamientos negativos. — ¿Nos vamos?
— Sip, peeeeo… — llevó ambas manos hacia atrás antes de empezar a balancear su cuerpo de adelante hacia atrás, ladeo la cabeza un poco perdido por su comportamiento y por el sonrojo en su rostro.
— ¿Qué?
— ¿Puedo saludar a Bill?
— Ah, sí… — crucé los brazos haciéndome a un lado para dejarlo pasar. Thiago se abalanzó hacia mi para besarme la mejilla seguido de un ‘gracias’ antes de salir corriendo escaleras arriba para ir en búsqueda de Bill. Yo dejé escapar el aire de mi nariz sintiendo un enojo insignificante por su emoción de querer ver a Bill.
Agh, ¿por qué me molestaba tanto?
— ¡Toooom! — chillaba Thiago asustado. Di un golpe en la puerta pensando en por qué tuvo que haber subido si no lo quiere ver, ¡por qué Thiago es tan masoquista maldición! — ¡Tooom! — volvía a gritar. Cerré la puerta de golpe y suspiré fuerte mientras caminaba lento en dirección a las escaleras pero el ya bajaba corriendo en mi dirección. Estaba llorando, muy desesperado.
— ¿Qué pasa? — me animé a preguntar preocupado por su estado.
— ¡Es Bill, carajo! ¡sube! — jaló mi mano escaleras arriba para ir a la habitación de Bill. El cuerpo de este estaba tirado en el suelo, aún en boxers y pálido. En cuanto más me acercaba podía ver como sus labios estaban morados, tenía convulsiones y mierda. No sabía cómo actuar. Las manos me empezaron a temblar. — ¡Llama a la puta ambulancia no te quedes ahí, mientras más tiempo dejemos pasar Bill peor se pondrá!
Aún temblando metí las manos a los bolsillos y actuaba de forma torpe mientras marcaba al número de emergencia pidiendo ayuda.
Continúa…
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