
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 7: Descubiertos
Removí mi cuerpo en la cama, somnoliento. A mí cabeza me llegó de golpe la propuesta de Thiago y no recordé si le había aceptado o no, aunque sabiendo muy bien como soy debí decirle que si y ahora estoy en compromiso. Abrí los ojos, dispuesto a ir para darme una ducha pero las manos de Bill lo evitaron, apretó su agarre para no dejarme salir de la cama.
Solté un gruñido.
— ¿A dónde vas? — la voz somnolienta junto con su apestoso aliento me saca un intento de sonrisa para ocultar mi malestar.
— A la feria de Thiago. — respondí de vuelta mirando hacia el techo. Bill esconde su rostro en el hueco que forma mi hombro y cuello. Escucho con claridad como suelta ronroneos delicados que provocan un suspiro largo en mi persona. — ¿Sabes dónde está su universidad?
— Uy, ¡claro! — saltó eufórico de la cama ignorando el severo dolor anal que debe tener. Desperezó su cuerpo para colocar ambas manos en la cintura y mirarme con una sonrisa incomprensible. — Yo también quiero ir, necesito saber lo que va a pasar al tener al culpable de Gordon frente a nosotros.
Tragué saliva, histérico.
¿Por qué acaba de hacerme recordar tantas cosas en un ratito?
— Genial, Bill. Ahora me alistaré.
— Yo igual y me bañaré contigo. No es que quiera invadir tu espacio privado pero así ahorramos agua.
Y así fue, los dos nos metimos a la ducha para darnos un baño rápido. Ambos de espaldas y a ratos estas rozaban sin querer, erizando la piel de mi contrario.
Yo lo único que puedo decir es que me tocó ocultar un empalme más duro que una roca.
¿Qué era eso de erectarme solo con tocar?
Es una completa mierda.
Al salir del baño ambos entramos a las diferentes habitaciones para ponernos ropa y salir casi de volada de la casa. Fuimos en nuestros respectivos autos ya que después tomaríamos rumbos distintos. Seguí en todo momento a Bill hasta ingresar al parking de la U repleta de estudiantes con sus respectivas familias y ahí era donde me entraba el sentimiento…
Yo también quería a mi mamá y a papá juntos para eventos como los demás niños llevaban a sus papás. ¿Qué importa si estoy grande? quiero a mis padres presentes conmigo y disfrutar la palabra «familia». Ese sentimiento dentro de mí pecho se volvió demasiado intenso que no aguanté las lágrimas y en silencio solté en llanto.
— Oye. — Bill golpea la ventana del chofer. Miré en dirección contraria para limpiar mis lágrimas y aguantar. No quería que me dijera cosas que empeoren mi corazón y me haga llorar peor que un niño en frente de todos. Rápido bajé del auto para ir con él hasta el patio central y darle atención a la feria hasta llegar a Thiago. — ¿Estás bien?
— Sí. — susurré dándole una de mis mejores sonrisas.
— Ah, bueno… me pareció verte llorar en el auto.
— ¿Por qué lo haría?
— Por la familia… me molestan los… típicos padres que siempre están encima de sus hijos que ya están grandes, ¿para qué…
— Bill. — interrumpí serio. — Te dije que estoy bien, ahora cállate. — como respuesta solo sonrió.
Por paz decidí apresurar mi paso y desviarme a ver una de las muchas manualidades que se encuentran en exhibición. Relamí mis labios decidido a participar para ganar premios que consisten en dulces para calmar mi dolor.
El único es que soy malísimo jugando a responder preguntas básicas de historia o lenguaje.
Agh.
— ¡Tom!
Y ahí estaba Thiago.
Joder.
Volteo al verlo viniendo hacia mí con una sonrisa para darme un gran abrazo junto con un beso en la mejilla. Esta vez no me obligué a sonreír porque salió por si sola.
Abracé a Thiago de la misma manera en la que me abraza o quizás más fuerte y desconozco las razones.
— ¡Si viniste! — exclamó. — ¡Estoy demasiado feliz por eso!
— Sí, yo también…
— Aunque dijiste que no podías pero hiciste un esfuerzo. — comentó al alejarse y empezar a caminar conmigo.
«O sea que le dije que no y yo pensando que sí.»
Genial, Tom. – ironicé.
— Se nota que también haces el esfuerzo por llevarte bien conmigo y me hace sentir feliz porque como dije, ya es el inicio de una bonita amistad entre los dos.
¿Cómo le aclaro que no quiero ser su amigo en lo más mínimo por situaciones que elle desconoce?
— Sí… — respondí por lo bajo.
A su detrás llegaba Gordon Trümper con los ojos bien puestos sobre mí. Traía una mirada acosadora, sería como la última vez que lo recordaba. Lo único que le hacía ver diferente era la edad porque todo seguía igual.
Al instante de tenerlo cerca me incomodé. Empezó a hablar con Thiago como si yo ~su primer hijo~ no existiera por un momento.
— ¿Cómo estás, hijo? ¿qué tal tú presentación?
— Bien. — sonreía de oreja a oreja mientras se dedica a abrazarle con fuerza, logrando partir mi corazón en pedazos. — Pero estoy molesto contigo, ¿por qué llegaste tarde?
— Cosas de trabajo.
— Ah, entiendo.
Mierda, por más que intentaba no ver tal escena, mis ojos no apartaban la vista. Estaba en un trance y mi cuerpo paralizado por completo.
¿Por qué me siento así?
— ¿Y no saludas a Tom?
— Mhmm, sí. — nuevamente me miró.
— Oh, increíble. Entonces los dejo solos para que hablen con calma en lo que voy otra vez con mamá, se quedó ayudándome a armar un pedestal.
Yo no quería que me deje solo con ese señor pero tampoco me animaba a decirle. Dentro de mi corazón se encendió una pequeña luz con esperanza que me dió un escozor en los ojos una vez más.
Sin más empezó a caminar y yo lo seguí en completo silencio.
— Para ser sinceros creía que no existías más, estabas tan deprimido la última vez que te vi que juraba que en cualquier momento acabarías como tu mamá. Tres metros bajo tierra.
— Vaya bonita forma de empezar una charla con tu hijo, Gordon.
— Pues ¿para qué te voy a mentir? no quiero ser hipócrita, realmente no siento el más mínimo interés en ti. Los hijos no deseados deberían estar muertos.
La mente se me quedó en blanco.
— Suficiente con que tengas un apellido digno como el que tú madre no pudo darte… joder, a mala hora me vine a fijar en esa mujer… pero debes entender. Soy un hombre y tengo mis necesidades.
— No sigas. — amenacé, a lo cual, mi padre, siguió su camino en medio de una risa burlona que logró ponerme más enojado de lo que estaba. Apresuré mi paso con la intención de llegar hasta él para golpearlo Pero un brazo a mi detrás me detuvo. Regresé a verlo con una expresión seria y Bill solo empezó a jalar mi brazo para sacarme del lugar arrastrando.
Llegamos al estacionamiento, específicamente en donde se encontraba mi auto y encarceló mi cuerpo entre sus brazos, a modo de darme un abrazo que lo sentí protector.
— Bill, crees que yo… ¿no debo existir?
— Agh, ¿que cosas dices? — al separarse de mi cuerpo me brindó un cigarrillo que no rechacé e igual empecé a fumar a la par de mi mejor amigo. — El que no debe existir es ese hijo de puta que delante de unos se hace pasar por un buen padre cuando en realidad no lo es.
— Dijo que los hijos no deseados no deberían vivir, entonces yo creo que… no fui un hijo deseado.
— Tom, por favor… — me mira con el ceño fruncido y luego rodea los ojos, fastidiado. — Yo creo que solo quiere molestarte para que no sigas cerca de su «tesoro». — con sus dedos índices y medios, hizo unas comillas. — Thiago es lo que más ama en la vida y no pues, muchas veces a los padres no les gusta que los medios hermanos se lleven bien como si fueran los culpables de las mierdas que hacen.
— Me partió el corazón ver la forma tan linda que habla con Thiago.
Tiré las colillas a un lado y me fijé en Bill.
— Creo que siento un poco de celos.
— Que tonto. — deja expulsar el humo por su nariz para después realizar la misma acción de tirar las colillas. Nos miramos fijamente y por alguna extraña razón, ambos nos sonreímos al mismo tiempo.
— Hablar contigo me hace bien.
— Obvio, es que soy Bill Kaulitz.
Reí divertido luego de darle un golpe suave en el antebrazo.
— Independientemente de que seas Bill Kaulitz, bobo.
— Agh, ya. Mejor dime que te mueres por tenerme en la cama y que te deje el culo bien abierto, repleto de mis jugos de varón.
Mordí mi labio inferior con picardía. Le tiré una mirada lasciva y luego coloqué el dedo índice en mi boca, coqueto. El pelinegro suspira. Puedo ver con atención como su rostro se torna sonrojado y exhala una fuerte cantidad de aire.
Ahora bajo la mirada en dirección a su entrepierna. Se ve con claridad un bulto que no se preocupa en ocultar en ningún momento y también me pone caliente.
Mis puntos nerviosos están por colapsar.
No pude retener el acercarme a Bill, agarrarlo por las mejillas y plantar un beso en su boca con descaro, estábamos delante de muchas personas hasta posibles conocidos pero ¿por qué iba a preocuparme por eso? solo disfruto la forma tan sin vergüenza como me agarra las nalgas, mete su lengua para jugar con la mía y tira de mi belfos inferior.
— Vamos a cualquier lugar, ya te quiero coger.
— Hoy no.
Dicho esto, di media vuelta a mi auto y así irme, dejando a un Bill frustrado.
&
Un nuevo día de trabajo, empezaba con el pie izquierdo. No había podido conseguir sueño gracias al increíble encuentro desagradable con mi padre. Tenía unas ojeras de mala muerte.
— Tom, por fin apareciste. — comenta Georg recién llegando a trabajar.
— Llegas tarde.
— Ajá, ¿y qué?
— Pues… ¿qué te pasó?
— ¿De verdad quieres saber? — asentí con desinterés, solo no quería pensar en ninguna otra cosa. — Pues que ví a mi amigo coqueteándose y besándose ¡con el ex de su hermano!
Palidecí.
Me atoré.
Me enfermé.
— Seguro viste mal.
— ¿Me estás diciendo ciego, Tom?
— Ujum.
Estaba nervioso y no lo podía evitar.
— Gustav también los vió.
— ¿En dónde según tú?
— En la U de tu hermano, Tom.
— Ah, que raro… que yo recuerde no fuí a ningún lado con Bill y menos a la U de su ex.
— Los vimos, joder. — de reojo ví como se hizo una coleta en el cabello. Buscó su silla para sentarse a mi lado y seguir. — Cuando hablaba de que te des a Bill no era verdad.
— ¿Y quién dice que yo le doy?
— Ah… — arqueó sus cejas. — Entonces el te da.
— Deja de hablar tonterías y ve a limpiar las mesas desocupadas, yo atenderé aquí.
— Si lo estás haciendo, no se vale. Thiago realmente quiere ser un buen hermano contigo después de todo lo que pasó y que feo que te andes metiendo con la persona por la cual aún sigue queriendo.
— Pero yo ya no. — Georg suspiró molesto ante la respuesta repentina de Bill a sus espaldas. — Puede arrastrarse ante mi que no voy a voltear a verle, a parte, ¿por qué tanto te importa, eh?
— Me preocupa Tom más que cualquier cosa porque va a ser el más afectado en toda esta situación. Recuerda que no te digo las cosas por maldad, si no porque…
— Ya, vete a hacer tu trabajo. — interrumpe Bill dándole un golpe fuerte en la espalda. Georg solo se alejó callado, quizás demasiado enojado conmigo.
¿Qué pasará por su cabeza?
— Anda tu también, Bill.
— ¿Qué? ¿vas a desquitar tu enojo conmigo? porque si es así vamos al baño de una vez, me emocionan estás cosas.
Di un golpe en la mesa antes de levantarme y hablar: — ¿Podrías dejar de pensar con la polla por primera vez en tu vida? ¡nos vieron!
— Pues ¿para que me besas en público? eso no era parte de él trato. — no, no estaba en lo que quedamos, de eso estoy consciente.
Algo que Bill nunca va a comprender es sobre la tentación que tuve para animarme a hacer aquello. A mí mejor amigo lo único que le importa es su placer, ¿qué importa si él estúpido de Tom se siente bien o no?
Maldición.
Dejé a Bill de lado para poder acercarme a Georg, disimulando el limpiar las mesas ya limpias.
— Si, tengo algo con Bill, nada serio. — susurré. — Un par de juegos tontos entre amigos.
— ¿Amigos que cogen?
— Un poquito. — fingí una sonrisa tímida. — Para experimentar, nada más.
— ¿Sabes a qué conclusión llegamos Gustav y yo cuando los vimos?
— ¿A qué?
— Es una venganza de Tom por ser el hijo de la amante de su difunta mamá. — negué al instante, avergonzado.
— Es mis planes jamás estuvo hacer eso por venganza, Bill me lo propuso y yo acepté porque quería saber más de sexo, impresionar a Andreas… evitar revivir ese trauma de mi pasado.
— Ajá.
— Tienes que creerme. — suspiré rendido. — Eres mi amigo, Geo… yo no te mentiría en algo así.
— Eres muy estúpido, ingenuo e imbécil.
— Ya, pero no me trates así.
— Yi piri ni mi tritis isi. — Georg rodó los ojos con irritación antes de continuar hablando: — Una cosa si te voy a decir, y lo hago por tu bien… tienes que alejarte de Bill.
&
¿Alejarme de Bill?
«— Sé que crecieron juntos, que son más que amigos pero eso que tienen, va afectar a terceras personas… a ti más que a nadie. —»
La voz de Georg permanecía en mi cabeza.
Bill podrá ser un completo hijo de puta pero jamás me lastimaría por ningún motivo. Me quiere tanto como yo lo hago a él, independientemente de estarnos acostando. Hay una relación inquebrantable entre los dos que nunca me atrevería a romper por las suposiciones de alguien más.
¿Y si Georg lo dice porque está celoso? digo… porque andaban los rumores de que andaba tragado por el cabello negro de mi mejor amigo y aquel no lo volteó a ver.
Obviamente prefiero dejarlo en rumor porque no puedo imaginar una relación entre los dos.
Algo extraño.
Las horas de trabajo se pasaron lentas como siempre, Bill se perdió luego del almuerzo y los demás chicos no se acercaban a mi con la intención de crear una charla.
Antes de llegar a casa pasé comprando un poco de sushi porque se me antojó con leer un letrero cercano y lamentablemente me encontré a Andreas, sentado en una de las bancas revisando su celular.
Hice lo posible para evitar chocar miradas.
No estoy de humor como para lidiar con más comentarios estúpidos.
— Tom, ya no saludas, eh. — carajo.
Debo dejar de atraer a las personas con la mente.
— Andy…
— ¿Cómo te trata la vida?
— Bien. — murmuré de mala gana. — ¿A ti también?
— No mucho, siento que le hace falta algo de diversión a mi vida, ¿por qué no salimos otra vez?
— No creo poder.
— Como amigos. — agarró mi enorme chompa y subió el cierre a modo de coquetería. Me puse nervioso en menos de lo esperado.
— Uhm, ya. Avisas nomás. — tomé el pedido en ambas manos antes de salir. Ni siquiera me despedí.
Conduje lo más pronto a mi casa. Necesitaba estar cómodo, ver una serie en la sala y comer sushi tranquilamente antes de que el desastre de la casa llegue.
Entonces como primera opción tenía Bridgerton solo porque adoro como funcionaban las cosas en los tiempos pasados.
— ¿Qué le ves de bueno a eso, Tom? — hice una mueca al ver como apagó el televisor y me robó un par de atún. Lo miré mal pero luego cambió a una de impresión. El pelinegro traía unas rastas negras con blanco al igual que un maquillaje… bonito. — Es aburrida, mejor veamos otra cosa… no sé… más como el porno.
— También tiene contenido así.
— Ajá, un par de gemidos, orgasmo y ya está, ¿eso está bien para ti?
Suspiré metiendo otro a mi boca.
— Que aburrido, mejor dime ¿cómo me veo?
— Bonito. — respondí con lo primero que pensé.
— ¿Solo bonito?
— Uhm, sí. ¿Qué otra cosa quieres que te diga?
— Que me veo jodidamente sexy, cogible, fogoso y que quieres quebrarme el pene a sentones.
Reí por lo bajo mientras en mi cuerpo se encendía la llama de la excitación.
Sus palabras obscenas logran estremecer mi polla hasta cuando no siento la mínima gana de coger.
Bill me provoca todo en tan poco.
— ¿Por qué te las hiciste?
— Le tomé la palabra a Gustav, me dijo que mientras más tiempo pasemos juntos, más nos vamos a parecer y que mejor forma que empezar por el cabello, ¿eh? ya del resto se encarga mi polla.
— Ah, ¿qué te dijo?
— Que no hay que coger, entre otras cosas más que no le entendí porque estaba trabado y me quedé dormido en el salón de belleza, si no fuera por la señora no sé cuántos días hubiera dormido ahí.
— Oye… — limpié mis dedos manchados de aderezo con la servilleta para hablar seriamente con Bill. — ¿No crees que ya es suficiente con la hierba? siempre pasas consumiendo.
— Si, es más… voy a armar otro para fumar mientras me masturbo.
Rodeo los ojos y me cruzo de brazos con molestia.
— Te hablo en serio.
— Ya, no seas un marica chillón. — se burló de mi sacando un frasquito en el cual ponía la hierba y lo tiraba para moler. Después estaban los famosos cueritos, los cuales hizo que abra la boca y saque la lengua.
Yo veo como lo arma en silencio.
Tenía unas ganas de darle un manotazo y que todo se riegue en el suelo.
No soporto ver como lo hace en mi cara. Admito que es buena para momentos tediosos pero no como costumbre.
— Bill. — amenacé.
Decidió ignorar y terminar. Finalmente, agarró la fosforera y así lo encendió con una sonrisa de idiota.
Expulsó el humo en mi rostro y aprieto los ojos con indignación. — Mejor me voy.
— Ya, lindo… — detuvo mi paso jalando la mano derecha e hizo que me quede a su lado. — Lo dejaré, lo prometo… no quiero hacer estupideces como tú mamá.
— ¿Qué?
Continúa…
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