

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 4: Mata pasiones
Al salir del trabajo fui directo a casa. Me di un baño para aliviar el malestar del cuerpo y ponerme cómodo. Después bajé hasta la cocina para preparar algo de comer para Bill y para mí porque si vamos a hacer algo creo que debemos crear el ambiente.
Como las pelis de amor o algo así aunque siento que Bill es directo, va a lo que va.
Muchas veces por eso ha tenido fracaso con sus anteriores parejas, no le interesa nada más que acostarse con ellas y luego hacerse el estúpido, con decir que también ya tuvo el susto de que iba a ser papá.
Ahí si no sabía dónde meterse…
Lo bueno es que la chica no lo quería.
Ya en la universidad conoció a su actual pareja y llevan mucho tiempo de estar saliendo y mucho de que Bill le ve la cara. A mí en lo personal me da igual. Veo todas las cosas que mi mejor amigo hace y me quedo callado, ¡no es mi problema!
Volteo para agarrar un funda de pasta con salsa de tomate, carne molida y algunos aderezos más. También saqué una botella de vino para ponerle a enfriar y el resto dedicarme a preparar la cena. Estaba un poco nervioso a decir verdad.
— ¡Buenas, buenas! — sentí mi rostro ponerse rojo sin querer al escuchar la voz de Bill. — Ya llegué y si… que rico huele.
— ¿Cómo te fue, Bill?
— Ya se le va a pasar su estúpido berrinche, hay prioridades esta noche. — sonrió caminando hasta donde estaba yo.
Me olvidé que cuando Bill quiere hacer de las suyas siempre le busca una pelea a Thiago para hacerlo sin remordimiento y yo era su presa está noche.
A mí detrás acaricia las nalgas a su antojo, haciendo que mi corazón empiece a latir como un loco.
Favor con favor se paga.
Llevaba repitiéndome todo el camino desde el trabajo hasta aquí.
— ¿Ya está la comida? — muerde el lóbulo de mi oreja y baja la mano hacia mi entrepierna para darle unos cuantos toques. Suspiré apagando la cocina y asentí con la cabeza justo en el momento que volteé para encararlo. — Bien porque ya quiero comer… te. — y sonrió como un completo sádico mientras a mi cuerpo le mandaba toda una corriente de calor exagerada. Me agarra de la mano para llevarme hasta el sofá.
Soltó la coleta descuidada de las rastas y me miró con una sonrisa.
— ¿Alguna vez te han dicho que así te vez muy hermoso? — tragué saliva y miré al techo. Gemí por lo bajo al sentir la boca de Bill en mi cuello. — Las rastas sueltas te hacen ver increíble, ¿cuántas personas te han visto así?
— Muy… pocas… — respondí poniéndome a pensar. En realidad solo había sido él, Andreas y su estúpida pareja. Nadie más.
Bill soltó una risita ronca que envió una descarga intensa a mi masculinidad y terminó de ponerlo duro. — Oye, antes de seguir primero me gustaría comer, tomar vino, hablar, no sé…
— ¿En serio? — arqueó una ceja. — ¿Qué te dicen a ti? ¿el mata pasiones?
— Pero…
— No, gatito. — interrumpió con un tono escalofriante. — Esto no es una maldita película romántica como las que sueles ver en la TV, esto es la realidad. Ahora a lo que vamos… rápido. — Bill se encargó de quitarme la camisa y tirar mi cuerpo hacia el sofá como si fuera cualquier cosa.
— Solo decía.
— Hablas mucho, Tom. — le veo desnudarse hasta quedarse en los boxers. Respiré con dificultad. Mis ojos nunca habían visto el cuerpo de Bill de otro modo y en cierta parte me gustaba. Los tatuajes en su piel iban con él ya. Adicional a ello el maquillaje, su estilo y todo lo que tiene de lindo lo tiene de malo. — Quiero enseñarte muchas cosas, ¿sabes?
Guió la mano derecha hasta mi entrepierna por debajo de la tela del enorme jean para empezar a tocar. Cerré los ojos y abrí la boca. Eché mi cabeza un poco hacia atrás dejándome tocar. Tiene unas manos suaves que saben dónde explorar, volviéndome loco. Bill me besaba en la mejilla, mordía mi mandíbula y merodea en mi boca. Desliza su lengua por mi labio inferior, llenando de su saliva. Sin querer relamí los labios y probé de su saliva, estaba dulce.
— Maldición. — susurró. — Me encanta tu inocencia. Quiero pintar de ceniza cada parte de tu pureza esta noche y aún así creo que no es suficiente.
Casi quería protestar porque quitó su mano de mi zona prohibida. Después comprendí que era para quitarme los pantalones junto a los boxers. Al alejarse de mí admira mi cuerpo con unos ojos de lobo con hambre. Eso solo me pone más acalorado de lo normal.
— Mhmm, no quiero ser nada delicado. Estás como para romperte en dos. — mordí mi lengua internamente.
Me asustaba cada cosa que pasaba por su retorcida mente.
— Joder… — camina unos cuantos pasos hasta que llega al lugar donde mi cabeza está echada. Observo en silencio como se quita los boxers y se masturba en mi cara una vez más. Me puse con la intención de tener mayor comodidad. El miembro de Bill era algo grueso y alargado. Si asustaba. Acaricia mis labios con su mano libre. Yo me imaginaba que quería que le chupe los dedos así que, abrí la boca a una cantidad considerable y empecé a chupar. Escuché a Bill gemir una y otra vez cuando hice eso. — Tócate también, tu amo quiere ver…
Obedecí sin rechistar. Me causaba una corriente diferente a lo que me tocaba Bill. Nunca me he masturbado en la vida ya que siempre he oído que se abrían las puertas al infierno y yo no quería irme para allá.
Soy demasiado joven para eso, de verdad.
— Mhmm… en cuatro, rápido. — obedecí con efecto retardado puesto que estaba demasiado nervioso por lo consiguiente. Bill echó una pequeña carcajada mientras acaricia mi barbilla. — Me gusta lo obediente que eres. — entonces metió su polla en mi boca sin previo aviso. Tocó fondo en la garganta y sentí unas ganas de vomitar enormes, con una sola metida empapé de saliva toda su longitud y lo sacó chorreando. — Eso no me lo esperaba, lo admito.
Siguió metiendo su pene en mi boca, al inicio fue delicado pero después de que empecé a descubrir con cada estocada como retener las ganas de vomitar el no fue nada cuidadoso. Parecía querer abrirme la garganta con toda su polla.
Dejando de lado eso, también me animé a tocarle los huevos cuidadosamente. También sus piernas, la cintura pero en el momento que quería tocarle el trasero me abofeteó. Le di un empujón y limpié los restos de la saliva con el dorso de la mano.
— ¿Qué mierda te pasa?
— No te toques, ¿oíste? ¡Esta noche soy tu amo y yo tengo el poder sobre tí! — caminó hasta dónde estaba para agarrarme del cabello en una forma nada gentil. — Ahora ponte y paga. No te hagas el loco o te irá mal.
— Se supone que debemos disfrutar los dos, ¿cuál es la gracia de esto si no puedo tocar?
— No me hagas preguntas y dame el culo de una vez, mata pasiones. — con el ceño fruncido volví a colocarme en la pose que estaba antes. Bill se puso detrás de mí. Erizó mi piel al momento que me dió una nalgueada con toda su fuerza. Gemí con los ojos cerrados y sintiendo un nudo en la garganta.
Estaba goteando espesas gotas de líquido seminal. Bill empezaba a hacer fricción de su pene en mi entrada. No para de echar insultos por lo bien que se siente mi trasero. Acaricia mi espalda, reparte besos en la misma. Minutos después sentí una presión en esa parte. Apreté el sofá con mis fuerzas y lo aruñaba de la misma manera.
— Maldición… — susurré. Sentí como mis ojos ardían por las lágrimas que estaban queriendo salir.
— Tom, que… estrecho, joder. M- me siento en el cielo, ¡mierda! — sentí como si se me hubiera separado el trasero. Dolía mucho, no estaba soportando y más porque casi no hizo como yo. Yo le lubriqué antes de y él no. Bill no era cuidadoso. Me estaba matando y haciéndome arrepentir de todos mis malditos pecados.
Ya no soportaba.
— Bill… — musité haciendo que el dolor en mi voz se notara. Él solo me cubrió la boca con los boxers, haciendo el papel de una mordaza y comenzó a moverse. Se notaba que intentaba controlarse por no dañarme pero no servía de nada.
— Necesito que te relajes, joder. Estás complicando las cosas. Tu cuerpo está tenso y así te va a doler mucho más. — apegué la cabeza al brazo del sofá. Traté de centrarme en mi placer también. Llevé la mano hasta la entrepierna para tocarme. Se sentía la diferencia y el calor en mi cuerpo. Tocaba como Bill lo hacía hasta hace un momento. En la parte de ahí atrás igual el dolor fue calmando hasta ser reemplazado por uno de necesidad. Todo fue diferente porque Bill lo hacía lento, entonces empecé a soltar ruiditos de placer.
Bill lo notó y empezó a menear sus caderas a un ritmo delicioso. Apegó su pecho hasta mi espalda y rodea la mano que está en mi entrepierna para hacer el trabajo por mí. Escupí el boxer de mi boca para sentirme libre y llenar la sala de gemidos junto con él.
— Bill, si… ¡mhmm!
— Que culo, Tom… ¡ah! me fascina.
— ¡Ah!
Tocaba mi trasero a manos llenas y yo sentía que pronto iba a terminar. Mordí mi labio inferior una y otra vez tratando de aguantar hasta que Bill obliga a mi cuerpo a recostarse en el sofá. Nuevamente está sobre mí y atrapa mis labios. Sus besos son de un hombre experto a diferencia de los míos, de poco conocimiento. Soy demasiado torpe porque a cada rato le raspo la lengua con los dientes.
Le abracé por la nuca mientras siento como me abre una vez más. Rodeo con mis piernas su cintura y sigue moviéndose. Ambos jadeamos en la boca del otro. Muerde mi labio inferior, nada delicado y tira de ellos de una forma muy sexy.
— Joder, Bill… no puedo más.
Él se apega hasta mi oído para decirme mientras estimula mi entrepierna: — Hazlo, te doy permiso. — así fue como me dejé venir en abundancia, manchando en gran cantidad su pecho y el mío con una sonrisa de satisfacción. Bill lo hizo después pero en mi interior y que al momento de salir todo se regó en el sofá.
Nos miramos a los ojos.
Este me besó la mejilla con una sonrisa.
— Lo siento por arruinar el momento, ¿sí? a veces las ganas suelen cegarme y no me controlo.
— Descubrí que te gusta dominar, ¿por qué?
— Porque… se siente bien tener el control sobre la otra persona, uhm…
— Tiene sentido. — asintió recostándose sobre mi pecho. Le abracé con fuerza mientras me acomodaba para hacer alcanzar a los dos en el incómodo sofá. Bill respiró profundo mientras acariciaba mis piernas.
En esa pose, sin nada que nos cubra del frío, quedamos dormidos hasta el siguiente día.
&
Nos levantamos asustados por los golpes ruidosos en la puerta principal. Bill comenzaba a quejarse mientras abría los ojos lentamente. Se levantó de un salto para observar por medio de la cámara a la persona que estaba golpeando ahí como loca.
— Mierda. — susurró/gritó.
— ¿Qué? — cuestioné somnoliento. Yo no podía moverme.
Me dolía demasiado el trasero.
— Es Thiago.
— Ah, dile que no golpee así.
— Atiende tú, por favor. Seguramente ya le fueron con el chisme de que me vieron comprando marihuana anoche y no quiero dar explicaciones. — fruncí el ceño mientras observo como corre a encerrarse en el baño después de recoger su ropa. Irritado de que golpee de esa forma, estiré la mano hasta la camisa enorme para ponerme y cubrir lo necesario. Lento me levanté. Daba pasos pequeños hasta llegar a la puerta y abrir.
Esa persona entró a mi casa como si nada.
— ¿¡Dónde carajos está Bill!? — cerré la puerta haciéndome el desentendido. Dirigí mis pasos tratando de caminar bien hasta recoger mi pantalón y los boxers. — Te hice una pregunta, maldita sea.
— A si supiera dónde está no te lo diría nunca y por favor, no me hables, Santiago. — pasé por su lado para subir las gradas pero este me detiene jalando mi mano. Hice un movimiento brusco para que me suelte. — No me toques o no respondo.
— ¡Dime!
— ¿Qué es ese perro relajo, dios mío?
— ¿¡Dónde estabas anoche, Bill Kaulitz!? — miraba la escena con atención porque el chisme podía mas que el poco tiempo que teníamos para irnos a trabajar. Bill acomodó su cabello mojado, peinándolo para atrás e hizo caso omiso a su pregunta. — ¡Bill!
— ¿Dónde estaba anoche, Tom?
— Aquí conmigo. — respondí.
— ¿Vez?
— Yo no confío en ese imbécil.
— Ah, tampoco le trates así a mi mejor amigo, ¿entiendes? Tom no es como los tuyos.
— Lo siento, me pongo así porque anoche te llamé un montón de veces y no respondiste ninguna llamada… solo hablemos. No quiero seguir mal contigo, por favor.
— Sube a mi habitación y veremos. — Thiago corrió feliz pasando por mi lado. Después escuchamos la puerta cerrarse. Bill y yo nos miramos fijamente. Este sonreía a diferencia de yo, quien se sentía decepcionado de su mismo por lo de anoche a pesar de saber que clase de persona es su mejor amigo. — Que increíble soy, maldición. — va caminando hasta estar en frente de mí. Agarra mi mentón con su dedo pulgar e índice. Le observo en completo silencio. — Calladito te vez más bonito, ¿lo sabes?
— No diré una palabra a nadie, ¿también lo sabes?
— Gracias.
Bill intenta darme un beso en los labios pero giré el rostro. Este se detiene mirándome con las cejas arqueadas y un rostro inexpresivo. Finalmente desaparece de mi vista y voy hasta mi habitación para… ¿qué? hasta se me olvidó a lo que iba.
Vuelvo a bajar hasta la ducha y escucho nuevamente como Bill se está reconciliando con su enamorado. Siento una sensación extraña en el pecho, completamente desagradable y siento morir de la vergüenza.
Existen tantos hombres en el mundo y vine a caer con el más idiota.
Hubiera sido fácil decirle a Andreas la verdad y después sí lo que sea pero, rayos…
Es demasiado tarde para arrepentirse.
Bill me marcó como uno más del montón, soy uno más a la lista de las tantas personas que han pasado por su cama pero es diferente porque yo lo tengo todo el tiempo, trabaja conmigo, duerme en la habitación de al lado y tenemos una relación como la de hermanos.
A parte estoy haciendo lo que más odio y no me gusta para nada, en serio.
Bill el infiel y yo el amante.
— Maldición. — me metí a la ducha para quitar todo rastro de una noche calurosa. Tardé alrededor de diez minutos. Al salir voy a la habitación para cambiarme y de volada al trabajo.
Después de un rato llegó Bill y el día empezó como siempre.
Georg y yo sentados en la caja, los chicos en sus secciones, recibiendo y saliendo con los respectivos pedidos.
Hoy hizo demasiada calor por lo cual hubo mucho que hacer, tantos trastes sucios que me tocó ayudar a recoger. Entre ellos hubo varios roces extraños con Bill, no deja de darme unas miradas que me erizan la piel y se me olvida como caminar.
— Georg, creo que no siento bien. — susurré dejando en frente de él los trastes. Mi amigo me miró comprensivo mientras me quitaba la charola.
— Te ayudo.
— Gracias, creo que voy al baño a mojarme la cabeza, hace mucho calor.
— Anda, hasta eso le pediré de favor a Francisca que nos prepare algo frío, ¡muy frío! — los dos reímos al mismo tiempo. Retomé el rumbo hasta ir al baño, no contaba con que Bill me seguiría atrás y cerrara la puerta con seguro.
De inmediato siento otra ola de calor pero más intensa.
— ¿Todo bien?
— Si, ¿por qué no?
— Esta mañana parecía lo contrario, ¿sabes? Te siento demasiado distante conmigo.
— Yo siento todo bien, Bill, a si que no entiendo lo que quieres decir.
— No me gustaría arruinar nuestra amistad por lo que pasó entre los dos, ese es el problema que llevo lidiando en mi mente desde entré a trabajar esta mañana, Tom. Te quiero mucho, de verdad. Eres demasiado valioso para mí.
— Por favor solo no vuelvas a mencionarlo, si le vas a ser infiel a tu enamorado hazlo con otras personas, no conmigo, se siente muy extraño. Quizás por eso no puedo poner mi máxima concentración en mi placer como anoche.
— Mierda. — me dedica una mirada de preocupación. Bill muerde su labio inferior pensando. — ¿Qué pasa si te digo que me ha gustado y quiero que se repita las veces que sean necesarias? ¿acaso te olvidaste lo que dije anoche?
— No, permanece en mi cabeza y me da vergüenza, pero no en el mal sentido sino… por las reacciones que le causas a mi cuerpo, es muy raro y me desagrada.
— ¿Qué cosas, Tom? — gemí bajito al tenerlo demasiado cerca de mí. El corazón golpeaba en el pecho de una forma que dolía y no hablar del calor que manda a mi cuerpo.
¡Uff!
— Me gustaría que me toques y dejarme que yo también te toque, no me parece eso de amo y no se que mierdas más, no va conmigo.
— ¿Qué se hace cuando dos personas son dominantes, Tom? No existe un juego así.
¿Pero que mierda tiene Bill en la cabeza?
Seguramente pura mierda y pendejadas que se traten de sexo, todo el tiempo sexo. Si respira es sexo, si habla es de sexo y si sigo voy a morirme de las iras aquí mismo y estoy demasiado tranquilo para eso.
— ¿Mhmm?
— No quiero jugar, ¡quiero disfrutar! — exclamé cruzandome de brazos. — Ya que estoy faltando a mi palabra por lo menos que sea para algo bueno.
— Uhm… — sonrió. — ¿Qué pides a cambio para ser mi sumiso, Tom?
Abrí la boca a más no poder, ¿acaso no escuchó lo que le acabo de decir o qué?
— … o lo que sea con tal de seguir teniéndote en mi cama, haría lo que fuera. Tengo una meta muy grande contigo y sé considerado porque una vez que agarro a una persona, la uso y obtengo lo que quiero, ¡le mando a comer mierda!
— No pienso arruinar lo que quiero tener con el rubio que llama mucho mi atención por algo pasajero, ¿sabes? Eres un imbécil.
— Lo que sea. — insistió.
Comencé a respirar sin control. Me sudaban las manos y también me picaban, quería darle un golpe en esa nariz perfecta para que le salga toda la sangre mala y se quede la buena para que deje de ser así.
— Bill, no.
— ¡Por favor! Después me lo vas a agradecer, no importa que salgas con ese rubio, yo puedo más que él. — arqueo las cejas asustado por la seguridad en sus palabras.
— No.
— Que aburrido, ¡lánzate a cosas nuevas! ya te dije que me lo vas a agradecer.
— Es que tú solo ofreces tener intimidad y yo de momento necesito alguien que me quiera y me de eso al mismo tiempo, tú no eres el ideal, te vale una mierda.
— Puedes tener al rubio y también a mí.
— A si no sea nada con Andreas yo no le pienso ser infiel. — el baño se quedó en completo silencio después de que dije eso. Me miró allá espejo mientras empieza a abrir la llaves de agua para mojar mis manos y ponerlas en mis mejillas. Cerré los ojos con gusto al sentir lo fresco que estaba.
— Insisto. — los abrí de golpe al sentir su aliento en mi nuca. Bill metió las manos debajo de mi camisa para acariciar mi abdomen y después más abajo. Me odié en ese instante por ser débil y reaccionar ante sus caricias. — Dame ese permiso, por favor. — miro a Bill a través del espejo. Su expresión lasciva me pone a mil, me vuelve loco, me mata y me gusta.
Yo creí que se me había pasado el gusto por él de cuando éramos pequeños pero sigue ahí, ahora lo tengo más cerca que nunca y sin nadie que me recuerde que más que mejores amigos somos como hermanos.
No hay nadie que lo recuerde.
A propósito le apegué el trasero a la entrepierna para sentir su dureza.
— ¿Mhmm?
— Lo haré con la condición de que dejes a Thiago y te dediques a mi todo el tiempo.
Continúa…
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