Corrompiendo a Tom 2

Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 2: Ayuda en confianza

Desperté con el cuello adolorido, el ruido de la música que escuchaba Bill me levantó con una taquicardia terrible. Busqué con la mano el cuerpo tumbado de Andreas en la cama pero ya no se encontraba, que idiota fui al creer que estaría ahí.

Mierda.

Me levanté, tomé un baño rápido y me puse una ropa diferente, agregándole a ello la camisa que mandé a hacer de una talla grande para empezar el trabajo en la heladería. Antes de salir de la habitación con la mochila ví en la mesita de noche un papel. Lo agarré y vi que era el número de Andreas. Mientras caminaba a la primera planta anotaba su número en mi móvil para cuando esté listo… llamarle y hacerlo.

Era un chico atractivo y no quería quedar mal.

— Buenos días, tigre. ¿Ya estás de buen humor?

— No pasó nada, no me atreví.

— Oye… — Bill suspira en modo de tristeza colocando un sándwich de jamón en frente de mi junto con un jugo de naranja en cartón. — ¿Quieres hablarlo? uhm… no sé, ir a dónde un experto para que te ayude.

— Creo que hablarlo contigo está bien. — sonreí. — Tu eres el experto, ¿no? así que…

— Bill, ya me voy. — callé de inmediato y me tensé al oír la voz de su… ¿novie? agh, que complicado.

Ajá, de esa persona.

— Tom… — susurra Bill esperando una respuesta de mi parte pero me negué a responder. Estaba demasiado incómodo con la presencia de ese chique ahí.

Salí de la casa hasta mi auto casi corriendo sin esperar a Bill y fui de camino hasta la heladería. Era demasiado enorme cuando la ví. Ganaría un salario como para comprar un departamento a parte para mí, así ya no seguía escuchando a Bill coger con su…

— Mierda. — y ahí estaba de nuevo esa maldita erección tan molesta. Me bajé del auto tan rápido como pude y corrí hasta el baño. Me senté en el retrete y apreté los ojos tratando de pensar en otra cosa que no sea él cuerpo de mi cuñado. Sin querer bajé la mano hasta mi entrepierna y toqué.

— ¿Por qué? — susurré con los ojos cerrados. — Es un pecado lo que estoy haciendo. — dejo de centrarme en mi erección para poder hacer del uno y salir con mis actividades pero la voz de Bill empeoró. Me desesperó de una forma inquietante.

— Tom…

— Bill, vete… estoy haciendo mis necesidades.

— Oh, ¿no quieres que te tome de la manito para ayudarte? — bromea riéndose. Levanté las cejas y salí del baño para encararlo. Bill solo hablaba así cuando consumía marihuana y crucé los brazos, enojado. — ¿Qué?

— Lávate la cara, anda. Se nota que estás trabado y a los clientes no les casarías una buena impresión.

— Uhm… — analiza mi rostro de arriba abajo. — Ayer te ví espiandome con tu hermane, ¿puedo saber qué hacías ahí?

— ¿La verdad? — hablé después de unos segundos de tanto silencio.

— Sí… — entonces empujé a Bill al baño conmigo. Lo miré fijamente a los ojos mientras pensaba en la forma que quería decirle. — No me mires así, me dan ganas de apretar tus mejillas regordetas y verlas de otro modo.

No puedo hacerlo, me da nervios.

— Fue por accidente, estaba saliendo a caminar por la casa y me llamó la atención los ruidos extraños que hacías con elle, entonces… la curiosidad.

— ¿Viste como lo hice? ¿qué tal soy, eh?

— Bueno. — sonreí observando como hizo un pucherito triste. — ¿Qué tendría que decir?

— Que soy una máquina folladora.

— No me consta.

— Me siento retado y eres mi cuñado, no me hagas darte unas nalgueadas aquí, Tom Trümper. Qué seas mi amigo no va a ser impedimento para que te reviente las nalgas, eh.

— Mhmm… a ver…

— ¿Es broma? — rodea los ojos mientras se cruza de brazos. Parecía medio enojado.

— No lo sé, Bill…

— No seas imbécil, solo bromeas. Ya dame permiso, es hora de empezar… — con eso dió por finalizada la conversación tonta que estábamos teniendo. Cada uno retomó sus puestos para dar inicio a su trabajo.

Yo era el encargado de la caja junto con Georg y Bill ayudaba en la cocina a Erik y a la otra chica nueva que no me acuerdo su nombre.

Estaba inquieto y no podía dejar de pensar en la forma de decirle a Bill algo tan íntimo. Me ponía los pelitos de punta. No quiero arruinar nuestra amistad, pero necesito.

En serio.

— ¿Qué piensas? — observo a Georg con lentitud y un rostro pensativo. También es un amigo cercano pero a el no le van estos temas así, es muy raro porque no hay la confianza suficiente para hacerlo. — ¿Mhmm?

— Geo… ¿cómo le digo a un amigo que quiero que me enseñe a coger?

— Si ese amigo es como Bill, solo dile directo y ya. Esas personas no se niegan a nadie, ¿sabes? además eso se hace con la práctica, solo debes dar lo mejor de tí y ya. Acaricia, pégale en las nalgas, manosea, jala el cabello, mhmm… hay muchas formas de hacerlo. Bésale en sus partecitas prohibidas y ajá.

— ¿Pero qué cosas le dices al niño? — entra diciendo Bill ya con una voz diferente. Está mejor a lo que estaba antes. — Si sigues los consejos de Georg es para que vayas para mal, ¡habla con tu mejor amigo! yo soy el ideal.

— Entonces coge con Bill y ¡puf! asunto arreglado. — agaché la cabeza sonrojado, ¿por qué Georg siempre suelta las cosas así de directo? ¿por qué no usa un poco de filtro al momento de hablar? acaba de ponerme en un momento tan incómodo porque si se trataba de Bill y ¡mierda! ¡estúpido cabello de Rapunzel!

— No te pongas así, Tom. Ya sabes cómo es Georg. — Bill me abraza de una manera amistosa y yo cerré los ojos para respirar hondo.

Estoy nervioso.

Después de esa estúpida conversación pasé evitando a Bill la mayoría del tiempo, cada que trataba de hacerme una conversación salía con excusas a dónde estaban los chicos porque todo me daba pena y eran mi única salvación.

Al salir del trabajo cada uno se fue por su lado. Yo me iba con Georg a comer algo por ahí y mejor no hubiera ido porque me encontré con Andreas una segunda vez, para colmo Georg me dejó solo porque él venía acompañado de una mujer.

— No me llamaste.

— Te iba a llamar mañana para salir. — comenté jugando con la pajilla de mi bebida. — Vamos mañana a comer después de mi trabajo, te invito.

— ¿Y vamos a mi casa después, eh?

— Sí, claro…

— Perfecto. — sonrió de lado. Andreas se acercó tanto a mi para besarme en la comisura de los labios. Arqueé las cejas asustado.

Acabo de ponerme en compromiso.

Mierda, mierda, ¡mierda!

— Creo que ya me voy…

— Entonces nos estamos hablando…

— Sí… — pagué la cuenta y me fui dejando a Georg a solas con ellos. Corrí hasta el auto para ir a la casa como un loco, mientras más pensaba en lo que quiero decir me arrepentía de la misma forma, esto no está nada bien.

Al llegar primero me puse cómodo y después ya fui a pasos lentos a la habitación de Bill. Di varios suspiros antes de golpear la puerta tres veces. Detrás de ella se escucha un «siga» medio arrastrado.
Agarré la manija para poder pasar.

Lo que me recibe en su habitación es una espesa neblina con olor a marihuana y por supuesto que fui a abrir la ventana para que todo ese humo salga como si de una chimenea se tratara.

— Cielos, hijo… — murmura. Bill tiene los ojos rojitos y achinados de tanto fumar. — Estoy en un viajezote y vienes, mejor vete que en este estado no perdono a nadie.

— No. — quito las chanclas de mis pies para subirme a su cama y acostarme a su lado. Extiende el porro, lo recibí nada más para ahuyentar los nervios que sentía por lo que iba a pedirle.

Desde ya siento que es muy tonto.

— No vayas a decirle a tu hermane. — ríe divertido a carcajadas. — Me mata.

— Mierda. — expulsé el humo por la nariz y miro al techo. Le devuelvo el vareto empezando a marearme (ya que es primera vez que consumo esa basura). — Por poco y me parto de risa.

— Dios. — sigue riendo. — Ni al caso, cuñado… ¿para qué soy bueno?

— En este momento para todo. — nuevamente recibo el cigarro para fumarlo.

— ¿Qué es para todo, eh? ¿quieres que te venda, que te regale, que…?

— Ninguna de esas, Bill. — interrumpí lo que iba a seguir diciendo. Yo me irritaba demasiado fácil.

— ¿Entonces? — voltea para acostarse de lado y verme. A estas alturas ya no sentía nervios ni nada porque me pega rápido la hierba a mi aunque debería estar acostumbrado a ello, Bill siempre parecía una chimenea por toda la casa.

— Es que…

— ¿Qué?

— Bill… voy a tener mi primera vez con un hombre y necesito saber cómo colocarla, como calentar… — remojo mis labios secos. Bajo la mano a su entrepierna y continuo: — ¿Me ayudas?

— Claro. — rápido se levantó para ponerse sobre mi, abrir mis piernas y acercarse con la intención de toquetearme pero los nervios que sentí hicieron detener su acción. Bill me mira al rostro con diversión.  — ¿Eres virgen? — pregunta y yo me escandalicé ante su pregunta.

— Es que yo… ¡no quiero que me la pongas!

— ¿Acaso tú hermane te ha dicho que yo me dejo poner? — negué con la cabeza, apenado y con el rostro sonrojado.

Esto es demasiado vergonzoso.

— Yo le doy a él y en este caso si gustas también puedo ponerte a ti, no hay mucha diferencia, casi se parecen.

No puedo dejarme poner solo yo, no es justo, se supone que debe haber igualdad.

— ¿Qué tal los dos? — propuse sin rodeos. — Sería un secreto, Bill. Thiago nunca se enteraría, a parte somos amigos y los amigos se ayudan… pero para otra ocasión, este momento es de urgencia.

Estaría dispuesto a hacer lo que el quiera solo si esta noche me enseña a hacerlo bien, dejaría que me use si es que hay un segundo encuentro.

— Uhm. — analizaba mi rostro de arriba abajo. Cada vez me hace sentir como un completo idiota.

En cualquier momento me voy a arrepentir.

Sin más se acercó a mi boca para besarme. Rodeo su cuello con ambas manos para no quedarme atrás. Si vamos a hacerlo hay que disfrutarlo y que no sea solo como una enseñanza, sería demasiado estúpido y me sentiría usado.

— Bien, ¿cómo quieres que sea, Tom? Duro o dulce, ¿eh?

— ¿Dulce? — cuestioné con una voz delicada. Mi intención era darle un segundo sentido a eso.

— Okay, lo haremos rudo.

¡Dios!

— Bueno…

¡Es que Bill es muy fácil de convencer!

— Primero tienes que besarlo para calentar la situación. — nuevamente rodeo su cuello con las manos. Llevando la delantera del beso con la intención de no verme tan principiante. Jamás me imaginaba haciendo esto con mi mejor amigo y que en el peor de los casos este acepte como si fuera lo más normal del mundo. Comienza a hacer fricción sobre mi pene duro, es sorprendente para mí. Nadie me lo ha puesto así de erecto. — Acaríciame. — bajé la mano izquierda para explorar su espalda con mucha delicadeza.

No voy a negar que si me gusta sentir esto.

Finalmente llega a su trasero y meto mano por debajo de la ropa. Agarré una nalga de lleno e hice presión para que su miembro acaricie mas al mío. Siento temblar. Bill gime en medio del beso y después alejó su boca por obligación, también por falta de aire. La mirada oscura que me brinda me hace dudar de lo que hice.

¿Estaría bien o mal?

— ¿Lo hago bien?

— No. — sentí una presión decepcionante en el pecho. Respiré profundo al verlo subir sobre mi cuerpo por completo. Se quitó la camisa para lanzarla por algún lado de la habitación. Yo le miraba el torso desnudo sintiendo más calor que antes. — Puedes hacerlo mejor.

Tomé impulso mientras le abrazaba de las caderas y empezar a besarle en el cuello. Bill echó su cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados mientras disfruta de mis besos. Lamí la nuez en su garganta, me gustó porque era poco notoria y el sudor que empezaba a salir de él me hizo sentir seducido. No dudé en hacerlo con más ganas.
Sigo más abajo con sus pezones: a uno le di atención con los dedos formando una bonita pinza y al otro con la boca. Ese estaba pagando las consecuencias de un día de estrés ya que lo mordía a mi antojo y succionaba.

Mientras le hacía eso meneaba sus caderas de forma circular en mi pene.

Creo que me excita sentir el trasero de Bill en mi entrepierna…

Me abraza por la nuca, apegando mi cabeza a su pecho. Sigo la orden de acariciar más abajo en la entrepierna con suavidad. Pienso que es la mía a la que le doy placer.

— Ah… — respiré violento por aquel dulce gemido y delicado de él, cerca de mi oído. Estaba perdiendo la razón. — Tom, quita tu mano de ahí, harás que se me baje y así no hay diversión al momento de enseñarte.

Lo hice porque no quería eso.

— ¿Qué sigue? — le pregunto acariciando la espalda. No paro de mirar su rostro rojito y sudoroso.

— Tienes que seguirle dando placer a tu pareja, ¿está bien? sigue explorando, yo te diré hasta donde… — cambiamos de posición para poder estar sobre él. Dirigió sus manos a mi camisa para quitarlo. Sus labios se entreabren de una forma deliciosa y me gustaría volver a probar.

Dejo de pensar en eso y recogí mi cabello para que no moleste en lo que haré a continuación. Doy besos mojados por en medio hasta llegar a su abdomen. Su cuerpo empieza temblar solo con sentir ni respiración cerca de su zona íntima.

Con ansia ayuda a desabrochar el botón del pantalón.

— ¿Quieres que también bese ahí?

— Sí. — respondió en medio de un gemido exquisito. Obedecí sin problema con la intención de ser más abierto como el mismo me lo dijo ayer. Bajé los boxers y su intimidad chocó con mi rostro. Lo agarro en mi mano para guiar hasta mi boca. — ¡Mhmm! — lamí como si fuera una paleta.

Puse toda la concentración en su entrepierna.

— ¡Ah! — mientras se la comía entera se deshizo del sobrante de la ropa molesta que traía en los tobillos. Vi como disfruta de el oral, por lo tanto, decidí tocar más abajo en su zona delicada con mucha sutileza. — ¡Ay! — aplastó mi cabeza en contra de su pene para que se lo trague completo. Peinó mejor mis rastas en una coleta guiando los movimientos como a él le gustaba. Su pene estaba repleto de saliva. Me gustaba porque era una forma indirecta de lubricar más abajo. — ¡Mhmm! — acaricié sus muslos fríos a causa del sudor y suspiré. — Basta.

— ¿Qué?

— Ahora quiero yo.

Me puso como gallito su voz otra vez así de caliente. Se lanzó hacia mi para comerme la boca y yo solo podía pensar en lo extraño que debe ser probar tus propios fluidos a través de la boca del otro.

Bill quitó el resto que me quedaba de ropa y siguió.

— Haré una excepción por ti, dejaré que solo tú lo metas, ¿está bien?

— Sí, pero… — deslizo saliva por mi garganta. Muy avergonzado. Yo no quería que haga lo que estoy pensando.

De verdad.

Creo que es demasiado.

— ¿Qué me vas a hacer? no hay mucho que puedas hacerme a mí porque aiqksnsk… ay… — aprieto los ojos con susto y gusto. Es una sensación que me recorre lo más recóndito de mi cuerpo para acumularse en la punta y salir muy rápido. — Joder, Bill… — murmuré lo más claro posible. — Hay algo dentro que quiere salir, ¿por qué ahora?

— Aguanta.

Mientras hacia puño en las cobijas me puse a cantar:

Un gallo se enamoró perdidamente
De una pata que nadaba en la laguna
Y ese gallo que era muy inteligente
A la pata le cantaba con la Luna – ah…

Estaba a punto pero…

— ¡Noo!

Pero el pato que se había puesto celoso
Se coló por el corral de las gallinas
Y decía: Este pato me las paga
Y con todas las gallinas solito se quedó.

— Shh. — apretó la punta de mi pene de una forma dolorosa. Maldecía una y otra vez. — Todo está bien.

— Quiero acabar, Billy, déjame hacerlo.

— Ow… ven aquí. — ambos nos pusimos de rodillas para besarnos. Las puntas de nuestras entrepiernas se restregaban sin querer dando unos buenos toques eléctricos, erectandome el pene un poco más.

Estaba necesitado y Bill estimulaba demasiado.

Entonces actué poniéndole a cuatro patas.

— ¡Oye! — se quejó. Bajé tan rápido, casi imitando las historias de aquel blog que solía leer en internet y lamí su trasero para lubricar más de lo que estaba y Bill gemía. Gemía para mí… — ¡Tom! ¡uhah! ¡mhmm! ¡ah! — agarré su trasero a manos llenas para separarlas y continuar. — ¡Joder! — llevó una mano hasta mi cabeza para hundir en esa zona. Todo mi rostro estaba mojado. Creí que era suficiente así que agarré su mano, la coloqué en la cintura y le di un fuerte azote.

Cómo dijo Georg.

— ¿Qué sigue, eh?

— Meter…

— ¿Así? — metí el dedo índice y medio a mi boca para después meterlos en su interior como si fueran como un par de tijeras.

— ¡Sii, mhmm! ¡ay! ¡au!

Estaba ansioso por sentirlo en mi parte íntima pero no estaba tan seguro, necesitaba de su permiso.

— ¡Mierda!

— ¿Ya? ¿puedo?

— Ujum.  — yo volví a entrar en ese jodido trance pero no tanto como el de Andreas si no uno menos vergonzoso. Le confesé a Bill lo que sentía para no arruinar el momento de aprendizaje y su respuesta me hizo sentir bien.

— Esta parte me asusta.

— Con confianza, ya está lo suficiente lubricado, ¿okay?

— Bueno… — dió un golpe en la cama mientras iba introduciendo cada vez más profundo. Gemí y maldecía por lo bien que se sentía, demasiado rico y la sensación era espectacular. Estoy feliz de haberle ganado a ese imbécil.

Susurraba del uno al diez para seguir aguantando.

Bill me hace sentir débil.

— ¡Tom!

— Mierda, Billy, no lo controlo… — gemí sin control. — Quiero, quiero… — sin que pudiera terminar estaba eyaculando en su grandioso trasero. — ¡Maldición!

Creía que se había molestado por eso y que la diversión se había acabado con tan poco pero movió sus caderas de adelante hacia atrás motivando a continuar, entonces apreté el agarre en sus caderas para abrirle. Gemimos loca y ruidosamente. Tenía los ojos bien apretados sintiendo cada parte de su interior húmedo a causa de mis babas y ahora de los fluidos de mi entrepierna.

— ¡Mhmm!

— Ay, Bill… — le acaricié la espalda con cierto toque de dulzura hasta hacerle descansar en su hombro. Chocaba fuertemente con mi pelvis. Estaba muy dentro, profundo y extraño. — Agh…

— Sisisi… ¡Tommy, sí! ¡así! — lo que seguía también era recomendación de Georg. Agarré su cabello en la mano y tiré de él hacia atrás para menear así de rápido. Vaya que Bill disfrutaba, sus jadeos hablan por él pero necesitaba escuchar.

— Ay, Bill… dime que lo hago bien… joder… ¡califica! — chillé histérico. Le nalgueo con la mano izquierda sin medir la fuerza.

— ¡Mil sobre diez pero no me pegues!

— Me desespero… — ambos caímos en la cama. Caí sobre él, con el pecho apegado en la espalda, sin dejar de batir. Bajé la mano por debajo para tocarle sin contemplación. — ¡Dios! no puedo más, ya voy a acabar…

— No. — reí . — Súbete, quiero ver cómo acabas…

Solo porque llamaba mi atención.

Gateó tembloroso hasta subirse encima de mi. Guió mi entrepierna a su trasero y lo metió de golpe. Nos mirábamos fijamente a los ojos y me impulsé con ganas para robarle un beso en el cual mi lengua memoriza cada rincón de su maravillosa boca.

— ¡Mhmm!

— Dios… — nunca creí decirlo pero que lindo se veía todo sudoroso. Le tocaba los pechos con ansia, creo que eran mi parte favorita. — Ya, ¡no puedo más!

— Yo tampoco, ¡ah! — grité.

— ¡Sí! — observo atento a cada una de sus experiencias hasta que eyaculó en mi pecho. Sonreía como un loco observando, moví un poco más y saqué para acabar afuera con la mirada fija en él, es demasiado sensual. Dejé caer los brazos a los lados de la cama, rendido. Los dos bañados en sudor.

— Joder, gracias… — mordí mi labio inferior ahora con vergüenza mientras él se acomoda a mi lado, con la cabeza en mi pecho y su brazo rodeando mi cintura.

— Me dices como te fue.

— Uhm, sí… — susurré mirando la ventana. Estaba con el pulso a mil. — Oye…

— ¿Mhmm?

— ¿Debo comprarte la pastilla del día después?

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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