
» Ningún alma excelente está exenta de una mezcla de locura.»
-Aristóteles
Fic de undrockroll, traducido por sweety205
Capítulo 6
Tom tenía una nueva rutina. Él iría a trabajar, firmaría, consultaría a Kaaren y luego iría derecho a buscar a Bill. Con su nuevo horario era más difícil encontrarle porque Bill no tenía un lugar fijo por la noche. Él vagaba dando vueltas por propia voluntad y a veces asaltaba a Tom.
Esa noche no fue la excepción; Tom comprobó todos los puntos habituales en los que Bill solía pasar el tiempo. Él no estaba en la sala común ni en el comedor. Tampoco sentado junto a la gran ventana al final del pasillo. Tom frunció el ceño y decidió revisar su habitación, a pesar de que Bill no solía estar allí a esa hora del día.
Oyó voces que venían de la habitación de Bill y frenó sus pasos mientras se acercaba. Era una voz profunda y masculina, y luego Bill habló de nuevo. No parecían contentos. Tom se cruzó de brazos y pasó por en frente de la habitación, mirando discretamente hacia adentro
Bill estaba sentado al estilo indio en la cama y había un hombre sentado en una silla junto a la cama, mirando de forma incómoda y severa. Tom siguió caminando, sintiéndose avergonzado. Nunca había visto a Bill con un visitante, y se preguntó quién era aquel hombre.
Fue al final de la sala y consiguió su fregona y su cubo. Se quedó allí, mirando la puerta de la habitación de Bill mientras fregaba la misma zona de suelo una y otra vez
Finalmente, el hombre salió de la habitación. Se detuvo en el pasillo, respirando profundamente y frotándose la frente. Tom le miró con curiosidad. Entonces el hombre miró hacia el otro extremo de la sala e hizo señas a Kaaren para que se acercase. Kaaren se reunió con él y mantuvieron una breve conversación antes de Kaaren le acompañase del brazo.
Tom esperó unos minutos antes de arrastrase dentro de la habitación de Bill. Estaba oscuro ahora, justo pasaban las ocho. La hora en la que los residentes comenzaban a ir a dormir. Bill no había estado obedeciendo esa norma durante un par de semanas, y Tom lo sabía porque ellos habían estado juntos.
Tom entró en la habitación con indiferencia. Bill todavía estaba sentado en la cama, encorvado con su muñeca en el regazo. Se veía exactamente igual a como Tom lo había visto la primera vez que lo vio.
— Hey — dijo Tom en voz baja.
Bill miró hacia arriba, sosteniendo la muñeca en sus brazos. — Hola, tú.
— ¿Qué pasa?
— Nada —Bill volvió a mirar a su muñeca, acariciando su rostro. — Llegaste tarde hoy.
— No, yo he estado aquí — dijo Tom. — Sólo que tú estabas… um… ocupado.
— Oh.
Tom esperó. Bill parecía estar en su extraño mundo de nuevo, deslizándose más rápido de lo que Tom podía salvarlo del mismo.
— ¿Bill?
— ¿Qué? — Los ojos de Bill estaban medio cerrados, él estaba apenas presente.
— ¿Quién era ese?
— Mi papá — Bill inclinó la cabeza hacia un lado. — Ese era mi papá.
— Oh… Eso es bueno — dijo Tom, sin saber qué más decir.
— No lo sé.
Tom vio como Bill acariciaba la cara de la muñeca, tocando la delicada ropa. Bill se veía triste y agotado, Tom se preguntó qué se sentiría estar tan desconectado. Se adelantó y se sentó en el borde de la cama. El colchón se movió y Bill se estremeció, animándose.
— La tierra a Bill — dijo Tom en voz baja, sonriendo.
— Me gustaría que no viniera más… yo sé que no quiere hacerlo — dijo Bill con voz apagada.
— Probablemente te quiere.
— No lo sé — dijo Bill. Se inclinó hacia delante, presionando su cara contra el colchón y gimiendo. — Dios, tengo que salir de aquí.
Tom frunció el ceño, haciéndose hacia adelante y tocando distraídamente el vestido de la muñeca — ¿Dónde quieres ir?
— Cuando se sostiene a un bebé — murmuró Bill — tienes q-que apoyar su cabeza y cuello. Y nunca, nunca hacerlo c-con una mano. Siempre sosteniendo con las d-dos.
Tom suspiró.
— Algunas personas dicen que no deberías d-dormir en la misma cama que el bebé, ya que p-podrías darte la vuelta y asfixiar al b-bebé — continuó Bill sucesivamente. — Pero yo creo que está b-bien. De alguna manera sabes que hay un bebé en tu cama y sólo te… a-ajustas.
— Bill — dijo Tom en voz baja.
— Esas son las mismas personas que d-dicen que no se debe mover al bebé para dormirlo.— Bill ni siquiera oía nada, al parecer. — Pero un bebé n-necesita ser mecido. El movimiento es b-bueno para ellos.
— Bill.
— Mi m-m-mam… m-madre solía cantarme cuando era pequeño. Me gustaría poder hacer lo mismo por ti — dijo Bill a la muñeca. — Pero yo no conozco ninguna c-canción. No puedo r-rec-recordar. N-no puedo preguntarle a ella, tampoco.
Tom miró con tristeza como Bill lentamente se deshizo delante de él. No había nada que pudiera hacer, él no quería irse. Tan difícil como fue verlo, y sintiéndose tan inútil como se sentía, Tom no sabía donde preferiría haber estado en aquel momento.
— Estoy seguro de que sabes por lo menos una canción — dijo Tom en voz baja.
Bill levantó la vista y conectó con sus ojos. — Hey, Tom — dijo él, sonriendo.
Tom sólo le devolvió la sonrisa. — Hey, Bill. ¿Qué hiciste hoy?
—Comer y dormir.
— Yo, también — respondió Tom. — Somos unos malditos vagos.
Bill se echó a reír. — Quizás tú lo eres.
Mientras Bill charlaba, Tom sólo le miró, preguntándose por qué, cuándo y cómo había empezado a convertirse en el chico pelinegro con problemas. Fue en contra de todo lo que sabía, pero lo golpeó como una tonelada de ladrillos y él recibió el golpe.
— Sí, lo siento — dijo Tom, encogiéndose. — Pero tenías razón, las noches aquí son brutales.
Georg rodó los ojos, soplando la pipa y mirando a la boquilla. — No hay problema. Es mi extra, de todos modos. — Él sonrió. — ¿Te hizo el trabajo más fácil, por lo menos?
— Más o menos — dijo Tom. Había ido directamente a la sala de lavandería en cuanto firmó con la esperanza de atrapar a Georg en su salida y poder explicarle por qué la pipa estaba en el suelo. Tom había cruzado los dedos durante todo el día con la esperanza de que nadie más llegara allí antes que él.
— Te lo dije — respondió Georg. — Pero, eh, la próxima vez, no lo dejes fuera todavía lleno. En realidad, no lo dejes de ninguna forma. Mis iniciales están por todo esto.
— Lo siento — dijo Tom otra vez, riendo.
— Además, um — dijo Georg. — Había una manta por aquí y tenía cierto número de habitación en ella…
Tom se quedó helado. — Sí, es el cuarto de lavado.
Georg dio un vistazo a Tom. — Mira, no me importa si bajas al quinto piso entero aquí y les colocas…
— Sólo a Bill — dijo Tom rápidamente.
Georg sonrió. — ¿En serio? Oh, mierda. ¿La muñeca fumó, también?
Tom frunció el ceño. — No, no fue la gran cosa. No pasó nada.
Sé que no eres idiota.— Georg izó su mochila al hombro y exhaló. — Bueno, me tengo que ir hasta el quinto y hacer algo, después estaré fuera todo el día.
Más tarde — dijo Tom, recostado en una de las máquinas de lavado y viendo al otro chico marcharse.
Se moría de ganas por subir y ver a Bill, pero quería esperar hasta que Georg se hubiera ido.
Había pensado en Bill sin parar desde la última vez que lo vio. Tom no podía parar. Él sólo quería ver a Bill todo el tiempo. Fue apenas conseguir su trabajo en la institución cada noche, porque cada noche, Bill vagaba hasta encontrarle y acababan sentándose y hablando por horas.
Tom se sentía mucho más relajado de lo que se había sentido en mucho tiempo. Quería estar seguro de que Bill estaba bien también, él quería ser el que le hablara, para sacarlo de ese mundo extraño en el que se metía a veces. Cuando Tom no estaba en la institución, se preocupaba por Bill.
Después de jugar un poco en la lavandería durante veinte minutos más, Tom volvió a subir a la quinta planta. Su estómago se retorcía de forma agradable, no podía esperar para ver a Bill.
Dijo hola a Kaaren y algunas de las otras personas de la plantilla, y luego tomó su fregona y se fue a la habitación de Bill. Apoyó la fregona contra la pared exterior de la sala y tomó una respiración profunda.
Cuando entró en la habitación de Bill, le vio sentado en el suelo, acurrucado en una bola, meciéndose hacia adelante y hacia atrás. Tom frunció el ceño y se acercó a él inmediatamente.
— ¿Bill? — Dijo en voz baja. — Bill, ¿estás bien?
Bill se encogió de hombros lentamente, estaba temblando. — Yo… s-sólo la tenía a ella, n-no sé dónde fue, la perdí, yo…
Tom frunció el ceño y se inclinó hacia delante, tratando de entender. — ¿La perdiste?
— P-por favor, no dejes que me vaya — dijo Bill frenéticamente, mirando a Tom. — Estoy t-tratando muy duro para estar aquí, pero n-no sé dónde f-fue.
Tom se dio cuenta entonces de que Bill no estaba sosteniendo su muñeca. Se puso de pie y examinó la habitación. — Quédate aquí — dijo con firmeza. — Voy a encontrarla.
— R-rápido, por favor.
Tom caminó por la habitación, mirando en los estantes, en el armario, en el baño, bajo la cama. No vio la muñeca en ningún lugar. Él miró por encima a Bill. Bill estaba tirando de su pelo, meciéndose hacia adelante y hacia atrás, murmurando para sí mismo.
Tom cerró los ojos, se acordó de algo que había dicho Georg.
«Bueno, me tengo que ir hasta el quinto y hacer algo, después estaré fuera todo el día.»
— Voy a matarlo — murmuró Tom.
— ¿T-Tom? — Bill miró con los ojos muy abiertos y vidriosos. — ¿Dónde está? ¿La tienes?
— Bill — dijo Tom, arrodillándose y arrastrándose hacia el otro chico. — Oh, Bill, yo no sé dónde está.
Un sollozo ahogado brotó de Bill y él empezó a temblar más fuerte. —¿D-de verdad? No se puede arreglar?
— Yo quiero — dijo Tom desesperadamente. Estaba tan enojado con Georg, él ni siquiera sabía qué hacer. — Pero tengo la sensación de que tu bebé está bien.
— ¿Cómo lo s-sabes? T-te la llevaste? — Preguntó Bill, pareciendo herido.
— ¡No! No, Dios, no — respondió Tom rápidamente. — Oh, Dios mío, yo nunca la llevaría lejos de ti.
— Creo que t-tal vez ella me dejó.
Tom negó con la cabeza. — Por supuesto que no. Ella te necesita.
Los ojos de Bill se desenfocaron y empezó a llorar, las lágrimas cayendo por su rostro como en un arroyo. Tom se sentía impotente, no podía traer la muñeca, y ahora Bill se le escapaba de nuevo, posiblemente más de lo que nunca había hecho antes. Todo lo que Tom podía hacer era ponerse de pie y dar unos pasos hacia atrás.
— Ella está sola, muy sola, muy sola — sollozó Bill, arañando su piel. — Sola, sola, sola…
— No es tu culpa — dijo Tom en voz baja.
Pero sus palabras no fueron nunca escuchadas. Bill se dio la vuelta y apoyó la frente contra la pared, con las manos arañando el suelo, la pared y a sí mismo. Estaba temblando incontrolablemente y Tom sabía que no había nada que pudiera hacer. No hasta que llegase a hablar con Georg.
Salió de la habitación, la ira corriendo a través de él. Había mucha gente en el pasillo, pero Tom apenas se fijó en ellos mientras se abría paso. Un grupo de enfermeras corrían por el pasillo, sin duda, para atender a Bill.
Un fuerte gemido resonó desde la habitación de Bill y Tom se agarró la cabeza, apretando los dientes.
— ¿Te ocurre algo?
Kaaren se puso delante de Tom, con los brazos cruzados. Tom la miró, sin poder hablar, sin poder dejar de temblar de ira.
— Él va a estar bien — dijo Kaaren suavemente. — Esto es sólo un episodio.
— ¿Cómo? — Preguntó Tom. — Esto no tiene… Esto no le pasa a él.
— Así es. — Kaaren frunció el ceño. — Tres o cuatro veces a la semana, ahora. Solía ser mucho peor.
— No — respondió Tom. — Estoy aquí casi todo el día, todos los días.
— No todos los días — Kaaren dio a Tom una mirada de advertencia y luego rápidamente se alejó hacia la habitación de Bill.
Tom se frotó la frente, encogiéndose cuando escuchó fuertes gritos de Bill. Deseaba que el turno de Georg no hubiera terminado porque tenía que hablar con él. No tenía el número de Georg, no sabía dónde vivía. Tenía que esperar.
Vio a Gustav por el pasillo, que venía hacia él, empujando un carro lleno de ropa. Sus miradas se cruzaron y Gustav sonrió, rodando los ojos y asintiendo con la cabeza en dirección a la habitación de Bill. Tom sólo desvió la mirada, con los puños acalambrados y apretando duro.
Se sentía impotente. Totalmente increíble e indefenso. No había nada que pudiera hacer, no para sí mismo o Bill.
Entró en la sala de inscripción y se sentó con la cabeza entre las manos, hasta el final de su turno.
Tom se fue a trabajar temprano al día siguiente.
Había permanecido despierto toda la noche pensando en ello. Había encendido dos relojes de alarma diferentes, por si acaso se quedaba dormido, y le pidió a su padrastro que lo llevara, Gordon había aceptado.
Mientras conducían la ruta familiar a la institución, Tom no podía dejar de pensar en todo, lo que iba a decir a Georg, cómo estaría Bill, ¿pensaría Bill en él o estaría demasiado lejos sin su querida muñeca?
— Ouch — comentó Gordon.
— ¿Eh?
— Sigues tronándote los dedos — dijo Gordon. — Bastante mal.
— Oh. Lo siento — dijo Tom. Él flexionó y relajó sus dedos, dándose cuenta de que todo su cuerpo estaba tenso.
— ¿Una noche dura?
— No — dijo Tom. — No lo sé.
— ¿Problemas con tu novia? — Gordon miró a su hijastro.
Tom frunció el ceño, él no había pensado en Brigitte, no en un par de días. — No…
— Sea lo que sea, se resolverá — dijo Gordon, entrando en el estacionamiento de la institución. — Siempre lo hace. ¿A qué hora vas a necesitar que te lleve casa?
— ¿Medianoche?
Gordon asintió. — Estaré aquí.
— Gracias, adiós — murmuró Tom, saliendo del coche y asintiendo con la cabeza a su padrastro. Gordon se alejó y Tom se quedó parado en el estacionamiento, mirando el edificio.
Él sólo tomó un aliento profundo y caminó. No fue directamente hasta el quinto piso esta vez para firmar. Esta vez se fue a la cocina.
Empujó la puerta de la cocina y vio a Georg sentado en uno de los mostradores, comiendo un sándwich. Georg sonrió cuando vio a Tom, pero su sonrisa se desvaneció rápidamente. La expresión de Tom era fría, seria, enojada.
— Hey — dijo Georg lentamente, poniendo su sándwich abajo. — ¿Qué pasa?
— ¿Puedo hablar contigo? — Señaló Tom hacia la lavandería.
Georg se removió en su asiento. — Estoy de servicio, tio.
Tom dio a Georg una mirada fulminante. — Necesito hablar contigo.
— Está bien, está bien.— Georg saltó del mostrador y se dirigió al cuarto de lavado, limpiándose las manos en los pantalones. Tom siguió, los brazos cruzados y la cabeza baja. Cuando llegaron a la sala de lavandería, Tom se quedó mirando a Georg por unos momentos.
— ¿Qué? — Preguntó Georg, un rastro de una sonrisa en su cara.
— Sé que te la llevaste — dijo Tom.
— No me digas. He estado diciendo que me la llevaría por meses — dijo Georg, sonriendo. — ¿ Enloqueció? No he estado allí todavía hoy.
Tom respiró profundamente, porque veía rojo y lo único que quería hacer era dar un puñetazo en la cara a Georg. — ¿Dónde la pusiste?
— De ninguna manera.
— ¿Qué?
— Mira, Tom — dijo Georg, la sonrisa desapareciendo de su rostro y sustituyéndola con una mirada fría. — Si no te hacen gracia este tipo de bromas entonces vete a la mierda.
— Es una broma enfermiza — espetó Tom.
— Este lugar es enfermizo. Tienes que… joder, yo no lo sé. Tienes que ser capaz de reírte de las cosas. Estas personas? Los que viven aquí? Ellos no conocen nada mejor. Ellos no saben nada — dijo Georg. — Están prácticamente muertos. ¿Por qué no bromear con ellos un poco?
El puño de Tom estremeció pero trató de mantener la calma. — Eso no es cierto. Eso no es la puta verdad.
— Sí, lo es. Tú has estado aquí durante un mes. Yo he estado aquí más de un año. Creo que sé — respondió Georg con frialdad. — No puedes venir aquí y jugar a ser el héroe sólo porque cagaste tu vida.
— Cállate.
— Así que… ¿es eso? Ya sabes, yo ni siquiera sé porqué estás haciendo servicio. No puede ser tan malo, ya que no te metieron en la cárcel de inmediato – pero eso es probablemente donde vas a terminar — dijo Georg.
— Cállate la boca.
Georg se encogió de hombros. — No eres el primero y no serás el último. He visto un montón de gente como tú. Sólo en este último año.
Tom suspiró pesadamente. — Sólo… dime donde pusiste la muñeca.
Georg negó con la cabeza. — Y si les dices a ellos que lo hice, me aseguraré de que termines tu servicio a la comunidad y que termines tu condena en la cárcel. ¿Colocándote en el trabajo? ¿Colocando a un residente? Eso es… enfermo, Tom.
— Vete a la mierda — murmuró Tom. Estaba atrapado, y Georg le tenía. Su enojo se volvió frustración. Miró a Georg y suspiró con voz temblorosa. — No sé qué decir.
Georg se encogió de hombros otra vez. — Sólo vete.
— Eres un cabrón — dijo Tom.
— Aprende a aceptar una broma de mierda — fue todo lo que Georg dijo. — Ni siquiera te afecta. Joder, y yo pensaba que pasaba demasiado tiempo aquí.
Tom se alejó. No tenía nada más que decir a Georg y no estaba seguro de poder mirarlo sin golpearlo. Tom tenía los puños apretados mientras subía las escaleras hasta el quinto piso. Cada paso que daba, pensó en volver a bajar a la sala de lavandería y pegarle un puñetazo a Georg en la mandíbula.
Tenía que tranquilizarse, sin embargo, porque él sabía que Georg no estaba mintiendo acerca de delatarle y hacer que le echaran.
Cuando Tom llegó a través de las puertas de seguridad cerradas con llave, se fue directamente al cuarto de provisiones y se encerró. Era todavía muy temprano, su turno no empezaba hasta dentro de una hora. Iba a ser una noche larga.
Se sentó en un cubo, se apoyó contra la pared y cerró los ojos. Podía oír los sonidos del exterior en los pasillos, la charla y el movimiento arrastrando los pies. Estaba oscuro en la sala de inscripción y sabía que nadie entraría a buscarlo.
Pasaron apenas unos minutos antes de que cayera en un sueño ligero, inquieto.
Tom se despertó sobresaltado por un estruendo. Se lanzó hacia adelante, apoyando sus manos y mirando alrededor de la habitación, con los ojos abiertos. Estaba completamente oscuro afuera y con una mirada a su reloj, vio que había dormido durante casi tres horas.
— Mierda — murmuró Tom, poniéndose de pie y estirando rápidamente. A pesar de que ya había estado allí, iba a ser considerado como si hubiera llegado tarde. Él no firmó antes de haber ido a esconderse en el cuarto de provisiones. — Mierda, mierda.
Agarró una fregona de repuesto y salió de la habitación, frotándose los ojos cansados. Podía ver las luces fluorescentes debajo de la puerta y es que era casi la hora de dormir para los residentes. Cuando empujó la puerta entornó los ojos, indignado por la exposición de la luz en sus ojos, los pasillos estaban vacíos.
Miró hacia abajo y vio el pasillo de la recepción principal. Kaaren ya se iba, y Tom tragó saliva, tratando de mantener la informalidad, mientras caminaba hacia ella.
— Tom — dijo ella, alzando las cejas. — ¿Acabas de llegar? No te he visto …
— No, yo he estado aquí — respondió Tom, poniendo una sonrisa. — Yo he estado en el lavabo por un rato y luego fui, ya sabes, a limpiar la sala de suministros.
— Oh, bueno — dijo Kaaren. — Esa habitación necesita organización.
— Sí, ¿no? — Dijo Tom, cruzando los brazos alrededor de la fregona. — Oh, pero creo que me olvidé de firmar.
— Lo hiciste.
— ¿Eso es malo? — Preguntó Tom, mordiéndose el labio.
— No es el fin del mundo. Sólo tienes que ir a firmar ahora, anota la hora a la que entraste — dijo Kaaren, encogiéndose de hombros. — No se lo diré a nadie.
Tom dio un suspiro de alivio. — Genial. Así que, um, la sala de suministros es como un agujero negro… ¿Qué ha estado pasando aquí?
Kaaren deslizó su bolso sobre su hombro. — Oh, no mucho. La hora de dormir fue un poco difícil, pero, ya sabes.
— ¿Ah?
— No hay nada de qué preocuparse. Hubo un derrame de zumo por la zona común, no estoy segura de si has llegado allí todavía — dijo Kaaren. — Ah, y hubo un incidente desafortunado con pudín lanzado contra la ventana.
— Oh sí, lo vi — Mintió Tom. — Por eso me fui a la sala de suministros, primero, y luego me distraje…
— Está bien — dijo Kaaren, sonriendo. — No trabajes demasiado duro. Me tengo que ir.
— Adiós — dijo Tom, sintiéndose increíblemente culpable al ver a su supervisora yéndose. Tuvo suerte de que ella le creyó. Rápidamente se dirigió a firmar y firmó los papeles a tiempo. Él vio el nombre de Gustav y pensó en jugar con las horas a las que había comenzado sus turnos, pero luego lo pensó mejor. Tom no era un hombre malo.
Él rápidamente limpió los dos comedores que Kaaren le había hablado y luego fue a la sala de suministros de nuevo por un tiempo. Quería ir a ver cómo estaba Bill, pero se sentía tímido al respecto. Él no quería entrometerse o molestarlo, y dado que era pasada la hora de dormir, había una alta probabilidad de Bill durmiera.
Tom esperó veinte minutos antes de introducirse en la sala vacía y caminó tranquilamente hacia la habitación de Bill. Todo estaba en silencio y uno de los focos de luz al final del pasillo estaba parpadeando, casi fundido. El vientre de Tom se contrajo a medida que se acercaba a la habitación de Bill, y cuando llegó, se quedó fuera de pie en la puerta durante unos instantes, sólo escuchando.
No podía oír nada, y sabía que probablemente eso significaba que Bill estaba durmiendo. Sin embargo, Tom quería echar sólo un vistazo. Quería verlo.
Abrió la puerta, tratando de ahogar el clic, presionando muy lentamente y manteniendo firmemente el tirador. Dentro de la habitación estaba casi completamente oscuro excepto por una pequeña luz de la noche que se colaba por la ventana.
Tom entró y dejó que sus ojos se adaptasen lentamente a la oscuridad. Todo lo que podía ver eran las formas y sombras, destellos de color que casi le cegaron en contraste con la oscuridad. Se frotó los ojos y vio a Bill en su cama, sentado encorvado, con la cabeza hacia abajo.
Tenía las manos cruzadas y sus brazos estaban vacíos. Tom no podía ver su rostro, su cabello colgaba como una cortina a su alrededor, y sus hombros estaban tensos.
— Bill — dijo Tom en voz baja. — ¿Bill?
Bill no respondió. Tom frunció el ceño y se acercó más, con cuidado. — Bill, ¿puedes oírme?
La cabeza de Bill bajó más y se puso las manos en la parte posterior de su cuello, sacando sus rodillas. Se veía tan pequeño y delicado, todos los ángulos afilados y delgadas curvas. Tenía el pelo rebelde, que sobresalía en direcciones diferentes, y sus dedos temblaban. Sus ropas estaban arrugadas.
Tom estaba justo al lado de la cama, tan cerca que podía oler a Bill. Aspiró el aroma relajante y familiar que fluía a través de él. Quería alargar la mano y acariciar el pelo de Bill, pero no quería asustar al chico. Tom sabía que Bill era especialmente vulnerable sin su muñeca.
— Bill — Tom intentó de nuevo, su voz apenas era un susurro. Suavemente se sentó en la cama, sin apartar los ojos de Bill. — Bill, soy yo.
— Lo sé.
Tom arqueó las cejas. — ¿Estás bien?
Bill asintió con la cabeza lentamente. — Sí, estoy… estoy bien.
— Está bien si no lo estás — respondió Tom. — Sé que ha sido duro.
— Oh — dijo Bill, mirando hacia arriba. — Supongo.
Tom miró a Bill, reconociendo el mismo maquillaje corrido de hacía unos días. —¿Qué has estado haciendo?
La cara de Bill se estremeció y él se rascó el cuello. — No has estado alrededor desde hace un largo t-tiempo.
— Lo sé. Lo siento — dijo Tom, frunciendo el ceño.
— ¿Dónde estabas?
Tom arrugó la nariz. — No pensé que querías ver a nadie.
— No quería. Sólo te quería ver a ti — dijo Bill en voz baja. — Pero n-no volviste.
— Oh. — Tom miró lejos, jugando con la costura lateral de sus pantalones vaqueros. — Pero tú estás bien.
Bill se encogió de hombros. — Estoy bien.
— ¿Estás molesto conmigo?
— No — respondió Bill. — No, no. Yo sólo…
Él agarró su pelo, tirando, murmurando para sí mismo. Tom miraba, sintiendo una gran distancia entre ellos. Bill estaba lúcido, él estaba presente, y Tom no podía conectar con él. Le dolía por dentro, viendo a Bill y no pudiendo tocarle.
Bill suspiró, inclinándose hacia delante y presionando la frente contra el colchón. — Me siento tan…
Tom se atrevió a acariciar el pelo de Bill, lentamente, apenas tocando. — Lo sé.
— Y puesto que mi… ella se ha ido — murmuró Bill. — No sé dónde está. Yo no podía c-cuidar de ella.
— Bill…
— Y luego te fuiste tú … — Bill suspiró contra el colchón. — Y entonces yo sólo… me perdí.
— Lo siento — murmuró Tom.
— ¿Por qué te fuiste? — Bill se sentó, mirando fijamente a Tom. — Yo t-te necesitaba y t-tú te marchaste y ya n-no volviste.
— No creí que tú supieras que yo estaba ahí — dijo Tom.
— Yo sabía — Bill se rompió. Se frotó los ojos y exhaló, meciéndose suavemente. Se miró las manos y se estremeció, cerrando los ojos. — Oh, dios. Oh, Dios.
— ¿Bill?
Bill frunció el ceño y señaló más arriba de sus rodillas, temblando. — No sé dónde está. ¿Dónde está? No pude salvarla, no pude salvarla, no pude salvarla…
Tom puso una mano sobre el brazo de Bill y acarició suavemente, Bill se estremeció y sus ojos conectaron con Tom. Tom se quedó inmóvil, casi alejándose, pero él siguió acariciando, mirando a Bill, continuando estando ahí para él.
— ¿Cómo pudo desaparecer?— preguntó Tom con cuidado.
— Fue… Fue un accidente, yo… mamá dijo que lo hiciera… así que lo hice, y yo pensé que lo hacía b-bien, pero yo m-me senté atrás con ella, se veía tan d-dulce. Y-… Cuando hubo el accidente — murmuró Bill con los ojos borrosos. — N-nunca la vi de nuevo. Yo… yo siento que… es m-mi culpa, y mamá, t-también.
Tom no sabía de que estaba hablando Bill, pero él se acercó.
— Y luego se fueron — dijo Bill, mirando hacia abajo. — Nada más.
— ¿Se fueron?
Bill sacudió la cabeza. — Oh, Dios — Unas cuantas lágrimas se deslizaron por su mejilla y Tom las atrapó con un dedo, retirándolas y sujetando el lado de la cara de Bill. Los ojos de Bill se desenfocaron y se agitó un poco, pero Tom le agarró con fuerza, negándose a dejarle escapar.
— Bill — dijo Tom. — Bill, mírame. Vuelve a mí.
— N-no puedo — susurró Bill. — Soy malo.
— No lo eres — dijo Tom con firmeza. Él acarició la mejilla de Bill con el pulgar. — Eres… Eres increíble.
— No.
— Si.— Tom vio derramar más lágrimas por el rostro de Bill. — No llores.
Bill asintió con la cabeza, pero las lágrimas se hicieron más intensas y un sollozo ahogado salió de su garganta. Se inclinó hacia adelante y puso su frente en el hombro de Tom y Tom, sorprendido al principio, no supo qué hacer.
Por último, envolvió a Bill con sus brazos y lo abrazó fuerte, dejándolo llorar y empapar el hombro de su camiseta. Bill se agarró a la espalda de Tom y casi se deslizó en su regazo. Estaba temblando, llorando en silencio. Tom le agarró firmemente.
— Shhh — Susurró Tom, apartando las lágrimas de Bill. Bill estaba temblando, temblando en sus brazos y mientras Tom se apartaba para mirarlo, algo se quedó atrapado en su garganta. Tom sostuvo la cara de Bill, acariciando su mandíbula.
Bill respiró hondo y miró a Tom, parpadeando dejando caer algunas lágrimas más. — No pienses que soy tonto — dijo en voz baja.
Tom negó con la cabeza y atrajo su cabeza más cerca de Bill. Sus labios se conectaron con suavidad, antes de que Tom pudiera pensar, y se mantuvieron unidos durante largo rato. Tom sintió que los labios de Bill temblaban contra los suyos, pero no se apartó y él no detuvo el beso.
Se sentía mal, y suave, y triste, y tan bueno. Tom acarició justo detrás de la oreja de Bill y se apartó, mirándolo de cerca.
Bill apenas sorbió, lloriqueando, tirando de Tom de nuevo hacia adelante y enterrando la cara en su cuello. Tom arrastró sus dedos por la espalda de Bill y la apretó firmemente.
— Te tengo — murmuró Tom.
Bill asintió, sus sollozos repuntando de nuevo, y Tom se sentó allí con él durante el resto de su turno.
Continúa…
Que doloroso T.T
Duele 😭😭😭😭😭😭
Bill es tan doloroso verte así