ADVERTENCIA: Este capítulo contiene contenido hetero. ***
»Mi querido señor, toma cualquier camino, no puedes equivocarte. El Estado entero es un gran manicomio.»
-James L. Petigru.
Fic de undrockroll, traducido por sweety205
Capítulo 5
Tom había sido siempre muy bueno en una cosa: evitar.
Se mantendría así durante el siguiente turno en la institución. Firmó y fue derecho al trabajo. Normalmente le gustaba perder el tiempo un poco, bajar a las salas de lavandería y pasar el rato con Georg, o últimamente con Gustav, ya que sus recesos se habían superpuesto durante aproximadamente una hora. A veces incluso le daba a Kaaren un mal rato antes de que él comenzara su trabajo.
Esta vez, sin embargo, mantuvo su cabeza baja y los ojos fijos en su tarea, los pisos sucios. Suspiró mientras se ajustaba los auriculares. De ellos no salía música, pero los llevaba a modo de escudo. No quería que nadie le molestara. Nadie. Ningún empleado, y en especial ningún residente.
Llegó al final de un pasillo y se apoyó contra una de las paredes, sus dedos rozando el bulto rectangular en el bolsillo. Podría haber fumado en ese momento. Estaba tan tenso que estaba casi temblaba. Todo en él se sentía incómodo.
Tom no podía dejar de pensar en el sueño que había tenido. Se sentía culpable. No podía tener esos pensamientos, no si se trataban de cualquier persona en ese lugar. Sobre todo no si se trataban de Bill.
Él gimió, cerrando los ojos y sacando un cigarrillo, sólo para chuparlo. Necesitaba el sabor y lamer el final de un cigarrillo sería lo mejor que llegaría a tener en ese momento. Lo deslizó entre sus labios y rozó su lengua con él, cerrando los ojos. Su turno no terminaría hasta dentro de otras dos horas, y se le estaban acabando los suelos que limpiar.
— Te encontré.
Bill estaba allí de pie con los brazos cruzados, una manta envuelta alrededor de sus frágiles hombros. La muñeca manchada se asomaba por debajo de la manta, y Bill se veía muy cansado.
Tom se mordió el labio y se sacó el cigarrillo rápidamente. — Oh, hey.
— Estás aquí tan tarde…— Bill quitó la manta apretada de su alrededor. — Busqué por todos lados esta mañana, pero…
— Sí, mi turno es diferente ahora — dijo Tom, mirando hacia abajo.
— ¿Diferente?
— Yo trabajo de noche ahora.
— Oh. Yo estaba durmiendo, pero luego me desperté porque me pareció oír algo, entonces… yo sólo quería dar un paseo — dijo Bill, frotándose un ojo. — Entonces te vi a ti.
— ¿Te dejan salir a pasear?— preguntó Tom.
La cara de Bill cayó. — Yo no soy un jodido bebé.
Tom suspiró. — Sí, lo sé.
— ¿Por qué no me lo dijiste? — Frunció el ceño Bill. — Yo perdí mi mañana entera buscándote, mientras que tú no estabas.
— Lo siento.
Bill acarició la muñeca y le susurró algo bajo, después la cubrió con la manta. Se tambaleó un poco, cerrando los ojos. Tom miró, sintiéndose más horrible a cada momento. No era su culpa y él no era responsable de Bill, pero su día también había sido extraño debido al cambio de horario.
— En serio, lo siento — dijo Tom. — Estoy un poco… ausente hoy.
Bill se encogió de hombros y abrió los ojos de par en par. — ¿Por qué?
— No lo sé — Pero Tom lo sabía, y quería alejarse de Bill casi tanto como él quería estar cerca de él. — Estaré bien.
— Así que trabajas por las noches ahora? — Preguntó Bill.
— Sí, turno de tarde… Probablemente no me verás mucho.
— Hmm. — Se sentó Bill en el suelo, pensativo. — Está bien, puedo quedarme hasta tarde.
— ¿En serio? — Se encontró Tom preguntando, pero luego se sacudió a si mismo. — Quiero decir, no.
— ¿Por qué? Yo quiero —dijo Bill.
— No hagas eso por mí — respondió Tom, frunciendo la nariz. — Tengo trabajo que hacer, de todos modos.
— ¿Y? — Bill sonrió un poco. — ¿Quieres que te deje en paz?
Tom no quería que lo hiciera , pero sabía que debía hacerlo. Sabía que debería haber dicho a Bill que tenía cosas que hacer, que necesitaba estar solo, que ellos probablemente ni siquiera deberían estar hablando.
Pero todas sus experiencias con Bill tenían un tema en común: ir en contra de sus mejores instintos, que siempre parecía ganar.
— Está bien —dijo Tom en voz baja, quitándose sus auriculares. — ¿Quieres ir a algún sitio?
— ¿Dónde? — Preguntó Bill con cansancio.
— Ninguno que de miedo — Le aseguró Tom. — No saldremos del edificio, ni nada así.
Bill se mordió el labio. — No estoy realmente…
— Vamos — dijo Tom. — Te prometo que no te meteré en problemas.
— ¿P-promesa?
Tom le dio a Bill su mirada más sincera, y lo decía en serio, no quería que le pasase nada a Bill, ni siquiera el más pequeño de los problemas. — Por supuesto.
Bill asintió con la cabeza lentamente. — V-vale… vale. Sí, vamos.
Tom miró a su alrededor y luego tiró del brazo de Bill, tirando de él hacia la salida que él siempre utilizaba para bajar a la lavandería. Después de introducir el código de seguridad para salir, él y Bill bajaron las escaleras sin hacer ruido. Tom se sentía nervioso, sabía que lo que estaba haciendo podía hacer que lo echaran, posiblemente incluso que fuera a la cárcel por romper las reglas durante su libertad condicional, pero no le importaba.
Abrió la puerta del cuarto de lavado y dejó que Bill entrase primero. Bill frunció el ceño ante Tom, dándole una mirada divertida mientras caminaba hacia él.
— ¿Servicio de lavandería? — Preguntó Bill.
— Mm, no —dijo Tom. Cerró con llave la puerta detrás de ellos y respiró profundamente. Siempre hacía calor en la lavandería, y el aire era pesado y rancio. — Ve detrás de esa lavadora de ahí, voy para allá.
Bill se quedó donde estaba, con los hombros hacia adentro, y tiró de la manta alrededor de él. La muñeca hizo su aparición y Tom gimió suavemente, Bill se sentía asustado e incómodo, eso era lo eso significaba.
— Está bien, quédate ahí— dijo Tom en voz baja. — Voy para allá, ¿de acuerdo?
Bill asintió, sin apartar los ojos de Tom todo el tiempo. Tom fue a la puerta que daba a la cocina y se asomó por la ventana. No había nadie alrededor. Todo el edificio se cerraba por la noche. Tom empujó la puerta y agarró algo de un estante, él pudo oir a Bill detrás de él.
— Hey — dijo Tom, sonriendo un poco. — ¿No me dejas solo?
— Está oscuro. No es que me asuste la oscuridad, pero… — Bill parecía avergonzado.
— No, lo entiendo — respondió Tom con facilidad. Cerró la puerta de la cocina y guió a Bill de regreso a la sala de lavandería. Bill agarró la muñeca con fuerza, más apretada que nunca. Tom dudó antes de acariciar la espalda de Bill formando un círculo y Bill miró sobre su hombro, los ojos de par en par.
— ¿Qué estamos haciendo? — Susurró.
— Por aquí — dijo Tom mientras iban detrás de la máquina más grande de lavado. —Aquí. Siéntate, está bien.
— T-tú vas a qu-quedarte, ¿v-verdad?
— Por supuesto — dijo Tom. — No me perdería esto.
— ¿Qué?
Tom buscó en la bolsita que había sacado del estante de la cocina. Estaba en la mochila de Georg que siempre dejaba en el edificio. Tenía camisas de recambio en ella, algunas botellas de agua, y otras dos cosas importantes: su pipa de fumar y un alijo de marihuana. Tom la levantó, inspeccionando la pipa
— Oh — respiró Bill. — Mierda.
— ¿Quieres fumar? — Preguntó Tom.
Bill miró la pipa, con los ojos vidriosos. — Creo que sí…
— No vas a meter en problemas y si lo haces, diré que es mi culpa — prometió Tom. — Sino te gusta pararemos.
— Ya lo he hecho antes. — Bill tocó la pipa y luego se la acercó a la cara, inhalando. — Mmm… Fue hace mucho tiempo, sin embargo.
— ¿Recuerdas cómo hacerlo? — Bromeó Tom.
— Muéstrame — dijo Bill.
Tom sonrió y tomó una pizca de hierba prensándola en la pipa, respirando a través de la boquilla, sintiendo el sabor dulce en los labios. Él hurgó en sus bolsillos hasta que encontró el encendedor y luego cuidadosamente la encendió, mientras Bill lo miraba meticulosamente.
Él tomó una larga bocanada de la pipa y retuvo el humo ardiéndole en la boca antes de soltarlo, sintiendo que su cuerpo se relajaba casi de inmediato. Ofreció la pipa a Bill, quien se limitó a sacudir la cabeza, con una expresión de preocupación en su rostro.
— Esto es malo — murmuró Bill. Miró a su bebé y se quedó sin aliento. — Oh, dios. Soy un idiota. Klaus no puede… No puede estar cerca de esto.
— Aquí — dijo Tom. — Sujeta esto.
Bill cautelosamente tomó la pipa mientras Tom suavemente tiró de la manta de los hombros de Bill y luego cogió la muñeca. Bill vaciló, abrazándola cerca de él.
— Voy a hacer que se sienta cómodo — dijo Tom. — Déjame, ¿de acuerdo?
— T-Ten cuidado, está d-dormido — respondió Bill con voz temblorosa.
Bill soltó la muñeca y Tom la envolvió en la manta, colocándola después acurrucada en una silla cercana. Bill puso sus brazos alrededor de él y se estremeció, sosteniendo la pipa con torpeza.
— ¿Está bien? — Preguntó Tom.
— Sí, e-es bueno — dijo Bill. Devolvió la pipa a Tom y se llevó las rodillas hacia el pecho, envolviéndolas con sus brazos. — Le gustas.
Tom se sentó al lado de Bill y dio otra calada a la pipa. — ¿Sí? — Dijo.
— Mhmm. — Bill se meció hacia atrás y adelante un poco, chupando uno de sus dedos. Tom lo miró con atención, esperando que Bill no estuviera a punto de perderse. Tom había empezado a reconocer las señales de advertencia.
— ¿Quieres hacer esto? Lo sujetaré por ti —ofreció Tom, señalando a la pipa. Él estaba siendo tan amable con Bill, más amable de lo que nunca había sido con nadie, incluyendo a sus novias.
Bill asintió con la cabeza. — Está bien — susurró. — Pero ayuda.
Tom sonrió y tendió la pipa hacia arriba. Bill se inclinó hacia delante y tomó la boquilla entre sus labios, mientras Tom cubría el agujero con un dedo. Bill cerró los ojos y aspiró, tosiendo tan pronto como tomó la calada. Tom instantáneamente puso una mano en su espalda y acarició en círculos tranquilizándole mientras Bill tosía fuertemente.
— ¿Estás bien? Mierda — murmuró Tom, poniendo la pipa hacia abajo.
Bill puso una mano sobre su boca y su tos se volvió risa. — Mierda — dijo, jadeando. — ¿Plantaste eso bajo un roca o algo así?
Tom se detuvo. — ¿Estás bien?
— Jesús, dame la pipa de nuevo, no estaba preparado para eso — respondió Bill. — Pensé que tenías buena hierba.
— Um.— Tom observaba a Bill, fascinada. — ¿Qué?
Bill soltó una risita aguda. — Oh, espera, tal vez sea bastante buena.— Tomó otra calada, una largo, y sólo jadeó ligeramente mientras soltaba el humo. —Uh, sí.
Tom se echó a reír, sobre todo de alivio. — Es de Georg, no me culpes.
— Es terrible — dijo Bill, los ojos muy abiertos. — Pero bueno, es fuerte.
— Sí — dijo Tom de mala gana, apartando la mano de la espalda de Bill. — Sí, te hará perder el conocimiento.
— De ninguna manera.
Tom sonrió. — Eres sorprendente.
— ¿Qué? sólo porque estoy loco no quiere decir que no pueda, no sé, fumar — Bill rodó los ojos. — Bromeando, por cierto.
Tom se encogió. — Mala broma.
— Siempre dices eso — dijo Bill. — Sólo riéte. Es lo que yo hago. Vamos, es divertido.
— Supongo — respondió Tom, frunciendo la nariz. No sabía si era muy divertido, sobre todo mientras miraba a la amada muñeca de Bill.
Luego miró a Bill otra vez y sintió algo cálido en su vientre. Bill estaba brillante, sus ojos iluminados, y él se reía incontrolablemente.
— Deja de acaparar la pipa — logró decir Tom, empujando a Bill. — Le diré a Georg.
— Le diré a Kaaren — respondió Bill devolviéndosela con ojos brillantes — que me hiciste colocarme.
Tom gimió. — No es justo.
— No se lo diría — dijo Bill rápidamente. — Yo nunca te acusaría.
— ¿Por qué?
— Me gustas — dijo Bill en voz baja, poniendo la pipa hacia abajo.
Tom sintió que su rostro se ruborizaba. Levantó la pipa y dio una profunda calada, más de lo que sabía que podía soportar. Cuando alejó la pipa tosió fuertemente y sus ojos se aguaron, y antes de que se diera cuenta, Bill estaba junto a él, acariciando su espalda de la misma manera que Tom le había hecho a él.
— Oh — exclamó Tom. Bill estaba tan cerca de él, más cerca de lo que había estado antes, y el sueño de Tom cruzó por su mente. Él se estremeció bajo el toque de Bill, ruborizándose aún más calurosamente. Sabía que su cara debía estar de color rojo brillante y agradeció que la habitación estuviera a oscuras.
— ¿Estás bien? — Susurró Bill, su rostro justo al lado de Tom.
Tom se volvió hacia el otro chico y su aliento quedó atrapado en su garganta. Sus rostros estaban a centímetros de distancia, y el vientre de Tom estaba formando un remolino.
Él asintió con la cabeza, mirando hacia abajo. Podía sentir la respiración de Bill en sus mejillas y su sueño no abandonaba su mente. Estaba empezando a darle una perspectiva real. El pelo de Bill estaba hecho un remolino en su cabeza, y el maquillaje de sus ojos era de hacía un par de días, todo corrido por su rostro, pero tenía ese olor característico de él. El olor que estaba empezando a volver a Tom un poco loco.
Y Bill era tan hermoso como lo había sido en el sueño de Tom. Tom levantó la vista y admiró los rasgos suaves de Bill, sus ojos marrones, sus labios rosados.
— ¿Quema? — Preguntó Bill en voz baja.
Tom abrió la boca para responder, pero entonces los ojos de Bill se abrieron más y jadeó.
— Klaus — dijo Bill, poniéndose de pie rápidamente. Rápido de dirigió hacia la muñeca y la recogió, abrazándola contra su pecho, balanceándose hacia adelante y hacia atrás, mientras se abrazaba al muñeco. Tom miró, casi se podía oir su corazón rompiéndose.
— ¿Qué pasó? — Preguntó Tom, poniendo la pipa hacia abajo.
— Él me necesita, me necesita — dijo Bill, con los ojos fuertemente cerrados. — Oh, dios mio, yo fui un idiota por dejarla en el suelo. Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento…
Tom se puso de pie y se acercó lentamente a Bill, frunciendo el ceño. Bill se había ido completamente nuevo. Desapareciendo por completo.
— Pobre bebé, pobrecito — murmuró Bill, desenvolviendo la muñeca y dejando caer la manta al suelo. — Lo siento, pobre bebé.
— Bill — intentó Tom.
— No — dijo Bill, con los ojos todavía cerrados. — Yo n-no puedo, n-ne-necesito, necesito…
Tom se cubrió la cara con las manos. Se sentía como un idiota por pensar que podía traer a Bill ahí abajo. La fría realidad lo golpeó. Si algo le pasara allí, constaría en su historial y estaría en más problemas de lo que podía imaginar. Y lo peor, Bill estaba realmente en peligro.
— Bill — dijo Tom en voz baja. — Bill, ¿puedes oírme?
Bill no respondió.
— Bill, soy yo, Tom — Intentó Tom de nuevo. Los hombros de Bill parecieron relajarse un poco, pero temblaban todavía. — Sé que puedes oírme.
— No — susurró Bill.
— Regresa a mí — dijo Tom en voz baja. — Tú estabas aquí… ven de vuelta.
Tom estaba de pie justo al lado de Bill y levantó la mano como para tocarle, pero él no estaba seguro de qué efecto tendría. No estaba seguro de como cualquier cosa que él dijera le podría afectar. Estaba actuando por puro instinto, tratando de hablar con Bill por debajo de donde estuviera.
Él decidió tocar a Bill, muy suavemente, en el hombro. Todo el cuerpo de Bill se encogió y se puso tenso. Él respiró muy fuerte a través de sus dientes, pero dejó de temblar.
— Está bien — dijo Tom con calma. — Está bien.
— ¿Tom? — Bill abrió un ojo, y una lágrima resbaló por su mejilla. — Estaba perdido por un momento.
— Lo sé.
— ¿A dónde te habías ido? — Preguntó Bill en un hilo de voz.
—Yo… sólo me fui por un momento — improvisó Tom, frunciendo el ceño. — Fue estúpido de mi parte. Lo siento.
— No te vayas a ningún sitio — dijo Bill, temblando de nuevo. Unas cuantas lágrimas más rodaron por sus mejillas y se inclinó hacia Tom.
Tom suspiró y una vez más, iba en contra de sus mejores instintos, pero él puso sus brazos alrededor de Bill y lo apretó con fuerza, aferrándose a la vida de ambos. Bill hundió la cabeza en el cuello de Tom y Tom le sintió agarrar la muñeca desesperadamente. Tom acarició la espalda de Bill y lo jaló más cerca, sintiendo el calor de Bill sobre él.
— ¿Quieres ir a la cama? — Murmuró Tom. — Te llevaré de vuelta.
Bill asintió con la cabeza. — Ayúdame.
— Estoy tratando de hacerlo — respondió Tom con honestidad.
La pipa y la manta fueron olvidadas cuando Tom guió a Bill de nuevo hasta el quinto piso y cuando Bill se fue a su habitación, él volvió a su trabajo, quedándose una hora más tarde de lo que tenía que quedarse.
— Tom… Tom… Tom.
Tom parpadeó y se volvió para mirar a Brigitte, que estaba justo al lado de él. Ella estaba muy cerca, de hecho, casi en su regazo. Estaban delante de la televisión en la sala de estar de la casa de Tom, y los dos tenían la noche libre.
— Hey — dijo Tom, dándole un beso rápido. — ¿Qué?
Brigitte frunció el ceño. — Yo estaba tratando de decirte… No importa.
Tom suspiró. — ¿Qué?
— He recibido noticias de la universidad hoy — dijo Brigitte. —Me dieron detalles de mi compañero de habitación y una fecha de mudanza.
— ¿Cuándo?
— A finales de agosto — dijo Brigitte brevemente.
— Mierda. — Tom inclinó la cabeza hacia atrás en el sofá y volvió a suspirar. — Es muy pronto.
— Lo sé — dijo Brigitte suavemente. Se inclinó hacia adelante y besó a Tom y él correspondió suavemente, cerrando los ojos y deslizando una mano alrededor de su espalda. Subió hasta el final en su regazo y se sentó a horcajadas sobre su cintura, sosteniendo su rostro con las manos y besándolo correctamente.
Él la agarró por las caderas y la atrajo hacia sí, y ella se frotó contra él, haciéndole gemir. Fue una reacción física, no una mental. Él no estaba realmente ahí, estaba cansado y agotado y sólo quería ir a la cama temprano, pero ella lo había llamado antes y mencionado que pasaban muy poco tiempo juntos.
Así que Tom se aferró a la última parte de Brigitte que él conocía y ellos pasaron la noche cómodamente frente a la televisión. Ahora había terminado la noche de estar cómodamente frente a la televisión y parecía que Brigitte quería algo que Tom estaba demasiado cansado para darle.
— Vamos a tu habitación — susurró.
Tom le sonrió. —Ya estás lista, ¿no es así?
Llevó sus caderas contra él y sonrió. — Tom Trümper, ¿te quejas?
Tom trató muy duro de luchar contra la amenaza de bostezo que sentía. — De ninguna manera.
— Vamos a hacerlo aquí.
— Brige — se quejó Tom.
— Tus padres están dormidos — susurró.
— Es cierto — respondió Tom. Brigitte ya estaba jugando con su cinturón de hebilla y Tom la miró fijamente, tratando de invocar cada sensación caliente que había sentido con ella. No podía estar más cansado, amaba el sexo, le encantaba tenerlo. Brigitte era bueno en eso. Tenían una química sexual que no dejaba nada que desear, pero cuando Tom se sentó allí con su balanceo hacia atrás y adelante en la ingle, no sintió prácticamente nada.
— Tom — dijo en voz baja, tirando de sus pantalones abajo y poniendo una mano en su entrepierna. — Cariño, ¿estás bien?
Tom miró. — Sí.
— Pero tú estás … — Ella le apretó su miembro a través de sus boxers y él hizo una mueca, chocando sus caderas ligeramente. Ella sonrió y continuó trabajando su miembro, deslizando sus manos en sus calzoncillos y agarrándosela. — Ahí lo tienes.
— Ten cuidado — advirtió, arqueando la espalda ligeramente mientras lo acariciaba. Se sentía bien, muy bien. Cerró los ojos y dejó que lo acariciase. Brigitte era increíble con sus manos y Tom agradecía eso cuando ella le daba uno de sus legendarios masajes. — Buena chica.
—Te he echado de menos — suspiró ella, besándolo. — Mucho, ¿me has echado de menos?
— Mm — dijo Tom en un murmullo. — Oh, eso es muy bueno, Brige.
— Puedo hacerlo aún mejor — dijo Brigitte. — Mucho mejor.
— Sé que puedo — dijo Tom, abriendo un ojo y sonriendo. — Será fácil esta noche.
— Sí, claro — Brigitte sonrió y tiró de su camisa sobre su cabeza, arrojándola a un lado del sofá. Tom miró sus pechos, moldeados perfectamente en su sujetador. Metió la mano por detrás y lo desabrochó. Ella puso los hombros hacia delante y tiró del sujetador, y Tom besó uno de sus pezones. — Mm…
Tom acarició sus pechos. Se sentían calientes contra su cara y él suspiró, ella agarró su miembro con facilidad. Estaba poniéndose duro, aunque su cerebro no era consciente de ello. Su cuerpo iba a estar listo para el sexo y todo lo que tenía que hacer era estar allí para ella.
Brigitte deslizó su falda y tiró de sus bragas, luego se sentó a horcajadas sobre Tom de nuevo, empujando su miembro con sus caderas desnudas. Tom deslizó una mano por su espalda y le apretó el culo. Se veía tan bien, desnuda encima de él, y él la admiró antes de cerrar los ojos y dejarse sólo llevar por las sensaciones.
— Brige — murmuró Tom.
— Un momento — respondió ella.
Tom gimió suavemente cuando sintió que se sentaba en su polla, poco a poco deslizándose hacia abajo y luego hacia arriba otra vez. Él sostuvo sus caderas y la guió, ayudándola a hundirse totalmente en su miembro.
— Eso es tan agradable — suspiró ella, apoyando la cabeza en su hombro.
Tom asintió con la cabeza, era agradable. Tan agradable que estaba casi a la deriva. Su mente divagaba. Pensó en Brigitte y cómo se veía y sentía, y cómo él la echaría de menos cuando ya no estuviera. Pero ¿lo haría? Pensó que no sería tan difícil desatarse ella. Ella era dulce, él la quiso, pero ella no lo sacudía hasta la médula. No como solía hacerlo.
Y entonces, cuando Tom se estaba tirando a su novia, él comenzó a pensar en Bill. Bill lo sacudía hasta la médula, pero no sabía lo que eso significaba. Bill era un paciente de sexo masculino en un centro psiquiátrico. Bill era muy posiblemente la última persona en la que Tom debería haber estado pensando al tratar de correrse, sobre todo con su novia en el otro extremo de la polla.
Pero sin embargo era Bill, muy presente en la mente de Tom, y Tom no lo entendía. No entendía por qué, y él no sabía cómo detenerlo. Abrió los ojos y trató de enfocar a su novia. Ella se balanceaba de forma errática en su miembro, gimiendo, pasándose los dedos por el pelo. Él agarró sus pechos y se los apretó, y ella gimió más fuerte, inclinándose hacia adelante y envolviendo sus brazos alrededor de su cuello.
— Dios — gestionado Tom, empujando dentro de ella. Sin embargo no era Brigitte la que estaba en su mente. Era Bill. En su cabeza, él ni siquiera estaba pensando en Bill, mierda. Él sólo quería estar cerca de él. Tom no estaba seguro de que significaba eso.
Bill era tímido, de ojos abiertos, vacilante y asustado. El necesitaba un héroe, alguien para salvarlo, para sacarlo del confuso mundo en el que había caído. Tom parecía tener una conexión con él. Tenían una confianza mutua y sexual o no, una atracción mutua.
— Tom, me ven… me vengo ya! — Rompió Brigitte los pensamientos de Tom y tiró hacia delante, clavando las uñas en la piel de Tom y arrastrándolos hacia abajo mientras se acercaba a su orgasmo. Tom apretó los dientes. Su cuerpo respondió a la opresión que Brigitte estaba creando en torno a su polla, y él empujó profundamente antes de venirse caliente y duro en ella.
— Oh, mierda — murmuró Tom, dejando ir sus caderas y cubriéndose la cara con las manos. — Mierda, mierda, mierda.
— ¿Qué, qué es? Cariño? — Brigitte tiró de las manos que Tom tenía sobre su cara y con cuidado se deslizó de su pene. Ambos gimieron ligeramente por la separación, pero luego Brigitte se sentó junto a él, colocándose a sí misma bajo el brazo de Tom.
Tom frunció el ceño y la miró, sintiéndose tan depravado. — Yo…
— Shhh — respondió Brigitte, acariciando su cabello. — Shh, lo sé.
— ¿De verdad?
Ella asintió con la cabeza. — Lo sé, estoy triste, también. Nos queda muy poco tiempo.
Tom suspiró y cerró los ojos de nuevo. .
Continúa…
Espero que os haya gustado 🙂

TOM YA SE ENAMORO DE Bill 🥰🥰🥰