»Él parece loco, de hecho para algunos pocos, porque la mayoría están infectados con la misma enfermedad»
– Horace.
Fic de undrockroll, traducido por sweety205
Capítulo 4
Cuidadosamente Bill acarició el pelo de la muñeca y se quedó mirándola con cariño, meciendo su cuerpo suavemente. Diciéndole algo de vez en cuando, agachado y presionando un beso en la cara sucia. Para él, la muñeca era un bebé de verdad, y él cuidaba de ella como de sí mismo. Él no quitaba los ojos de la muñeca, no si podía evitarlo, y cualquier cosa que le distrajese de la muñeca no merecía su tiempo.
Antes, este tipo de cosas habría hecho que Tom se sintiera increíblemente incómodo, pero ahora, él sólo estaba fascinado observando a Bill. Bill tenía una rutina, y todos los días era lo mismo. Tom sabía exactamente dónde encontrarlo a cualquier hora, y si él había desaparecido de su lugar habitual, Tom me preocuparía por él un poco.
Tom se quedó en la puerta de Bill, sujetando la fregona. Él había estado de pie en la puerta de la habitación por unos minutos, observando los cuidados del chico de pelo oscuro para la muñeca. Eso tocó algo en Tom, a pesar de que Bill estaba apenas aferrado a la cordura, no importaba. Tom quería saber más.
— Hey — dijo Tom, lo bastante alto para que Bill lo oyese.
Bill levantó la vista quejándose sobre la muñeca y frunció el ceño. — Oh, hola.
— ¿Oh, hola? — Dijo Tom en un tono burlón. — ¿He venido hasta aquí y eso es todo?
Bill le dio a Tom una mirada extraña — ¿Sí?
Tom rodó los ojos y apoyó la fregona contra el marco de la puerta. — ¿Puedo entrar?
—Ya estás dentro.
Bill estaba en uno de sus estados de ánimo y Tom se preguntó qué le pasaba. Sólo cuando Bill tenía su atención únicamente en el bebé tenía una sonrisa en su rostro. Tom lentamente entró en la habitación, tomando asiento en la silla en la que se había sentado la última vez.
Bill estaba sentado al estilo indio en la cama, inclinado sobre su muñeca. Era su posición habitual cuando se encontraba en ese estado de ánimo y Tom había aprendido rápidamente a estar atento a eso.
— ¿Qué ocurre? — Preguntó Tom con cuidado.
Bill se encogió de hombros — Nada.
— ¿Está seguro?.
— Uh-Uhum.
Tom frunció el ceño, inclinándose hacia adelante en su asiento — ¿Tu, um… tu bebé está bien?
Bill levantó bruscamente la cabeza, cubriendo la muñeca con un brazo, protector — ¿Por qué?
— Sólo quería saber.
— Él está bien. No puedo hacer que se duerma, pero está bien. Sólo quisquilloso. Ella no pretende ser una molestia — murmuró Bill, inclinándose y ocultando su rostro completamente con su cabello. — He pasado toda la noche con ella.
Tom se encogió. Bill estaba realmente fuera de sí, eran las dos de la tarde.
— Se ve cansada — ofreció Tom. — Probablemente no pasará mucho tiempo.
Bill sonrió débilmente — ¿Eso crees?
— Prueba a cantarle o algo — dijo Tom, encogiéndose de hombros. — Así es como mi madre solía hacerme callar.
Los ojos de Bill parecieron desenfocar un poco. — Sí, mi m-mamá, también.— Él miró hacia abajo, acariciando el pelo de la muñeca de nuevo. — Oh, eres un ser dulce, ¿quieres una canción?
— Creo que ella lo quiere — dijo Tom.
— T-tú…-Sí, sí. No sé ninguna canción. No alguna para bebés — dijo Bill en voz baja.
— Mira, yo creo que ella se está durmiendo. — Tom sabía que estaba pisando un terreno peligroso, pero Bill parecía estar incluyéndolo en este mundo de fantasía y se preguntó si tenía algo que decir en lo que pasaba.
Bill estudió la muñeca durante unos pocos minutos tediosos, arrullándola y meciéndose suavemente. — Tienes razón— susurró. — ¡Ella se está durmiendo!
Tom asintió con la cabeza y se preguntó si alguien más había mimado tanto a Bill como él. Ni siquiera estaba seguro de si eso era malo para Bill o no. Tal vez estaba en contra de su tratamiento. A Tom no le importaba. Bill estaba sonriente y tranquilo. Antes, había sido un desastre.
— Bueno, eso es un alivio— dijo Tom. Miró el reloj y suspiró. — Mierda, es hora de mi descanso.
— Tú ya lo has hecho — señaló Bill — No has trabajado en d-diez minutos.
Sí, pero realmente necesito un cigarrillo — respondió Tom. — Estoy enganchado a eso.
Bill miró a su alrededor y sostuvo la muñeca junto a su pecho. — Se puede fumar aquí, p-por la ventana.
— De ninguna manera — dijo Tom rápidamente. — Nos pondré de mierda hasta el cuello.
— No me importa.
Tom miró a Bill. — Sólo tengo que bajar a la lavandería, no es la gran cosa.
— Por favor, quédate — pidió Bill en voz baja. — Creo que Lucy quiere que te quedes.
Era una idea terrible y Tom lo sabía. Estaba en contra de casi todas las reglas del lugar, en contra de sus mejores instintos, y una vocecita persistente en él le estaba diciendo que saliera pitando de allí.
En su lugar, se levantó, se acercó a la ventana grande al lado de la habitación de Bill, y sacó los cigarrillos del bolsillo.
— Oh — dijo Bill. — Esto es malo, n-no puedo dejar que lo hagas a su alrededor.— Él asintió con la cabeza a la muñeca. — Sus pulmones se llenan de humo y entonces no será capaz de respirar.
Tom deslizó los cigarrillos dentro de su bolsillo de nuevo, sonriendo — Voy a ir a abajo.
— ¡No!
— ¿No?
Bill sacudió la cabeza con firmeza. Estaba temblando un poco, y él suspiró, moviendo sus piernas fuera de la cama y fue al lado de la habitación opuesto a donde se encontraba Tom. Le dio un beso en la cabeza a la muñeca, y la puso sobre una de las sillas.
— Él va a estar seguro sobre a-ahí — dijo Bill, todavía temblando.
El corazón de Tom se rompió para Bill, él nunca había visto al chico sin la muñeca agarrada con fuerza en sus brazos. Parecía más vulnerable, incluso más inseguro y tímido.
— Puedo irme — dijo Tom en voz baja.
— No — dijo Bill de nuevo, esta vez más tranquilo. — Tú no tienes por qué hacerlo.
— Lucy no tiene que hacer todo el camino hasta allí sólo porque tengo una adicción — respondió Tom, frunciendo el ceño.
— Ella va a estar bien. Puedo estar atento a ella.
Tom asintió con la cabeza, se sentó en la repisa cerca de la ventana y sacó sus cigarrillos. Bill gateó en la cornisa, al lado de Tom, y trabajó para abrir la ventana de par en par. Tom vio como Bill luchó con lo pesado, mordiéndose el labio. Vio que Bill tenía una gran cicatriz en el lado de la frente, justo encima de la sien. Tom se estremeció, parecía como si se hubiera lastimado bastante feo alguna vez. El resto de Bill era suave, y olía dulce. Tom respiró el aroma, estremeciéndose cuando el brazo de Bill rozó su hombro.
— Mierda, no puedo… Esto se abre, yo sé que es así, es sólo que… es difícil de abrir en caso de que decida tirarme por la ventana o algo así — dijo Bill.
Tom se sacudió y le puso una mano encima de Bill, que intentaba hacer girar la ventana abierta. Bill abrió la boca y se quedó inmóvil, deslizando su mano de debajo de Tom y envolviéndose el cuerpo con sus brazos Tom agarró la manivela de la ventana y fácilmente la abrió. Una brisa de aire fresco se filtró en la habitación húmeda, y ambos suspiraron.
— Gracias —dijo Bill. — Yo sabía que se abría.
Tom sonrió y sacó un cigarrillo del paquete. Miró a Bill, levantándolo en el aire. — ¿Quieres uno?
Bill miró pensativamente a los cigarrillos. — No, yo solía ser tan jodidamente adicto y si eso ocurriera de nuevo, me chupan. No puedo ni abrir la ventana.
Tom se echó a reír. — Sí, pero tú me tendrías a mí para hacer eso.
— Tú no estás siempre cerca.
— Estaría cerca —insistió Tom, encendiendo un cigarrillo. Aspiró profundamente y se sintió infinitamente más tranquilo, soplando el humo por la ventana abierta. — Deberías dejarla abierta más a menudo.
— No se puede, va contra las reglas — dijo Bill.
— Así es — dijo Tom, sosteniendo el cigarrillo.
Bill sonrió. — Sí, pero si nos atrapan, eres el que va a estar en problemas.
— ¿Por qué? Tú me obligaste a hacerlo — dijo Tom, sonriendo. Bill frunció el ceño en broma. —¿Qué otras cosas son contra las reglas?
— No se puede salir — dijo Bill. — No se puede utilizar el teléfono. No más de tres visitantes. No se puede ver la televisión normalmente, no puede conectarse a Internet, no puede estar a solas durante más de una hora.
— Cristo — murmuró Tom.
— Mm —coincidió Bill. — Dejó de preocuparme hace mucho tiempo. Me volvería loco si siguiera atento. Bueno, ya sabes. Más loco — Sonrió.
Tom frunció el ceño. — Mala broma.
— Nah, hubiera sido mala si tú lo hubieras dicho — dijo Bill, encogiéndose de hombros. — Pero yo soy el que vive aquí, así que…
— ¿Quién te visita — preguntó Tom.
— Mi papá.
Tom asintió con la cabeza. — Y yo.
—Y tú — Bill sonrió también. — Pero tienes que hacerlo. Estás atrapado aquí tanto como yo.
— Yo podría ir y lavar algunos suelos — dijo Tom, terminando su cigarrillo. — Eso suena divertido.
Hubo un griterío desde el pasillo y los dos muchachos se movieron incómodos.
— Si pudieras salir, ¿a dónde irías? — Preguntó Tom, tratando de ignorar el caos.
— Sólo a un lugar que no sea aquí ni en casa. Prefiero estar aquí que en casa — dijo Bill.
— ¿Tu hogar apesta?
— En realidad no. Yo simplemente no puedo volver allí.
Tom observó a Bill cuidadosamente. Bill estaba picándose los costados, mirando por la ventana a ratos. Los gritos fuera eran continuos, uno de los residentes no estaba feliz. Tom se deshizo del cigarrillo y miró por la ventana.
— Algunos días son muy difícil — dijo Bill en voz baja. — Jodidamente duros. No creo que yo sea como ellos.
— ¿Como quién?
— Ellos. Los otros de aquí. Sé que tengo algunos problemas, pero… — Bill se encogió cuando el griterío se hizo aún más fuerte. — No me gusta pensar que soy como ellos.
— No lo eres — dijo Tom firmemente. No sabía si realmente lo creía, pero estaba comenzando a gustarle realmente Bill. No podía imaginar realmente gustándole nadie más en el quinto piso. Tom no sabía si hablaba por el estado de cordura de Bill o por el suyo propio. — Tú no lo eres ¿de acuerdo?
Bill se estremeció, rascándose la nuca. — Bueno, yo no estaría aquí si no lo fuera.
— Eso no es cierto — respondió Tom, frunciendo el ceño.
Bill se encogió de hombros.
— ¿Alguna vez has preguntado si puedes salir?
— No — dijo Bill rápidamente. — Dios, no.
—¿Por qué? — Tom estaba confundido.
— Yo sólo… no puedo — dijo Bill. — Estar ahí fuera — asintió con la cabeza por la ventana — Jodidamente me asusta.
De pronto, desde el pasillo hubo un estruendo, y Bill se quedó sin aliento, poniendo sus manos sobre su cabeza y desmoronándose en el suelo. Se arrastró detrás de una silla y se hizo un ovillo, meciéndose hacia adelante y hacia atrás, temblando.
Tom se giró corriendo y miró detrás de la silla. — ¿Bill?
— No, no, no — dijo Bill frenéticamente. — No, sshh, yo no estoy aquí, no estoy aquí.
Tom se agachó e inclinó la cabeza, mirando fijamente a Bill. — ¿Bill? Creo que algo se cayó en el pasillo.
Bill sacudió la cabeza rápidamente, comenzando a sollozar. — No lo era, no lo era.
— Sí, lo era — dijo Tom en voz baja. Se acercó a Bill.
— Oh Dios, oh Dios, oh Dios — murmuró Bill. — Mi… ¿dónde está? Oh D-Dios mío, ¿dónde está? Yo… yo …
— ¿Qué? — Preguntó Tom.
— Yo la necesito — fue todo lo que Bill dijo, una y otra vez, aún meciéndose hacia adelante y hacia atrás.
Tom comprendió, se levantó y recuperó la muñeca, y luego golpeó a Bill sobre el hombro. Cuando Bill levantó la vista y vio el muñeco se le escapó un sollozo ahogado y se la puso en el pecho, apretándolo casi sin sentido.
— Estamos bien, estamos bien, estamos bien, estamos bien, estamos bien — decía Bill, susurrando, cantando. Estaba besando la cara de la muñeca, acariciando su cabello y tocando el borde de su vestido con cuidado.
La escena hizo que los ojos de Tom se aguasen, tenía que salir de allí. Bill estaba bien, y ahora que lo sabía tenía que irse. No podía ver. Era enteramente demasiado para digerirlo.
— Adiós — dijo Tom en voz baja, dándole a Bill una última mirada prolongada cuando salía de la habitación. En el camino, pasó Kaaren, quien le dio una mirada dura.
— ¿De vuelta al trabajo? —Dijo.
— Sí — respondió Tom. — Yo sólo… Él necesita ayuda — dijo sin poder hacer nada, apuntando a la habitación. — Lo siento.
Kaaren solo asintió bruscamente y entró en la habitación, cerrando la puerta detrás de ella. Tom suspiró ruidosamente y se frotó la parte de atrás de su cuello.
Justo cuando las cosas parecían más tranquilas que nunca, se habían vuelto más intensas de lo que jamás pudo imaginar. Tom quería ser amigo de Bill, pero él estaba en camino por encima de su cabeza, y le daba miedo.
&
— Así que… ¿cuánto tiempo llevais tú y Brigitte juntos? — preguntó Georg.
Tom se apoyó en la lavadora y se llevó el cigarrillo de la boca. — Mm… va por dos años.
— En serio. — Silbó Georg bajo. — No, eso está bien.
— ¿Por qué interesa? — Sonrió Tom.
— No. Bueno, si no estuviera, ya sabes. Contigo. Por supuesto que lo haría. Ella es una chica guapa.
— Muy bonita — coincidió Tom.
— ¿Vas a casarte con ella? — Sonrió Georg.
Tom se encogió de hombros lentamente. — Jesús, yo no lo sé. Ni siquiera he pensado en lo que vamos a hacer cuando vaya a la universidad.
— Sí, eso es difícil. Perdí una chica de esa manera — dijo Georg. — Bueno, no, tratamos de mantenerlo en la distancia, pero era demasiado duro. No vale la pena.
— Ella podría valer la pena — respondió Tom. — No lo sé todavía.
— Ella es demasiado buena para ti — bromeó Georg. — Una muchacha de la universidad.
Tom frunció el ceño. — Vete a la mierda — dijo a la ligera. — No creo que estemos hechos para eso. Para estar juntos para siempre. Ella no es la chica adecuada.
— Entonces, ¿por qué pierdes el tiempo?
— ¿Qué otra cosa se puede hacer? — Exhaló Tom. — No lo sé, ella es una chica dulce y nos divertimos juntos. Ella nunca mencionó romper por lo que nunca pienso en ello. Siempre pensé que me dejaría cuando estuviera lista.
— Mierda — dijo Georg. — ¿En serio? Eso es… muy triste.
— No, no, es realista. Tienes razón, ella es demasiado buena para mí. Ella está yendo a sitios y yo estoy… haciendo un servicio comunitario — dijo Tom. — No es que seamos exactamente el uno para el otro. Además, no sé si me quiero casar. Suena un poco horrible.
— Yo lo haré algún día — dijo Georg. — No por mucho tiempo, sin embargo.
— Esto es un poco gay — se quejó Tom. — Sentados alrededor y hablando sobre el matrimonio.
— Estoy bastante seguro — se rió Georg. Se levantó, sacudiéndose los pantalones y se puso la chaqueta blanca de nuevo. — De vuelta a la cocina, sin embargo. Estamos haciendo macarrones hoy.
— Ew — dijo Tom. — Hey, tengo un cambio de horario. Ellos me harán trabajar por la noche a partir de mañana.
Georg hizo una mueca. — Eso es una mierda. Ya sabes, todos los residentes son diferentes por la noche. Al final del día todos están irritados y, um, difícil. Joder, están locos.
Tom asintió con la cabeza. — He estado lejos de ellos.
— ¿En serio? — Georg miró a Tom. — Pensé que eras una especie de colgante alrededor de Bill.
—¿Quién dijo eso?
— Escuché a Kaaren. Ella lo sabe todo.
Tom suspiró. — Yo sólo… No lo sé. Nosotros hablamos a veces.
— Ten cuidado — advirtió Georg.
— Yo sé que tiene problemas — dijo Tom. — Pero él es agradable, y él está…
— ¿Fuera de su jodida mente?
— Sólo a veces — respondió Tom.
— Voy a tomar en serio su muñeca un día de estos —dijo Georg, riendo. —Va a ser increíble.
Tom no tenía una respuesta para eso. Sabía que probablemente debería haber pensado que era raro, como Georg hizo, pero él estaba disgustado. No podía pensar en nada más cruel.
— Vamos a volver a trabajar — dijo Tom, apuntando hacia la puerta. — Nos vemos más tarde.
— Sí, después.
Sacudiendo la cabeza, Tom subió las escaleras.
&
Cuando Brigitte dejó a Tom en su casa ese mismo día, estaba increíblemente feliz de estar en casa. No quería nada más que subir las escaleras rectas, tomar una ducha, y luego ir directamente a la cama. No eran ni siquiera las siete.
Abrió la puerta, gimiendo por el esfuerzo de su mochila puesta sobre sus hombros. Ni siquiera era pesada, él sólo había estado trabajando duro últimamente, y todo eso se convirtió en dolor.
— Tom, ¿eres tú? — Se oyó la voz de su madre.
— Sí — respondió Tom. — Soy yo — Dejó caer su mochila en el suelo y gimió, crujiendo su espalda. Su madre entró en la habitación.
— ¿Has tenido un buen día?
— No — murmuró Tom.
Simone frunció el ceño. — Lo siento.
Tom se encogió de hombros. — Creo que me voy a ir a la cama.
— Antes de que lo hagas —dijo Simone. — Tu abogado llamó esta tarde… Se ha programado otra audiencia para ti.
— ¿En serio? — Tom sintió su estómago contraerse —¿Es malo?
— No lo sé — Simone se mordió el labio. — Deberías llamarlo. Dejó su número personal de casa.
— Mañana — dijo Tom, empezando a alejarse.
— Espera — suspiró Simone. Le puso una mano en el hombro de Tom y luego tiró de él en un abrazo flojo. Tom se inclinó hacia ella y cerró los ojos. Él no correspondió el abrazo, pero se dejó envolver por los brazos de su madre, y por un momento, se sintió tranquilo.
— Estoy orgulloso de ti — le susurró Simone.
—¿Por qué? — Se apartó, confundido.
— Te estás pegando a esto del servicio a la comunidad.
— Tengo que hacerlo — dijo Tom. — O si no… la cárcel.
Simone asintió. — Bueno, yo lo estoy. Estoy orgullosa de ti. Creo que esto ha sido bueno para ti.
— Es tan jodido — murmuró Tom. — No hay forma de que, que me arrestasen por beber y conducir, fuera bueno para mí.
— Siempre te tomas las cosas de la peor manera — respondió Simone, frunciendo el ceño. —Pero tal vez tengas razón. Tal vez sea necesario que veas la realidad.
— Fue un error — dijo Tom, apretando los dientes.
— Lo sé — dijo Simone en voz baja. Acariciando las rastas de Tom, metiendo una detrás de la oreja. — Bueno, ve a descansar.
— Eres demasiado buena para mí, mamá — dijo Tom, sonrojándose.
— Tú eres mi bebé — dijo Simone, sonriendo. — El único que tengo.
Tom asintió con la cabeza. — Buenas noches, mamá.
Cuando Tom subía por las escaleras, sonó su teléfono móvil. Era Brigitte, y lo colgó de inmediato. No tenía ganas de charlar con ella. No tenía ganas de hablar con nadie. Quería apagar el mundo, sólo por una noche. Por una noche quería estar completamente en su propia cabeza, sin responsabilidades, y con completa relajación.
Al día siguiente, empezaría su nueva programación. Iría a la institución a las seis de la tarde y trabajaría hasta la medianoche. No daba la bienvenida al cambio, las palabras de Georg se habían escuchado, fuerte y claro. Tom se preguntó cuánto de lo que decía era verdad, si realmente era tan diferente como él dijo que sería por la noche.
Tom trató de no preocuparse por ello. Manejaría cualquier situación que se le presentase y además, él no estaba allí para los residentes. Él estaba allí para limpiar las cosas, para pagar su deuda con la sociedad.
Cuando llegó a su habitación se dio cuenta de que estaba demasiado cansado para ducharse, y se acostó en su cama, pateando sus zapatos. Todo su cuerpo le dolía de estar de pie todo el día, y tenía un ligero dolor de cabeza de la tensión.
Nadie esperaba nada de él, pero él se sentía tan responsable, como si decepcionara constantemente a la gente. Brigitte no se quedaría por él mucho más tiempo. Sólo la paciencia de su madre podía durar tanto tiempo. Su padrastro, Gordon, apenas hablaba con él más que unas pocas palabras de paso. Andreas tenía sus propias cosas en marcha, Tom no quería agobiarle. Todos sus otros amigos se habían ido después de terminar la escuela.
Tom se dio cuenta que no tenía a nadie con quien hablar que no esperase algo de él. Era agotador y mientras cerraba los ojos, sintió el calor de lavado sobre él, y luego se deslizó en un sueño profundo.
&
Tom pasó la fregona por el pasillo lentamente, observando la suciedad en el suelo desaparecen con cada golpe. Miró a su alrededor, estaba oscuro, un par de noches en su nuevo turno. Por la noche no había prácticamente ninguna actividad en el lugar. Los pasillos estaban vacíos y los únicos sonidos que se escuchaban eran algunos pitidos constantes y una tos ocasional.
Dobló una esquina, y los pasillos se volvieron aún más oscuros. Alguien había apagado finalmente las luces en el vestíbulo principal que ya no iluminaban los pasillos suavemente. Tom miró hacia el suelo. No podía ver por dónde empujar la fregona.
Apagó sus auriculares y se detuvo por un momento. Se había detenido a las afueras de una habitación familiar. La puerta estaba cerrada y en cámara lenta, Tom cogió el pomo de la puerta y lo giró. Hacía frío y era difícil, Tom gimió cuando sus dedos casi se quebraron en el esfuerzo por abrir la puerta.
— Oh — murmuró Tom. La puerta se abrió y una luz opaca, casi azul llegó desde el interior. Miró una vez más, al ver que sólo estaba reflejando luz de la luna en los azulejos brillantes y limpios del suelo.
Él entró, mirando a su alrededor. Las paredes eran de un blanco mate, como de costumbre, pero algo en ellos le parecía más suave. Casi brillaban. Tocó uno de ellos, pero no podía sentir nada, que bueno podría haber sido deslizarse en el aire.
Tom escuchó un pequeño sonido, y miró a un lado. Había una cama allí, y alguien en la cama se acurrucó bajo las sábanas. Tom lo reconoció como Bill.
Dio unos pasos más y vio que Bill estaba agarrando la muñeca. No era la misma muñeca, sin embargo. Esta era una nueva muñeca, una limpia con un cabello hermoso y ropa limpia. Su rostro era una porcelana fina y tenía los ojos pintados de azul brillante.
La piel de Bill estaba pálida, casi tan fina como la porcelana, brillando por la luz de la luna, y su maquillaje estaba perfectamente pintado alrededor de sus ojos. Su cabello no era el habitual revoltijo rebelde que era, era fino, elegante y suave. Se parecía un poco a sí mismo en muñeco.
Tom miró al chico, inclinando la cabeza y dándose cuenta de que estaba conteniendo el aliento. Exhaló, jadeando para respirar un poco de aire fresco. Bill se movió, sus párpados aleteando contra sus mejillas. Tom se congeló, con ganas de dar un paso atrás, pero en su lugar dio uno hacia adelante.
— Mm — murmuró Bill, suspirando mientras dormía. Él rodó sobre su espalda, relajando los hombros. El muñeco cayó de sus brazos y aterrizó en el borde de la cama, su pelo expandiéndose.
Tom hizo otro movimiento hacia adelante y temblando, miró a Bill. Él se veía muy hermoso, Tom no había notado antes cuán atractivo era Bill, porque Bill no sólo era mentalmente inestable, además también era chico. Tom nunca notaba ese tipo de cosas a menos que la otra persona fuese una chica, pero Bill era diferente.
Bill era vulnerable, casi indefenso. Él era delicado, casi femenino. Tenía que salvarse. Eso hizo doler a Tom en su interior, de muchas maneras diferentes que no podía, y no quiere entender.
Él extendió la mano y tocó el brazo de Bill suavemente, sin poder apartar los ojos de él. Bill hizo un ruido pequeño, removiéndose en su sueño, relajando el brazo. Tom estaba de pie junto a la cama ahora. Movió la mano hasta el pecho de Bill, más allá de su cuello, y le acarició el pelo suavemente, empujando un mechón de la cara. Se maravilló con cómo de suave era Bill. Sólo tocarle le tranquilizaba.
Bill parpadeó una vez, y luego, lentamente, abrió los ojos, mirando confuso. Tom le devolvió la mirada, sin hacer ninguna expresión, sin mover la mano. Bill miró a un lado y vio que Tom le acariciaba el cabello y suspiró. Su aliento calentaba la muñeca de Tom, y Tom se sentó en la cama, todavía mirando fijamente a Bill.
— Tom — murmuró Bill, apoyándose en el agarre, acariciando la mano de Tom con una mejilla. Tom se sonrojó y se inclinó hacia delante, oliendo el perfume fresco de Bill de nuevo. Bill sonrió ligeramente, separando sus labios.
De repente, los ojos de Tom estaban en los labios de Bill. Estaban mojados y rosas, casi tan suaves como el resto de Bill parecía ser. Pasó una mano suavemente por la mejilla de Bill y apretó con un dedo el labio inferior de Bill. Bill hizo un puchero a Tom con los ojos abiertos.
Tom se inclinó hacia delante y presionó sus labios con los de Bill, Bill jadeó, retrocediendo, sorprendido. Él abrió los ojos aún más y Tom deslizó su mano por la cintura de Bill, agarrándolo, tirando de él hacia delante.
Bill se relajó en el beso, sus manos volaron a las rastas de Tom, tirando. Tom lamió los labios de Bill, comprobando que él también sabía fresco. Bill gimió suavemente y tiró de Tom hacía él, extendiendo sus piernas y tirando con fuerza a Tom contra su cuerpo.
Se movían lentamente, por lo que fuera, rozando sus cuerpos. Tom se sintió tan excitado… estaba duro. Su entrepierna estaba tan caliente que quería tomar su polla y aliviarse a sí mismo, pero no podía dejar de rechinar contra Bill.
— Oh — se quejó Bill. — Oh, dios…
Tom asintió con la cabeza, apoyándose en los brazos y arrastrando sus caderas hacia abajo contra Bill. Podía sentir que Bill estaba duro debajo de él, también, y él se puso entre ellos tratando de bajarle los pantalones, Tom tiró la muñeca de porcelana de la cama y cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos.
Tom se sentó rápidamente, jadeando, con la frente cubierta de sudor. Sus sábanas estaban casi empapadas y sintió casi un dolor punzante en la ingle.
Acababa de correrse, duro. Tenía las sábanas retorcidas en los puños con los nudillos blancos y algunos de sus cabellos estaban enmarañados en la frente.
— Mierda — dijo en voz alta, parpadeando en la oscuridad. — mierda.
Continúa…
Ya Tom se enamoro de Bill y su locura