Y algo extraño – en –
Esa persona que yo era –
Y éste – no se siente lo mismo –
¿Podría ser locura – esto?
-Emily Dickinson *
Fic de undrockroll, traducido por sweety205
Capítulo 2
— Entonces, cuando yo tenía siete años, creo… Sí, siete. Cuando tenía siete años, tuve un perro llamado Reggie. Era un perro muy bueno, genial. Él me traía regalos todo el tiempo. ¿Sabes qué regalos eran?
Tom estaba apretando los dientes, empujando lentamente la fregona por el pasillo cuando Bill lo siguió.
— ¿Qué? — Dijo Tom finalmente.
— Serpientes. Él me traía serpientes, y yo odio las serpientes.
—Las serpientes molan — dijo Tom.
Bill se rió, su rostro iluminándose. — A veces traía ratones… pero la mayoría eran serpientes. Una de ellas estaba vivo una vez y me mordió en la pierna derecha. Todavía tengo una cicatriz.
Tom asintió con la cabeza, doblando una esquina, con la esperanza de que tal vez Bill no siguiera.
Pero por supuesto eso era esperar demasiado.
— ¿Alguna vez has tenido perros — Peguntó Bill, sosteniendo la muñeca con cuidado.
— ¿Me estás preguntando a mí? — Tom miró a Bill rápidamente.
— ¿Quién más? — Bill dio a Tom una mirada en blanco.
— Sí, he tenido perros. Una. Murió… Le gustaba persiguir a los coches — dijo Tom.
— Oh, no. Eso es una mierda — murmuró Bill. — Odio los perros pequeños.
— ¿Los perros pequeños?
— Esas pequeñas cosas odiosas que se parecen a la fregona con la que estás lavando el piso — Oh-oh, espera. — Bill se detuvo sosteniendo la muñeca y se la acercó a la oreja. Su expresión pasó de juguetón a interesado — Oh, no. Joey está inquieto hoy.
Tom frunció el ceño. — ¿Quién?
— Joey — dijo Bill. — Mi bebé…
—¿Su nombre no es Gabi?
— No, no, no! Es Joey, J-Joey Su nombre es Joey, — dijo Bill, sus ojos volviéndose nublados.
Tom miró a su alrededor. Había gente cerca, pero ellos no estaban prestando atención, y Bill estaba a punto de perder los nervios.
— Estoy seguro de que él estará bien — eligió Tom decir.
— Joey es una chica.
— Ella va a estar bien.
Bill sonrió débilmente. — Es tan difícil de c-cuidar.
— Uh huh.— Tom apretó el paso, empujando la fregona por el pasillo más rápido. Bill parecía estar detrás de él, sus pasos cada vez más lentos.
— Tom, creo que está enferma — dijo Bill en voz baja.
Tom suspiró y se detuvo en seco. — Bueno, tal vez deberías preguntar a Kaaren.
— N-no — respondió Bill con firmeza. — Yo… yo debería ser el que cuide de ella.
— Está bien, mejor te dejo solo para que lo hagas — dijo Tom rápidamente.
— ¡Fuera de aquí!— dijo Bill, con los ojos repentinamente enfadados. — Dejadnos solos.
— Bien — replicó Tom, desapareciendo por una esquina y lanzando otro suspiro. Él había estado suspirando mucho últimamente, sobre todo en este trabajo. Miró su reloj y vio que ya era hora de volver a bajar a la lavandería. Lavar la ropa del piso había sido añadido a su lista de responsabilidades y aunque era un trabajo horrible, estaba siempre muy agradecido de alejarse de la quinta planta. Especialmente desde que Bill parecía surgir cuando menos lo esperaba.
Tom caminó hasta la escalera. No podía perder tiempo enfadándose con el ascensor, le estresaba y las escaleras le llevarían más tiempo de todos modos. Rebuscó en sus bolsillos, asegurándose de que había metido sus cigarrillos ahí. Los tenía, y dejó escapar un suspiro de alivio, casi podía saborear el humo.
Georg estaba sentado en una de las lavadoras cuando llegó allí, y sonrió a Tom, levantando la mano para chocársela y darle un apretón de manos.
— Hey — dijo Georg, con los ojos brillantes.
— Oh Jesús — dijo Tom, sacudiendo la cabeza. — Apestas.
— A mí me parece que huelo bien.— Georg se bajó de la máquina y rozó la parte delantera de sus pantalones vaqueros, el olor de la marihuana flotando encima de su ropa. — Estaba a punto de volver a trabajar.
— Sí, yo también.
— Tengo unos minutos, sin embargo — dijo Georg. — ¿Qué pasa?
— Hice un nudo de sábanas sucias y estoy a punto de ahorcarme — dijo Tom honestamente.
— No vale la pena. El quinto no es tan malo — dijo Georg.
— No, excepto por ese loco que habla con muñecas y me sigue a todas partes.
— Oh, ese es sólo Bill.
Tom arqueó las cejas. — ¿Lo conoces?
— Él está bien. Creo que es divertido — dijo Georg.
— ¿Divertido? — Frunció el ceño Tom. — Mierda.
— Él es tu pequeña sombra ahora. —Se rió Georg. — Dile que le mando saludos.
— Al principio pensé que era una chica — dijo Tom, frunciendo la nariz. —A veces sigo pensando que lo es.
Georg se encogió de hombros. — Hey, tengo que volver al trabajo. Diviértete con Bill y hagas lo que hagas, sé amable con su bebé.
— Ugh.
Tom sacó lo último de la secadora y enterró su cara en la ropa caliente. Si se quedaba allí el tiempo suficiente, probablemente se desmayaría, y eso sería lo suficientemente como para tener un poco de tiempo libre al día siguiente.
Él gimió y se irguió, respirando un poco de aire fresco. Ni siquiera tenía ganas de fumar. Supuso que sería mejor que volviese al trabajo; tal vez le dejarían ir a casa temprano, si es que aún podía encontrar un camino a casa.
El caminar penosamente por las escaleras no era tan agradable, no con unos cuantos kilos de ropa pesada colgada del hombro. Anheló un cigarrillo cuando llegó a la puerta de seguridad cerrada del quinto piso. Debería haber fumado cuando tuvo la oportunidad.
Después de dar la ropa a las enfermeras, Tom volvió a su fregona y su cubo. Estaba redondeando el último rincón donde lo había dejado cuando oyó un pequeño ruido proveniente de dentro de una de las habitaciones.
Normalmente no miraba en las habitaciones de los residentes. Sentía que no era asunto suyo, y además lo hacía sentir increíblemente extraño. Sin embargo, a veces miraba, y esta vez, se arrepintió.
Vio a Bill sentado con las piernas cruzadas en una cama vacía, encorvado, con los hombros temblando. Estaba llorando y agarrando la muñeca con fuerza.
Tom suspiró y se detuvo junto a la puerta. No sabía qué hacer. Miró a lo lejos por los largos pasillos y no vio a nadie alrededor. Entonces sus ojos se posaron de nuevo sobre Bill, sentía algo por él. Tom se sintió muy mal, Bill parecía triste y solo, y no parecía que nadie supiera que estaba allí.
Contra su mejor juicio, Tom entró en la habitación, con las manos metidas en los bolsillos. A medida que se acercaba a Bill, se sentía cada vez más incómodo. Los únicos sonidos en la habitación eran pequeños gemidos de Bill y el reloj haciendo tictac.
— Hey — dijo Tom en voz baja. — ¿Estás bien?
Bill no respondió, sino que seguía llorando en silencio, encorvado aún más, su pelo derramado sobre su cara y la muñeca.
— ¿Bill?
Bill sacudió la cabeza una vez, un movimiento rápido, y Tom frunció el ceño.
— ¿Quieres que llame a alguien?
Otra sacudida de cabeza.
— ¿Puedo ofrecerte algo?
Una inclinación de cabeza.
Tom se cruzó de brazos, mirando hacia la puerta. Él podía simplemente irse, eso no estaba en su descripción de trabajo. De hecho, estaba bastante seguro de que iba en contra. Bill era un paciente muy enfermo, inestable y un poco loco, al parecer. Tom no sabía qué había pasado con Bill, él no sabía lo que le hacía de esta manera o si había sido así siempre.
— Bueno, ¿qué puedo hacer por ti? — Fue todo lo que Tom dijo.
— Tal vez… Tal vez un poco de … un poco de agua — dijo Bill en voz baja. — Pero Joey no puede b-beber de una taza. N-nunca hay botellas.
— Oh — dijo Tom sin decir nada. — ¿Así que quieres un vaso de agua?
— No tengo sed.
— Er — Tom dio un paso atrás. — Voy a buscar, um, a Kaaren.
— ¡No! — Bill le miró bruscamente. Su maquillaje estaba todo corrido por sus mejillas, manchado y descolorido. Tom apartó la mirada al instante. — No te atrevas.
Está bien, no lo haré.— Tom alzó las manos, dando otro paso hacia atrás. — Así que… um… Joey quiere un poco de agua?
— Sí. Pero como he dicho, n-no hay biberones, nunca hay b-biberones. Los bebés deben beber de los biberones. Nadie sabe n-nada por aquí — dijo Bill molesto.
Tom asintió con la cabeza lentamente. — ¿Cómo suele beber Joey?
— Con un biberón… pero no sé dónde está.
— Oh. — Los ojos de Tom aterrizaron en el suelo, justo debajo de la cama de Bill. Había un biberón de juguete agrietado y sucio ahí abajo. — ¿Has mirado por todas partes?
— Por todas las jodidas partes — susurró Bill, cubriendo las orejas de la muñeca del bebé. — Ella está tan sedienta.
— No te preocupes — Tom se sorprendió de sus propias palabras y lo que es peor, se encontró moviéndose hacia Bill. — Creo que sé dónde está.
— ¿En serio?— Bill miró con los ojos muy abiertos, de color marrón. — ¿de verdad? ¿cómo?
Tom se agachó recogiendo el biberón de juguete y se lo mostró a Bill. — ¿Será esto?
Los ojos de Bill casi se iluminaron. — Hey, esa es… Sí, esa es. Jo-Joey puede beber ahora, bien. — Él alzó los brazos temblorosos y tomó el biberón, agarrando la muñeca de Tom por un momento.
Tom entró en pánico e instintivamente dio un paso atrás. — Um.
— Gracias — susurró Bill. Lo soltó y volvió su atención de nuevo a la muñeca. — Deja de llorar, ¿de acuerdo? Basta, ahora silencio, te encontré algo de beber.
Tom vio como Bill acarició el pelo enmarañado de la muñeca una vez, con amor, con cuidado. El biberón de plástico se mantuvo en la cama junto a él, casi olvidado.
— Cuando se alimenta a un bebé se tiene que tener cuidado de no dejar que ellos tomen demasiadas cosas demasiado rápido — murmuró Bill. — Y siempre probarlo en la piel primero. Por ejemple en el brazo. Si está demasiado caliente, podría… podría ser m-malo.
— Oh.
Bill alzó la vista, sonriendo alegremente de nuevo. — ¿Estás fregando pisos?
— No en este momento. Quiero decir, sí, lo haré — dijo Tom. Él había ayudado a Bill, calmándole un poco – ¿por qué se quedaba a charlar? — Aún tengo por limpiar casi todo el piso.
— ¿Por qué?
— Porque… porque sí — respondió Tom. — ¿Quieres limpiar tú? — Él se encogió.
Bill se rió, rodando hacia atrás. — De ninguna jodida manera.
Tom se quedó ahí sintiéndose un poco torpe, sin saber cómo salir. Tenía miedo de que Bill se perdiera completamente si lo hacía. — Bueno, alguien tiene que hacerlo.
— Podrías ser tú — bromeó Bill.
— Oh… sí — respondió Tom. Le había tomado completamente con la guardia baja. Sólo un momento antes Bill había estado fuera de sí, y ahora parecía completamente normal. — Bueno, supongo que sí. ¿Nos vemos más tarde?
Él se encogió de nuevo.
— Sí — respondió Bill, sonriendo. — Y la próxima vez, no huelas a marihuana. Es asqueroso.
Tom arrugó la nariz. — Lo que sea.
— Se lo contaré a Kaaren — dijo Bill con voz cantarina.
Tom sonrió. — Te reto.
— Le conté sobre Georg una vez.
— ¿Sí? — se preguntó Tom, interesado. — ¿Por qué? ¿Eres de los que acusan a los demás?
— No, Georg era un idiota conmigo. — Suspiró Bill ruidosamente.— Lástima que Kaaren no me creyó. Nunca nadie lo hace.
Algo sobre la declaración hizo que Tom se pusiera triste, melancólico, y Tom pudo notar que Bill estaba dejando su estado «normal» de nuevo.
— Bueno, bueno, adiós — dijo Tom rápidamente.
— No se lo diré — Se quejó Bill. — Si es por eso que estás enfadado.
— No lo estoy, sólo tengo un montón de mierda que hacer. —Tom se sentía tenso y empezó a apretar los dientes. — ¿Está bien?
— Está bien, adiós.
Cuando Tom salió de la habitación, Bill estaba encorvado otra vez, agarrando su muñeca con fuerza, y su mano estaba sujetando el biberón de juguete.
— Sólo dime algo, aunque sea una estupidez — instó Brigitte. Puso una mano sobre la de Tom y la apretó, sonriendo. — Te desapareces en ese lugar casi todos los días y nunca dices nada al respecto.
— Porque no hay nada que decir — dijo Tom. — Es tan aburrido, Brige.
— No es cierto.
— Si, es lo peor. — Tom sonrió y se acercó a ella, pasándose una mano por su muslo. — Es mi día libre, no hables de ese lugar.
— Quiero saber — insistió Brigitte, sonriendo a Tom. — Yo trabajo todo el día en el banco. Allí no sucede nada, pero aún así siempre te cuento algo al respecto.
— Tal vez no deberías — bromeó Tom, apretando su hombro.
Brigitte le sacó la lengua y Tom se inclinó hacia delante, capturando sus labios y la besándola fuertemente, acercándola a él. Ella gimió suavemente y pasó los dedos por las rastas de Tom, tirando de ellas.
— Mm — murmuró Tom. — Te extraño, Brige.
—Yo también te extraño — dijo Brigitte, sonriendo un poco. — Todo ha sido una locura desde que dejamos la escuela.
— Loco pero bueno — dijo Tom.
— Tal vez —Brigitte se alejó y suspiró. — Pronto me iré a la universidad, ¿te dije? He decidido ir.
— Oh — murmuró Tom. Sintió su rostro ruborizarse un poco, y miró hacia abajo. — ¿Así que te irás?
— Sí, pero vamos a estar bien —dijo Brigitte, dando un golpecito suave en el hombro de Tom. — Y no me iré hasta dentro de dos meses.
— Yo nunca me voy a ir —dijo Tom con voz apagada.
— Podrías, si quisieras hacerlo— dijo Brigitte. — Ni siquiera te inscribiste en ninguna universidad.
— Sí, y mira lo bien que me ha ido — dijo Tom. — Arrestado la primera semana de vacaciones.
— Ellos te dieron servicio comunitario porque eres un buen chico.
— Eso es todo lo que tengo a mi favor, supongo… Incluso Andreas se va a, mierda, a Londres.— dijo Tom.
Brigitte abrazó fuertemente a Tom, acariciando su espalda y besando su cuello. — Cállate — dijo — Tú eres increíble.
— Increíblemente estúpido.
Ella le golpeó en el hombro. — En serio, basta.
— ¿Tienes hambre? — Preguntó Tom. — Pediré algo de cenar.
— No puedes permitírtelo — dijo Brigitte, mordiéndose el labio tan pronto como ella lo dijo.
Tom cerró los ojos por un momento. — Sí, lo sé. Gracias por recordármelo.
— Yo compraré la cena —dijo Brigitte, tomando su mano. — Quiero cuidar de ti mientras pueda.
— Vete a la mierda, Brige — murmuró Tom, por fin sonriendo. — Eres demasiado buena para mí.
— Lo sé — dijo ella, con los ojos brillantes. — Vamos a estar bien, ¿verdad?
— Sí, estaremos bien. —Tom le besó nuevamente y suspiró mientras ella sacaba su celular y pedía una pizza para ellos.
Continúa…