A veces la respuesta adecuada a la realidad es la locura.

-Philip K. Dick

Fic de undrockroll, traducido por sweety205

Capítulo 11

La culpa era un sentimiento pesado, y Tom se despertó esa mañana sintiendo todo el peso de ella. Su brazo se había quedado dormido y estaba adormecido bajo el cálido cuerpo que se apretaba contra él. Bill estaba enroscado firmemente alrededor de Tom, y Tom frunció el ceño mientras acariciaba el pelo negro del muchacho suavemente.

Tom sintió una maraña de emociones. Sabía que había hecho algo muy malo, y con la luz de la mañana fresca y un poco de retrospectiva, Tom pensó que tal vez había cometido un gran error. Se sentía culpable, se sentía avergonzado de sí mismo.

— ¿Qué? — Murmuró Bill, sus pestañas revoloteando suavemente en el hombro de Tom. — Mmm…

Tom miró a Bill, silenciosamente abrumado. ¿Qué había hecho? Él retiró su mano del pelo de Bill y trató de alejarse, pero Bill se aferraba con demasiada fuerza.

Los ojos de Bill se abrieron lentamente y alzó la mirada hacia Tom a través de los mechones de pelo oscuro. — ¿Tom?

— Hey — dijo Tom en voz baja, la palabra atragantándose en su garganta.

— No fue un sueño.

— No — murmuró Tom. — No lo fue.

Bill miró fijamente a la pared por unos momentos, y luego una cálida sonrisa lenta comenzó a extenderse en sus labios. — Deseaba que no lo fuera, deseaba que fuera real.

La culpa de Tom se sentía propagándose a lo largo de todo su cuerpo ahora, tanto que casi no podía respirar. Se sentó y se inclinó hacia adelante, con las manos en la parte posterior de su cuello.

— ¿Tom?

— Sí — dijo Tom, cerrando los ojos. — Sí, estoy aquí.

Él sintió a Bill incorporarse, sintió que su cuerpo desnudo se apoyaba contra su costado. — ¿E-estás bien?

Tom asintió lentamente. El pánico se había calmado un poco. Bill parecía estar bien, estaba contento y seguro. Tom miró el reloj. Eran casi las seis y media de la mañana.

— Tenemos que irnos — dijo Tom a Bill, finalmente mirándolo. — No queremos tener problemas.

Bill sacudió la cabeza, bajando los ojos. — Sí, deberíamos.— Él suspiró suavemente. — Volver a la institución.

— Lo siento — fue todo lo que a Tom se le ocurrió decir. Se sentía miserable en ese momento. ¿Qué había estado pensando, teniendo a Bill lejos de ese lugar por una noche? No sólo iba contra toda regla, Tom no había pensado en el hecho de que después, tendría que llevar a Bill de vuelta a la institución.

Por una noche, Bill fue suyo. Ahora, él no sabía lo que le iba a suceder a Bill. Se dio cuenta de que no sabía nada de nada.

Bill lentamente se levantó de la cama y se puso de pie junto a la ventana, mirando hacia fuera. Todavía estaba desnudo, y Tom miró a su cuerpo largo y delgado. Habían golpes y moretones, cicatrices en la espalda y los hombros de Bill. Su piel pálida casi brillaba en la luz del sol. Tom no quería dejarlo ir, culpable como se sentía.

— Podemos hacer esto de nuevo — dijo Tom en voz baja. — Si, ya sabes… Si no nos atrapan.

— Vale — respondió Bill, sin darse la vuelta.

— Sólo si quieres.— Tom se deslizó hasta el borde de la cama y tocó el suelo con los pies. Él también estaba desnudo, y se cubrió con modestia su regazo con algunas sábanas. — No tenemos que-

— No tienes que salvarme.

Tom miró a Bill, sin palabras. — Yo no estoy… tratando de hacerlo.

Bill miró por encima del hombro y se frotó los ojos. — Has hecho más por mí de lo que nadie ha hecho, está bien.

— Bill, cállate — dijo Tom. Se sentía irritado. Él estaba poniéndoles a Bill y a él en peligro. Bill tenía que darse cuenta de que esto era más que Tom tratando de »salvarle». — Ya sabes cómo es esto.

— ¿Lo sé? — Bill se cruzó de brazos, atrayendo hacia adentro.

Tom suspiró. — ¿Quieres ducharte antes de que nos marchemos?

Bill asintió. — ¿Podemos… juntos?

La idea se le había ocurrido a Tom, y él asintió con la cabeza, también. — Ven aquí, ¿de acuerdo?

Él puso a Bill sobre la cama y envolvió con sus brazos alrededor de sus hombros, presionando un beso húmedo allí. Bill se retorció entre sus brazos y sonrió un poco, encontrando los labios de Tom con los suyos y besándolos.

Los dos estaban enrojecidos, las mejillas rojas y todo sonrisas tímidas. Tom se puso de pie, dejando que las sábanas cayeran de su regazo y sacó a Bill con él. — Vamos — dijo Tom.

Cuando Bill se metió en la ducha con Tom, ambos se sonrojaron aún. Ambos estaban duros.

— Lo siento — murmuró Bill.

— Yo no — dijo Tom, tirando de Bill bajo el chorro de agua caliente con él. Sus cuerpos se apretaron y Tom movió sus caderas contra las de Bill, lo que los hizo gemir. Bill puso sus brazos alrededor del cuello de Tom y se colgó de él lánguidamente, respondiendo a Tom moviendo sus propias caderas. Sus miembros se friccionaron juntos lentamente, perezosamente.

Bill jadeó y se aferró con sus labios en el cuello de Tom, besando y chupando. — No quiero dejarte — exhaló. — Esto es tan bueno…

Tom asintió con la cabeza, deslizando sus cuerpos bajo la ducha de agua. Sus labios se conectaron en un dulce y fuerte beso. Tom respiró dentro de la boca de Bill y lo mantuvo en el interior mientras se acercaba con vehemencia contra él. Bill respiró fuerte y casi se derrumbó contra Tom, todavía friccionándose.

Tom deslizó su mano entre sus cuerpos y encontró el miembro de Bill. Apretó una vez, sintiendo el calor y la fuerza en sus dedos. El agua caía y quemaba entre ellos, aumentando el vapor y haciendo el aire pesado mientras Bill se inclinaba hacia delante y se corría con fuerza contra el muslo de Tom.

Ellos respiraron con dificultad, agarrándose el uno al otro para ayudarse. Tom se echó hacia atrás y miró a Bill, tocando el maquillaje negro que se arrastró de sus mejillas por el agua de la ducha.

Él sabía que estaba enamorado.

— Aire — Bill abrió la boca, sonriendo un poco y se inclinó sobre el hombro de Tom. — Mierda, esta quemando.

— Lo siento — dijo Tom, disminuyendo el agua caliente. — ¿Mejor?

— Mm… — Bill cerró los ojos y apoyó la cabeza en el hombro de Tom. — Mucho mejor.

Terminaron su ducha, lavándose lentamente entre sí, quedando atrapados con besos y caricias. Luego Tom envolvió a Bill en una toalla grande y regresaron a la habitación sin decir mucho porque sabían que su tiempo juntos estaba llegando a su fin.

Bill sacó su ropa lentamente, mirando al suelo todo el tiempo. Tom encontró una camisa limpia y tiró de sus jeans. Cuando terminaron, se miraron el uno al otro en silencio.

— Bueno — dijo Tom. Se puso la mano en el bolsillo y agarró su teléfono celular. Cuando lo comprobó, casi se desmaya.

Cinco llamadas perdidas. Todas de Kaaren.

— Mierda — murmuró, su corazón saltándose un par de compases. — Mierda, mierda.

— ¿Qué?

— Tenemos que irnos — dijo Tom, poniéndose de pie. Su estómago se sentía muy mal. ¿Por qué había llamado ella cinco veces?

Bill siguió a Tom fuera de la habitación y bajó las escaleras. Cuando Tom cogió las llaves, Bill se quedó atrás, mordiéndose los labios y murmurando algo.

— Bill, vamos — dijo Tom.

— N-no — Susurró Bill. Sus ojos se enfocaron intensamente en las llaves del coche de Tom. — Sin coche, no hay accidente.

Tom suspiró suavemente. No tenían tiempo para esto, tenían que volver a la institución. — Bill, ¿recuerdas anoche? Fuimos, estuvo bien. Nos divertimos conduciendo. Yo estaba muy cuidadoso contigo, yo nunca te haría daño.

— Nada de coches — fue todo lo que Bill dijo, en voz baja. Sus ojos estaban muy abiertos y empezó a temblar.

— Bill — dijo Tom suavemente, acercándose al otro chico y tocándole el brazo. — ¿Puedes confiar en mí?

Bill sacudió la cabeza, parpadeando. — Yo n-no lo sé. — Sus manos temblaban y él agarró el dobladillo de su camisa, retorciéndola entre los dedos. — ¿dónde está mi b-bebé?

— Durmiendo — dijo Tom. — En tu habitación.

— Oh, n-no — respondió Bill con voz temblorosa. — No, no, n-no.

— Bill.

— Sólo una muñeca, Bill — se dijo a si mismo Bill, cerrando los ojos. — Átala bien fuerte, es un n-nuevo tipo de asiento, está duro p-para abrochar. Pero ella está llorando, no creo que l-le guste, mamá.

El corazón de Tom se hundió, y comenzó asentir pánico de nuevo. Bill estaba teniendo uno de sus episodios, allí mismo en la cocina de la familia de Tom. Los nudillos de Bill se volvieron blancos y había empezado a mecerse en los talones de sus pies.

— Sólo hazlo, B-Bill, vamos con retraso, tenemos que irnos. ¿Puedes confiar en mí? — Bill cerró los ojos y sacudió la cabeza. — ¡No, no, no!

Tom tocó el hombro de Bill, le acarició el brazo y le acarició el cabello. — Bill, vuelve — dijo en voz baja. — Ven de nuevo, estás sólo conmigo aquí.

Bill se sacudió un poco. — T-Tomi, ayuda.

Tom envolvió con sus brazos a Bill y lo abrazó con fuerza. — Estoy aquí — susurró, justo en la oreja de Bill. — Estoy aquí, ¿de acuerdo?»

— Estoy segura de que está bien, Bill, tira de la correa para asegurarte de que- — Bill murmuró. — T-tira de la correa para asegurarte.— Bill se sacudió un poco más. — ¿Tom?

— Bill.

Bill se echó hacia atrás y miró a Tom, con los ojos vidriosos. — ¿Dónde estamos?

— En mi casa — dijo Tom, frunciendo el ceño.

— Oh, sí.— Bill respiró profundamente un par de veces. — L-lo siento, lo sé. Sé dónde estamos. Y la habitación está arriba, y… — Bill miró al mostrador de la cocina. — Y ahí está mi patatas fritas de anoche.

— Correcto — dijo Tom. — Y ahora, tenemos que volver a-

— Lo sé — respondió Bill suavemente. — Lo sé. Está bien, vamos.

Tom deslizó su mano por el brazo de Bill y entrelazó sus dedos firmemente. — No te vuelvas a ir, ¿de acuerdo?

Bill asintió. — Está bien.

Salieron de la casa finalmente. Tom estaba ligeramente aliviado de que Bill hubiera salido de en lo que estaba cayendo, pero aún estaba asustado sobre llevar a Bill de vuelta a la institución. Ni siquiera podía imaginar la cantidad de problemas que le caerían cuando llegaran. Nada que pudiera decir excusaría el hecho de que él hubiera roto tantas reglas.

Bill se metió en el coche con inquietud y sólo se agitó un poco cuando Tom tuvo que soltar su mano para entrar en el coche. Tan pronto como Tom se sentó en el asiento del conductor, Bill tomó su mano de nuevo y la agarró tan fuerte que la circulación de Tom casi se cortó. Se dirigieron lentamente por las calles familiares a la institución. El corazón de Tom latía rápidamente, los nervios le estaban consumiendo.

No quería tener que lamentarse de haber llevado a Bill a casa con él. No quería tener que sentirse mal por una de las mejores noches de su vida.

— Mierda — murmuró Bill cuando entraron en el estacionamiento de la institución. Tom sintió exactamente lo mismo.

Mierda.

— Todo irá bien — Dijo Tom, a pesar de que no lo creía en absoluto. Estaba seguro de que todo estaba a punto de caer con fuerza sobre él, y pronto. Bill sólo le apretó la mano y dejó escapar un suspiro tembloroso.

Ellos se colaron por la parte de atrás y Tom se asomó por los pasillos de la quinta planta, antes de dejar a Bill en su habitación. Era lo suficientemente temprano para que no hubiera nadie alrededor todavía. Sólo unas pocas enfermeras que estaban terminando los turnos de la noche.

Bill corrió a su habitación y se quitó los zapatos inmediatamente. Tom lo siguió y cerró la puerta detrás de ellos.

— Lo hicimos — dijo Bill, cogiendo su muñeca y abrazándola contra su pecho. — Oh, Dios, te extrañé. Oh, dios.

Tom estaba en la puerta nerviosamente, sus dedos temblando sobre su teléfono en el bolsillo de los pantalones vaqueros. — Nos vemos más tarde, ¿de acuerdo?

Bill alzó la vista. — ¿T-te vas?

— Tengo que hacerlo — dijo Tom en voz baja. — Yo no estoy… ya sabes… trabajando en estos momentos. Sería raro si alguien me viera.

— Raro — repitió Bill. — Sí.

— Volveré más tarde — Tom le dijo. — Te lo prometo.

Bill asintió lentamente. — Supongo.

— Hey —Tom se acercó a Bill y se sentó junto a él, empujando su hombro. — Simplemente porque te llevé a casa conmigo, no significa que estemos casados.

Bill se rió un poco. — Lo sé, lo sé.

— Sólo significa que me gustas.— Tom sonrió. — No, a la mierda eso, significa mucho más.

— ¿Qué quieres decir?

Tom estaba a punto de decir algo, pero su teléfono comenzó a vibrar en su bolsillo. Lo sacó y vio que su madre estaba llamando.

— Me tengo que ir — dijo Tom. — Pero… más tarde. Volveré más tarde, ¿de acuerdo? Deberías dormir un poco.

— Dormir.

— Sé bueno, ¿de acuerdo? — Tom besó los labios de Bill. — Te voy a echar de menos.

Bill abrazó a su bebé. — ¿T-tienes hambre?

Tom frunció el ceño. — Bill, vamos, no seas así, favor.

— No sé dónde está tu biberón — Susurró Bill a la muñeca.

Fue entonces que Tom se dio cuenta. Él se iba, lo que significaba que Bill tenía que irse, también. Bill estaba completamente desprotegido cuando Tom no estaba cerca.

— Bill, todavía estoy aquí — dijo Tom en voz baja.

Bill levantó la vista, sus ojos nublados. — Lo sé.

— Bueno.— Tom besó a Bill otra vez, y Bill se desplomó un poco. — Te veré pronto.

— Adiós — Dijo Bill inexpresivamente, mirando a su muñeca.

Tom retrocedió unos pasos, mirando a Bill. Físicamente le dolía irse. Casi no lo podía hacer, quería correr de nuevo a Bill y traerlo de vuelta a la realidad.

Pero en lugar de eso se dio la vuelta y se fue, cerrando la puerta detrás de él con un suave clic. Arrastrando los pies, caminó por el pasillo hacia la puerta de salida. Vio a Georg empujando un carrito de comida cerca, y él se puso tenso.

— Hey — dijo Georg, dejando el carro y caminando hacia Tom. — Qué pronto estás aquí.

— Estaba terminando algo.

— Apuesto a que sí — Georg se cruzó de brazos, con una extraña sonrisa en su rostro. — Así que conduces ahora.

— Sí — dijo Tom claramente. — ¿Y?

Georg se encogió de hombros. — ¿Qué tal el paseo con Bill?

Tom se quedó inmóvil. — ¿Qué?

— Nada, colega — Georg se dio la vuelta y se dirigió de nuevo al carrito de alimentos, y comenzó a empujar hacia abajo en dirección opuesta.

Temblando, Tom abandonó el edificio.

&

— Bueno, sólo quería que comprobaras a Bill — Decía Kaaren por teléfono a Tom mientras él conducía hacia casa esa mañana. — Ayer por la noche, ya que sabía que estabas alrededor. De todos modos tenía a Georg. Ya sabes, él trabaja en las cocinas. Él estaba allí ayer limpiando algo que se derramó en el tercer piso por la noche.

— ¿Oh? — preguntó Tom. — Pero tú… tú llamaste cinco veces.

— Maldito teléfono sigue estropeado — dijo Kaaren. — Lo siento.

— No hay problema — dijo Tom lentamente. — Así que… Georg?

— Sí, me las arreglé para conseguir que aceptara y le pedí que comprobara si Bill estaba bien.

— Y… — Tom se mordió el labio. — ¿Y lo estaba?

— Se durmió rápido, dijo Georg. No me sorprendió. Esas pastillas que su padre autorizó tumbarían a un caballo de carreras.

Tom tragó saliva. — ¿Georg dijo eso?

— Sí, lo hizo. ¿Por qué?

— Yo… — Tom dejó escapar un suspiro tembloroso. — Supongo que no le vi anoche.

— Bueno, lo estaba — Kaaren pausa. — Aunque espero que Bill esté bien. Georg pidió reunirse conmigo en privado. Voy de camino ahora.

— Oh. — El corazón de Tom se aceleró. Él estaba en problemas, lo sabía. Probablemente iba a ir a la cárcel. Durante mucho tiempo. — Oh, está bien.

— Así que, nos vemos hoy, si te encuentro — dijo Kaaren, con una sonrisa en su voz. — Gracias por todo lo que haces, Tom. Realmente eres un gran trabajador. Sentiré que te vayas.

— ¿Qué?

— Ya sabes, el servicio a la comunidad ya casi está acabando — respondió Kaaren.

— Oh. Oh, cierto. — Tom respiró hondo. Él era demasiado paranoico y se sentía enfermo. — Bueno, está bien. Gracias.

— Adiós, Tom.

Tom colgó y dejó caer el teléfono al suelo de su coche. Se detuvo al lado del camino y se sentó allí hasta que perdió la noción del tiempo.

&

Cuando Tom llegó a su casa, vio que un coche familiar estaba en el camino de entrada. Era Brigitte, y ella estaba de pie junto a él, vestido con su ropa de trabajo. Tom entró en el camino de entrada y aparcó, saludándola.

— Hey — dijo Tom cuando él se bajó del coche. — Wow, estás aquí tan temprano.

— ¿Conduces? — Fue el saludo de Brigitte.

Tom no podía mentirle. — Sí, sólo… necesitaba… llegar a alguna parte.

Brigitte suspiró un poco. — Si te pillan-

— No lo harán. Cálmate — dijo Tom. — Está bien.— Hizo una pausa. — ¿Qué estás haciendo… aquí? ¿Qué pasa?

— Yo podría haberte llevado — dijo ella. — Yo podría haberte… Bueno, si me respondieras las llamadas de vez en cuando. Tom, ¿qué ocurre?

Tom bajó la mirada hacia la ventanilla del coche y vio su reflejo. Parecía arrugado y cansado, como un completo desconocido. Ni siquiera se reconocía a sí mismo, casi tanto como él apenas reconocía a Brigitte. Se veía mayor para él. Se veía aburrida y distante.

— Nada — murmuró Tom. — Estoy… estoy cansado.

— Ni siquiera me hablas.

Tom se encogió de hombros.

— Me voy a la universidad pronto. Mañana — dijo, mirando brevemente. — Adelantaron la fecha de mudanza, y mi compañero de piso se va a reunir conmigo esta noche para que podamos ir de compras, y… supongo que vine aquí esta mañana para ver si…

Tom la miró. — ¿Si?

— Quería ver si había algo entre nosotros todavía, pero… — Brigitte se fue apagando, envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros. — No lo sé, no siento… nada. No he sentido nada desde hace un tiempo.

Así era Brigitte. Siempre directa al grano, sin ninguna mentira. Tom sólo dejó escapar una risita y meneó la cabeza.

— ¿Me estás dejando, Brige? — Preguntó.

— No digas eso, Tom. Ni siquiera me hablas ya.

— Yo no hablo con nadie.

— Lo sé. He preguntado por ahí, quería ver si era sólo yo.

Tom frunció el ceño. — ¿Por qué iba a hacer eso sólo contigo?

— Has cambiado, Tom — dijo Brigitte suavemente. — Y está bien, creo que… Sí, sí. No está mal.

— Tú has cambiado, también.

Brigitte asintió. — ¿Dónde desapareciste?

Los ojos de Tom se arrastraron al pavimento al pensar en Bill. La sonrisa de Bill, la risa de Bill, el beso de Bill, el delgado y desnudo cuerpo de Bill debajo de él.

— ¿Hay alguien más? — Preguntó Brigitte.

Tom se quedó en silencio el tiempo suficiente para que Brigitte obtuviese su respuesta. Ella suspiró y se apoyó en el coche, cruzando los brazos con fuerza.

— Lo siento — dijo Tom en voz baja.

— Lo sé — respondió Brigitte. — Sé que lo haces, porque… no eres una mala persona.

Tom se encogió de hombros.

Brigitte dio un paso adelante y abrazó con fuerza a Tom. Tom le devolvió el abrazo y respiró, encontrando que incluso olía diferente. Todo era diferente en ella. Pasó una mano por su espalda y le dio un beso en el cuello, mientras ellos se liberaban.

— Buena suerte con la universidad — dijo Tom.

— Buena suerte con todo — respondió Brigitte, logrando sonreír un poco. — Te quiero.

Tom asintió con la cabeza, no podía decir nada más. La vio en coche y dejó escapar un pequeño suspiro, otro capítulo de su vida llegaba a su fin.

&

— ¿Cómo fuiste a trabajar anoche? — La madre de Tom preguntó mientras lo llevaba a la institución por la noche.

Tom se dejó caer en su asiento, jugando con su cinturón. — Tomé un taxi.

— Pero el dinero que te dejé estaba sobre la mesa cuando Gordon volvió.

— Usé mi propio dinero — mintió Tom.

Simone asintió. — ¿Cuántas semanas de servicio te quedan?

— Dos.

— ¿No estás mucho para una conversación en este momento?

Tom se encogió de hombros y miró por la ventana. Él no tenía ganas de hablar. Se sentía demasiado culpable para hablar, tenía demasiados secretos y en el interior, era presa del pánico. Estaba a punto de enfrentar a Kaaren por primera vez.

— Bueno, aquí estamos — dijo Simone. Ella se detuvo en el estacionamiento de la institución y aparcó — De nada.

— Gracias — Murmuró Tom, tratando de alcanzar la manilla de la puerta. — Gracias por todo.

Simone sonrió. — ¿Qué todo?

— Ya sabes — dijo Tom. — Darme a luz, hacer la cena, traerme.

— Oh, no es nada.

Tom le lanzó una sonrisa y salió del coche. Con las rodillas temblorosas, entrando en el edificio, y se sorprendió al encontrar a Kaaren de pie al lado del ascensor.

— Tom — dijo ella, con expresión indescifrable.

Tom tragó saliva, su estómago aplastándose — Hey — dijo.

— Tengo que hablar contigo.

— Oh.— Tom se limitó a asentir. No podía molestarse en mentir, estaba demasiado cansado para explicarse. Él sólo admitiría todo.

Siguió a Kaaren por el pasillo y ella lo llevó a una oficina vacía. Ella se sentó detrás de la mesa y señaló la silla.

— Toma asiento — dijo.

Tom se sentó, mirando al suelo.

— Ahora — dijo Kaaren, cruzando las manos sobre la superficie de la mesa. — Nunca creí que fueras un chico malo. Ni una sola vez pensé que me decepcionarías.

— Oh — dijo Tom de nuevo, nervioso.

— Pero… — Kaaren negó con la cabeza una vez. — Me reuní con Georg – ya conoces a Georg – esta mañana y las cosas que me dijo…

— Lo siento — dijo Tom, alzando la vista y mirándola a los ojos.

— No puedo… Yo no… Yo no sé muy bien qué pensar. Me dijo que has estado un poco demasiado cerca de un paciente determinado, y no sé lo que ‘un poco demasiado cerca’ significa. ¿Qué significa eso, Tom?

La boca de Tom se abrió. No tenía ni idea de qué decir. — Yo…

— Así que Georg me habló un poco más. Él dijo que fue a la habitación de Bill anoche, después de que le pidiese ver cómo estaba, y…

Tom se puso tenso.

— Bueno, él no me dijo exactamente lo que vio, pero Tom, creo que tú y yo sabemos lo que os encontró a ti y Bill haciendo.— Las mejillas de Kaaren se pusieron levemente sonrojadas. — Yo te pedí específicamente no acercarte a Bill. Te lo pedí, Tom.

— ¿Georg dijo que nos vio en la habitación? — preguntó Tom.

— Tanto si está mintiendo como si no, tenía que preguntártelo a ti — dijo Kaaren. — Y a juzgar por tu reacción, creo que prefiero creerle.— Suspiró. — Insistí en que no te acercaras a Bill así. De que el forma relaciones, y que no necesita este tipo de relación. Él no está listo para una relación romántica, Tom, yo pensé que tendrías el sentido común de saberlo. Él no es estable.

— ¿Georg dijo que nos vio? En la habitación de Bill? — Preguntó Tom de nuevo. Seguía repasando en su mente, no podía entender por qué no diría Georg a Kaaren toda la verdad, la verdad que conseguiría que Tom fuera a la cárcel.

— Sí — Kaaren parecía avergonzada. — En una, um, situación comprometida. Georg parecía mortificado.

— No sé qué decir.

— Tengo dos opciones para ti — dijo Kaaren, sentándose. — ¿Me estás escuchando?

Tom asintió.

— La primera opción es irte ahora, nunca volver a ponerte en contacto con Bill, alejarte de este lugar. Daré un buen informe y diré que te dejamos salir pronto porque eras bueno, trabajador y honesto.

— ¿Y la otra? — Tom frunció el ceño.

— Te quedas por el resto de tu servicio a la comunidad. Sigues haciendo lo que estás haciendo. Le digo al tribunal la verdad. Acerca de Bill, y de la conducción. — Kaaren miró fijamente a Tom. — Ellos no te van a perdonar.

Tom sentía que tenía las manos atadas. Nunca volvería a ver a Bill de nuevo, de cualquier de las dos formas, y el corazón le dolía tanto que casi perdió el aliento.

— ¿Tom?

Recordó a Bill, cada parte de él, y el dolor dentro de él se volvió agridulce. Había ayudado a Bill, él sabía que lo había hecho. Tom estaba seguro de ello. Bill le dijo que no habría vuelto por nadie, y Tom le creyó. Bill no estaba loco. Sólo estaba un poco perdido, y así estaba Tom. Habían conseguido encontrarse el uno al otro, y se habían salvado mutuamente.

— Tom, ¿me estás escuchando?

— Voy a irme — dijo Tom en voz baja. — Voy a irme. Lo siento de nuevo.

Kaaren asintió con la cabeza. — Yo también.

— Yo no le hice daño, no lo haría, yo-

— Lo sé — dijo Kaaren, su cara se relajó. — Es difícil para mí, también.

Tom miró, asintiendo con la cabeza. — Gracias por…

— Buena suerte, Tom.

— Si. — Tom se levantó y salió de la habitación, arrastrando los pies hasta que estuvo fuera. Dio unos pasos hacia atrás y miró hacia el edificio, entornando los ojos bajo el sol crepuscular. El quinto piso estaba oscuro, mucho más oscuro que el resto de las plantas, y a Tom le dolió un poco más.

Sacó su teléfono del bolsillo y marcó a casa.

Continúa…

¿Que os pareció? 🙁

por admin

Traductora del fandom

2 comentario en “Commited 11”

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