Puede ser trágico […] pero es algo que resulta mera existencia en la vida, si tiene sentido.
-Anónimo
Fic de undrockroll, traducido por sweety205
Capítulo 10
Tom fue a casa esa mañana con el corazón encogido. Se había sentado frente a la habitación vacía de Bill durante horas, dándole vueltas una y otra vez en su cabeza acerca de cómo podría haberlo evitado. Finalmente, una de las enfermeras le había dicho amablemente que eran cerca de las ocho de la mañana, y no había nada que pudiera hacer, excepto ir a casa y dormir un poco.
En ese momento le pareció una idea terrible. ¿Cómo podría Tom marcharse? ¿Cómo podía siquiera pensar en volver a casa? Se sentía terrible, y muy responsable.
¿Cómo iba a irse, sobre todo ahora?
Pero se fue a casa, y se sintió destrozado, y en cuanto su cabeza tocó la almohada, cayó en un sueño profundo y pesado.
Lo último que recordaba con claridad era haberse lanzado por la ventana después de que Bill la hubiera soltado. Recordó haberle agarrado, los dedos apenas rozando los pantalones vaqueros de Bill.
Lo siguiente que Tom supo fue que estaba siendo despertado sacudido suavemente.
— ¿Qué? — Dijo Tom, abriendo un ojo. Se había quedado dormido vestido y su boca se sentía como si tuviera arena en ella, seca y llena.
Su madre se pasó una mano por la frente. — Tom, dormiste todo el día. ¿Por qué llegaste a casa tan tarde? ¿Cómo hiciste para volver? ¿Te trajo Brigitte?
Tom gimió. — No, tomé un taxi. Habían cosas que hacer en la institución, no podía irme.
Simone frunció el ceño. — No parece… que estés bien.
— Ya — Tom parpadeó un par de veces, dejándose despertar completamente. — No sé.
— ¿Has estado llorando?
Tom se encogió de hombros.
— ¿Qué sucede? — Preguntó Simone, frunciendo el ceño.
— ¿Qué hora es? — Tom se sentó, frotándose la espalda baja. Miró su reloj despertador. Eran casi las seis y media. Llegaba una media hora tarde a su turno. — Mierda.
— ¿Tom?
— Me tengo que ir — dijo Tom, levantándose de la cama y tirando de su camisa. — ¿Puedes llevarme?
— No, cariño, tengo que ir a ver a Gordon a la ciudad para cenar y luego vamos a pasar la noche en un hotel — dijo Simone. — ¿No puedes llamar a Brigitte?
Tom suspiró. — No…
— Bueno, tengo algo de dinero para un taxi que puedo dejarte — le dijo Simone — Pero tengo que marcharme ya. Sólo vine a darte las buenas noches… ¿Estás bien?
Tom asintió. — Sí, yo sólo… no lo sé.
— Podemos hablar más tarde, si quieres.
Tom se encogió de hombros otra vez, esta vez en gran medida. — Gracias.
Simone le pasó una mano por el rostro y luego salió de la habitación. Tom cogió una camisa limpia y se la puso. No se molestó en mirarse en el espejo, sabía que parecía un completo desastre. No le importaba, se sentía demasiado cansado para hacer otra cosa.
Bajó las escaleras y vio que su madre había dejado unos cuantos billetes en el mostrador de la cocina para un taxi. Tom suspiró. No quería tomar un taxi, pero tenía que llegar a la institución y el tiempo se está acabando.
Sus ojos se posaron en sus llaves del coche, colgando detrás de la puerta. Inmediatamente sus dedos hormiguearon por cogerlas. Sería tan fácil que él mismo condujera hacia la institución ¿Cuáles eran las probabilidades de que lo atraparan? Por supuesto conduciría despacio, con cuidado, nunca a más de cinco kilómetros bajo el límite de velocidad.
Tom miró el reloj. Llegaba cuarenta y cinco minutos tarde ahora.
— Mierda — murmuró, cogiendo las llaves del coche sin pensarlo más y saliendo por la puerta de la entrada. Sus ojos se posaron en su coche, un deteriorado SUV que había comprado de segunda mano de la madre de su amigo. Él no se había sentado en él durante meses. Ni siquiera lo sentía como suyo ya, casi se había olvidado de esa parte de su vida.
Ahora parecía tan simple. Subir al coche, ir a la institución, aparcar, trabajar, entra al coche, conducir camino a casa y dormir.
Nadie lo sabría.
Tom se metió en el coche y puso la llave en el contacto. El coche se encendió y sus manos temblaron. Suspiró y se recostó en el asiento, dando marcha atrás en el camino de entrada. Sintió una increíble punzada de culpa y miedo, si lo atrapaban tendría que enfrentarse a la cárcel durante un tiempo.
— No voy a ser atrapado — Murmuró Tom, conduciendo cuidadosamente por la calle. Deseaba poder ir más rápido, estaba ansioso por llegar a la institución.
Finalmente, se detuvo en el estacionamiento de la institución y aparcó su coche. Cuando salió, sus piernas temblaban y tuvo que tomar unas cuantas respiraciones profundas para calmarme. Se sentía clavado en el suelo, tan pequeño en frente del gran y frío edificio.
Con piernas temblorosas, entró en la institución y aturdido tomó el ascensor hasta el quinto piso. Metió el código de seguridad y fue recibido por el familiar olor a rancio del edificio.
— Tom.
Tom levantó la vista. Kaaren se movía hacia él, con aspecto cansado.
— Hey — dijo Tom en voz baja. — Lo siento, llego tarde.
— Bueno, te quedaste hasta bastante tarde anoche — dijo Kaaren. — ¿O debería decir, esta mañana?
Tom se limitó a asentir.
— Tomate las cosas con calma hoy, por encima y más allá de la noche anterior — Kaaren puso una mano en el brazo de Tom, con gesto amable. — Sé que probablemente estarás cansado. Yo lo estoy.
Él asintió con la cabeza otra vez. Las palabras le fallaban y sus pies se sentían pesados.
— Todo este papeleo… — Kaaren suspiró. — Al final, todos somos nada más que papeleo.
Tom se movió con torpeza, incapaz de pensar en algo que decir.
— Puedes irte cuando hayas terminado, no tienes que quedarse hasta tarde esta noche — le dijo Kaaren. — Sólo… haz lo que puedas. Hay un montón de trabajo para ti ahí abajo, si te gusta.
— No, estoy bien — murmuró Tom. Hablamos…- te veo… – Gracias. Hablamos más tarde.
Kaaren lo observó mientras se alejaba por el pasillo al cuarto de suministros. Tom encerró y se sentó en una caja. Estaba oscuro en el armario y el aire estaba rancio. Respiró profundamente un par de veces, se sentía miserable. No quería salir del armario, pero sabía que Kaaren le había visto. Ella se daría cuenta si él no volvía a salir. Se acercó a la puerta y apretó la frente contra la fría superficie.
Sólo había una cosa en su mente. Tenía que ir a la habitación de Bill, a pesar de que sabía que iba a estar vacía.
El paseo a la habitación de Bill se le hizo más largo de lo habitual, y Tom fue arrastrando los pies. Los otros residentes se iban apagando paulatinamente durante el día, descansando en la cama y comiendo lo último de sus comidas. Tom siempre había tenido cuidado de no mirar en las habitaciones, él siempre había tratado de dar a los residentes su privacidad. No había llegado a conocer a ninguno de ellos. Él ni siquiera sabía sus nombres.
A excepción de Bill.
Tom se estremeció un poco mientras se acercaba a la habitación de Bill. La puerta estaba cerrada y no pasaba luz por debajo de la puerta, como sí ocurría en el resto de habitaciones. La habitación de Bill estaba vacía.
En silencio, abrió la puerta y entró. Todo estaba exactamente igual que la noche anterior. La cama estaba un poco arrugada, la ventana abierta. La muñeca seguía colocada cuidadosamente en la cama. Afuera estaba oscureciendo, y había una oscuridad inquietante en la habitación.
— Mierda — Susurró Tom, agachándose y dejando escapar un largo suspiro. — Mierda, mierda, mierda.
La habitación olía a Bill. Tom podía sentirlo, en la ropa de cama, las cortinas y los pocos recambios de ropa que habían en una silla.
Y, por supuesto, en la muñeca.
Tom se acercó a la cama y cogió la muñeca con cuidado. Él la apretó contra su pecho y dejó escapar un sollozo ahogado, sorprendiéndose a sí mismo. Había estado tan silencioso durante tantas horas. Enterró la cara en el pelo enmarañado de la muñeca y cerró los ojos, dejando que unas lágrimas cayeran.
— ¿Estás llorando?
Tom abrió la boca y se dio la vuelta rápidamente, su corazón latiendo sobremanera. Allí, acurrucado debajo de una mesa, estaba Bill. Él estaba envuelto por las sombras, y sus rodillas estaban desdibujadas. Todavía llevaba el mismo par de pantalones vaqueros y camiseta de la noche anterior, pero sus pies estaban desnudos. Un par de Converses retorcidas descansaban en el suelo junto a él, los cordones de las zapatillas arrancados y separados en pedazos.
— ¿Bill? — Susurró Tom.
— Ellos piensan que estoy dormido — dijo Bill suavemente. — No estoy dormido.— Él le tendió la mano, mostrando dos pastillas. — Yo finjo a veces, no quiero dormir. — Las pastillas rodaron por su mano y cayeron al suelo.
— Qué… — Tom se quedó mirando al muchacho. — ¿Qué… qué haces? ¿Por qué estás – ¿por qué…
Bill miró la muñeca en manos de Tom y se estremeció. Hundió la cara en su regazo y gimió, agarrando su cabello con los dedos. — Es sólo una muñeca, es una muñeca, ya sabes. Sólo una muñeca. Sólo una muñeca, Bill, sólo una muñeca. No es tu culpa. No es real. Sólo una muñeca. Lo sé, papá. Sólo una muñeca.
Tom miró la muñeca en sus manos. — ¿Bill?
Bill alzó la cabeza, con los ojos brillantes negros bajo el borde de su cabello. — Tal vez… ¿Eres sólo una muñeca, Bill, Tomi?
— No — dijo Tom. — No, no lo soy. Y… — Alzó la muñeca hacia arriba, sosteniéndola suavemente en sus brazos. — Y tú no lo eres, tampoco.
Los ojos de Bill viajaron de la cara de Tom hasta cierto punto por detrás de él. Tom sintió una brisa fresca en la parte posterior de su cuello. La ventana abierta.
— Bill — dijo Tom en voz baja, agachándose. — Sal de ahí abajo, quiero hablar contigo.
— Uh, uh, uh. — Bill hizo una pequeña sonrisa, presionando los dedos en su cara. — Ven tú aquí abajo.
Tom sonrió un poco. — ¿Me vas a hacer bajar ahí detrás de ti?
— ¿Por favor?
Sin dudarlo, Tom se metió debajo de la mesa y se sentó junto a Bill. Le ofreció la muñeca y Bill la tomó con gratitud, abrazando al bebé contra su pecho.
— Mmm — Murmuró Bill en el cuerpo de la muñeca. — T-tú le trajiste de nuevo hasta mi. G-gracias.
— ¿Bill?
Bill miró a Tom, y sus ojos se conectaron. Cristo, pensó Tom. Nunca pensé que volvería a verte.
— Lo siento — dijo Bill suavemente. — No sé lo que pasó.
— Trata de recordar.
— Oh… — Bill se mordió los labios, parpadeando. — ¿Ayer por la noche? Yo quería… O yo ya no quiero. Ya no es así. — Se inclinó hacia delante, acariciando el pelo de la muñeca. — Estaba muy mal. Mierda. Quería largarme de aquí. No sólo de aquí… Yo sólo quería escapar de todo. Así que traté de saltar. No funcionó.
El tono de Bill era tan normal. La forma en que estaba hablando era diferente a como lo había escuchado Tom nunca antes. No había temblor en su voz, no había ningún tartamudeo o timidez.
No era más que un chico normal, confundido y cansado y atrapado. Tom podía identificarse con él, e hizo que su corazón doliera por Bill.
— Cuando me acerqué a la ventana y sentí la brisa, me asusté. Se sentía tan jodidamente real, nada de lo que siento aquí dentro. No he estado fuera más de un año. Así que sentí el viento, y me asusté. Yo quería saltar, quería hacerme daño, sólo quería algo real — Bill dijo en voz baja. — Quería morir. No sé. He estado sólo… existiendo por tanto tiempo. Yo no quiero sólo existir, mierda, quiero vivir. No puedo hacer eso aquí. Así que morir sonaba aún mejor.
— No — respondió Tom.
— Sabes lo que quiero decir.
Tom negó con la cabeza. — Lo entiendo, yo… pero hubiera sido una estupidez.
— No sé qué más hay para mí — dijo Bill débilmente.
Tom tomó la mano de Bill y se inclinó hacia adelante, presionando un beso en los labios del muchacho. Bill se asustó y se apartó un poco, pero luego puso una mano detrás del cuello de Tom y le devolvió el beso, totalmente.
Un recuerdo de la noche anterior brilló en la mente de Tom. Recordó lanzarse hacia delante, sus dedos rozando los pantalones vaqueros de Bill. Casi había llegado demasiado tarde, y Bill estuvo a punto de caer por la ventana. Por pura adrenalina, Tom se había impulsado hacia adelante y cogido el brazo de Bill. Había metido el chico adentro y Bill había clavado sus uñas en la ventana, tratando de liberarse de las garras de Tom. Los hechos eran tan claros en la mente de Tom, y él besó a Bill duramente, porque no quería dejarlo ir.
— Tú me trajiste de nuevo — Susurró Bill cuando sus labios se separaron brevemente. — Lo has hecho… Yo no he vuelto por cualquier otra persona.
Tom frunció el ceño. — No te atrevas a asustarme así de nuevo.
— ¿Estás enojado conmigo? — Preguntó Bill en voz baja, con los ojos muy abiertos.
— No lo sé — dijo Tom con honestidad. — No lo sé. Es sólo que no quiero dejarte otra vez.
— No lo hagas — Respondió Bill en voz baja. — Porque cuando tú te vas, yo me voy.
Tom suspiró. Recordando más. Después de que él hubiera conseguido meter a Bill, Bill empezó a gritar, golpeando en los brazos de Tom. Tom no podía quedarse quieto, no podía calmar a Bill. Pronto una alarma estridente se escuchó y un trío de enfermeras entró, inyectando algo en el brazo de Bill y luego llevándoselo.
— ¿Dónde te llevaron? Ayer por la noche, las enfermeras — Preguntó Tom.
Bill se hizo un ovillo y se encogió de hombros, frotándose el brazo. — Para una habitación… He estado allí antes, varias veces. Es sólo una habitación blanca, tiene un espejo. Dos caras, sin embargo, ¿sabes? Porque ellos quieren verte. Me senté allí durante unas horas, me quedé dormido.
— ¿Eso es todo?
— No — Bill miró hacia abajo. — Entonces un hombre me habló durante algunas horas. Un doctor. Me hicieron preguntas… Entonces mi papá entró y el médico nos habló a los dos. Tuve que hacerme algunos análisis de sangre después de eso. Fue todo tan jodidamente estúpido. Como si necesitaran alguna razón científica que explique por qué un chico como yo trataría de quitarse la vida.
— Oh — fue todo lo que Tom pudo decir. Se dio cuenta de que Bill retorcía a la muñeca en sus manos, agarrando su pelo alrededor de sus dedos y tirando del vestido. Se sentía enojado, el vínculo entre Bill y la muñeca se había roto, Tom lo sabía. »Sólo una muñeca, Bill, sólo una muñeca» Bill había dicho antes. Tom sabía que esas eran las palabras de otra persona, probablemente las del padre de Bill.
— He tratado de hacerlo antes — dijo Bill suavemente. — Nunca funcionó, estaba demasiado asustado. Esta vez, sin embargo. Esta vez iba a f-funcionar. —Él miró a Tom y le sonrió un poco. — Entonces entraste y lo arruinaste todo.
Tom abrazó a Bill, envolviendo con sus brazos su cuerpo y enterrando la cara en el cuello de Bill. — Vámonos de aquí — murmuró Tom. — Maldita sea, larguémonos.
Bill se echó hacia atrás y miró a Tom, confundido. — ¿Qué?
— Tengo mi coche, podemos simplemente irnos. A mi casa, a donde sea. — dijo Tom, completamente convencido — Yo sólo… quiero llevarte lejos de toda esta mierda.
— ¿En c-coche?
— Te llevaré a un lugar seguro.
— No — susurró Bill. — Yo n-no quiero.
— ¿Quieres quedarte aquí? — Preguntó Tom, frunciendo el ceño. — Este lugar te está matando. Si te quedas aquí mucho más tiempo, vas a… te vas a… no puedes.
Bill suspiró, sus ojos desenfocados. — Yo n-no lo sé. Está bien. Puedo manejarlo-
— No — dijo Tom. — No puedo dejar que te pase esto, ya no.
— ¿Por qué te importa? — Bill miró a Tom con los ojos brillantes y vacíos. — No vas a e-estar aquí mucho tiempo, puedes irte p-para siempre. ¿Por qué te importa un carajo? Odio que te importe.
Tom se quedó en silencio por unos momentos. Él sabía exactamente por qué le importaba, pero podía decirle a Bill por qué?
— No importa por qué — Tom dijo finalmente. — Yo sólo… quiero ir un poco de aventura.
Los ojos de Bill brillaron. — ¿Aventura?
Tom asintió. — Por supuesto. ¿Estás conmigo?
Bill parpadeó un par de veces. — Mmm… sí. S-sí vamos.
— Esas pastillas, ¿qué eran? — Preguntó Tom, frunciendo el ceño.
— Unas para dormir… Ellos supusieron que me tendrían durmiendo durante al menos doce horas — murmuró Bill. — Ya sabes… así ellos no tienen que hacerse cargo de mí — Él frunció el ceño. — Papá lo sugirió.
— ¿Cuándo te las dieron?
— K-Karen me vio tragarlas a las siete. Bueno, yo fingía, de todos modos. Ellos p-probablemente me vendrán a comprobar a las ocho.
Tom asintió de nuevo, mirando el reloj. Era las ocho menos cuarto. Quince minutos hasta el final del turno de Kaaren. — Está bien… Escucha, voy a ir a trabajar un poco, pero volveré a por ti. ¿De acuerdo?
Bill asintió. — ¿Me lo prometes?
— No te vayas a ninguna parte. — dijo Tom con firmeza, teniendo la cara de Bill entre sus manos. — No te vayas a ningún sitio o no seré capaz de encontrarte.
— Estaré aquí — Murmuró Bill.
Tom ayudó a Bill a meterse en la cama y le besó suavemente antes de salir por la puerta. Se dirigió de nuevo al armario de suministros y cogió la fregona y el cubo. Tenía que fingir que trabajaba, tenía que fingir que todo estaba normal. Mientras empujaba lentamente la fregona por el pasillo, miró su teléfono para ver qué hora era.
Había un nuevo mensaje de texto de Brigitte. Cariño ¿dónde estás? Traté de llamarte a todo el día. Hazme saber. Te quiero.
Estoy enfermo, Tom escribió como respuesta. Te llamaré más tarde.
— ¿Tom?
Tom levantó la vista. Kaaren caminaba hacia él, su bolso sobre su hombro.
— Hola — Tom murmuró, empujando su teléfono en el bolsillo culpablemente.
— Me voy — dijo enérgicamente. — Sólo me queda hacer una ronda. ¿Qué tal va tu trabajo?
— Lento — dijo Tom. — Me va a tomar un tiempo.
Kaaren asintió. — Eso está bien. ¿Lo estás haciendo bien?
— Ajá.
— Me di cuenta de que te trajiste tú mismo ¿El tribunal te devolvió tu licencia pronto? — Preguntó Kaaren.
— Oh.— Tom se sintió aún más culpable. Mentir a Kaaren era algo peor que mentir a su madre. — Sí, yo… Es una cosa de libertad condicional.
— Ah — respondió Kaaren. — Bueno, bien por ti. Realmente estás haciéndolo bien, Tom. Estoy orgullosa de ti.
— Gracias. — Tom se sintió miserable.
— Bueno, bueno… Hasta luego. — Sonrió Kaaren. — Mañana, ¿verdad?
— Sí.. Adiós. — Tom se zarandeó un poco y luego bajó la cabeza, mirando las baldosas del suelo. Él escuchó los pasos de Kaaren alejándose y luego ya no escuchó nada. El lugar estaba en silencio, oscureciendo.
— Mierda — murmuró.
&
— Ah…
Bill miró el coche de Tom, temblando. Se encontraban en el estacionamiento de la institución. No había sido difícil sacar a Bill de allí, no había nadie de guardia, y Tom y Bill simplemente salieron por la puerta trasera.
— Está bien — dijo Tom suavemente. — Está bien, no voy a hacerte daño.
— Sé que n-no lo harás — dijo Bill. — Pero… — Sus ojos estaban pegados al vehículo. Él empezó a temblar más y Tom apoyó una mano en su hombro.
— Vamos a ir muy, muy, muy lento — dijo Tom.
— Fue buena idea que dejara a Gabi en la habitación… A ella n-no le gusta ir en coche.
Había sido duro conseguir que Bill bajara, incluso más difícil que conseguir que saliera. Pero lo más difícil había sido conseguir que dejara a su bebé. Se había aferrado a ella, casi escapado mientras sus ojos se desenfocaban y comenzaba a murmurar para sí mismo. Tom le había dicho suavemente que él no tenía un asiento de automóvil para el bebé, y Bill se sacudió violentamente cuando se dejó la muñeca y dio un paso atrás.
— Ella va a estar bien — Le dijo Tom a Bill, guiándolo con cuidado hasta el coche. — Vamos.
— Lento — Bill murmuró caminando al lado del pasajero del coche. — Lento y s-sin accidentes.
Tom ayudó a Bill a sentarse en el asiento del acompañante y le abrochó el cinturón mientras Bill temblaba todo el tiempo, incluso cuando Tom trató de calmarle con palabras suaves.
— ¿Preparado? — preguntó Tom. Él se acababa de sentar en el asiento del conductor y tenía la llave en el contacto. — Porque nuestra primera parada es…
Miró a Bill. Bill ya se había quitado los zapatos y los calcetines, y estaba doblado en el asiento, abrazándose las rodillas contra el pecho y apretando los dedos de los pies contra el cojín del asiento.
— ¿Dónde? — Dijo Bill en voz baja.
Tom se inclinó y le dio un beso en los labios a Bill y Bill sonrió. — Nuestra primera parada es una sorpresa.
Hizo girar la llave y el coche aceleró, haciendo a Bill chillar. Se abrazó las rodillas con más fuerza y sus dedos se tensaron tanto que casi se volvieron blancos como la nieve. Tom se acercó y puso una mano en la pierna de Bill.
— Tranquilo — dijo en voz baja. — Vamos a ir a la aventura.
Bill asintió. — De acuerdo.
Abandonaron el estacionamiento y cuando Tom se metió en el camino, Bill comenzó a respirar apuradamente, jadeando.
— Bill — Tom apretó un poco la pierna. — Respira hondo, está bien.
— Está bien — repitió Bill.
— Porque donde vamos… — Tom sonrió y dobló una esquina y se detuvo en un estacionamiento. — Será mejor que tengas hambre.
Bill se asomó desde detrás de sus rodillas y parpadeó. Se quedó en silencio por unos momentos mientras una sonrisa se extendía lentamente por su rostro. — ¿M-McDonalds?
Tom asintió con orgullo. — ¿Quieres un poco?
— Oh, mierda, sí — Murmuró Bill, con los ojos muy abiertos. — Me había olvidado… Oh, mierda. No tengo dinero.
— Lo sé — dijo Tom. — Yo invito.
Él entró en la zona donde se hacían los pedidos desde el coche y bajó la ventanilla. Bill se escondió detrás de sus rodillas de nuevo.
— ¿Qué quieres? — Preguntó Tom.
— Patatas fritas — dijo Bill — Mucha, muchas patatas fritas. — Y una g-gran Coca-cola. Y algunas n-nuggets de pollo.
Tom pidió algo de comida para ellos y lo sacó de la ventana de recogida. Bill se escondió detrás de sus rodillas todo el tiempo, y sólo se asomó cuando el olor de las patatas fritas flotaba en el coche.
— Oh, yum — Suspiró Bill. — Todo lo que he tenido d-durante más de un año es… ya sabes… la mierda que h-hacen allí.— Él tomó el bocado más pequeño de una patata frita. — Oh, Dios — suspiró feliz. — Gracias, Tom.
Tom tenía un Big Mac en la mano mientras se ponía en el camino otra vez. — De nada — dijo, ruborizándose.
— ¿Cuál es nuestra próxima parada? — Bill ya no estaba escondiendo detrás de sus rodillas. Estaba más relajado, contento de comer su comida.
— Mi casa — dijo Tom.
— ¿Hay alguien en casa?
— No.
— ¿Vives solo?
— No — dijo Tom. — Mis padres están fuera.
Bill asintió, sorbiendo su Coca-Cola. Tom empezó a preocuparse, tal vez sus padres habían vuelto a casa, aunque le dijeron que estarían fuera toda la noche. Entonces estaría en problemas no sólo por sacar a un paciente psiquiátrico, sino también por conducir sin licencia.
— Mierda — murmuró Tom cuando se acercaba a su calle. Él giró a la izquierda y condujo despacio, tratando de ver si las luces de su casa estaban encendidas. Era noche cerrada, y no había coches en la calzada.
— ¿Qué es?
— Nada — Tom sonrió y aparcó el coche en su casa. — Ya estamos aquí.
— ¿Sólo eso? — Bill estiró el cuello y miró la casa, entrecerrando los ojos. — Entremos.
— Bueno, no, en realidad vamos a volver a la institución ahora — dijo Tom. — Sólo quería mostrarte mi casa por fuera.
La cara de Bill cayó. — Oh.
— Estoy bromeando — dijo Tom rápidamente. Sacó la llave del contacto y sonrió. — Bill, vamos, que era una broma.
— Oh — Dijo Bill otra vez, tímidamente. — Lo siento.
— Vamos — dijo Tom en voz baja. — Entremos.
Bill se bajó del coche, aferrándose a su pequeña caja de patatas fritas. Tom lo miró con cuidado, fue como si la caja de patatas fritas hubiera tomado el lugar de la muñeca.
— ¿Bill?
— V-vamos. — dijo Bill.
— El recorrido comienza aquí — Dijo Tom con grandilocuencia, abriendo la puerta de su casa. — Mi cocina.
Bill parecía perdido. Él estaba mirando todo con los ojos muy abiertos, como si nunca lo hubiera visto antes. Tocó la mesa, las cortinas de la cocina, las paredes, suavemente. Tom supuso que todo era muy extraño para él, la cocina estaba llena de color, que era cálido y hogareño y acogedor. Bill sólo había visto aburridas y estériles paredes durante más de un año.
— Es agradable — Murmuró Bill. — ¿Qué más?
Tom tomó el brazo de Bill y lo guió hacia adelante a otra habitación. — Sala de estar — dijo. — TV de pantalla grande. Gordon… mi padrastro… la compró con su bono de hace unos años. Hay Playstation y Nintendo y esas cosas.
Bill sonrió y dio un paso hacia delante, acomodándose abajo en el grande y mullido sillón. Él casi desapareció entre los gruesos cojines. — Me gusta — dijo.
Tom estaba junto al sofá con nerviosismo. No tenía idea de lo que estaba haciendo. Por qué había llevado a Bill a su casa?
— ¿Algo más? — Preguntó Bill.
Tom se encogió de hombros. — Mi habitación…
— ¿Puedo verla?
— Um. — Tom sintió la parte de atrás de su cuello calentarse. — Sí, claro. Pero no es nada del otro mundo.
— Quiero v-ver — dijo Bill con firmeza.
— Está bien — Tom estuvo de acuerdo. Se sentía avergonzado incluso más nervioso que cuando él llevó por primera vez a Brigitte a su habitación. Pero esto no era lo mismo, no del todo.
Esto significaba más para Tom.
Él le llevó hacia su cuarto, encendiendo las luces a su paso. Bill caminó en silencio detrás de Tom, retorciendo sus dedos y cruzando los brazos con fuerza, estremeciéndose cada vez que una nueva luz se encendía. Cuando Tom encendió la lámpara de su habitación, se encogió de hombros.
— Yo duermo aquí — dijo simplemente.
Bill entró lentamente, mirando a su alrededor. Se acercó a la mesa de Tom y estudió un par de fotografías en la superficie. — Lo conozco.
— ¿Quién?
— Andi. Andreas. — Bill señaló una de las fotos. — Bueno. Solía hacerlo.
Tom sonrió ampliamente. — Él es un buen tipo, ¿cómo lo conoces?
— Fuimos a la escuela juntos, hace años… — Bill tocó la fotografía y luego cogió un modelo de avión. — Tuve algunos de estos.
— Sí, yo y mi papá… mi verdadero padre… soliamos montarlos juntos — dijo Tom. — Antes de que él se fuera.
— Tuve que éstos, también — dijo Bill, recogiendo un par de zapatillas de fútbol que colgaban de la silla de Tom. — Solía jugar… no era muy bueno. — Dijo dejando escapar una risa suave.
— Yo tampoco.
— Oh — Murmuró Bill. Él dejó los tacos y el aeroplano y cruzó la habitación hacia el aparato de música de Tom. — Música. Dios, echo de menos la música.
— ¿Tú no escuchas música? — Preguntó Tom con los ojos muy abiertos. ¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta?
— No — dijo Bill. — Le pedí a papá que me trajera algunos CDs, pero nunca lo hizo. La música es… era. Era mi vida.
— A mí también me gusta. Toco un poco — dijo Tom, señalando una guitarra en la esquina de la habitación. — Sólo pierdo el tiempo, de verdad. Hago ruido, no música.
— Apuesto a que eres bueno.
— No — Respondió Tom, sonrojándose.
Bill sonrió y dio un paso hacia Tom. Se puso de pie frente a él y apoyó la frente contra el hombro de Tom. Tom se tensó, pero luego apoyó una mano en el brazo de Bill y apoyó la cabeza contra Bill. Bill seguía temblando.
— ¿Estás bien? — Preguntó Tom en voz baja.
— Si. Sí, me s-siento bien — dijo Bill — Contigo.
— ¿No tienes miedo de estar fuera?
— Mierda, sí, da miedo. — Bill retrocedió, frunciendo el ceño. — Pero no podía quedarme allí para siempre.
— Siento que tengas que volver — dijo Tom en voz baja.
Los ojos de Bill se oscurecieron y se quedó mirando el suelo, encogiéndose de hombros. — Lo sé, está bien.
Bill miró desesperado entonces, de pie en la habitación de Tom, mirando todas las cosas allí. Su pelo negro colgaba sin fuerza y había algunas manchas de maquillaje bajo sus ojos. Tom estaba tan acostumbrado a verlo en pijama que el hecho de que Bill llevara pantalones vaqueros y una camiseta era extraño para él. Parecía pequeño, fuera de lugar, dejado atrás. Parecía cansado.
— ¿Bill?
Bill se sentó en la cama, con los brazos cruzados. — Pensé que nunca volvería a verte después de anoche.
— Yo pensé lo mismo — dijo Tom en voz baja.
— Entré en pánico — dijo Bill. — Cuando me di cuenta de que… Cuando me di cuenta de lo que realmente significaba morir. Pero tú estabas allí.
— Siempre quiero estarlo — Le dijo Tom, sentándose en la cama junto a Bill. — Siempre que quieras saltar, sólo recuerda, yo estoy ahí. No voy a dejarte.
Bill sonrió un poco. — Sabes que eres el único.
Se inclinó y besó en la mandíbula de Tom ligeramente. Tom sintió escalofríos fluyendo a través de él y tocó el brazo de Bill, sujetándole y conectando sus labios en un beso profundo. En el dormitorio de Tom no tenían que tener cuidado de enfermeras, otros residentes o Kaaren. Sólo estaban ellos dos y Tom besó a Bill como quiso, como había deseado por tanto tiempo.
Bill suspiró un poco y retrocedió, permitiendo que Tom le empujara suavemente dejándolo caer con la espalada sobre el colchón. Sus labios se desconectaron por un momento mientras Tom se posicionaba sobre Bill. Había tenido innumerables sueños sobre esto; estar encima de Bill, presionando suavemente su peso hacia abajo en el chico de pelo oscuro. Bill se movía debajo de él de forma fluida, tal como lo imaginó.
Tom pasó los dedos justo debajo de la camiseta de Bill, acariciando su vientre, sintiendo su cálida piel. Bill olía muy bien, a limpio, Tom se mantenía respirando en él, con ganas de más. El gusto de Bill también era delicioso, y Tom seguía lamiendo los labios de Bill, besando ávidamente.
Las esbeltas curvas del cuerpo de Bill se sentían justo debajo de Tom. Él enterró la cara en el cuello de Bill y buscó sus costados, masajeando y acariciando como él había querido durante tanto tiempo. Bill hacía leves sonidos de placer y presionó sus dedos en la espalda de Tom, tirando de él al ras de su cuerpo.
Ambos se quitaron sus camisetas y se sentaron, mirándose. Bill pasó una mano por el bronceado pecho de Tom, algo fibroso. Su piel pálida contrastaba violentamente con la piel más oscura de Tom.
— Podemos parar — dijo Tom con nerviosismo. — Podemos… Si es demasiado.
— No lo hagas — dijo Bill. — Deja de ser tan cuidadoso conmigo, no lo hagas.
— Yo nunca… con un chico antes.
— Yo tampoco.
Se sonrieron tímidamente uno al otro, los dedos entrelazados entre sí. El momento era tranquilo, tímido, pero Tom no podía ignorar su miembro palpitante en sus pantalones vaqueros. Era casi doloroso, y él se movió un poco, haciendo una mueca. Bill comenzó a echarse de nuevo sobre su espalda.
Tom se subió encima de él, a horcajadas sobre su cuerpo. Miró hacia abajo en el pecho las cicatrices de Bill, el vientre y los brazos. Donde habían habido heridas abiertas ahora había rayas de color rosa suave, decorando el cuerpo de Bill. Tom se inclinó y besó una de ellas, una profunda cicatriz junto a uno de los pezones de Bill. Dejó que su lengua lamiera de nuevo la carne rosada y Bill se retorció, poniendo sus manos en el cabello de Tom.
— Más — Bill instó.
Tom dio una sonrisa torcida y lamió el pezón duro, jugando con él entre los dientes. Bill gemía suavemente en respuesta, tirando de las rastas de Tom y abriendo sus rodillas.
— ¿Más? — preguntó Tom.
Bill asintió. Tom bajó por el cuerpo de Bill, parando en el vientre. Él presionó su rostro contra el, inhalando el olor de Bill. La suave piel se tensó cuando Tom respiró — ¿Más? — Preguntó de nuevo.
— Quiero más — susurró Bill.
Tom se sentó y apoyó un dedo en la hebilla del cinturón de Bill. Bill lo miró, con los ojos oscuros y los párpados pesados. Tom nunca pensó que estaría ahí, en su dormitorio, de todas las personas, con Bill. Y ahora estaba a punto de desnudarlo. Los dedos de Tom temblaron de deseo, de pasión, pero se congelaron y él sólo miró a Bill.
Bill movió sus manos hacia la cintura y lentamente se desabrochó, sin apartar los ojos de Tom. Tom sostuvo las muñecas de Bill mientras él abría sus pantalones y tiraba de la cremallera.
— Oh — murmuró Tom. Bill asintió, y Tom puso sus dedos bajo la cinturilla de los pantalones vaqueros de Bill. Tom se los fue bajando de las caderas y Bill arqueó su espalda, gimiendo suavemente mientras los pantalones se deslizaban de su cuerpo. Él estaba ante Tom en tan sólo un par de calzoncillos boxer negros ahora, delgado y ligero. Había un bulto en los boxer de Bill. Tom sintió que se le secaba la boca. Él estaba seguro de querer eso, pero podría hacerlo?
— Tú — dijo Bill. — Ahora.
Tom lo miró sin decir nada, pero luego se dio cuenta de lo que Bill quería decir. — Oh — dijo de nuevo. Se echó hacia atrás y se desabrochó el cinturón y deslizó sus pantalones por su cuerpo. Bill soltó una risita cuando Tom se recostó en la cama en solo sus boxers. Tom se sonrojó con vehemencia, su pene estaba tan duro que sus boxer eran apenas capaces de contenerlo.
Bill deslizó los dedos por debajo de la cintura de sus boxer y empujó un poco, dando a Tom una mirada tímida. Tom miró al principio, pero después él respiró profundamente y alejó las manos de Bill. Bill le dio una pequeña sonrisa mientras Tom le quitaba los calzoncillos. Las pálidas y angulares caderas de Bill aparecieron a la vista y luego Tom se quedó boquiabierto al ver el miembro de Bill. Estaba duro, liso, y Tom tiró de los boxers de Bill alejándolos y tirándolos al suelo.
Tom torpemente envolvió sus dedos alrededor de la polla de Bill y Bill le susurró entre dientes. — ¿No? — Dijo Tom.
— Sí — Bill respiró. — Oh, sí, sí.
Tom se dio cuenta que no tenía idea de lo que estaba haciendo. Él razonó que puesto que él tenía un pene propio, debería ser fácil hacer que Bill se sintiera bien. Él sabía cómo tocar su polla, cómo acariciarla justo, haciéndose temblar a sí mismo. Pero él no sabía si nada de eso iba a funcionar con otra persona.
Apretó y Bill chilló, cerrando sus ojos, sus labios abriéndose en un gemido. No había ninguna duda en la mente de Tom, entonces, que no podía hacer esto. Acarició a Bill de arriba abajo, levantando su polla y tirando hacia adelante. Bill se sentía tan fuerte en sus manos, completamente diferente al niño suave que había parecido todas esas últimas semanas. Tom quería complacerle de una nuevas formas.
No podía ignorar sus propias necesidades mucho más tiempo, sin embargo. Tomó las manos de encima de la polla de Bill y empujó sus propios boxers abajo y hacia fuera. Bill abrió la boca, ambos estaban desnudos ahora, temblando y desnudos.
— Tom — Dijo Bill. — Por favor… Yo quiero…
Tom se arrodilló junto a Bill y Bill tomó el miembro de Tom en sus manos, mirando con cuidado. Tom gimió, deslizando una mano por su espalda y arqueándola ante el contacto de Bill. — Así que bueno — murmuró Tom. — Sí.
Bill sonrió y lamió la cabeza del miembro de Tom. Tom gimió de nuevo, esta vez más fuerte, y casi se derrumbó. La lengua de Bill le había sorprendido. Bill lamió el miembro de Tom de nuevo, ronroneando como un gatito. Luego absorbió el miembro de Tom con la boca y Tom gritó, cayendo hacia delante sobre Bill.
Ambos se dieron el uno contra el otro, y Tom se movió hacia abajo, conectando su cuerpo con el de Bill. Sus pollas chocaron y ambos gimieron. Parecía increíble. Tom comenzó a friccionarse sobre Bill, lentamente al principio.
— Mmm — Gimió Bill, vibrando bajo Tom. — Eso es tan… sí…
— Sí — respondió Tom, agachando la cabeza y moviendo sus caderas, ganando velocidad. — Oh, Dios, sí.
Ambos se friccionaban juntos, los movimientos torpes se sentían realmente bien. Bill cerró sus piernas alrededor de Tom y se aferró firmemente, presionando besos en el hombro de Tom y gimiendo al oído de Tom. El miembro de Tom se deslizó entre los muslos de Bill y ambos gimieron. Había humedad reunida allí, los dos estaban calientes y sudorosos con la excitación.
Tom encontró la boca de Bill y lo besó duro, presionándolo contra el colchón. No se había sentido tan cargado de sexualidad en décadas. Quería devorar a Bill, tragárselo todo y luego volver por más.
— Ah — Dijo Bill, deslizándose hacia delante y mordiendo el labio inferior de Tom. — Joder, joder, joder.
— Más duro — Respondió Tom, y ambos aumentaron el ritmo, rozándose entre sí tan fuerte que era casi doloroso. Había un calor tan grande entre ellos, y tanta fricción, que Tom necesitaba calmar el dolor y sacarlo todo.
Movió sus caderas, arrastrando su polla entrecortadamente entre los muslos de Bill y Bill apretó las piernas, tensándose más contra Tom. Tom abrió la boca y se vino con vehemencia sobre los muslos de Bill, sus testículos y entre ellos. Bill respiró fuerte y besó a Tom, frotando sus cuerpos entre sí, derramando el líquido caliente y deslizándose contra Tom.
Tom se arqueó bajo Bill, llevando sus caderas hacia delante, atrapando el miembro de Bill entre sus estómagos. Bill dejó escapar un fuerte gemido y luego él también se corrió en tres explosiones, derramándose sobre Tom y agarrándose a sus hombros.
Tom besó a Bill con fiereza, sin rodar sobre él, sin ni siquiera moverse. Había perdido el aliento allí con Bill.
La cabeza de Bill rodó a un lado y dejó escapar un largo y profundo suspiro. — Oh, mierda — murmuró, cerrando los ojos. — No había hecho esto en mucho tiempo.
— Yo tampoco — dijo Tom con honestidad. En realidad no lo había hecho, sólo rozarse contra Bill era uno de las cosas más excitantes e intensas que había hecho, y ni siquiera era tener sexo. Dejó escapar un gemido satisfecho y envolvió sus brazos alrededor del otro chico. — Tan jodidamente bueno.
Bill parpadeó un par de veces, mirando a Tom. — Gracias por sacarme.
Tom negó con la cabeza. — Tenía que hacerlo, no me des las gracias.
— Cállate — dijo Bill suavemente. — Gracias.
— Gracias — repitió Tom.
Bill asintió y besó la mandíbula de Tom. — Mierda, eso fue tan bueno.
— ¿Y ahora qué? — Preguntó Tom.
Bill suspiro. — Estoy cansado… muy cansado, y me siento muy bien.
Tom se dio cuenta de que Bill no había tartamudeado o se había perdido en mucho tiempo. Tocó la cicatriz enorme en la frente de Bill y frunció el ceño. — ¿Por qué tienes que estar allí? Eres perfecto, eres…
— Porque estoy loco.
— Tú no lo estás — dijo Tom. — Mírate, estás bien.
Bill suspiró de nuevo. — Tú no lo sabes.
Tom acarició el brazo de Bill y asintió. — Creo que yo veo más que otras personas cuando se trata de ti.
Bill sólo apoyó la cabeza en el hombro de Tom y bostezó. — Entonces tú eres un maldito loco también.
Tom sintió todo el cuerpo de Bill relajarse, y su respiración se hizo más profunda. Se había quedado dormido encima de Tom, un sueño profundo y relajado. Tom sonrió un poco y salió de Bill, mirando su cuerpo largo y pálido. Bill era perfecto, Tom no podía ni imaginar lo contrario.
— ¿Estás durmiendo? — Susurró Tom. Bill suspiró y se movió un poco, acurrucándose contra Tom. — Bueno.
Tom se sentó y se quedó mirando el techo. Había una pequeña grieta en el, siempre había estado. Una división por la mitad. Esa era la forma en que estaban la mayoría de las cosas, siempre un poco rotas.
Él besó en la frente de Bill, aunque hubiera una pequeña grieta en ella. — Joder, te amo — murmuró Tom.
Él se deslizó en un sueño ligero. Ni siquiera se dio cuenta de que su teléfono móvil estaba vibrando y en la pantalla, el nombre de Kaaren parpadeaba.
Continúa…
¿Que os ha parecido?
El capítulo fue precioso. Ya con el final, siento miedo.. no quiero que nada malo pase.
Le dijo Te amo pero estoy anciosa no quiero que termine mal porque quedare devastada 🙏🥺😭😭😭
Para que llama Karen los descubrió