Si fueras un canario…

Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace

Capítulo 8

Sábado, 11:18 a.m.

Nunca se despertaba tan temprano. Bill parpadeó y desde donde estaba acostado en la cama, bajó la vista al piso, rememorando los días en los que encontraba socialmente aceptable saltarse todo el fin de semana en favor de dormir. Se tambaleaba hasta su casa los viernes por la noche después de “estudiar” con sus amigos, con suerte evitaba a sus padres, caía en su cama y enseguida quedaba inconsciente.

Bill cerró sus ojos. Eran buenos tiempos.

No como ahora… los cambios en su comportamiento habían sido casi inmediatos. Repentinamente, la promesa de llegar a dormir no hacía nada por consolarlo, y cada vez con más frecuencia, se encontraba pasando las largas y oscuras noches dando vueltas en la cama y sólo los recuerdos de Tom y su toque le hacían compañía.

Con ese pensamiento, Bill suspiró y se movió, haciendo una mueca; le dolía su espalda. Había estado acostado así sin moverse, tieso como una tabla y Tom había estado presionándose contra él por detrás desde el último par de horas; su cuerpo estaba empezando a protestar.

Sin embargo, Tom parecía negarse a eso, incluso estando dormido. Cada vez que Bill cambiaba de posición, el agarre que tenía Tom sobre él se apretaba. Bill rodó los ojos cuando pasó por cuarta vez; estaba comenzando a resultar ridículo.

—Te odio —rezongó, dejando caer su cabeza en la almohada, con un gesto disgustado.

Entonces, con un sobresalto, se levantó de la cama al escuchar que su teléfono comenzó a sonar. Fue en ese momento en el que Bill se odió a sí mismo, alguien lo estaba llamando, y lo más probable es que fueran sus padres, preguntándose en dónde demonios estaba. Jadeó mientras el brazo de Tom lo aplastaba y le echó un vistazo al suelo, localizó sus pantalones y la pantalla LCD brillaba a través de su bolsillo.

Bill boqueó, agarrando el brazo de Tom con sus dos manos en un intento por quitárselo de encima.

—Ay por dios, déjame ir, hijo de puta —lo dijo en un susurro, en ese momento no le pudo importar menos si el otro lo escuchaba.

—¿Qué? —Bill saltó cuando escuchó a Tom hablar atrás de él, estaba adormilado y su voz sonaba ronca.

—Nada —dijo Bill rápidamente, sus ojos se movían nerviosamente. Maldición—. Vuelve a dormir.

Aconsejó, lamiéndose sus labios mientras observaba al otro desde su posición sentada. El rostro de El rostro de Tom estaba flojo y todavía no abría los ojos, pero eventualmente sus labios formaron una sonrisa.

—No puedo —dijo, riéndose—. Uno de nosotros es un madrugador.

Bill se le quedó viendo con ojos confundidos, hasta que sintió que Tom se movió y su pene dio un golpecito contra su muslo.

—¡Dios! —Bill chilló al ser repentinamente presionado contra el colchón, con Tom encima de él, mirándolo con un hambre que empezó a reconocer. Los ojos de Bill se ampliaron al mirarlo, intentando recordar cómo respirar.

Bill estudió el rostro de Tom por unos cuantos segundos mientras una chispa de humor  cruzaba por sus ojos, el aspecto en su cara debió hacerle gracia. Y luego observó cuando su cara cambió y Tom empezó a reírse.

—Relájate —le dijo Tom, al rodar sobre su espalda.

Bill pestañeó, frunciendo el ceño. ¿Cómo podría? Se preguntó, mirando de reojo al hombre que estaba acostado junto a él. Y luego su atención se enfocó otra vez en su teléfono, que había dejado de sonar.

Bill miró el piso, con tristeza.

—Esos probablemente eran mis padres —dijo, distraídamente, sentándose y pasando su cabello detrás de sus hombros.

—¿Y? —escuchó a Tom preguntar, haciéndole rodar los ojos.

Y, probablemente se están preguntando en dónde estoy —contestó Bill, irritado, sin importarle. Ya estaba cautivo, ¿qué cosa podría ser peor que lo que Tom no le hubiese hecho ya?

Luego sintió la mano de Tom envolverse en su brazo, jalándolo a su lado. Bill volteó su cabeza, atreviéndose a ver al otro a los ojos. Su mirada era fría, a pesar de que sus rasgos estaban relajados, era algo que Tom parecía haber patentado. Hizo que la respiración de Bill brotara hasta su garganta, y desvió la mirada nerviosamente, sintiendo cómo su rostro se calentaba.

Y entonces, la otra palma de Tom se extendió sobre su pecho, empujándolo sobre la almohada, mientras se posicionaba encima de él.

La mirada de Tom era penetrante, oscura e ilegible.

—¿Sabes lo que es un canario, Bill?

El tono que usó no quedaba no reflejaba lo mismo que la expresión que tenía. Era un tono suave y burlón, con una perspicacia afilada que cuestionaba a Bill. Bill pestañeó, haciendo una mueca. Observó la expresión del otro hasta que encontró su propia voz.

—…¿Qué? —preguntó, confundido e inquieto sin saber a qué quería llegar Tom.

Tom miró su mano cuando comenzó a bajar por el esternón de Bill y a viajar por su caja torácica.

—Tú sabes… un pájaro cantor. Bill, si fueras un canario, ¿sobre qué cantarías? —preguntó, manso, observando cómo el pecho de Bill subía y bajaba. Bill se inmovilizó ante sus palabras, sin ser capaz de emitir algunas por su cuenta cuando en su garganta se formaban unos nudos como respuesta.

—¿Cantarías sobre mí?

Bill giró su cabeza a un lado, lejos de Tom, pestañeando ostentosamente. Por supuesto, sabía lo que Tom estaba preguntando, y eso hizo que su corazón comenzara a golpear sus confinamientos mientras intentaba pensar algo prudente para decir.

Lamió sus labios, frunciendo el ceño.

—Yo… no canto —dijo, avergonzado minuciosamente consigo mismo.

Ambos voltearon sus cabezas cuando su teléfono comenzó a sonar de nuevo. Tom le dio un ligero empujón.

—Entonces ve a contestarlo —dijo, observando mientras Bill se levantaba con cuidado de la cama.

Sin palabras, Bill tomó sus pantalones, completamente consciente de que seguía desnudo, pero sin importarle; se sentó en el borde de la cama mientras buscaba su teléfono.

Se tensó cuando Tom lo agarró del brazo de nuevo, girando su cuerpo para poder ver el teléfono que tenía en la mano. Cuando leyó que decía “Mami” en la pantalla, sus ojos voltearon a los de Bill y lo miró con seriedad.

—Te quedaste en la casa de un amigo —afirmó, señalando a la pantalla. Sus ojos eran severos e ilegibles, lo que le hizo a Bill asentir sin pensarlo.

Respiró hondo mientras apretaba el botón verde y puso el teléfono contra su oreja.

—¡¿Bill, en dónde estás?! —hizo una mueca cuando su madre gritó en la bocina, a sabiendas de que estaba bien hundido en la mierda. Cerrando sus ojos, Bill pasó una mano por su cabello, en un intento para calmarse a sí mismo. Mientras lo hacía, volteó hacia atrás brevemente, estaba nervioso e intentaba juntar el valor. De inmediato se dio cuenta de su error cuando vio de nuevo los ojos de Tom, los cuales casi lo retaban a decir algo contrario a lo que le había indicado.

Bill suspiró silenciosamente, había una regla simple que todos sabían y habían llegado a aceptar. No importaba qué rumores escucharas, ni qué tantas preguntas te hicieran. Era un hecho ampliamente conocido que…

—Lo siento, mamá. Anoche salí y… sí, ya sé, lo siento… —frotó su frente mientras continuaba—. No podía conducir, así que me quedé en la casa de un amigo. Supongo que se me olvidó mandarte mensaje.

Se estaba metiendo en problemas, pero no había mucho más que pudiese hacer.

Nadie delata a Tom.

&

Bill suspiró y cerró sus ojos mientras su espalda se desplegaba en el colchón. Su piel cosquilleó con emoción cuando unas manos más ásperas acariciaron el hueco de su estómago. El toque era suave, y el cuerpo que estaba sobre él, lo protegía de una forma que casi le hacía sentirse a salvo.

Si no se tratara de Tom.

Esta vez se estaba tomando su tiempo para acariciar cada detalle del cuerpo de Bill con un toque ligero que lo hacía estremecerse. Estaba enfocándose actualmente en las manos de Bill, pasando las puntas de sus dedos sobre su arreglo de uñas y a lo largo de los tendones prominentes. Bill no pudo evitar preguntarse qué era lo que estaba buscando; él por su parte, estaba acostado sobre su espalda y cooperando. La curiosidad de Tom parecía haber superado su deseo sexual y por un momento, Bill no supo cuál lo ponía más ansioso.

Eventualmente, la irritación logró sobreponerse ante la inquietud, y Bill suspiró.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó, dando una pista de exasperación mientras Tom jugaba con sus manos.

Los ojos de Tom se levantaron a los suyos, y su mirada en realidad se veía tierna. Bill arrugó su frente.

—No lo sé —admitió Tom con la mirada perdida al sentir las puntas de los dedos de Bill. Bill suspiró y se forzó a ser paciente. Quería irse a su casa y luego meterse en la ducha y nunca salir.

Unos cuantos momentos pasaron y luego sintió las manos de Tom moviéndose hasta su pecho y acariciando su camino hacia arriba.

—No tengo senos, Tom —le recordó Bill, irritado. No importaba con cuántos tipos heterosexuales se había acostado; todavía le sorprendía cómo las manos de todos volaban directamente a su pecho sólo para que se les recordara que él no tenía nada interesante ahí. Y corregirlos por ello ya se había convertido en una reacción automática, más que nada porque le parecía irritable.

Tom se quedó callado por unos segundos, antes de que le diera un toquecito al pezón de Bill intencionadamente, haciéndolo jadear.

—Ya lo noté —dijo simplemente, mientras levantaba sus cejas y lo miraba con aburrimiento.

Sin embargo, Bill no tuvo tiempo para sentirse ofendido porque Tom había comenzado a toquetear el piercing con su pulgar, y batalló para conservar su compostura. Sus pestañas aletearon e intentó concentrarse en el hombre encima de él, pero lo encontró difícil conforme Tom más se dedicaba a torturarlo.

Bill gimoteó, preguntándose por qué su cuerpo lo traicionaba de esa manera. El distraído toqueteo  hizo que su entrepierna se apretujara contra su voluntad, y silenciosamente se maldijo a sí mismo.

Con una mirada dominante en su rostro, Tom le sonrió, y lo único que Bill pudo asumir era que estaba deleitándose con lo fácil que estaba siendo.  También pudo tener tiempo para molestarse por eso, pero muy pronto Tom se inclinó, capturando su pezón endurecido entre sus dientes, y le dio un ligero tirón.

—¡Tom! —Bill jadeó, con sus ojos abiertos ampliamente. Mientras una mano, instintivamente empuñaba las sábanas debajo de él, la otra voló hasta la cabeza de Tom en lo que pudo parecer un intento para empujar al otro, pero en lugar de eso, se agarró de él tan pronto como posó sus dedos en las trenzas tejidas de Tom.

Entre más lo tentaba la lengua de Tom, más se apretaba su agarre, haciendo que su espalda se arqueara y se retorciera dentro de su boca. Tom hizo un sonido bajo de aprobación ante la sensación. Y si Bill hubiese estado prestando atención, hubiera notado cómo los ojos de Tom lo miraban. Pero tenía sus cejas juntas y sus ojos se desviaban hacia arriba mientras aleteaban en conjunto por las sensaciones. Sus labios estaban entreabiertos y estaba soltando pequeños gimoteos que odiaba, pero en ese momento no podía importarle menos.

—¿Te gusta? —le preguntó Tom,  removiendo su boca y en lugar de eso presionando su pulgar en el pezón duro, y todo lo que Bill pudo hacer en respuesta fue gimotear sin poder contenerse. Su cuerpo se retorció bajo el toque de Tom, y su entrepierna empezaba a sentirse dolorosamente apretada.

Tom presionó más fuerte.

—¿Sí? —preguntó de nuevo, haciendo que Bill saltara.

—Umh… —contestó, evasivo, haciendo que Tom negara con su cabeza.

—Oh por dios —dijo en tono bajo, y agarró la mandíbula de Bill.

Bill jadeó por el fuerte agarre, y pronto fue seguido por los labios de Tom sobre los suyos. Respondió instintivamente y recibió a la lengua de Tom dentro de su boca, rápidamente permitiéndole dominar el beso. Su sabor era rancio, como el aliento mañanero con dejos de cigarro, pero Bill no podía quejarse. La boca de Tom era experta y su lengua exploraba su interior con una curiosidad ardiente. Le hizo gemir, y esta vez le faltó sentido para no dejarse llevar por el momento.

—Eres demasiado fácil —dijo Tom, tan pronto como aterrizó un suculento y último besito en los labios de Bill, antes de alejarse. Bill frunció el ceño, listo para protestar, pero Tom parecía tener otros planes en vez de escucharlo hablar. Agarró el miembro de Bill y le dio un lento y decisivo jalón, terminando con cualquier cosa que Bill tuviera para decir con una abrupta satisfacción.

Bill no pudo formar algo coherente para decir mientras la mano de Tom comenzaba a moverse más rápido. Parpadeó, su pecho se presionaba contra el de Tom mientras buscaba sus ojos. Pero pronto, Tom volvió a hablar.

—Y, la verdad… creo que podrías conseguir algo mejor que los imbéciles del equipo de futbol —dijo, enfáticamente, mientras se inclinaba para un beso, como si las palabras no significasen nada para Bill.

Aunque su entrepierna parecía satisfecha con ignorar las palabras que había escuchado, su cerebro las procesó rápidamente, y luego sintió un chorro de furia hirviendo.  Hizo una mueca, empujando a Tom, y se sentó derecho haciendo un sonido de enojo.

—Suéltame, Tom —demandó Bill, mirando al otro directo a los ojos, que se veían extrañamente vacíos de cualquier emoción. Cuando Tom decidió quedársele viendo, en vez de responderle, Bill negó con su cabeza.

—No tienes el derecho de hablar de , y de lo que hago. Así que basta.

No se sorprendió tanto cuando Tom lo agarró del brazo y lo jaló hacia él. Repentinamente volvió a donde estaba, mirando hacia arriba con un nuevo desprecio esparciéndose por sus rasgos. No le tomó mucho tiempo buscar para encontrar el propio destello de enojo en Tom.

Tom negó con su cabeza ligeramente, entrecerrando sus ojos.

—Verás, Bill… ahí es donde yace la ignorancia. Tú ya te hiciste tu reputación —aseveró—. No puedes defenderte si no te gusta lo que la gente dice de ti.

Bill pestañeó mientras las palabras de Tom lo golpeaban sin piedad, dejándolo sin palabras. No era completamente ignorante, sabía que la gente hablaba mierda. Pero en realidad nunca le había importado porque siempre había tenido su almohadón de carisma y encanto para protegerlo; el cual desafiaba a cualquiera a juzgarlo sobre cualquier chisme que escucharan.

Pero en ese momento, lo único que Bill pudo hacer fue voltear su cabeza, odiándose repentinamente a sí mismo. Comprendió que Tom podía ver a través de él. Y por primera vez, se sintió verdaderamente desnudo y expuesto, pero mucho más allá de lo que sólo la ropa pudiera cubrir. Tom no sólo se estaba apoderando de las partes que pudieran traicionar a su cerebro, sino que también ya había tomado control de lo que estaba escondido mucho, mucho más profundo.

Y dolía.

&

Los ojos de Sloane Harmann se entrecerraron cuando vio la entrada para autos de la casa de Tom. Rápidamente visualizó su auto estacionado a una corta distancia pasando de las escaleras que llevaban a la puerta principal, y detrás de él… había otro auto que nunca había visto antes.

—Oh, ¿pero qué demonios es esto? —demandó incrédulamente, inclinándose más adelante para poder ver por fuera de la ventana del lado del asiento de pasajero. Luego de considerar más opciones, le dio una ojeada a las numerosas abolladuras y puntos oxidados y descartó que pudiera pertenecer a algún familiar de Tom. No se dejarían ver con algo así.

Después, ladró una risa sarcástica al acelerar por la calle, mientras desplazaba su  lista de contactos de su teléfono hasta que encontró el número que estaba buscando.

Timbró dos veces antes de ser contestado.

—¿Hola?

Sloane rodó los ojos al disminuir la velocidad por una señal de alto.

—Nena, tú vives en la misma calle que Kaulitz, ¿verdad? —pausó—. Sí, fíjate en su estacionamiento. ¿Su auto está ahí?

&

—¿Es mío? —le preguntó Tom, mientras sus caderas encontraban un ángulo y embestía dentro de él. La espalda de Bill se arqueó y gritó, ya estaba balbuceando como un maldito loco, pero no le importaba. Tom lo hizo de nuevo, pero con más fuerza; aparentemente amaba la forma en la que podía hacer que el rostro de Bill se contorsionara y en lo alto que podía hacerlo gritar.

—¿Lo es? —le preguntó de nuevo, y esta vez, Bill reunió un buen juicio para asentir.

—Oh, ¡mierda! —chilló Bill, y luego Tom torció el pene de Bill en su mano—. ¡Tom…!

—Eso es, coño, grita mi nombre —dijo, dejando que sus caderas se estrellaran sin piedad contra el chico debajo de él. Bill sólo hacía lo que le ordenaba, portando una expresión hermosamente dolorida durante todo el tiempo.

No había pasado mucho tiempo después de que Tom lo hubiese humillado con su declaración anterior, antes de que repentinamente levantara el muslo de Bill a la fuerza y le hubiera dicho que sería mejor que aguantara, y habían empezado a hacerlo otra vez.

También había tenido razón, las caderas de Tom se movían casi furiosamente, y la fricción era casi tan enérgica que dolía, pero eso sólo logró excitar a Bill mucho más. Después de todo, era un hombre… le gustaba el sexo. Y le gustaba duro, y completo. La mayor parte del tiempo medía la calidad del acto en lo mucho que le costaba caminar después. Sintió los músculos de Tom ondeando sobre él, y sabía que no sería capaz de caminar.

Su ritmo se volvió más y más caótico mientras la promesa del orgasmo los intimidaba, y Bill supo que no iba a durar mucho más, a Tom tampoco parecía quedarle mucho tiempo. Le tomó todo lo que tenía aguantar su orgasmo con un grito particularmente fuerte.

Sin embargo, Tom no lo toleraría.

—Córrete para mí —ordenó, con su voz ronca y dominada por el placer. Hizo que Bill gimiera en respuesta, uno de esos gemidos necesitados y afeminados que solía hacer constantemente a pesar de lo mucho que los odiaba.

—Será mejor que te corras —decía Tom encima de él, y eso fue todo lo que se requirió para que una chispa delatante subiera por el cuerpo de Bill. Se corrió con un grito, derramando todo lo que tenía en la palma de la mano de Tom mientras el otro se concentraba en penetrarlo.

Con otras cuantas embestidas, Tom le siguió; sus músculos se tensaron y se pusieron rígidos sobre él. Bill definitivamente pudo reconocer la sensación del semen derramándose dentro de él y gruñó, por un rato había sido capaz de olvidar que Tom se lo había estado follando sin condón.

Tom se tomó su tiempo para desconectar su polla del ano abusado de Bill. Cuando lo hizo, Bill siseó, a sabiendas de que al menos por un tiempo, estaría dolorido. Sin embargo, si a Tom le importaba, no lo demostró, y posó otro beso palpe en sus labios. Bill lo dejó, aunque mantuvo sus ojos abiertos… tal vez lo había follado, pero eso no significaba que Tom merecía algún trato especial.

Y luego, finalmente, la realidad del momento se desplomó sobre él; ésta era la tercera ocasión, y por la forma en la que Tom se tiró a su lado, parecía que todavía no estaba dispuesto a dejarlo ir.

Volteó su cabeza a un lado y suspiró.

Mierda.

&

Sloane no podía creer lo que acababa de escuchar, y miró perdidamente fuera de su ventana mientras manejaba.

—¿Qué? —demandó, ya le estaba entrando un ataque de rabia.

Escuchó un resoplido desde la otra línea. Su amiga, Brittany, convenientemente, vivía justo del otro lado de la calle en donde vivía Bill Kaulitz, y acababa de darle las irrecusables noticias.

—Ya te dije, nena. No lo he visto en su estacionamiento desde ayer en la mañana.

Sloane sacudió la cabeza, con sus labios apretados en una línea fina.

—Oh, pues que empiece.

Continuará…

Alguien me había preguntado acerca del por qué del título de la historia y por qué Tom le pregunta a Bill sobre qué cantaría… ahí la respuesta. Sorry, no podía ser spoiler. 😛

Que pasen una linda semana, espero sus comentarios. ^^

por OuterSpace

Traductora del Fandom

4 comentario en “Canary 8”
  1. Tom se ha asegurado que Bill no lo delate con nadie.. sus palabras fueron muy hirientes cuando hablo de los tipos del equipo de futbol y oara agregar mas drama al pobre de Bill ahora Sloane va por su cabeza

    1. hola persona que leyo esta historia en el 2018, por favor dame un spoiler y dime que todo mejorara en los proximos capitulos

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