Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace

Capítulo 7

Vamos arriba —Bill sintió un tirón en su brazo, y el peso de la persona que se sentaba detrás de él desapareció.

¿Dónde estás? —se preguntó en voz alta al mirar su brazo estirado.

Vamos arriba —dijo la otra persona, jalándolo con más fuerza. Bill siseó por lo bajo, pero de cualquier forma no pudo resistirse, y se tambaleó hacia adelante. Ahora, estando en una posición vertical, hizo una mueca debido al alcohol revolviéndose en su estómago.

Quiero recostarme… —Bill gruñó, sintiéndose inútil. Nunca le iba bien con el tequila…

Nos recostaremos.

&

Su brazo estaba estirado, Tom tenía un fuerte agarre en su muñeca y lo estaba llevando escaleras arriba. Utilizaba una fuerza que, de alguna forma, le hacía difícil respirar, y el corazón de Bill latió con fuerza dentro de su pecho. Era como si estuviera caminando en una de sus pesadillas.

El pasillo era el mismo, largo y decorado escasamente. Lo único diferente, era que las paredes en contraste con el alfombrado, se veían saludables bajo la luz del sol, a diferencia de lo enfermizas que se veían bajo la luz de la luna. Caminaron hasta el final del pasillo, y lo primero que Bill recordó fue la puerta. Era la misma puerta de nogal que se cerró con bastante fuerza.

Entraron y Tom soltó su muñeca. Bill evitó hacer contacto visual y se entretuvo  mirando el piso, porque el color azul del cubrecama que estaba enfrente era suficiente para hacer que la bilis subiera por su garganta. Esta habitación, la habitación de Tom, siempre había sido el detalle que había recordado con más claridad. Las paredes de color gris claro, el colchón extra grande y las guitarras que colgaban del muro… todo eso. Era la misma canción, repitiéndose de nuevo.

Bill escuchó cómo la puerta se cerraba detrás de él con suavidad. Se quedó de pie en su lugar, tenso como una tabla al sentir cómo el aire detrás de él cambiaba y, de alguna forma, se volvía más pesado. Su columna se estremeció con anticipación mientras hacía su mejor intento para prepararse a sí mismo; sabía que Tom estaba de pie justo detrás de él.

Primero, sintió dos manos deslizándose por sus hombros. Apretó sus ojos con fuerza, intentando ignorar el giro repulsivo que dio su estómago mientras Tom le quitaba su cabello de la espalda y lo pasaba sobre uno de sus hombros; intentó no estremecerse cuando sintió su cálida respiración propagándose por su nuca, e intentó no retorcerse cuando sintió que sus labios se presionaron ahí.

Las manos fuertes y ásperas de Tom bajaron por los brazos de Bill, y se movieron a sus caderas, donde sus dedos exploradores alcanzaron el borde de su camisa y sintieron la suave piel debajo de ella. Su toque era suave y hacía que Bill se estremeciera y palpitara de la forma más inapropiada, pero no tuvo mucho tiempo para enfocarse en eso. Tom lo soltó y caminó a su cama para sentarse.

Se veía engreído. Y por más que Bill intentara no mirarlo directamente, sintiéndose ansioso, incómodo y exhibido, no pudo ignorarlo. Imaginó que Tom tenía el derecho… Bill había hecho lo que le había ordenado, no se había resistido. Y esa era la razón principal por la que tenía poder sobre él: tenía miedo de que lo buscara. Y ahora, Tom iba a obtener exactamente lo que quería de él. Bill estaba vulnerable, pequeño y fácilmente doblegable, igual que la primera vez.

—Ven aquí —invitó Tom, mirándolo atentamente, pero Bill no se movió. Miró a su alrededor e intentó retrasar lo inevitable, después se encontró con la mirada de Tom.

—¿Qué? —preguntó, tontamente, haciendo que la expresión de Tom cambiara. Todavía se veía tranquilo y divertido, pero su mirada era fría.

¿Qué? —se burló, riéndose—. Dije que vengas aquí.

Lo repitió con más fuerza, sonando un poco irritado con el otro.

No, quería decir Bill. No, vete a la mierda.

Pero no podía. ¿Qué tan alto sería el precio por su obstrucción? Bill nunca se había imaginado a Tom como alguien violento que pudiera molerlo a puños, pero también estaba en un territorio desconocido. Miró brevemente a su lado, viendo hacia la puerta. Si tuviera que correr, ¿qué tan rápido necesitaría hacerlo?

—No se va a abrir —dijo Tom, haciendo que Bill volteara a verlo. Sintió que su sangre comenzaba a ensordecer sus oídos. Se suponía que las puertas se abrían por dentro, así que ¿por qué no se abriría?

Debió lucir igual de asustado como se sentía porque Tom asumió una sonrisa divertida y enigmática mientras negaba con su cabeza.

—¿Quieres intentarlo? Anda, ve e intenta girar la perilla —animó, luciendo bastante entretenido con su propia incitación—. Está cerrada por fuera, Bill.

Bill ni siquiera iba a preguntar cómo era eso posible, y tampoco iba a comprobar si lo que decía Tom era cierto o no. Si intentaba abrirla y la manija no se movía, no le quedaría ninguna esperanza.

Obedientemente, cedió y dio unos pasos hacia delante con indecisión, deslizando su mano en la que Tom le había ofrecido. Tragó saliva con dificultad y se resignó a sus temores.

—¿Qué quieres? —preguntó valientemente, notando el perverso brillo en los ojos de Tom. Luego, una sonrisa de gato Cheshire se extendió en sus labios.

—Vas a chuparme la polla, Bill —dijo de forma casual, y Bill casi pudo rodar sus ojos.

¿En serio, imbécil? pensó, repentinamente irritado. Si Tom quería que se lo chupara, Bill bien pudo haberse arrodillado en los vestidores y ahorrarse el viaje hasta ahí.

—De rodillas —ordenó Tom, austero ante la falta de obediencia de Bill.

Bill quiso escupir sobre sus Jordans.

Muy bien, terminemos con esto, pensó; con el paso del tiempo, el tener que chupar tantos penes se había vuelto un acto tedioso en vez de sexual.

Mecánicamente se puso de rodillas entre las piernas de Tom, mirando fijamente sus manos mientras buscaban el cinturón del otro. No le importaba si Tom quería pensar que estaba a cargo, chupar pollas era fácil, e impersonal. Tom podía jalar  bruscamente de su cabello  todo lo que quisiera; si eso significaba que Bill podría salir ileso a cambio de una mamada, entonces eso es lo que le daría.

Antes de que cualquiera de los dos tuviera tiempo para pensarlo, bajó el cierre y palmeó con firmeza el miembro de Tom por encima de sus bóxers. Escuchó a Tom gruñir por encima de él, pero intentó no enfocarse en la persona a la que se lo estaba chupando, y en lugar de eso, se concentró en el miembro. Eso le ayudaba a mantener su mente clara.

Metió las puntas de sus dedos por debajo de la banda, dejando que el miembro excitado saliera de su confinamiento. Bill tragó saliva… estaba duro y erecto, y aunque se odió a sí mismo, lo admiró distraídamente mientras envolvía sus dedos alrededor de la engrosada carne. Tom estaba incircunciso y bien dotado, pero era un tamaño con el que podía trabajar sin tener que esforzarse mucho.

Sin más trepidaciones, y una repentina impaciencia que quería superar, se metió la punta en la boca, tentando la hendidura con la bolita de su piercing.

Tom siseó y deslizó sus dedos entre el cabello de Bill, tirando fuertemente de los mechones. Probablemente esperaba que Bill se encogiera de dolor por la fuerza de su mano, y se atragantara con lo que tenía en la boca, pero Bill ya tenía demasiada experiencia para eso. Reprimiendo el deseo de rodar los ojos y forzándose a sí mismo a enfocarse en la tarea que tenía entre manos, descendió con fuerza en el pene de Tom y chupó, usándolo como represalia ante el jalón de cabello injustificado.

 —¡Oh, mierda! —vocalizó Tom, haciendo que Bill levantara la vista justo cuando éste cerró sus ojos. Bill bajó de nuevo, bombeando y chupando justo como sabía que debía hacerlo. Odiaba la forma en la que las manos ásperas de Tom se sentían contra su cuero cabelludo. Sintió cómo Tom jalaba su cabeza hacia arriba y hacia abajo con su cabello, pero no por falta de instrucción. Ya podía sentir al otro hombre embistiendo en su boca, pero Bill no lo toleraría.

Empujó a Tom de vuelta al colchón y se movió hacia adelante, sujetándolo con fuerza con la ayuda de su mano libre mientras se concentraba en usar su lengua. Deslizó la bolita de su piercing desde la base hasta la punta, justo por encima de la vena que se extendía en la parte inferior del miembro, y tentó la cabeza de éste con breves lengüeteadas. Después descendió de nuevo, hasta el fondo del pasaje estrecho de su garganta. 

—¡Coño! —escuchó gritar a Tom, quien levantó sus caderas. Normalmente, Bill tomaba eso como una señal de que el clímax se acercaba; si hubiera estado en otra situación, hubiera probado su habilitad (o falta de habilidad) para durar, pero en ese momento le faltaba la fuerza para hacerlo.

Antes de que Bill tuviera la oportunidad para terminar, entrando con más fuerza mientras la respiración de Tom se agitaba más y más, se sintió a sí mismo siendo alejado del otro. Levantó la mirada, encontrándose con los ojos doloridos de Tom por un breve momento, antes de que su miembro se liberara de la boca de Bill con un sonido húmedo.

—Basta —ordenó Tom, y el corazón de Bill se hundió. No tuvo tiempo para pensar antes de que Tom se sentara derecho y jalara a Bill en su regazo. Bill se removió tontamente, sorprendido por la fuerza de Tom al levantar su cuerpo del suelo. Y luego sintió cómo el miedo se elevaba.

En un segundo, Bill estaba acostado de espaldas y Tom se cernía sobre él, viéndolo con ojos hambrientos.

—Aquí tú no tienes el control, Bill —dijo, con una mano viajando hacia arriba, por debajo de su camisa. Con eso, Bill sintió que su estómago daba un vuelco; sus miedos iniciales habían regresado. A Tom no le interesaban las mamadas. Tom iba a follarlo.

Los próximos momentos pasaron volando de forma mediocre. La primera cosa que reconoció, fue su camisa siendo arrancada de su cuerpo, junto con la sensación de unas manos fuertes pasando sobre su pecho. Rasguñaron sus costados, como si no hubiera suficiente piel para tocar. Después, una sola palma se cerró alrededor de su cuello, sin apretar. Observó a Tom inclinarse sobre él, y junto con una oleada de repulsión, sintió el roce de sus labios contra los suyos propios. La lengua de Tom lamió y mordió su labio inferior, casi forzando su entrada, y Bill mientras tanto forcejeó para apartar su rostro.

La mano de Tom apretaba su garganta cada vez que lo intentaba, y a pesar de la presión violenta, Bill entró en pánico. Su corazón se aceleró dentro de su pecho y su piel dolía bajo el toque que ejercía el otro hombre. Tom seguía sin aflojar su agarre en el cuello de Bill y le dificultaba la respiración; el miedo aumentaba con cada apretón.

Bill se retorció, intentando librarse e ignorando la forma en la que sus movimientos hacían que su piel ardiera ante el agarre de Tom; usó una de sus manos libres que Tom no tenía agarrada contra la cama, para intentar quitarse la mano de su cuello.

—Tom…

—Cállate —dijo con rapidez, aunque sí removió su mano. Bill, aliviado, recibió el aire que llenó sus pulmones con una bocanada, pestañeando rápidamente al mirar a su lado. Pero Tom todavía se estaba cerniendo sobre él, mirándolo.

Las mejillas de Bill se calentaron ante su mirada feroz, antes de que Tom tomara su rostro con un fuerte agarre. Su cara se torció incómodamente, pero no tuvo tiempo para reaccionar, pues Tom le hizo voltear hacia adelante haciendo que sus ojos se encontraran. Esta vez, los de Bill ya habían comenzado a arder con el escozor de las lágrimas, y con la presión que crecía; estaba seguro de que estaban empezando a derramarse.

Pero Tom estaba ocupado mirándolo de forma severa.

—No creo que quieras hacerme enojar, Bill —dijo, viéndolo con atención—. No me resistas.

Bill sintió los músculos de su pecho apretándose, mientras los primeros indicios de desesperación comenzaban a carcomerlo.

—No lo hagas —rogó, sin importarle que el tono de su voz lo hiciera sonar como una perra— Por favor, Tom.

Una pequeña sonrisa burlona se tejió en la expresión de Tom, mientras negaba lentamente con su cabeza. Bill lo observó, y con un recientemente encontrado sentido de abatimiento, dejó que sus ojos se cerraran.

Tom ya estaba alcanzando el cinturón de Bill, y con un suspiro tembloroso, Bill se doblegó. No sabía si Tom era capaz de lastimarlo físicamente, pero estaba poco dispuesto a averiguarlo. Tom había dejado claro que se adueñaría de él, ya fuera que Bill tuviera control o no.

Ya sin camisa, Bill se estremeció por la desnudez. Tom no perdió tiempo para sacarle sus pantalones estrechos, los cuales terminaron sacándole también sus calcetines; y después se quitó su propia camisa. Bill levantó la vista, mirando con admiración los fuertes músculos que conformaban su torso y haciendo que sus manos se retorcieran a sus lados. Si él tuviera el control, él estaría arriba. Él sería el que estuviera sentado a horcajadas sobre Tom, levantándole su camisa para sacársela por la cabeza y dejar que sus propias manos deambularan sobre la piel recientemente expuesta. Pero en vez de eso, las hizo puños.

Tom Trumper siempre había sido hermoso, un rostro atractivo con un buen cuerpo, y un ego más que confiado, lo suficiente para hacerlo irresistible. Pero en cuanto los dedos de Tom rozaron la línea de piel justo por arriba de su ropa interior, recordó la realidad. Tom Trumper siempre había sido hermoso, pero también siempre se había aprovechado de ello. Y todo lo que podía sentir, eran las sensaciones de la última vez que había tomado ventaja de un momento de debilidad de Bill.

El rostro de Bill se contorsionó ante los descuidados recuerdos. Tom encima de él. La mano de Tom presionándose entre sus omóplatos para sujetarlo contra el colchón. La otra mano que había usado para sostener su trasero levantado mientras impactaba dentro de él, una, y otra, y otra vez. Los parecidos no eran coincidencia.

Tom Trumper, la estrella principal de cada una de sus pesadillas, iba a violarlo. De nuevo.

Bruscamente, Tom le quitó su ropa interior y la lanzó a algún lugar lejos de la cama. El rostro de Bill quemó al saber que Tom lo estaba mirando mientras le pasaba sus manos por toda su piel.

Durante todo el tiempo, Bill mantuvo su mirada fija en la mesita de noche de Tom, ojeando el reloj que leía en números rojos y brillantes: 4:09. Tom había descendido, y Bill podía sentir su aliento caliente en la concha de su oreja mientras su mano serpenteaba al otro lado del rostro de Bill para forzarlo a ver hacia adelante.

Sus ojos llorosos se encontraron con los de Tom, reflejando toda su repulsión y su odio; estaba seguro de que no hubiera sido capaz de intentar ocultarlos. Pero incluso si Tom lo notó, no le dio importancia. En lugar de eso, lamió sus labios y presionó un beso en la comisura de la boca de Bill.

—Eres tan hermoso —susurró, haciendo que el pecho de Bill se derrumbara. Nunca antes en su vida  hubiera querido escuchar esas palabras salir de esa boca.

Bill se mantuvo en silencio mientras Tom se ocupaba a sí mismo presionando beso dulce tras beso dulce por el cuerpo de Bill: bajando por su rostro, por la suave piel de su cuello, sobre su clavícula, y en cada costilla prominente que salía un poco más de lo que debía. Sus dedos ásperos acariciaron su estómago de porcelana. En respuesta, Bill dejó que sus músculos se tensaran y se retorcieran, ahogando la preocupación nerviosa por lo que estaba a punto de suceder.

Tom ya estaba duro como piedra nuevamente, Bill pudo verlo… erecto y palpitante a través del canal abierto de sus pantalones. Para su propia sorpresa, el cuerpo de Bill todavía no lo había traicionado, pero cuando sintió que Tom agarró la parte inferior de su pierna para levantarla, supo que no duraría mucho.

Sintió un dedo de Tom rozar la línea de su trasero antes de zambullirse, haciendo que Bill cerrara los ojos. Tom delineó el contorno del agujero rugoso de Bill, dejando que una nueva oleada de escalofríos se propagara por todo su cuerpo, seguido inmediatamente por un irritante retorcijón de excitación. Bill reprimió un gemido ante la sensación que provocaba Tom tanteando su piel sensitiva con esos roces atrevidos.

Tom ya tenía al cuerpo de Bill respondiendo en todas las formas en las que no quería, cuando su dedo lo abandonó. Bill se removió en su lugar y esperó a que Tom no tuviera las intenciones de entrar en seco, lo cual fue suficiente para hacer que sus ojos se abrieran ante la nueva preocupación.

Bill aclaró su garganta, decidiendo arriesgarse.

—¿Tienes… ehm….

—No te preocupes por eso —Tom lo cortó, apretando una de las caderas de Bill mientras se estiraba hasta el buró a la izquierda de Bill, abriendo la gaveta y sacando una botella de lubricante. Con eso, Bill se dejó respirar con más calma, al menos el imbécil que estaba encima de él no era completamente descorazonado.

Fue sólo un momento después de que Bill escuchara el sonido delatante de la botella destapándose, que sintió un dedo de Tom tanteando su puerta trasera. Aunque esta vez, lubricado y más atrevido al penetrarlo, deslizándose y entrando con poca y casi nula resistencia. Bill jadeó, ya horrorizado consigo mismo por recibir instintivamente la intrusión.

Después se maldijo a sí mismo por ser semejante puta. Su reacción natural a la penetración fue flexionar su pierna para un mejor acceso, permitiéndole a Tom entrar más profundo. El dedo dentro de él se removió y se curvó, sintiendo las paredes a su alrededor; entrando y saliendo de él con sutileza. Pronto se le unió un segundo dedo y la respiración de Bill se volvió más y más agitada, lo cual Tom pareció apreciar. Bill tenía sus ojos cerrados y estaba demasiado avergonzado como para abrirlos, porque sabía cómo se veía su cara, y sabía que probablemente Tom lo estaba mirando.

Pero, a pesar de sus esfuerzos, sus ojos se abrieron  cuando Tom encontró su próstata.

—¡Ah! —jadeó, presionando su cabeza contra la almohada, mientras Tom comenzaba a tentarlo más. Las acciones enviaron un familiar sensación de cosquilleo por todo su cuerpo, junto con la sensación refrescante que le hizo apretar los dientes y que nunca fallaba para volverlo loco.

Bill se odió a sí mismo… se estaba poniendo duro.

—¿Te gusta? —preguntaba Tom por encima, pero Bill no tenía palabras. Tom estaba golpeando su bulto de nervios sin piedad, y los únicos sonidos que atinaba a hacer eran los pequeños gimoteos inteligibles que detestaba.

—Mmm, justo así, bebé —alentó Tom, y Bill apretó los labios con frustración; no se suponía que fuera así. ¿No debería, al menos, forcejear un poco? ¿Resistirse?  Al menos así, si Tom lo tomaba a la fuerza de nuevo, Bill siempre podría recordar que no se había quedado sólo ahí acostado y permitiendo que sucediera, como una perra.

Sin embargo, los dedos de Tom lo abandonaron, y el pecho de Bill exhaló. Cuando se atrevió a bajar la vista para ver lo que seguía, se concentró en los muslos recién desnudos de Tom, y después en su mano, la cual estaba lubricando su pene. Inmediatamente, Bill se petrificó.

¿De verdad este imbécil estaba pensando en follarlo sin protección?

—Tom… —protestó, al sentir las manos de Tom levantándole las piernas. Bill se retorció, en pánico, incluso cuando su interior se agitaba por el miedo de hacer enojar al otro. Escuchó que Tom hizo un sonido de frustración, y eso sólo alimentó su determinación para alejarse. Tom lo estaba agarrando para volver a ponerlo en posición, y esta vez en vez de usar sólo su fuerza, usó una fuerza bruta.

—¡Tom, no… no lo hagas! —rogó Bill, mirando a los ojos del otro, que brillaban con un incipiente sentido de rabia e impaciencia—. ¡Detente!

Pero ya había sido dominado. De alguna manera, Tom había logrado sujetar sus dos muñecas sobre su cabeza con una mano, mientras la otra levantaba el muslo de Bill.

Tom miró con determinación a los ojos de Bill, afectados por el horror, y le dirigió una mirada que lo retaba a volver a intentarlo.

El cuerpo tenso de Bill repentinamente quedó blando, sin fuerzas… no había forma de escapar. Y cuando sintió el pene de Tom entrar en él, supo que ya estaba jodido. Siseó, haciendo una mueca mientras arqueaba su espalda ante la repentina intrusión, retorciéndose por el dolor.

Tom gruñó por encima mientras se adentraba en él.

—¿Cómo mierdas es que estás tan apretado?

Bill no tenía una respuesta. Ya se estaba quebrando, sentía una presión creciente edificándose detrás de sus ojos. En algún punto, Tom había entrado completamente en él, y había comenzado a embestirlo. Las caderas del otro se posicionaron y pronto encontró un ritmo, del cual Bill tardó en percatarse al haberse ocupado a sí mismo mirando el techo.

Se concentró en intentar no hacer algún sonido que pudiera alentar al hombre que estaba apoderándose de él en ese momento, golpeando su próstata con una fuerza deliciosa; embistiendo dentro de él de una forma que fácilmente podría volverlo loco. Gruñidos dominantes, gemidos y una respiración agitaba repicaron en sus oídos durante todo el tiempo. Sentía cómo su propio cuerpo lo traicionaba, ante la voluntad de Tom; estaba medio erecto y casi rogando excitarse más, pero la inmensa presión detrás de sus ojos era suficiente para recordarle que debía resistir. Sintió sus ojos hinchándose mientas Tom se acercaba más al clímax.

Martilleó dentro de Bill con bombeos desesperados, y claramente ya estaba perdiendo el control de sus propias caderas para cuando Bill notó los nuevos y casi frenéticos sonidos que Tom estaba haciendo. Su agarre en las muñecas de Bill bajó a sus caderas, aplastando directamente sobre el hueso, y sus uñas cortas rasgaron líneas en su piel.

Desesperado por terminar con eso, Bill apretó su aro de músculos en torno al pene de Tom, haciendo que el otro gritara.

—¡Mierda! —gritó Tom, mientras Bill lo apretaba, en secreto esperando a que le doliera, aunque fuera sólo un poquito.

No pasó mucho tiempo antes de que Tom encontrara su clímax. Bill jadeó cuando sintió el semen de Tom dentro de él, se sintió como basura mientras éste se disparaba en su interior.

Pareció trascurrir una eternidad antes de que finalmente Tom se derrumbara todo sudado sobre él, y Bill sintió cómo su casi-excitación se desvanecía por la falta de atención.

—Tom —empezó Bill, al intentar quitarse al otro de encima—. Estás pesado.

Lo dijo con derrota, inmediatamente sintió al otro desconectarse de él y rodar a un lado.

Cuando lo hizo, Bill se dio vuelta sobre su costado, dándole la espalda. Miró la puerta abierta del baño que estaba en frente, alcanzando a ver el retrete, repentinamente sintió ganas de correr a él. Su estómago no tenía mucho en su interior, pero se revolvió de una forma que le hizo saber que si se movía, vomitaría.

Su respiración se aceleró con la idea, y entonces, la primera lágrima osada corrió por su mejilla. Tenía demasiado miedo de salir de la cama, lo cual le hizo darse cuenta de lo mucho que eso le hacía querer morirse. ¿Cómo había llegado a esto?

Tom debió sentir el temblor en los hombros de Bill cuando amenazó con sollozar, porque de repente lo tuvo justo atrás, cerniéndose de nuevo sobre él. Bill estaba desesperado por controlarse antes de que el otro tuviera tiempo de hacer algo con él, pero la proximidad de Tom sólo lo empeoraba todo.

Bill se encogió al sentir el ligero roce del dedo de Tom sobre su mejilla, secando las lágrimas cuando caían.

Shh, no llores.

Continuará…

Y ahora sí, díganme lo que opinan. *-*

Muchas, muchas gracias por todos sus comentarios. 🙂

por OuterSpace

Traductora del Fandom

5 comentario en “Canary 7”
  1. Yo no lo había leído y entendí que Bill fue ultrajado pero nunca creo que el idiota de Tom fue su agresor, Dios pobrecito de mi Bill, no puedo comentar más porque todos no lo termino de leer.💗

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