
Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
Capítulo 5
Bill decidió que la clase de sociología era una excusa perfectamente buena para tomar una siesta. Después de intentar (y fallar) mantenerse despierto durante quién sabe qué película que la maestra había puesto, Bill había logrado juntar suficiente “me importa una mierda” como para bajar la cabeza. Y lo hizo con un golpe fuerte e impresionante.
Si la maestra Leonard tenía algún problema con eso, podía venir y tragarse su pene también.
Sociología resultó ser su primera clase del día, en una larga lista de otras clases… sólo que agregándole un giro inesperado: resultó que compartía la clase con Sloane. Y mientras la perra parecía tener su atención dirigida a la pantalla, Bill no pudo evitar sentirse intimidado de todas formas.
—Cabeza arriba, Kaulitz.
Bill gruñó, deseando en secreto poder tener una cuchara de madera para sacarle los ojos a la maestra, pero de todas formas obedeció. Pretendió poner atención a lo que pasaba en la pantalla, pero, a pesar de sus esfuerzos, pronto encontró a sus párpados cerrándose.
La noche pasada, al igual que la mayoría de sus noches, había estado más llena de él removiéndose en la cama dando vueltas en vez de dormir. Y la maestra Leonard parecía amar recordárselo, a pesar de que sólo habían pasado tres días del año escolar.
Después de diez minutos más de intentar mantenerse concentrado, pudo sentir su cabeza cayéndose de su mano mientras se recargaba sobre ella. Tomó un total de cinco segundos para que su frente finalmente cayera sobre el acrílico.
—¡Señor Kaulitz!
Luces destellantes.
Música.
Risas, y el olor a alcohol.
Estaba ebrio. O drogado. O algo así. El punto es que estaba algo… y era fabuloso.
Y en algún momento, se tropezó sobre un sofá libre.
O… quizá no tan libre. La respiración de Bill se aceleró cuando una mano se deslizó por su espalda, ¿Que no había estado solo antes?
No es que importara. De cualquier forma, estaba bastante contento con la sensación.
—Mm… —se encontró a sí mismo gimiendo ante el contacto, y sus ojos revolotearon hasta cerrarse debido a la sensación en carne viva. Una mano fuerte y áspera apretaba la piel expuesta de su cadera, donde su camisa se había levantado, y lo apretaba con fuerza. Y entonces, sintió una cálida respiración sobre su oreja. Y después, labios sobre su cuello.
—Eso se siente rico —comentó, soltando una risita cuando unos dientes comenzaron a mordisquearlo.
Un momento…
Entonces, ¿quién estaba detrás de él?
—Bill… —parpadeó. Demonios, ¿quién lo estaba sacudiendo?
—Bill, despierta —escuchó que dijo una voz distante, seguida de un mar de carcajadas. Se sintió a sí mismo despertar con la sacudida de una mano firme que no era la suya, y fue rápido para quitársela de encima.
—No me toques.
Pestañeó y levantó la mirada, encontrándose con una muy perturbada maestra. Y a su alrededor, todos en el salón lo miraban desde sus asientos.
—Ooh, eso se siente rico —escuchó a Sloane burlándose de él desde algún lugar lejano, y Bill sintió sus ojos rodando hasta la parte trasera de su cabeza.
—Mierda —murmuró, volviendo a bajar la cabeza. No importaba, de todas formas ya estaba jodido.
—¡Cabeza arriba, señor Kaulitz!
&
Recibió una semana de castigo por eso. En la cual, debería ayudar al final de la semana al maestro Donald, el entrenador de fútbol, monitor de la cafetería y maestro de computación. Lo cual probablemente también significaba que, aunque hubiera estado perfectamente feliz limpiando los monitores de las computadoras, en lugar de eso probablemente se la pasaría ayudándolo durante las prácticas del equipo de futbol.
Yey.
Aunque probablemente le hubiera ido mejor si no le hubiera dicho a la maestra Leonard que se fuera a la mierda cuando lo había mandado a la oficina del director. Bill se quedó quieto por un momento, pensándolo bien y después se encogió de hombros.
Valió la pena.
Sin embargo, la mirada desaprobadora que su madre le estaba mandando, no lo hacía sentir nada mejor. Durante la última hora habían estado dándole vueltas a lo mismo; Bill era la roca, y su madre tomaba turnos para cincelarlo.
—Bill, habla conmigo —decía, sonando dramática. Bill quería rodar los ojos, pero sabía que no era justo. Eran bastante cercanos, compartían todo el uno con el otro. ¿Por qué parar ahora?
—Tú nunca, nunca has actuado así. Nunca —siguió, alimentando su incontrolada irritación. No quería actuar como un completo imbécil con su propia madre, pero…
—No hay nada de qué hablar —insistió, encogiendo sus brazos cruzados. Tenía su espalda apoyada contra una de las sillas de la cocina, pero aunque intentara lucir relajado, todo su cuerpo estaba rígido contra la madera—. Olvídalo.
Simone chasqueó la lengua.
—Bill, ya basta.
—Tú puedes parar en cualquier momento —bromeó, odiándose a sí mismo.
—¿Por qué estás siendo tan terco? —sus ojos se veían suplicantes, pero Bill tuvo que desviar la mirada.
Parecía que estaba al borde de las lágrimas, y no había nada más horrible que ver a su madre llorando. Incluso peor, sabiendo que era su culpa.
—Sólo dime —imploró.
—No pasa nada, deja de preocuparte.
—¿Cómo podría? Te estás portando mal, faltándole el respeto a tus maestros… ¿y en dónde están tus amigos? Lo único que haces es encerrarte solo en tu habitación, Bill. Y tú no eres así. Algo está pasando, ¡y me estás mintiendo en mi propia cara!
—No —Bill negó con la cabeza, forzándose a sí mismo a mantenerse en calma.
—Soy tu madre.
—¿Y? —preguntó, inmediatamente encabronado. Vio algo de dolor pasar en sus ojos color avellana, y por un segundo se sintió mal, pero era como si se lo hubiera buscado. Bill apretó los dientes—. Si quisiera contarte algo, madre, entonces ya lo hubiera hecho.
Se levantó de su silla y empezó a alejarse.
—Bill…
—OH, POR DIOS, ¿qué? —explotó, dándose vuelta—. ¿Qué, mamá? ¿Qué es lo que te cuesta tanto entender? ¡Sólo quiero estar solo!
Su repentino arrebato emocional debió poner alerta a su padre, quien repentinamente hizo su aparición en la cocina desde otra habitación. Sus ojos viajaron a su consternada esposa, y después hacia Bill, quien estaba lívido.
Bill le disparó una mirada, sin importarle.
—¿Qué? —espetó, de forma venenosa.
Sabía que tendría que lidiar con las consecuencias después, pero por ahora, todo lo que quería era una excusa para correr y saltar de la ventana de su habitación en el segundo piso. La mirada de Jorg se volvió afilada.
—Vete a tu cuarto, Bill —dijo severamente, haciéndose a un lado.
—Por fin —se quejó Bill, empujando a su padre al pasar.
—Jorg… —Simone protestaba, pero Bill ya había subido las escaleras para cuando la escuchó hablar. Cerró la puerta de un portazo tan pronto como entró a su habitación, y después se desplomó en su cama.
Por varios segundos, Bill observó su techo y escuchó las voces elevadas de sus padres que emanaban desde abajo. Probablemente su padre le daría una bofetada por eso.
Pestañeó, antes de dejar que sus ojos se cerraran. Inhaló profundamente y suspiró.
—Ya no me importa.
&
—¿Y qué pasa con tu mujer? —le preguntó Georg, poniéndose cómodo en uno de los grandes asientos puff de Tom.
Tom se mofó, mientras se ocupaba a sí mismo colocando su guitarra correctamente en su estuche. Ambos habían estado tocando sus propias guitarras en la última hora.
—Igual de pesada que siempre.
Georg sonrió, a sabiendas.
—Está loca, hermano.
—Eso lo sé —argumentó Tom con una risa—. Aunque en realidad no estoy interesado en lo que tiene aquí.
Señaló su cabeza.
—No te culpo —concordó el otro.
Varios segundos de silencio pasaron, y Tom volvió a hablar mientras se sentaba derecho.
—De todas formas, creo que pronto me desharé de ella.
Georg mordisqueó sus uñas ya cortas y gruesas. Resopló.
—¿Qué? ¿Que acaso alguna de tus otras putas ya te interesó más?
Tom hizo una mueca.
—Ya me deshice de ellas —respondió en breve, mirando atentamente al otro chico.
Una pausa.
Georg movió sus ojos hacia su amigo, quien portaba una extraña expresión, y lo estudió por unos breves momentos antes de inhalar profundamente.
—¿Qué te pasa, hombre? —preguntó y entrecerró sus ojos—. ¿Qué es esa mirada?
Tom sonrió.
—¿Qué? Nada —se encogió de hombros, luciendo petulante.
Georg negó con su cabeza, conocía demasiado bien a su amigo.
—No lo intentes, amigo —le aconsejó, inclinándose hacia adelante.
Tom se rio, claramente disfrutándolo.
—¿De qué hablas?
—Los rumores.
—¿Qué rumores? —molestó Tom, con una sonrisa maliciosa en su rostro.
—Sabes perfectamente bien cuáles putos rumores.
Sin embargo, Tom seguía riendo.
—Hombre, no tienes ni idea.
&
Bill estaba recostado en su cama, con sus sábanas cubriéndolo hasta el mentón. Su corazón latía fuertemente en su pecho, y sabía que algo malo se aproximaba. Estaba seguro.
Y no sólo porque todavía estaba esperando el rollo de su padre potencialmente enojado, por haber hecho llorar a su madre. No.
Era peor.
Bill sopló un largo respiro de sus labios y cerró sus ojos, como si fuera algún desolado tipo de resignación. No dormiría mucho esa noche.
Continuará…
Si no saben cómo es un sofá/asiento puff, he aquí una imágen de un ejemplo para que se den una idea. Claro, ése está muy bonito y personalizado. xD
Y bueno, ¿qué tal? ¿Ya se dan una mejor idea de lo que podría estar pasando, o seguimos igual de confundidas?
Muchas gracias por todos sus comentarios. Espero que sean pacientes, porque se viene lo bueno en los próximos capítulos. ^^ ¡Saludos!
Georg no idiota y sabe que Tom le oculta algo y que los rumores que corre sobre Bill no están tan lejos de la verdad.
Volviendo a leer esta magistral obra y aún me sigue haciendo sentir tan impotente por Bill, la narrativa hace que yo misma me sienta asfixiada pff simplemente de mis favoritas 💖