Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
Capítulo 4
Después de la primera vez, no había sabido cuál era su problema. A la segunda, estaba seguro de que sólo estaba exagerando. Pero a la tercera, cuarta e infinita cantidad de veces en las que se había sobresaltado cuando su padre lo tocaba, estaba seguro de que se trataba de algo permanente.
No había sido su intención, de hecho, se había prometido a sí mismo que, eventualmente, aprendería a tranquilizarse. Sin embargo, aparentemente, hoy no había sido uno de esos días.
Era domingo por la mañana y había estado rebuscando por la cocina, después de haberse rendido con seguir durmiendo. El olor del café llenaba la habitación, y su estómago se agitaba, lo cual significaba que, probablemente, necesitaba consumir algo antes de que el pobre terminara digiriéndose a sí mismo. Pero, justo cuando había decidido que no estaba muy entusiasmado por comer algo, sintió una mano tocando su hombro.
—¡No me toques! —exclamó Bill, alejándose de la mano callosa en su hombro desnudo. Cuando volteó y vio que, efectivamente, era su padre de nuevo, quiso aventarse a sí mismo por la ventana. No tenía forma de explicar el completo abuso de miedo absoluto que se había disipado en él, sólo por la mano de su propio padre.
Jorg Kaulitz no era un mal hombre, a veces era huraño y vastamente evasivo, pero nunca como para merecer una reacción así. De hecho, Bill estaba bastante seguro de que sólo lo había tocado porque Bill estaba bloqueando su acceso a la cafetera.
—Lo siento —exhaló, parpadeando e intentando calmar su tensión—. No te me aparezcas así.
Intentó sonar desenfadado, pero sabía que Jorg se sentiría frustrado con él de todas formas. Su padre lo miraba con una sorpresa un tanto preocupada, y Bill respiró hondo. Observó al hombre mayor rascándose la barba incipiente de su mejilla al inhalar profundamente.
Moviendo sus ojos hacia su hijo, quien lucía inusualmente pequeño, y quizá un poco avergonzado, suspiró.
—Ok, Bill. Nunca te he preguntado esto, incluso cuando tal vez debí hacerlo, pero, hijo… —su padre se puso a su nivel—. ¿Qué tienes?
Se aseguró de hacer énfasis en cada palabra que dijo, mientras la mirada severa en sus ojos azotaba como una piedra en el estómago de Bill.
No sabía qué hacer.
—…perdón, papá. Es que me asustaste, eso es todo —dijo Bill, al bajar su cabeza, y casi salió corriendo de la cocina.
No había forma de que pudiera someterse a sí mismo a una conversación con su padre, quien casualmente había estudiado psicología hace un millón de años cuando estaba en la universidad. No ganaría. Aunque Bill estaba bastante seguro de que podía esperar una visita de su madre más tarde, para que ella pudiera terminar con su trabajo sucio.
—Mierda —exhaló al apoyarse contra la madera de la puerta de su habitación, mirando el techo. La fachada que había usado, ya había empezado a fallarle.
Cerró sus ojos.
—Sólo llévame ya.
&
En ocasiones, le costaba bastante entender algunas cosas. Así como cómo solía amar la atención. Y cómo siempre había sido la personalidad que podía tener a una persona en la palma de su mano, si se lo proponía. Por eso, y por su destacado y carismático talento, básicamente había sido capaz de vivir su vida, sus estudios y sus ambiciones, en base a casi nada.
Y ahora se daba cuenta de que, sin eso, tenía mucho de qué preocuparse.
Sus amigos habían estado atacando su teléfono desde la noche anterior, intentando convencerlo de salir por primera vez en dos meses. Era una de las únicas ocasiones en las que se lamentaba de tener cerca de 50 contactos diferentes en su teléfono que fueran verdaderamente amistosos.
Justo mientras pensaba en los pros y los contras de intentar al menos mantener algún tipo de apariencia, escuchó un golpe a su puerta. A decir verdad, había estado esperándolo, pues había estado esperando una visita de su madre desde el momento en el que se dio cuenta de que había regresado de su trabajo, desde hace una hora.
Bill mordió su labio. Las luces estaban apagadas, la habitación estaba a oscuras… si pretendía estar dormido, probablemente no lo molestaría.
O tal vez no.
De repente, la puerta se abrió, y la luz del pasillo fluyó a través de la oscuridad, bailando alrededor de dos figuras que estaban de pie bajo el marco de la puerta.
Bill se sentó, parpadeando.
Y entonces, la luz se encendió, revelando las dos caras que definitivamente no había estado esperando, nada más y nada menos que Zoey y Natalie. Bill se les quedó viendo acusadoramente por un momento, antes de que invadieran su espacio.
—¿Sabes, Bill? —empezó Zoey, desplomándose en el borde de su cama, mientras Natalie se sentaba en la silla de su escritorio—. No sabemos qué es lo que sea te tenga tan deprimido…
—Pero decidimos que no es aceptable —Natalie terminó por ella, y ambas compartieron una sonrisa. Tal vez Bill siempre había sido más cercano a ZoZo, pero ella y Natalie siempre habían parecido compartir un mismo cerebro.
—Vas a salir esta noche —dijo Zoey con un asentimiento, luciendo muy complacida consigo misma.
—Y no aceptamos un “no” por respuesta —intervino Natalie, y Bill las miró con furia a las dos.
—De verdad no quiero, chicas. No estoy de humor…
—No te vamos a arrastrar a una fiesta… —ZoZo se apresuró a decir—. Pensamos que tal vez podríamos sólo ir ver una película o algo así.
Bill hizo una mueca, en verdad no quería ir a ningún lado esa noche. Pero, así como estaban sus opciones, supuso que una película era la menos amenazante de todas.
Suspiró, resistiendo el deseo de rodar sus ojos.
—¿Qué película?
Después de casi diez minutos de que las chicas discutieran si era aceptable o no usar pantalones de chándal para ir al cine, eventualmente, Bill se rindió y empezó a rebuscar en su closet en busca de algo decente, por definición, para ponerse. Por ahora, estaba echándole un ojo a una de sus muchas camisas delgadas y de manga larga y a un par de pantalones negros ajustados, y justo cuando estaba a punto de sacarlos de los ganchos, sintió que le lanzaban algo.
—¿Qué mierda? —preguntó, confundido, al darse vuelta y ver una camisa roja echa bola a sus pies.
—¿Qué hay de ésa? —le preguntó Natalie, mientras Bill se agachaba a recogerla.
—Te he visto usarla muchas veces —añadió la chica.
Mientras Bill comenzaba a desdoblarla en sus manos, pudo sentir que el color se drenaba de su rostro.
Miró el diseño grotesco en la parte frontal, estampada con líneas rizadas de colores negro y plateado, repentinamente deseando poder lanzarla hasta el otro lado de la habitación.
Oye, relájate. Soy yo, ¿recuerdas?
Bill se sobresaltó, pestañeando mientras el recuerdo nublaba su mente. Sacudió su cabeza y aventó la camisa de vuelta al cajón del que había salido, intentando verse tan natural como le fuera posible.
—¿Estás bien? —le preguntaba Zoey, saltando de la cama, con una apariencia preocupada pintada en su rostro—. Te ves un poco pálido.
Bill tragó, logrando dragar una sonrisa.
—Sí, no hay problema —se volteó y tomó su atuendo elegido de los ganchos detrás de él—. Me voy a poner estos.
Ambas le dieron una mirada despectiva y volvieron a sentarse en su cama, y Bill dejó que sus ojos deambularan de vuelta hacia la gaveta nuevamente. Pudo haberse ahogado cuando lo escuchó…
Shhh. No llores.
&
“Infiltrados en la Universidad” no había resultado ser tan mala película. Normalmente nunca se saltaba directamente a la opción de ver algo de comedia, pero supuso que sería una buena excusa para admirar a Dave Franco y Channing Tatum al mismo tiempo.
Aunque, después de prácticamente estarse muriendo de hambre todo el día y de repente tener un estómago lleno de nada más que de rosetas de maíz, estaba empezando a sentirse con nauseas. Estaba impaciente por recostarse en el asiento trasero del auto de Natalie, pero después de haberse encontrado con algunos amigos en el lobby de cine, había resultado claro que las cartas no estaban a su favor.
Bill pretendió estar interesando en la conversación por unos cinco minutos antes de desconectarse. No era que le resultaran insulsos, sólo que… encontró que mientras continuaban hablando, se volvían más desesperantes de lo que antes había notado.
En vez de intentar mantenerse al corriente con ellos sólo porque sí, Bill decidió desviar su atención a sus alrededores, con la esperanza de encontrar algo más atractivo en qué enfocarse. Pudo ver a algunos colegas peleándose, niños gritando, Sloane Hartmann viéndolo como si fuera una leona orgullosa…
¡Mierda!
El corazón de Bill se aceleró en su pecho al intentar desviar la mirada, pero sabía que ya era demasiado tarde. La chica ya había estado mirando en su dirección, mientas se colgaba de la figura alta que estaba a su lado. Por supuesto, la figura alta resultó ser nada más y nada menos que Tom Trumper.
Tom parecía no haber notado a Bill, en lugar de eso parecía estar burlándose con algunos amigos, pero Bill sabía que ya estaba jodido. La pobre loca y celosa de Sloane probablemente había pensado que Bill estaba mirando a su hombre, lo cual era más que suficiente razón para que Bill quisiera tirarse de un acantilado. Esto no terminaría bien para él…
Le dio un codazo a Natalie.
—¿Ya nos podemos ir? —susurró en su oído, y la chica le envió una mirada al borde de la irritación. Aunque, después de medio segundo de haber estudiado su rostro, debió reconocer la apariencia inquieta que lucía porque de repente los ojos de la chica miraron detrás de él, y después los entrecerró.
—Oye, Zoey, mira quién está ahí —dijo, mirando en la dirección en donde estaba Sloane. ZoZo también giró su cabeza, y sus rostros reflejaron la misma expresión.
—¿Qué mierda cree que está viendo? —escupió, cruzándose de brazos.
—¿Podemos irnos? —pidió Bill de nuevo, al sentir cómo sus nervios comenzaban a crisparse.
—No, en serio. Si esa perra quiere mirar, entonces yo también voy a mirar —dijo ZoZo, haciendo su mirada de perra, patentada. Bill vio a Natalie hacer lo mismo, sintiéndose repentinamente como un pedazo de carne.
Mientras más permanecía ahí de pie, más podía sentir cómo la temperatura aumentaba y cómo las rosetas comenzaban a burbujear en su estómago. Sloane estaba prácticamente colgando de Tom, intentando robar su atención, pero ya era demasiado tarde. Al voltear a verlos, Bill pudo ver cómo los labios de Sloane se movían al hablarle a Tom, intentando verse tan sexy como pudiera, pero la atención de Tom ya estaba enfocada en otro lado.
Lo había visto.
Bill se estremeció, prácticamente podía sentir a Tom desnudándolo con la mirada.
De ninguna forma se sometería a sí mismo a esa clase de tortura.
—Voy a salir —dijo, ausentemente, y salió huyendo hasta la puerta. En ese momento, no podía importarle si alguien lo seguía, sentía como si fuera a…
Una vez que Bill dio vuelta a la esquina del cine, fuera de la vista de todos, se dobló hacia adelante, vaciando los contenidos de su estómago sobre la acera.
Bill gruñó.
—Genial.
Continuará…
¡Tah-dah! A que no esperaban capítulo tan pronto. ;D En este capítulo vimos un par de pequeños detalles importantes… pero todavía nos queda mucho por ver. ¿Alguien se quiere atrever a adivinar qué es lo que está pasando? 🙂
Muchas gracias por leer y mil gracias por comentar. <3 Que tengan una excelente semana.
Pobre Bill en verdad esta haciendo un gran trabajo en ocultar que le esta pasando.
Nunca me canso de leer esta historia xD
Q pasa Bill temo lo peor bb😭