Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace

Capítulo 18

Su hijo no es como el resto de los niños, señora Trumper.

La primera vez que escuchó esas palabras fue durante un día frío y lluvioso. Los ojos de Charlotte Trumper se fijaron a la ventana que estaba frente a ella y observó cómo las gotitas de agua impactaban contra el vidrio y luego se escurrían por él. Tomó un profundo respiro y contempló las palabras correctas para hablar, antes de decidirse por la primera cosa que saltó a su mente.

Por eso lo traje aquí, Carol —le echó un vistazo a la doctora, la Dra. Netter, quien estaba frente a ella con una mirada triste—. Una madre siempre sabe.

La Dra. Netter era una persona de apariencia seria, cuyos ojos sostenían ciertos rastros de importancia y conocimiento. Después de todo, era la mejor psicóloga infantil en Washington. Charlotte había conducido dos horas ahí junto a Tom para una cita, y acababa de comenzar a preguntarse si había valido la pena. Las primeras palabras que habían salido de la boca de la doctora habían sido lo único que ya sabía a ciencia cierta.

Seguro que sí. —respondió Netter, uniendo sus manos en frente de ella mientras con la otra tomaba sus notas.

¿Tienes hijos? —preguntó Charlotte, sintiendo de alguna forma la necesidad de andarse con rodeos.

No —escuchó, acompañado por un suspiro—. Tal vez la opinión que tengo sobre su hijo no es algo que quiera escuchar, señora Trumper.

Charlotte negó con su cabeza.

Siempre he sabido que es diferente y…  —su voz se quebró—. Temo por él, Carol.

Tal vez todavía no deba hacerlo, señora Trumper. Es casi imposible diagnosticar a un niño con cualquier desorden de personalidad cuando son tan jóvenes. Con siete años, podría tratarse sólo de un niño introvertido, en el mejor de los casos.

Carol —Charlotte levantó una mano—. Por favor.

Vio a la doctora asentir.

Es brillante. Tiene un IQ de 136 y es, por mucho, el más alto que he registrado. Sin embargo, su inteligencia emocional es remarcablemente baja… más baja que la de cualquier niño de su edad.

¿Qué intentas decir? —espetó Charlotte, impaciente. Todas ésas, eran cosas que ya había notado en su hijo, y temía que sus sospechas sobre el por qué era así, estuviesen a punto de ser validadas.

Es muy joven para saberlo por seguro, señora Trumper. Y quiero que sepa eso y que lo tenga en mente para lo que estoy a punto de decirle.

Tomó un respiro y Charlotte se preparó para lo peor.

—…basándome en lo que he reunido hasta ahora, puedo concordar con que Tom sí muestra algunas características de lo que parece ser un trastorno antisocial de personalidad.

Charlotte suspiró, ya esperaba una respuesta así. Cuando Tom decidía portarse mal, como la primera vez cuando ella había presenciado cómo molía a golpes a uno de sus amigos y se alejaba como si no hubiese hecho nada, o como cuando había expresado su violento disgusto por los animales al torcerle el cuello a un ave, y al ver, con el pasar de los días, cómo parecía cada vez menos un niño, su esposo Gordon había dicho que “era cosa de chicos”, pero ella sabía que algo andaba  mal con él.

Un sociópata —se aventuró, mirando por el vidrio de visión unilateral hacia el área de juegos donde dos enfermeras intentaban hacer hablar a su hijo—. ¿Cuándo se puede estar seguro?

A veces a los dieciséis. Pero, señora Trumper, hay formas para asesorarlo. Siempre hay maneras para intentar ayudarlo a socializar… en esta etapa, nada debería considerarse absoluto.

Si no lo hiciera, entonces no tendría razón para estar aquí —Charlotte le envió una mirada conocedora a la doctora, quien tuvo la decencia de escuchar sus palabras y asentir.

Está bien.

&

—Esta vez la jodiste de verdad, Tom —Georg lo regañó justo cuando comenzaron a bajar por las escaleras de los tribunales. Apenas era mediodía, y su fianza ya había sido pagada desde hace una hora.

—No —Tom lo corrigió cuando se detuvieron al final de un set de escalones. Luego se volteó para mirar a su amigo con una expresión seria—. Sawyer lo hizo.

Georg no le hizo caso.

—No estoy hablando de eso, hombre —negó con su cabeza y Tom hizo una mueca—. ¿Sabes? Te he estado protegiendo de tu mierda desde que podíamos caminar, sólo porque sentí que me necesitabas, pero esta mierda que tienes con Bill… ¿Qué estás haciendo, Tom?

—¿Qué? ¿Sientes pena por él, Geo? —se burló Tom con ojos entrecerrados, mirando a Georg quien también portaba una mirada severa.

—Siento pena por todo aquel que lastimas —respondió fríamente, negando con su cabeza—. Pero lo que no entiendo es por qué has durado tanto tiempo con esto.

Tom resopló.

—No puedo sentir remordimiento, ¿recuerdas?

&

Ha crecido desde la última vez que lo vi —observó la Dra. Netter, ignorando el bufido con el que Charlotte le respondió.

Han pasado ocho años, me asustaría si no fuera así.

Carol negó con su cabeza.

No me refería a eso.

Ambas mujeres compartieron una mirada y Charlotte sintió que sus rodillas se debilitaban.

Se ha metido en algunos problemas, Carol. Debí escucharte.

La mujer mayor parpadeó.

Sí, probablemente. Pero ya no podemos preocuparnos por eso.

Charlotte hizo un ademán de exasperación, negándose a dejar que su frustración se convirtiera en lágrimas.

Pero aun así, no diré nada que pueda condenarlo, Carol… me niego.

Es entendible.

¿Entendible? —Charlotte se mofó—. He ido con tres psicólogos infantiles después de ti y todos me han dicho que debería recluirlo… todos parecen saber que ha hecho algo horrible, excepto yo, porque es mi hijo y lo amo. ¿A qué te refieres exactamente cuando dices que ha crecido?

Carol asintió.

Es extremadamente inteligente, señora Trumper. Ahora su IQ es de 161, lo cual es… algo mucho más que destacable.

Sí, es inteligente —concordó Charlotte, impaciente—. Ya lo sé.

Caro parpadeó, lentamente.

No intentaré escatimarlo con mis palabras —advirtió, mirando a Charlotte mordazmente.

Sólo quiero ayudarlo a mantenerse fuera de problemas. ¿Qué debo hacer?

La Dra. Netter se quitó sus gafas y se permitió ser franca.

Lo que le recomiendo hacer ahora es que, si tiene la más mínima sospecha de que su hijo sí violó a esa pobre chica, entonces ocúltelo… entiérrelo —contuvo su respiración mientras evitaba la mirada sorprendida de la mujer. En ese momento al ver al chico de quince años a través de la ventana de vidrio  frente a ella, odió cada parte de su profesión.

Tenía que admitir que se veía un poco extraño con sus rastas largas y su ropa holgada, pero era un chico guapo. Y por la entrevista que le había hecho hace unos minutos, era obvio que usaba su exterior en relación a su inteligencia para manipular a quien fuese que se sentara frente a él. Todavía se sentía incómoda al recordar la sonrisa de autosatisfacción que el chico había portado, retándola a intentar analizarlo.

Tragó saliva.

Y si debo ser honesta, señora Trumper… estoy casi segura de que lo hará de nuevo.

&

—No me vengas con esa mierda —Georg entrecerró sus ojos. No era lo suficientemente estúpido como para caer en los juegos de Tom… tal vez el maldito sabía cómo manipular una mente, pero ellos se conocían desde hace mucho tiempo—. Sabes que lo que hiciste estuvo mal.

Observó que la mandíbula de Tom comenzó a tensarse.

—Fue divertido.

Los labios de Georg se apretaron.

—¿Y ahora?

—Tiempo pasado —contestó Tom, echándose a andar nuevamente.

El otro chico negó con su cabeza antes de seguirlo.

—¿Ya supiste de alguien?

—No. —contestó Tom, sin emoción alguna.

El castaño parpadeó.

—¿O sea que tus papás pagaron la fianza pero no han intentado llamarte?

—¿Por qué lo harían? —se burló Tom—. Un abogado lo hizo por ellos.

Georg agarró su brazo.

—Tom. Sabes que les importas, ¿verdad?

Vio cómo Tom apretaba sus puños.

—Amigo, sólo llévame a mi auto… hay algo que debo hacer.

&

Charlotte Trumper observó cuidadosamente la pantalla de la laptop que estaba frente a sus ojos interesados. Se mostraba el rostro de un chico… admitía que era un chico muy guapo, era muy notable, incluso en la grabación llena de granos de la cámara de su casa en la que había estado curioseando. No había duda de que era el mismo chico que aparecía en la foto de portada del Facebook de su hijo. Pero tuvo que preguntarse por qué cada vez que la cámara lo mostraba saliendo de la casa, se veía tan triste.

Entrecerró sus ojos al ver la foto y se preguntó en voz alta:

—¿Quién eres… —miró al nombre que había escrito en los folletos del hotel que estaban a su lado—…Bill Kaulitz?

&

Al ascender por las escaleras ya conocidas de la casa de Tom, era seguro decir que era estúpido. Era estúpido y estaba enojado y asustado, y también estaba completamente al tanto de que Tom había intentado asesinar a alguien más temprano ese día. Aun así, no hubo duda en sus movimientos al cruzar el pasillo ni al abrir la puerta de su habitación.

Tom estaba en su lugar de siempre, sobre el sofá, y giró su cabeza para mirarlo, probablemente esperando a que Bill se le uniera como normalmente hacía. Pero en vez de eso, Bill hizo un gran despliegue al posicionarse a sí mismo en medio de la cama de Tom, cruzando sus piernas.

Tom se tomó un minuto para estudiar la mirada humillada que le mandó.

—Parece que pagaste tu fianza —observó, frunciendo sus labios.

Tom eligió ignorarlo.

—Ven aquí —invitó, y Bill negó con su cabeza. No le importaba qué tan irritado podría estar el otro chico después de todo lo que había pasado; no iba a entregarse como una perra. A falta de un mejor sentimiento, estaba total y completamente harto de la mierda de Tom.

—No.

Se atrevió a mirar a Tom, y observó cómo su expresión se endurecía.

—¿No?

Bill se inclinó hacia adelante, levantando sus cejas para enfatizar su oposición.

No.

Observó los labios de Tom cuando se curvaron.

—No estoy de buen humor, Bill —advirtió, con su rostro frío como el hielo—. ¿Qué?

—Yo tampoco estoy de buen humor —señaló, con sus ojos entrecerrados, y cruzó sus brazos—. Estoy encabronado.

No se sobresaltó cuando los ojos de Tom lo miraron de golpe.

¿Por qué?

Bill le dirigió una mirada incrédula.

—Tom, ¿qué estabas pensando? ¡Ahora todos en la escuela saben sobre nosotros!

—Deberían —retó Tom al levantarse del sofá—. Quiero que lo sepan.

—¿Y qué? ¿Yo no puedo opinar? —empezó Bill, en un pequeño tono quebrado que hizo que los ojos de Tom revolotearan—. ¿Qué estás planeando Tom?

Se sintió indefenso mientras el otro chico se acercaba a él.

—Lo que sea que quieras conmigo, no puedo hacerlo. Simplemente…

—¿Por qué no? —escuchó, cuando Tom se acercó más. Su tono fue bajo y su mirada fue suave al inclinar su cuerpo sobre el pie de la cama, usando sus brazos para mantenerse estable y quedar cara a cara.

—No sé qué es lo que quieres —jadeó Bill, sintiéndose inseguro. No sabía si debía retroceder o inclinarse… pero sí sabía lo que quería, y eso lo asustó lo suficiente como para hacerle permanecer quieto.

—Quiero esto —dijo Tom, tomando una decisión por él, y uniendo sus labios.

Un momentáneo sentido de alivio cruzó por su cuerpo mientras lo hacía, y prevaleció incluso después de que Tom se separara. Luego, abrió sus ojos y se encontró con la mirada fija de Tom, la cual lo inmovilizó.

—Pero estoy irritado —le explicó Tom, subiendo a gatas a la cama y forzando a Bill a retroceder—. Me enoja… tanto escuchar las cosas que la gente dice de ti. ¿Por qué no te importa?

Los ojos de Tom lo atravesaron, y la boca de Bill se abrió ante la pregunta.

—Nunca me importó, Tom.

Parpadeó, sorprendido mientras Tom lo sacudía.

—A  me importa.

—¿Por qué? —Bill se alejó, ojeando con inquietud el aspecto de Tom—. Tom, lo que sea que quieras conmigo, tienes que dejarlo ir. Puedo ser un secreto sucio… lo he sido durante toda mi vida, pero no puedo soportar que la gente sepa. No puedo. Sólo… olvídame…

—No.

—Por favor, Tom —rogó Bill, desesperadamente—. Pensé que para este momento ya habrías perdido el interés, ¿por qué haces esto? Esa foto… no puedes tenerme, Tom.

—Bill…

—No le pertenezco a nadie, ¡nunca lo he hecho! Puedes dejarme ir, no le diré nada a nadie…

—¡No puedo, Bill! —le gritó Tom, sobresaltándolo. Luego, en un tono más bajo, repitió—: No puedo.

—… ¿Qué? —preguntó Bill mientras sus ojos comenzaban a cristalizarse por la frustración que sentía.

Me perteneces, Bill… no puedo permitir que alguien más te tenga. Eres mío

—No lo…

—Mierda, ¿puedes callarte? —gruñó Tom, luciendo como si hubiera probado algo horrible.

Ahora estaba asustado. Diferentes escenarios sobre lo que Tom podría decir a continuación comenzaron a dar vueltas en su cabeza, mientras la mano de la furia de Tom golpeaba su mejilla para terminar. Se quedó quieto durante la pausa y mantuvo su valor, incluso aunque los ojos de Tom lo acuchillaron con una intensidad que nunca antes había presenciado.

—Tom, suficiente con tus putas miradas… Ya no me importa, ¿entiendes? Puedes lastimarme todo lo que quieras, pero nunca me dominaras. Te lo juro, sea lo que sea que quieras, nunca voy a…

—No me importa —lo cortó Tom, dejando que sus dedos rozaran la mejilla de Bill—. No me importa, Bill… te amo.

Bill había sido demasiado descuidado en su discurso violento como para reconocer las palabras cuando Tom las dijo. Pero cuando lo hizo, sintió como si le hubiesen disparado. Se le quedó viendo al otro, con los ojos bien abiertos, su boca se secó y un grito se acumuló en su garganta.

Eso… no era justo.

&

Zoey miró la pantalla de su teléfono mientras los minutos corrían durante la llamada. Natalie estaba en la otra línea y sonaba como si estuviera al borde de un colapso nervioso, y por consecuencia, a punto de terminar con cada fibra de la paciencia de Zoey.

No sabía lo que era… por lo que Bill le había dicho, sabía que debía haber llamado a alguien. Debió reportarlo. Demonios, ¡todavía podía hacerlo! Pero incluso después de que Bill se fuera, no había hecho nada. Había quedado en silencio, mirando silenciosamente a la pantalla de su teléfono con el 911 marcado, y no había sido capaz de llamar.

Le creía… creyó cuando dijo que Tom no lo lastimaría.

—No puedes contarle a nadie, Nat.

¿Qué mierda, Zoey? ¡Lo escuchaste!

—Sí, yo…

Tom lo está manipulando. Niégamelo.

—Ya sé…

¿Y sólo te vas a quedar con los brazos cruzados sin hacer nada?

—Sí. —respondió Zoey, decidida.

Eres increíble. —escuchó, y ella frunció sus labios en respuesta.

—La situación es increíble, y sé que todo esto está jodido… pero me lo pidió, Nat. Y yo se lo prometí.

Pero yo no.

—Sí, ¿pero acaso estás dispuesta a usar a tu amigo para probar la furia de Tom Trumper? Porque yo no. Encuentra a Andreas y dile que se calle hasta que sepa algo de Bill. Por favor, Natalie, es importante.

Escuchó un suspiro, después de un momento de silencio.

Bien. Iré a ver al equipo de mantenimiento para ver si ya se fue a su casa o no. Pero quiero saber de Bill, esta noche.

Zoey asintió, parpadeando rápidamente.

—Sí, yo también. Te llamaré cuando sepa algo de él —luego, antes de que la llamada se terminara, añadió—. Gracias, nena.

Y colgó, rezándole a cualquier deidad piadosa que Bill tuviera razón.

&

—No, no es así —Bill levantó sus manos para cubrir su nariz y su boca, mirando a Tom con ojos abiertos y aterrados. No era posible… Tom Trumper no era capaz de amar… ¡a él no!

—Sí, te amo. —discutió Tom, y Bill pensó por un momento que el otro chico había lucido un poquito lastimado, pero eligió no prestarle atención y sacarlo de su mente.

Con los ojos cerrados y ambas manos aun cubriendo su cara, razonó:

—Tom… ¡ni siquiera sabes lo que es el amor!

Dio un respingo cuando sintió que la cama se movía.

—¿Cómo mierda no? —sus ojos revolotearon al abrirse justo a tiempo para ver la mirada insultada que Tom le dio. Unas manos fuertes agarraron sus brazos, alejando sus manos de su cara—. Eres lo único en lo que puedo pensar

—¡Eso no es amor! —Bill lo interrumpió, buscando cualquier excusa para demostrarle a Tom que estaba equivocado—. Eso es sólo… obsesión…

—¡Claro que lo es! —Tom lo sacudió, luciendo ligeramente desesperado—. Estoy obsesionado. Tu rostro, tu aroma, tu sonrisa… ¡están en todos los lugares de mi mente! He intentado librarme de ello, de ti, pero no puedo. Entre más tengo de ti, más quiero… y no puedo sólo dejarlo ir. No puedo.

Nunca había visto este lado de Tom. Bill observó su rostro, con ojos acuosos, como si estuviera atestiguando a alguien más en lugar de Tom, rogándole que lo amara. Se veía seguro de sí mismo y de sus palabras, como si acabara de descubrir el más grande secreto del universo y hubiera comenzado a divulgarlo. Parecía humano.

Pero ese no era el problema.

Bill intentó no permitir que sus lágrimas se derramaran.

—¿Qué reacción esperabas de mí, Tom? No puedo decirte lo mismo —empezó, inhalando un respiro tembloroso y sintiendo cómo su propia desesperación se elevaba junto con su voz—. ¡Me violaste! ¡Ocho veces!

—No, no lo hice —insistió Tom, negando con su cabeza. Levantó una mano hacia Bill de nuevo, pero Bill se alejó, tambaleándose fuera de la cama al hacerlo.

—¡No me toques! —gritó, dejando de sentir sólo miedo, sino que ahora también sentía enojo—. ¡Te dije que te detuvieras! ¡Dije que no! Me violaste cuando sabías que no podía defenderme, me acosaste, me mantuviste encerrado aquí… ¡eso no es amor!

Tom entrecerró sus ojos, imitando su rabia.

—¿Cuál es la diferencia? Has dejado que otros hombres te utilicen, a veces uno después del otro… he escuchado lo que dicen, no me mires así. ¿Qué lo hace mejor?

—¡Porque con ellos tuve una opción! —gritó Bill.

Sus manos volaron a su cabeza y sus dedos se enredaron en su cabello. Los recuerdos de la noche en la que Tom lo violó inundaron su visión y comenzó a llorar abiertamente. Le echó un vistazo al rostro desconcertado de Tom, lo cual hizo que su humillación y su angustia aumentaran.

—Bill, no llores… —empezó Tom cuando Bill empezó a entrar en pánico. Lo había visto todo en los ojos de Tom… Sólo él había sido tan estúpido como para no juntar las piezas. La falta de adaptación por los sentimientos de Bill… su inmunidad a su tormento, menos las lágrimas…

Bill lamió sus labios.

—No… no entiendes la diferencia, ¿verdad?

Es frío. Es como… cuando lo miras, no ves ninguna emoción, a menos que de verdad le pongas mucha atención a sus ojos. Y aun así, a veces es como si él no estuviera ahí.

—Oh, por dios.

Normalmente, con los individuos que sufren de tendencias sociópatas…

¿Sociópata? —Bill lo interrumpió, mirándolo con desconcierto—. No fue lo que dije.

Es lo que acabas de describirme.

—Tom, tú… —respiró profundo—. Oh, por dios… tú…

—No hay nada malo conmigo —dijo Tom, a la defensiva, como si ya pudiera adivinar lo que Bill estaba a punto de decir.

—¡Hay un millón de cosas que están mal contigo! —Bill jadeó, sintiendo sus rodillas débiles de repente. Si tuviera que apostar, apostaría a que Paul tenía razón. Que Tom en verdad no comprendía por qué lo que hacía estaba mal… que no tenía consciencia interna que le dijera que lo que hacía estaba mal. Tom Trumper… ¡era un puto sociópata!

—No me amas, Tom —dijo Bill, ojeándolo cautelosamente—. No puedes.

—¿Por qué? —retó Tom nuevamente, levantándose de la cama para pararse frente a él—. Por primera vez en mi vida, no estoy muerto. Me haces sentir algo que nunca antes había sentido. Me hace querer sonreír… ¡el otro día me sorprendí a mí mismo sonriendo! Hace un par de noches empecé a tener sueños… ¡ni siquiera sabía que podía soñar! Y tú estás en ellos… en todos ellos. Y te veo en todos lados. Te veo cuando duermes, y te abrazo, sólo para asegurarme de que sigues respirando, yo…

—Tom, basta…

—No —insistió Tom, parpadeando—. Por mucho tiempo no pude descifrarlo, pero me duele ver cómo permites que otras personas te traten de esa forma. Cómo hablan de ti. Sawyer lo hizo hoy… frente a mí, y nunca me había sentido más enojado en mi vida, yo… quise matarlo.

—Bueno, casi lo lograste, ¿no?  —dijo Bill, rotundamente. Secó sus lágrimas y desvió la vista—. ¿Así se supone que va a ser? ¿Yo, temiendo todos los días a que llegue el momento en el que estalles contra mí también? Tom, lo que me hiciste… estuvo mal. Estuvo muy mal, y no puedes hacerme esto ahora; es demasiado bizarro. Estás enfermo de la cabeza.

Tom frunció sus labios.

—En papel, estoy enfermo. En papel, también soy un puto genio. Pero en mi cabeza… Bill, no había nada ahí hasta que te vi.

—¿Ah, sí? ¿Y qué hay con Sloane? —preguntó Bill, cruzándose de brazos.

—Se fue.

—¿Qué? —preguntó Bill, con un nuevo nerviosismo.

—Terminé con ella.

—¿Y qué? —Bill se encogió de hombros, haciendo una mueca—. ¿Se supone que debo tomar su lugar ahora? ¿Eso es lo que estabas esperando?

Tom pestañeó, lentamente.

—Yo nunca espero nada… Lo tomo. Déjame… —dijo, levantando una mano para tocar la cara de Bill. Sus dedos rozaron su piel, haciendo que sus vellos se levantaran y que su nuca se estremeciera. Bill se encontró a sí mismo inclinándose hacia su mano, en respuesta a la caricia, y envolvió su propia mano alrededor de la muñeca de Tom. Tom lo acercó y posó un beso en su sien—. Sólo déjame, ¿sí? Por favor, Bill, te amo tanto.

No supo qué fue lo que le hizo sentirse forzado a quedarse… no supo qué fue lo que hizo que su forcejeo se desvaneciera cuando Tom lo besó, lo tocó y lo desvistió. Tom lo estaba guiando a tener sexo, y sabía que debería resistirse, pero no lo hizo. Se recostó sobre la cama, debajo de Tom, pensando en las palabras que le había dicho y en cómo Tom había pedido permiso, mientras Tom hacía su mejor esfuerzo por tranquilizarlo. Con cada caricia tierna y cada movimiento atento que Tom hacía, Bill se libró de su propio buen juicio, en favor del placer y de los momentos que le hicieron gemir.

No sabía si sentía lo mismo… las palabras nunca parecieron querer salir de su boca, incluso después de que Tom terminara y yacieran recostados, juntos, en el silencio sombrío. Nunca había estado enamorado… nunca había estado en una relación verdadera. Nunca había tenido toda la atención de alguien, excepto la de Tom. ¿Qué tal si Bill se tomaba una oportunidad, intentaba complacerlo, y luego Tom se aburría o se frustraba? ¿Podía joder con un sociópata y hacer que funcionara?

—¿Es una mala idea? —susurró Bill, mirando el techo mientras Tom dibujaba líneas invisibles en su brazo. Después, sintió unos labios en su hombro—. Tendría muchas cosas qué explicarle a todos.

Miró de reojo a Tom, quien estaba mirándolo, pensativamente.

—Entonces, supongo que… —su voz se apagó y descansó su cabeza en la almohada—. Tendrás que decidir si vale la pena o no.

No estaba seguro de eso. Después de todo… la violación, el miedo, las noches sin descanso, la manipulación y los arrebatos violentos, no debería valerlo. Debería odiar a la persona que estaba a su lado. Pero incluso así, después de observar el techo con detenimiento, como si éste pudiese darle todas las respuestas que necesitaba, encontró su mano recubriendo la de Tom debajo de las sábanas.

Continuará…

Y ahora sí… expláyense y díganme qué opinan del capítulo. De Bill, de Tom, lo que creen que va a pasar… de todo.

Cuando yo leí este capítulo por primera vez… estaba enojada, no diré por qué, porque me van a linchar, hahaha, pero lo estuve. Por un momento pensé que Bill lo rechazaría, y luego temí que Tom pudiera matarlo, o algo así. :c No sé, fue un encuentro muy intenso. 

Sólo nos queda un capítulo más. ¿Qué va a decidir Bill? D: 

¡Un abrazo! Feliz semana.

por OuterSpace

Traductora del Fandom

3 comentario en “Canary 18”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!