Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
Capítulo 15
Bill había estado haciendo un buen trabajo (muchas gracias) al no meterse en problemas ajenos cuando, de repente, durante su segunda hora en la clase de dibujo, sintió que otro cuerpo rozaba su hombro.
No fue algo que le resultara amenazante, pero de cualquier forma lo hizo tensarse cuando las palabras “No me toques” se quedaron en la punta de su lengua. Sin embargo, logró mantenerlo oculto e hizo su mejor esfuerzo por recobrar su compostura, a pesar de que sus miedos adquiridos le dijeron que alguien estaba a punto de lastimarlo.
Pero no ayudó, pues sintió que la persona se había quedado de pie junto a él. Y aunque deseó que hubiese sido sólo un accidente, después de esperar unos momentos, le quedó claro que alguien quería algo de él.
Inquieto, e intentando lucir tan casual como le fuese posible, Bill volteó su cabeza a un lado. Cuando se encontró con unos pantalones, echó una mirada cautelosa hacia arriba. Sin embargo, rápidamente se arrepintió de haberlo hecho. Su mirada se encontró con la de Georg Listing, quien lo observó con una expresión fría y dura al sentarse en la silla vacía que estaba a su lado.
La repentina intromisión de su voz hizo que Bill se encogiera.
—Déjame preguntarte algo, Bill —empezó, empeorando los nervios de Bill al quedarse callado.
Y entonces, Georg azotó su mano en el borde de su escritorio. Sorprendido, los ojos de Bill bajaron a mirar la mano de Georg, que se quedó en la esquina por unos segundos antes de removerla. Cuando lo hizo, Bill le echó un vistazo rápido a la tarjeta de plástico que estaba frente a él, antes de desviar la mirada.
Era su identificación escolar.
—¿Eres de los inteligentes o de los idiotas?
La pregunta hizo que su boca se secara de inmediato. Parpadeando, Bill imaginó un montón de escenarios en los que Georg Listing podía posiblemente tener una pista. Tenía su identificación, lo que significaba que probablemente la había encontrado en la casa de Tom, lo cual significaba que probablemente tenía una idea de por qué había estado ahí. Lo que significaba que probablemente había sido capaz de unir los cabos sueltos, y eso significaba que Bill estaba jodido.
Intentó actuar normal.
—¿Dónde la encontraste? —preguntó, esperando que su voz no traicionara la inquietud que sentía.
Los ojos de Georg se entrecerraron.
—Sabes en dónde la encontré.
Mierda.
Bill tomó su identificación y fingió parecer tan tranquilo como le fue posible. Él sabía. ¡El maldito hijo de perra sabía!
—Bueno, pues gracias por devolverla… supongo —dijo Bill, terminando su oración al aclararse la garganta. Sin embargo, Georg no se movió, y Bill supo que no sería tan fácil alejarlo.
—Sé lo que hizo.
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—¡¿Qué mierda, Tom?! ¿Desde cuándo te gustan los hombres?
—Fue fácil.
Georg resopló.
—¡Él siempre ha sido fácil, Tom! ¿Qué tienes en la cabeza?
&
Bill tomó la oportunidad de volver a su trabajo.
—No sé de qué estás hablando.
—Claro —escuchó; la voz de Georg se tornó incrédula—. No intentes ser inteligente, Bill.
—¿Disculpa? —Bill entrecerró sus ojos, de repente sintiéndose un poco irritado. Se dio vuelta para enfrentar a Georg de nuevo y se encontró con sus ojos verdes y severos.
—¿Por qué no has intentado decirle a alguien?
Bill estudió la apariencia en el rostro de Georg. Sus rasgos eran duros y sus ojos imitaban la pregunta de sus palabras.
Así que así iba a ser.
—Porque estoy haciendo lo mismo que tú… protegiendo a tu amigo, ¿no?
—Te está usando.
—¿Ah, sí? Muchas personas lo han hecho —Bill le echó un vistazo rápido a su alrededor, asegurándose de que nadie los estuviera escuchando en el salón. Luego, se inclinó más hacia el otro chico—. Mira, si un idiota quiere experimentar un poco a espaldas de su novia, eso no es de mi incumbencia. No diré nada.
Vio cómo los ojos de Georg titilaban.
—Sabes que eso no es de lo que estoy hablando.
Una sonrisa de odio a sí mismo se curvó en los labios de Bill. Eso no era justo… Georg no podía esperar a que él le contara a todo el mundo lo que le había pasado. Además, ¿por qué quería echar de cabeza a su propio amigo? No… Bill estaba seguro de que Georg sólo estaba probándolo.
—Seré tan inteligente como quiera ser, amigo. No intento hacerme las cosas más difíciles a mí mismo, así que metete en tus propios putos asuntos.
&
—¿Y si dice algo, Tom? ¿Y si vuelves a meterte en problemas de nuevo?
—No lo hará.
—¿Y si sí lo hace?
—Lo tengo justo donde lo quiero, Geo. No hablará.
&
Y no lo hacía.
Georg estimó la reacción de Bill cuidadosamente, y tuvo que admitir que Bill estaba jugando un juego bastante inteligente. Había elegido las palabras correctas; no había revelado nada que incriminara a Tom. De no ser por la forma tan notable en la que se tensaba cuando alguien se le acercaba mucho, casi se hubiera cuestionado lo que Tom le había confesado.
Casi.
Si había una cosa que había aprendido de su amigo con el pasar de los años, era que no bailaba si no había música, nunca rascaba su pierna a no ser que le diera comezón, y nunca perdía la oportunidad de presumir. No importaba si había sido ilegal o no.
Georg recordó el comienzo del año escolar, cuando todos habían pasado por alto lo obvio. Tom había estado bromeando, alardeando frente a todos sobre lo que había hecho, y retándolos a unir todas las piezas. Tom había violado a Bill Kaulitz… y había estado orgulloso de ello. Y sólo tomaron dos segundos de confrontación para que lo divulgara, porque sabía que nadie lo delataría.
Georg suspiró… Incluso Bill parecía estar decidido a protegerlo, lo cual hacía que la situación estuviera mucho más jodida.
&
No sabía qué era… tal vez las palabras de Andreas habían tomado sentido durante el fin de semana. Tal vez la confrontación con Georg esa mañana lo había sacudido y no estaba pensando con claridad.
Asumió que debía ser una de esas dos opciones y se dio cuenta de que lo más probable era que estaba loco. Durante su clase de pre-cálculo, había elegido no prestarle atención a Natalie, a pesar de los intentos de la chica por hacerlo hablar con ella. En el pasillo, cuando cualquiera de sus “amigos” lo había saludado, había mantenido su cabeza abajo. Y ahora, en el almuerzo, había pasado en línea recta de su asiento normal en la mesa de siempre.
Había alcanzado a notar algunas miradas de confusión cuando lo hizo, pero no le importó. Quería intentar esto, mientras podía hacerlo.
Sintió que ya no estaba en el limbo, esperando a que algo sucediera. Ya había sucedido. Tom ya lo había tomado. Sus amigos ya lo habían abandonado. Sus secretos, lentamente se abrían camino hacia la superficie… no había nada más que pudiera hacer aparte de mantener su fachada bien puesta. Y supuso que podría ser más fácil crear una nueva.
La situación estaba jodida, pero sólo era una confirmación de lo mierda que había sido su vida.
Así que estaba dando pasos en lo que esperaba que fuera el camino correcto.
—Hola —saludó, incómodamente. Le ofreció una sonrisa a Andreas y esperó que su sentido de humillación fuese suficiente para ser tomado como una disculpa por la forma en la que había actuado.
—¿Te perdiste? —bromeó Gustav, haciendo que Andreas lo golpeara en el hombro. El resto de los nerds del grupo se rieron y Bill no pudo evitar sentirse expuesto al estar de pie frente a ellos. No conocía a estas personas… y todos eran hombres, lo cual lo hizo sentir más nervioso.
Al sentir su inseguridad, Andreas sonrió e hizo un ademán.
—Siéntate, Kaulitz.
Bill lo hizo, recibiendo una mezcla de saludos de parte de los otros chicos. Intentó no lucir tan fuera de lugar como se sentía. Sin embargo, después de unos momentos de intentar encajar, giró su cabeza y vio a Zoey. La vio justo a tiempo para atestiguar la mirada desdeñosa que le dio antes de aventar una servilleta echa bolita a su bandeja. Estaba enojada.
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Georg observó con ojos entrecerrados el cambio de comportamiento. Tom mostraba un interés muy vasto en la actual elección de asiento que Bill había tomado; que él consideraba extraña. Observó a Bill interactuando con sus nuevos amigos… si no supiera que no era así, hubiera jurado que el brillo que encontró en los ojos de Tom fue algo que parecía satisfacción.
—Intentas aislarlo, ¿verdad?
Tom sonrió.
—¿Acaso parece aislado?
Georg observó el cuerpo rígido de Bill mientras el grupo de nerds con los que se había sentado intentaba meterlo en la conversación.
—Sí, eso parece.
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—Estuve ahí para ti —el oído de Bill reaccionó al escuchar la oración acusadora desde atrás de la puerta de su casillero.
Bill la movió un poco y se encontró con Zoey… no se veía feliz.
—Te defendí. Me puse de tu lado e intenté comprender. ¿Acaso no fue suficiente?
Bill apretó sus labios e inhaló un profundo suspiro.
—No.
Los ojos de Zoey brillaron con enojo.
—¿No? ¿No fue suficiente?
—No —repitió con simpleza al azotar la puerta de su casillero.
—¡¿Cómo te atreves?! —pudo escuchar el desprecio en su voz, e hizo que sus ojos rodaran.
No quería pelear con ella, considerando que todavía había gente en el pasillo, pero no iba a doblegarse. De hecho, había pasado un buen rato a la hora del almuerzo por primera vez desde que el año escolar había iniciado. Había tenido la oportunidad de hablar, y había sido escuchado. Se sintió bien.
—¿Y qué? ¿Ya no somos amigos?
Bill resopló.
—Has estado ignorándome desde hace semanas, Zoey.
—¡Sí, por una buena razón!
Bill entrecerró sus ojos.
—¿A eso le llamas amistad? —preguntó—. No es como que me he acostado con alguno de tus novios, así que no sé por qué te importa tanto.
—Siempre has sido un amigo de mierda, ¿no? —Zoey negó con la cabeza.
—Esas chicas nunca han sido mis amigas. Nunca me importaron una mierda, así que no… no me siento mal porque sus novios las engañaron conmigo. Pero tú sí me importabas.
—Sí, y por eso has estado alejándome los últimos meses, ¿no?
Bill apretó sus labios de nuevo, bajando la vista.
—Necesitaba tiempo.
Zoey se quedó callada un rato, antes de que la campana sonara.
—Sí, bueno… pues supongo que se acabó el tiempo. Olvida quiénes son tus amigos. No me importa. Zorra.
&
Las últimas palabras de Zoey habían dolido. No tanto porque Zoey lo había llamado zorra, sino porque sabía que ya no tenía una mejor amiga. Y era un pensamiento solitario.
Sin embargo, intentó no culparse por ello al estar sentado, incómodamente, en una silla lujosa de cuero, sintiéndose fuera de lugar. Tan pronto como había entrado por la puerta principal de su casa, todo lo que había querido era desplomarse en su cama y romancear una botella de NyQuill para intentar olvidarlo todo por un momento.
Sin embargo, Simone había tenido otros planes para él; y pronto se encontró en el asiento de pasajero del auto de su madre. Y después, en una silla en una oficina de asesoramiento, para esperar por su juicio.
El hombre que estaba sentado en frente de él no era amenazador. Usaba pantalones de mezclilla, una camisa simple de color azul claro y unos zapatos negros curtidos que lo hacían ver demasiado casual. Nada como Bill había imaginado que un psicólogo se veía.
Paul era su nombre. Parecía relativamente amable, a pesar de su cabeza afeitada y su barba que le recordaba a su profesor de taller de carpintería, que por cierto, lo había odiado.
Bill ojeó el anillo de oro en su dedo y se preguntó vagamente con qué clase de persona se casaba un psiquiatra. Al ser un terapeuta, ¿tendría algún problema con el que Bill podría verse reflejado? ¿Problemas maritales o incluso familiares? ¿Y si Bill sólo estaba ahí para ser analizado?
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Paul levantó la vista con una sonrisa amigable. Bill observó sus ojos azules, preguntándose lo que le esperaba.
—Entonces, Bill —empezó el hombre con un tono gentil—. ¿Cómo eres con las presentaciones?
Bill arrugó la nariz.
—Las odio.
Paul se rió.
—Bueno, entonces las saltaremos. En lugar de eso, ¿por qué no me dices una cosa sobre ti?
Bill se quedó callado, sintiéndose inquieto. Sus ojos bajaron a sus manos y empezó a rascar su esmalte de uñas.
—Una cosa. Quizá algo loco.
La sonrisa de Paul era alentadora, pero Bill sólo hizo una mueca. En verdad no quería decirle nada.
Creyó que el hombre intentaría averiguar más, pero en vez de eso, escuchó otra pequeña risa.
—Entonces dime por qué estás aquí. ¿De qué quieres hablar?
Bill le disparó una mirada severa.
—Porque mis padres me obligaron, yo no quiero.
—Está bien. —Paul lo sorprendió.
—¿No se supone que deberías sonsacar información o algo así?
—No, si no hay —Paul le sonrió nuevamente, lo cual sólo le hizo sentirse más inquieto. Estaba trabajando desde otro ángulo… todos los terapeutas lo hacían. Sólo que Bill todavía no estaba seguro de qué ángulo.
—Dijiste que tus padres te obligaron. ¿Por qué crees que lo hicieron?
La cabeza de Bill se levantó rápido.
—¿Por qué? —frunció el ceño y Paul asintió—. Supongo que porque hemos estado peleando.
—¿Y por qué?
Bill inhaló.
—Creen que algo anda mal.
—¿Algo anda mal?
No. Estoy perfectamente bien.
Ésas eran las palabras que había querido decir. Pero en lugar de eso…
—No lo sé.
—¿Pero no lo has hablado con ellos?
—No quiero —dijo Bill a la defensiva, encuadrando sus hombros.
—Ok —Paul retrocedió, decidiendo intentar algo más—. ¿Tienes una buena relación con ellos?
Bill asintió lentamente.
—Sí, supongo. Pero soy más cercano a mi mamá.
—Pero no con tu padre.
—Soy gay —admitió Bill, esperando por una reacción de Paul. Cuando ésta no cambió, continuó—. Nunca quiso un hijo gay, así que no sabe cómo lidiar conmigo.
—¿Él lo dijo?
—No… —Bill negó con su cabeza—. Supongo que es sólo por la forma en la que me habla.
—¿Y qué hay con tu mamá?
—Ella siempre supo, así que no fue gran cosa para ella.
—Mhm —Paul asintió—. Háblame de tus amigos… ¿Cómo son?
Bill se le quedó viendo.
—En realidad no tengo ninguno. Solía tener, pero….
—¿Quizá eso es algo de lo que te gustaría hablar?
—No.
—¿Y qué me dices de… digamos, algún novio? ¿Tienes uno?
Paul observó el sutil encogimiento de Bill con la pregunta y lo anotó rápidamente.
—No —contestó Bill simplemente. Y luego, completamente fuera de su sentido de estabilidad, preguntó—: ¿Tengo que quedarme?
Obviamente, había tocado un punto sensible. Comprensivo, Paul negó con su cabeza.
—No si quieres irte, no puedo forzarte a estar aquí.
—Quiero irme.
Paul asintió.
—Está bien.
No fue mucho después de eso que Bill se encontró a sí mismo sacando a su madre inconforme de la sala de espera, más que listo para ir a casa.
—Bill, ¡se supone que debías hablar con él!
Bill cerró sus ojos al apresurarse a darle la vuelta al auto.
—Entonces lo haré en otra sesión, porque ya sé que ya arreglaste más —le envió una mirada incriminatoria—. No quiero hablar con nadie hoy.
Había sido horrible. De ninguna forma se dejaría ser vulnerable y analizado por un loquero… no podía hacerlo. Su día ya había empezado de una forma horrible y no estaba dispuesto a añadir una experiencia así a la lista.
Malditos lunes.
Sin embargo, supo que el destino todavía no terminaba de joderlo. Recibió un mensaje sólo minutos después de que Simone hubiera salido del estacionamiento.
Ven.
Continuará…
¿Y qué opinan? ¡Cuéntenme! ¿Siguen confundidos? ¿Qué creen que pasa por la mente de Tom? ¿Y por la de Bill? ¿Que opinan de Georg, Zoey, Paul y demás?
Gracias a todos por leer y comentar, (y también por sus saludos a la autora). ;D
Esto es tan angustiante, tan bueno… Creo, sinceramente, que Bill está purgando su vida y, en cierta forma, Toma es el responsable se ello..
Bill pagando por errores pasados? Tom no es alguien que deba tomarse el derecho de hacer pagar a Bill, sus errores son sólo suyos y ahora lo que Tom está haciendo en muy malo, no creo que haya algo que justifique a Tom… por ahora quiero golpear a Tom y ojalá Bill reaccione con la terapia, porque en verdad la necesita, debe fortalecer su autoestima…
Que te puedo decir, no puedo analizar nada hasta ahora porque mi cabeza sigue pensando y uniendo todo completamente, si la autora ve ésto, escribes genial.💗