Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace

Capítulo 13

Una mezcla de decepción y sorpresa se trazó en los rostros de sus padres, al observarlos; ya sabía que estaba jodido.

Bill los miró cansadamente, esperando a que hablaran. Sin embargo, no era algo que esperaba con ansias. Sabía que, para poder tener siquiera una esperanza de esquivar la bala que le estaba dirigida, tendría que mentirles. Tendría que traicionarse a sí mismo para no traicionar a Tom.

—¿Qué está pasando? —Jorg fue el primero en hablar, mirando inquisitivamente entre su esposa y su hijo, con sus cejas levantadas y sus palmas extendidas.

—Bill, quítate la chaqueta —dijo Simone, eligiendo ignorar la pregunta de su esposo. Los ojos de la mujer se clavaron en Bill, haciéndole apuñar sus  manos.

Con un aire de insulto, Bill bufó.

—No.

No iba a permitirle que lo tratara como si fuera un puto niño chiquito; no tenía que mostrarles nada. Y, técnicamente, tampoco tenía por qué decirles nada, pero no parecía que estuviese funcionando.

—Bill, sólo quiero verlo…

—¡Que no, maldita sea! —gritó Bill, evitando las manos de su madre cuando ésta estiró un brazo hacia él—. No es nada, ¡déjalo así!

—¿Puede alguien decirme qué está pasando? —preguntó Jorg de nuevo, en un tono más fuerte que hizo que Bill se sobresaltara.

Simone volteó su cabeza hacia su esposo.

—Tu hijo tiene un moretón gigante en su cuello, y no me deja verlo.

—¡Porque no te incumbe! —estalló Bill, al límite—. Ya te dije que no es nada.

Aseguró, esperando que su  madre se olvidara de suposiciones para no tener que avergonzarse a sí mismo.

¡¿Nada?! —preguntó enojada—. Bill, ¡has estado actuando extraño desde hace semanas! ¡¿Y ahora vienes a casa con… eso?!

—¿Qué pasó, Bill? —preguntó su padre con un tono suave, haciendo que los ojos de Bill cambiaran de un padre encolerizado a uno en calma y comprensivo. Pero los reconoció como un equipo,  a pesar de que ambos estaban en diferentes ángulos.

Bill suspiró, derrotado. Para protegerse a sí mismo, tendría que traicionarse a sí mismo; no podía permitir que alguien supiera lo que había pasado, porque eso, potencialmente, arruinaría sus vidas. No era justo.

Bill formó la fachada más desafiante que pudo, juntado valor mientras sus ojos se entrecerraban y sus labios se fruncían. Se cruzó de brazos y los miró con una mirada sólida.

—¿De verdad es una conversación que están dispuestos a tener ahora? —preguntó, deseando que eso fuera mejor que fingir felicidad. Sus padres no tenían idea de su vida sexual, y estaba a punto de hacerles saber una buena porción de ella, a causa de su faltante capacidad de decepción.

—¿Conversación? —Simone hizo una mueca—. ¿A qué te…

Bill se bajó el cuello de su chaqueta, eligiendo ignorar el grado en el que las cejas de su padre se levantaron.

—¿Qué es lo que tanto te preocupa? ¿Esto? —preguntó, entrecerrando más sus ojos—. ¡Yo le pedí que lo hiciera, madre! Tan fuerte como pudiera.

Dejó caer sus manos a sus costados.

—¿Ok? ¡Está bien! Salí una noche entre semana y llegué tarde, porque necesitaba acostarme con alguien, ¡¿Eso era lo que querías escuchar?!

Levantó sus cejas, esperando por su reacción.

—¡Bill! —Simone jadeó y quedó con la boca abierta.

—¿Qué? —estalló—. Tuve sexo, mamá… tengo mucho sexo. ¿Qué pensabas?

Repentinamente, la mujer lució avergonzada y falta de palabras. Sin embargo, Bill no se atrevió a mirar a su padre, porque sabía lo que vería. A Jorg nunca le había parecido bien eso de tener un hijo gay… aunque no había dejado de amarlo por eso, simplemente quería un hijo que hiciera deporte, follara chicas y alardeara sobre eso.

Ése no era él.

—Ya te puedes ir, Bill —sus ojos se dispararon a los fríos orbes de piedra de su padre, aliviado por un momento.

Agachando su cabeza, pasó entre sus padres y subió las escaleras, sin detenerse a respirar hasta que la puerta estuvo cerrada seguramente detrás de él.

&

Hubo miles de razones por las cuales quería avisar en la escuela que estaba enfermo y que no asistiría tan pronto como levantó la cabeza del piso del baño esa mañana. Para empezar, le dolía el culo y tendría que ser capaz de montar un espectáculo para fingir que podía caminar, y segundo, su estómago seguía enojado con él por la conversación que había tenido con sus padres horas antes.

No había pasado mucho tiempo después de que hubiera entrado a su habitación cuando sintió que la bilis comenzaba a revolverse, y apenas había llegado al retrete antes de que su estómago hubiera comenzado a rechazar los pequeños restos de lo poco que había comido ese día.

Era una mala situación… él estaba metido en una pésima situación. Una que rasgaba sus costuras entre más tiempo se atrevía a respirar, y él estaba roto. No tenía forma de saber si Sloane lo dejaría en paz, Zoey seguía negándose a hablar con él porque ahora lo veía como a una puta intrusiva, sus padres definitivamente sabían que algo estaba mal, pero no podían saber con certeza qué era, y Tom estaba justo en el centro de todo, jalando las cuerdas.

Todo era demasiado impresionante.

Sin embargo, en un intento por mantener las apariencias, salió de su casa como si la incómoda conversación nunca hubiese tomado lugar, y sus padres le habían seguido el juego. Mantuvo su cabeza baja en la mayoría de sus clases, en las que sus profesores habían dejado de intentar motivarlo a no hacerlo. A la hora del almuerzo, se había sentado ahí, escuchando a sus amigos hablar, pero al mismo tiempo no escuchando nada en absoluto. Y cuando el periodo de clases había terminado, caminó con pesadez al campo de futbol para unirse a los simios deportistas, para su segunda ronda de castigo.

Andreas fue el primero en divisarlo.

—Hey, Kaulitz… ¿te atraparon dormido otra vez? —Andreas sonrió, burlón.

Bill rodó sus ojos.

—Já.

—Sólo estoy bromeando —dijo Andreas cuando empezaron a caminar lado a lado hacia las gradas, y luego continuó, con su aire siempre criticón y su expresión indemne—. Pero sí es por el castigo, ¿no? Supuse que no volverías aquí sólo por voluntad propia.

Bill creía que esa actitud suya lo hacía ver como a un imbécil.

De cualquier forma, se rió, intentando ser amigable. Podían hablar sobre fuerza de voluntad todo el día y no llegar a ningún lado.

—No, de hecho no.

—Qué mal.

Bill estudió el aspecto en el rostro de Andreas mientras éste adoptaba un ligero puchero en sus labios. Sus ojos estaban completamente vacíos de todo que no fuera travesura, lo cual lo hacía difícil de leer, pero Bill estaba seguro de haber visto un chispazo de decepción.

Decidió ignorarlo y volvió su atención al campo de práctica, divisando con facilidad a Gustav, quien estaba bromeando por ahí con sus compañeros de equipo.

—Deberías sentarte con nosotros en el almuerzo —empezó Andreas al seguir su vista. La sugerencia hizo que Bill diera un ligero respingo, y luego volteó—. Conmigo, con Gustav y otros idiotas. De todas formas, es deprimente verte sentado con esos perdedores.

Bill pestañeó, nada impresionado por lo que Andreas había dicho.

—Bueno, son mis amigos, así que…

Andreas sonrió, levantando una ceja y metiendo sus manos en sus bolsillos.

—Qué gracioso.

—¿Qué es gracioso? —preguntó Bill, haciendo una mueca. 

Observó a Andreas, quien se movió para sentarse en el banco que estaba detrás y luego se inclinó hacia adelante.

—No son tus amigos, Bill —empezó, como si fuera obvio—. Ni siquiera parece que te guste estar con ellos.

—No me conoces lo suficiente como para decir ese tipo de cosas —replicó Bill, molesto.

Andreas se encogió de hombros.

—Tampoco creo que te conozcan en verdad.

Bill resopló, irritado.

—Jódete. Sólo estoy aquí porque tengo que cumplir con el castigo. No tengo por qué soportar esta mierda.

Se dio vuelta para alejarse, decidido a encontrar una forma de parecer ocupado sin la ayuda del entrometido encargado del equipo, cuando sintió a Andreas agarrando su brazo.

Se dio vuelta lentamente.

—Suéltame —ordenó mientras fulminaba con la mirada al otro chico.

—Whoa, no hay por qué enojarse, sólo digo que la vida sin amigos es una vida solitaria, Bill. Y yo sólo estoy intentando ser tu amigo.

Bill frunció los labios.

—No estoy enojado —aseguró.

Estudió la mirada que le estaba dando, mientras Andreas encontraba algo inteligente qué decir. No era la mirada maternal, irritantemente molesta y autoritaria con la que Zoey lo veía en ocasiones, o la mirada medio preocupada que recibía de Natalie. Tomó a Bill por sorpresa, porque para ser alguien a quien nunca le había puesto atención, Andreas en verdad lucía sincero.

—Mira, lo siento… no quise sonar cortante. Puedes sentarte con nosotros o no. Sólo pensé que tal vez podría gustarte, eso es todo.

Ni siquiera me conoces, Bill pestañeó, sin palabras.

Era cierto que su particular grupo de amigos sólo se había unido por las fiestas. Eran populares por default, como una poderosa pareja de celebridades, sólo que a un nivel grupal. Y junto a eso, la idea nunca lo había molestado. Era divertido embriagarse y drogarse. Y era incluso más divertido cuando tenías con quién hacerlo. La mayor parte de su vida daba vueltas en torno a eso… ser abierto y vulnerable con la gente nunca había estado en su agenda.

Sin embargo, sí había tenido una conexión con Zoey… aunque ahora estuviera decepcionada de él.

—No es así —insistió Bill con un tono seco, mirando al otro que se le quedaba viendo en respuesta.

—¿Entonces cómo?

Bill lo pensó por un momento. Siempre había estado rodeado de gente. La gente siempre lo había admirado, amado, y siempre habían querido estar cerca de él. Siempre había  habido alcohol, y drogas, y adrenalina por romper las reglas, especialmente en compañía. Y siempre había habido sexo…. Pero siempre había sido algo rígido, y áspero, sin otro propósito aparte de la excitación.

Bill observó los ojos de Andreas, con desconfianza.

Vacío.

Eso era lo que quería decir. Solo, vacío, sin ningún propósito… y ahí estaba, ofreciéndose a llenar el vacío. Un vacío que, definitivamente, veía y comprendía.

Bill miró a su alrededor, asegurándose de que nadie lo escuchara al reflejar sus pensamientos.

—No me conoces.

Y, con o sin advertencia de ser suspendido, Bill se fue. Casi no le importaba meterse en problemas… estaba siendo atacado por todos lados y su único instinto fue el de correr. Andreas sólo era una adición a la presión que experimentaba.

Tom aprovechándose de él sería casi soportable, si no fuera por la psicótica de su novia. O sus padres, que parecían no poder dejarlo en paz. O sus amigos, quienes, en primer lugar, tal vez ni siquiera eran sus amigos.

¿Dónde estaba el punto medio?

Bill no tuvo mucho qué pensar al  salir al estacionamiento y caminar hacia su auto. Se metió y levantó la mirada al espejo retrovisor, encontrando sus propios ojos, y suspiró. Probablemente no había uno, ¿verdad?

De cualquier forma, no para él.

&

Bill eligió no hacer un show de sus inquietudes al pasar por la puerta abierta de la habitación de Tom, echándole un vistazo al otro chico, con pereza.

—Bueno, ya llegué. ¿Dónde me quieres? —preguntó, cansado, sacándose su chaqueta y tirándola al suelo. Antes de que entrara, Tom había estado recostado, holgazaneando en su sofá, y ahora estaba sentándose. Bill siguió sus ojos color café claro mientras estos lo observaban, trazando su figura de arriba abajo en una forma que ni siquiera parecía cargar su hambre usual.

—… ¿Qué? —preguntó Bill, desviando la mirada hacia un lado.

Sin expresión, Tom le indicó que se acercara hacia él.

—Ven aquí —le ofreció, y Bill obedientemente caminó alrededor del sofá donde Tom estaba.

Estaba recostado en el sofá y Bill se sentó a horcajadas sobre él, asumiendo que eso era lo que Tom quería, cuando éste no hizo ningún movimiento. Se tomó su tiempo para situarse encima del otro chico mientras las manos de Tom se envolvían diligentemente en sus caderas, esperando por lo que fuese que seguía.

Los ojos de Tom brillaron cuando levantó su torso, lo suficientemente cerca para acercar sus rostros. Ya sabiendo lo que venía, Bill entreabrió sus labios cuando Tom lo acercó para un beso. Era del tipo de besos que hacía que su vientre se llenara con un fluido nervioso, de una forma que resultaba acogedora, pero lo suficientemente demandante para hacerle saber que Tom estaba ansioso por él.

—Llegas tarde —murmuró Tom contra su boca cuando se separaron brevemente, aun con los ojos cerrados y sus narices tocándose.

—Tuve castigo —respondió Bill, tomando el mentón de Tom y acercándolo, queriendo más.

Estaba en un punto en el que no le importaba nada… todo a su alrededor ya estaba derrumbándose y lo único que podía hacer era verlos caer. Estaba claro que Tom lo deseaba, para más que sólo una ocasión… y por ahora, contra todo lo que pesaba sobre sus hombros, Bill quería ser deseado.

No importaba que Tom fuese frío, cruel e ilegible… y que, claramente, lo estuviese usando sólo por lo que podía obtener de él. Era agresivo y dominante, en todas las formas que Bill odiaba, e incluso si no hubiera tenido opción sobre si le gustaba el sexo o no, de cualquier forma iba a suceder. Lo que él quería en ese momento, sobre todas las cosas… era una mano que lo sostuviera. Quería estar cerca de alguien, al menos.

El pensamiento le hizo profundizar el beso, aferrándose al otro cuerpo mientras éste lo acariciaba.

—¡Mm! —escuchó a Tom protestando, alejándose del abrazo necesitado de Bill. Tom lo ojeó con sospecha y luego preguntó—: ¿Te pasa algo?

Confundido, Bill se tomó un momento para observar cómo sus brazos habían envuelto los hombros de Tom, y los quitó rápidamente. Probablemente había estado jalándolo con mucha fuerza.

—¿Qué? No. Nada —la expresión en el rostro de Tom no le mostró ninguna preocupación real, pero sus ojos se veían escépticos y un poco confundidos, como si estuviera intentando descifrar por qué el comportamiento de Bill había tenido un cambio tan repentino.

Por un momento, hizo que Bill se sintiera nervioso.

—Ahm… ¿podemos sólo…

Se sobresaltó cuando Tom levantó su mano para cubrir la marca que había hecho en el cuello de Bill.

—¡Por dios! —empezó, entrando en pánico momentáneamente antes de sentir la suave caricia del pulgar de Tom—. ¿Qué estás…

—No fue mi intención, ¿sabes?

Los ojos de Bill se abrieron de sobremanera, brevemente, y tomó un profundo respiro mientras estudiaba a Tom. ¿Acaso eso había sonado como una disculpa?

—¿Y entonces… cuál era tu intención? —Bill se mordió su labio.

Los ojos de Tom lo miraron de nuevo, y esta vez, un borde severo envolvía sus irises.  Agachó su cabeza y su nariz sopló aire cálido contra su cuello, mientras plantaba un beso ahí, haciendo que Bill luchara por no retorcerse.

—Nada. Estaba enojado.

Bill se encogió, alejándose de él al sentirse expuesto.

—Tom, no.

Demasiado íntimo.

—En verdad odio cuando haces eso —le dijo Tom, levantando una mano para tomar el otro lado de su cuello y acercándolo.

Bill intentó alejarse de su agarre.

—¿No quieres sólo…

Soltó un grito cuando ambas manos de Tom se apretaron en sus costados de su cuerpo, tirando de él con una fuerza que sabía que no podía reñir.

—No seas tan difícil… eso me enoja —dijo Tom, con simpleza, capturando sus labios con hambre. Sin elección, Bill se rindió ante él, ofreciéndole su boca, antes de que Tom tuviese que tomarla a la fuerza. Estuvo apenas consciente de que Tom volvía a recostarse en el sofá y que luego se movió para colocarse sobre él, antes de aplanarlo sobre los almohadones.

—¿Y qué si empezara a llorar de nuevo? —murmuró Bill contra sus labios, abriendo sus ojos ligeramente, lo suficiente para alcanzar a ver la mirada de advertencia que Tom le dio.

La habitación quedó en silencio por unos momentos que le erizaron la piel, antes de que Bill sintiera las manos de Tom envolviéndose alrededor de su cuello, nuevamente.

—Tom… —empezó, aterrado.

Sus manos volaron a agarrar el brazo de Tom, en un intento por alejarlo.

Sin embargo, Tom se rió cuando Bill se dio cuenta rápidamente de que en ningún momento se había movido para apretar su agarre.

—¿Pero sabes qué? Eso me encanta. Puedes pretender lo que quieres, Bill… sigues probándome. Pero muy en el fondo, sabes que si quisiera, podría lastimarte en verdad. Mierda, probablemente, podría estrangularte y  matarte ahora mismo, ¿y sabes qué pasaría? —Tom hizo una pausa, aparentemente amando la expresión aterrorizada de Bill.

Con una sonrisa retorcida, Tom le dio un apretón breve al cuello de Bill.

—Absolutamente nada —dijo—. Así que, en serio, sólo acuéstate, cállate y agradécemelo.

Y con eso, Tom ajustó ágilmente sus cuerpos para quedar lado a lado, con su pecho en la espalda de Bill.

—¿Qué estás…

—Estoy haciendo lo que se me da la puta gana, cállate —Tom lo agarró, sonando irritado—. Hablar de llanto me corta el rollo, así que…

Bill se forzó a sí mismo a no lanzarse del sofá cuando los brazos de Tom lo envolvieron.

—…acuéstate ahí y ponte cómodo.

Con eso, Bill no pudo resistirlo, y resopló.

—¿Hablas en serio?

Continuará…

Lamento cualquier error, fue una traducción rápida.

Disfruten. 🙂

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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