Oh, Tom…
Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
Capítulo 12
Tom se movía sobre él, y Bill parpadeaba con sus ojos nublados por las lágrimas. Su camisa se había ido; Tom se la había sacado y la había aventado sobre su hombro, donde ahora yacía sobre el suelo junto a sus pantalones. Estaba desnudo, debajo de Tom, sintiendo cómo éste se movía.
Tom dejó una línea de besos desde sus labios hasta su cuello, donde actualmente se encontraba acariciando su suave y lastimada piel que se expandía con cada inhalación que tomaba. La sensación era tan acogida como injusta… Tom parecía tener un talento innato para distinguir sus puntos más sensibles.
Secando la humedad de sus ojos, se impulsó hacia el toque de Tom. Y, al mismo tiempo, intentó concentrarse más en sentir, en vez de pensar en lo que estaba sucediendo. Por sus lágrimas, Bill probablemente había logrado salvarse a sí mismo de la violación de su vida, pero ahora, Tom parecía empeñado en explorarlo, tan delicadamente y con tantas caricias como fuera posible.
Sin embargo, nunca le había gustado eso, y el exceso de atención lo hizo retorcerse. Era demasiado íntimo. Y ahora, al estar recostado ahí hecho un completo desastre de lágrimas, la última cosa que quería era eso: intimidad.
—Tom… —empezó Bill, en un tono bajito, apenas por encima de un susurro.
—Shh —escuchó que el otro le cantó dulcemente, antes de sentir que Tom se apoderaba de sus labios por segunda vez en esa tarde. El toque fue igual de dulce, y con algo que casi pudo ser confundido con cariño. Bill lo aceptó en su boca sin pensarlo mucho.
No tenía alternativa; pelear requería de mucha fuerza. Y, de cualquier forma no iba a arriesgarse después de averiguar que sus sospechas anteriores respecto que Tom estaba enojado habían sido confirmadas. Así que lo iba a dejar… no se sobresaltó cuando sintió las manos de Tom deambular a sus regiones más bajas, y no se tensó cuando acariciaron los huesos protuberantes de sus caderas y el interior de sus muslos.
Tom ya estaba duro y se presionaba contra él, así que no había forma de rechazarlo.
Bill se estremeció cuando los labios de Tom lo abandonaron, sin querer que el beso terminara. Únicamente porque sabía lo que pasaría después. Sin embargo, levantó una ceja, confundido cuando sintió que el cuerpo de Tom se movía hacia abajo, y miró con ojos semi-fascinados cuando se dio cuenta de que…
—Oh —el rostro de Bill se contorsionó por el placer, cuando sintió que la calidez húmeda de la boca de Tom lo rodeó. Instintivamente, sus manos apuñaron las sábanas bajo su cuerpo mientras dejaba caer su cabeza hacia atrás, casi sin creer lo que estaba pasando. Normalmente, Bill era al que siempre le tocaba dar sexo oral, no recibirlo. Y, sin importar de quién era la boca que actualmente chupaba su pene con fuerza, no pudo evitar sentir una pequeña punzada de alegría.
Pero es que le estaban chupando el pene. Y bueno… eso, en sí, era algo jodidamente gozoso.
No era el tipo de placer que deseaba normalmente, esto era una provocación; era un placer, algo así como “sabes lo que te espera después”, un placer que se formaba con determinación para volverlo loco. Pero tener una polla dura golpeteando su próstata, enviando oleadas tras oleadas de gratificación instantáneamente por todo su cuerpo… no había nada mejor que eso.
—Mierda —Bill se encontró a sí mismo boqueando, usando el tono jadeante y femenino que odiaba a muerte. Sin embargo, sus frustraciones normales no tuvieron tiempo de formarse; su pene estaba demasiado ocupado disfrutando de las sensaciones.
—Tom —gimió—. Uuh…
Luego sintió la lengua de Tom, tentando la cabeza de su pene. Hizo bizcos, seguro de haber visto estrellas.
—¿Lo quieres dentro de ti, bebé? —le preguntó Tom, antes de bajar su lengua por su longitud, y al terminar, la subió de nuevo— ¿Quieres que te ayude a correrte?
Había una razón por la que no quería eso. Pero no podía recordar cuál era, se sentía demasiado bien. Él sólo quería sentirse mejor, y ahora la oferta estaba sobre la mesa. No quería follar, pero su cuerpo decía otra cosa, su cuerpo lo deseaba. En ese momento, con la boca de Tom excitándolo, no pudo pensar en nada que pudiera sonar mejor.
Se encontró a sí mismo asintiendo.
—Mhm —gimió, lamiéndose sus labios—. Sí, fóllame.
Bill casi se quebró en un millón de pedazos cuando sintió que un dedo vagó hasta su entrada como respuesta. La punta del dedo de Tom rozó el interior de su entrada, aprovechándose de lo excitado que estaba. Parte de él, su lado racional, ya estaba alejándose. No quería que Tom lo tocara ahí; no quería a Tom dentro de él. Pero la parte excitada, su lado dominado por el placer, estaba tomando el control lentamente… se sentía demasiado bien como para detenerse ahora.
Las pestañas de Bill revolotearon cuando Tom se movió encima de él, alcanzando lo que supuso era el lubricante. Luego, la boca de Tom se unió a la suya mientras sentía cómo un dedo lo acariciaba con gentileza. Bill se dejó besar y penetrar por Tom, quien primero estaba introduciendo un dedo, como para tantear el terreno.
Jadeó en el beso cuando otro dedo se unió al primero. Hicieron equipo dentro de él, tijereteando y dilatándolo con una paciencia con la que no estaba seguro poder lidiar. Ya estaba caliente, acalorado y excitado, y Tom estaba evitando su próstata, a propósito. Dejó escapar un gruñido por la provocación de Tom, lo cual debió sonar como un ánimo para el otro chico, pues un tercer dedo entró a él.
Estaba siendo dilatado ampliamente, no porque lo necesitara. El sexo anal siempre dolía un poco al principio, pero con el paso del tiempo, había aprendido a adaptarse y ajustarse con rapidez, con formas que le hacían olvidar el dolor.
Y luego, la boca de Tom se alejó, dejándolo sin aliento. Sus ojos estaban atontados cuando se atrevió a abrirlos. Estuvo casi aliviado al no encontrar a Tom mirándolo, sino mirando hacia abajo. Bill también lo hizo, echándole un vistazo a su pene furioso que descansaba contra su abdomen, y después sus ojos se levantaron para encontrarse con los de Tom. Tom tomó su propio miembro mientras se hacía para atrás un poco para sentarse, y lo impulsó contra la entrada de Bill, haciendo que el varón más pequeño que estaba debajo de él soltara un pequeño gimoteó.
El entrecejo de Bill se frunció e hizo una mueca debido a la intrusión de piel contra piel, pensando distraídamente en cómo la insistencia de Tom por no usar condón era irritante y fabulosa al mismo tiempo. Irritante, porque aunque había salido limpio en sus pruebas médicas, tendría que volver a hacerlas, con el tiempo. Y fabuloso, porque, bueno… lo hacían sin condón.
—¡Oh! ¡Tom! —jadeó Bill, cuando sintió que el otro se tomaba su tiempo para adentrarse en él. El pene de Tom lo llenaba como una estaca a un hoyo; primero sintió como si fuera a partirlo en dos. Escuchó un gruñido sobre él, acompañado por dos manos fuertes enterrándose en sus caderas huesudas mientras Tom se adentraba en su cuerpo.
Este era el momento de la noche para el que apenas había tenido tiempo de prepararse; parecía que a Tom le gustaba follarlo tan duro como a Bill le gustaba ser follado, y para eso, Bill nunca estaba listo. Dejó escapar un gemido aprensivo al lamer sus labios cuando sintió que Tom retrocedió y volvió a embestirlo.
Bill casi gritó cuando Tom rozó su próstata. Volvió a hacerlo, una y otra vez, con movimientos vacilantes que no hacían nada por disminuir o aumentar la frustración chispeante de Bill.
Bill gimoteó, frunciendo su entrecejo mientras sus manos empuñaban la almohada a los lados de su cabeza.
Más fuerte, quería gritar. ¡Más fuerte! ¡Fóllame!
Pero eso no parecía ser el plan de Tom, pues bajó su cuerpo contra el de Bill, haciendo que sus pechos se tocaran. Las manos de Bill volaron para acariciar su espalda, mientras sus piernas se sujetaban a cada lado de sus caderas, aferrándose a Tom mientras éste lo enloquecía lentamente. Bill dejó que sus manos deambularan por los fuertes músculos de la espalda de Tom y por sus omóplatos alternantes, casi abrazando contra su propio cuerpo al cuerpo más grande en el proceso.
Era demasiado bueno… Tom no estaba embistiendo dentro de él para lastimarlo. Era lento, y sensual, como si quisiera que el momento durara para siempre. Hizo que Bill se sintiera como algo prístino o frágil, y Tom estaba haciendo su mejor su esfuerzo para no romperlo con su agarre. Era algo que generalmente notaba en los hombres heterosexuales. Cuando lo miraban, veían un rostro bonito y femenino, en vez de ver sólo a un chico con maquillaje. Y en la cama, cuando las cosas se volvían íntimas, lo trataban como si fuese algún tipo de fruta prohibida, o una diosa merecedora de adoración con cada toque. Como a una mujer.
Sin embargo, Tom siempre parecía haber sido capaz de separar las diferencias. Bill era un chico. Le gustaba el sexo, casi de cualquier forma en la que pudiese conseguirlo. Y en el pasado, Tom siempre lo había tratado como tal; ambos eran hombres con necesidades y deseos, y no había necesidad de ser lindo al respecto.
Era un contraste radical a lo que estaba pasando ahora, pues Bill se encontró a sí mismo soltando toda la variedad de sonidos maulladores y gimientes que poseía, como respuesta al trato amoroso. Le hizo acunar el cuerpo de Tom contra el suyo, amando la forma en la que Tom entraba en él. Y, al mismo tiempo, aceptando la atención que Tom le daba, lamiendo y dándole besitos en el cuello, rostro y pecho, mientras enhebraba sus fuertes dedos en su cabello para mantenerlo en su lugar.
Ambos parecían decididos a durar, pero demasiado pronto, Bill pudo sentirse a sí mismo tensándose con las primeras señales de un orgasmo inevitable. Y, por la forma en la que la respiración de Tom se volvió más y más agitada en su oído, supo que el otro chico tampoco estaba muy lejos. Sólo se necesitaron otras cuantas embestidas calculadas de las caderas de Tom antes de que Bill se corriera con un gemido; chorreando semen caliente a donde fuese que cayera, sintiendo como si alguien hubiese plantado petardos en su estómago durante todo el tiempo. Tom lo siguió poco después, corriéndose con su normal gruñido esquivo, y dejando de moverse encima de él.
Sin embargo, Bill estaba más que feliz por abrazarlo, a pesar de que el cuerpo de Tom fuese ligeramente más pesado de lo que le hubiera gustado. Pestañeando, eufórico, y acariciando el hombro de Tom con su nariz, Bill volteó su cabeza para mirar al otro chico que actualmente residía en sus brazos.
Una de las manos de Tom seguía masajeando su cuero cabelludo, pero Bill pudo dispararse ahí mismo, cuando sus ojos observaron los rasgos aflojados y contentos en el rostro de Tom.
En verdad era guapo…
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Los ojos de Bill se encontraron con la oscuridad cuando se abrieron. Por un momento sólo observó a través de ella y su nariz se crispó ante la poca familiaridad que percibía. Se levantó sobre uno de sus hombros para mirar a su alrededor, y sus ojos divisaron la puerta cerrada de Tom.
La puerta cerrada de Tom.
Aterrorizado, Bill miró al reloj despertador que estaba a su otro lado, el cual leía la 1:01 a.m.
—¡Mierda! —susurró Bill con un chillido, quitándose el brazo que se abrazaba a la mitad de su torso. Escaneó el piso en busca de su ropa y se la colocó apresuradamente, sin importarle lo ridículo que probablemente se había visto al hacerlo.
Su madre lo iba a matar.
Bill golpeteó sus bolsillos mientas se estiraba por sus llaves, que habían sido descartadas en una de las mesitas de noche de Tom. Cuando estuvo seguro de que ya llevaba todas sus cosas, lanzó una mirada culpable por sobre su hombro al darse la vuelta para irse.
Y luego casi se abofeteó a él mismo.
Aquí estaba siendo usado… no tenía por qué sentirse mal por salir sin decir nada.
No obstante, la puerta tenía otras ideas para él, pues cuando tomó la perilla para girarla, encontró resistencia.
—¿Pero qué… —empezó, bajando la vista a la manija en busca de algo para quitar el seguro. Luego Bill parpadeo, dando un paso rápido hacia atrás mientras una mano volaba a su boca.
¡El maldito sí cerraba la puerta por afuera!
—¡Mierda! —susurró sin poder evitarlo, pasando una mano entre sus cabellos mientras pensaba qué hacer. Debía haber algo… un control, o algo que pudiese abrir la puerta desde adentro de la habitación.
Miró a su alrededor en la oscuridad, en busca de cualquier cosa que pareciera poder ayudarlo, pero no encontró nada. Después lloriqueó; ¡en verdad no tenía tiempo para esto! ¡Ni siquiera debió quedarse dormido en primer lugar!
Dejó escapar un pequeño gruñido de frustración y se acercó a la cama.
Bill suspiró, apretando sus labios. Se acercó al lado opuesto a donde estaba Tom y se sentó, sacudiendo su hombro ligeramente. Vio al otro cuerpo moviéndose, entrando en sí, y unos ojos penetrantes lo miraron.
—¿Qué? —gruñó, y sus ojos volvieron a cerrarse.
—Tom, tengo que irme —dijo Bill simplemente, con un ligero matiz de desesperación en su voz.
La mano de Tom envolvió una de sus muñecas.
—No. —dijo con firmeza, dándole un apretón posesivo.
Irritado, Bill le dio un manotazo para soltarse. En verdad no tenía tiempo para esto.
—No, Tom… de verdad tengo que irme. Mi…
—No me importa —vino otra simple respuesta, y Bill chilló cuando, de repente, un brazo de Tom lo jaló y le hizo caer. Bill jadeó al ser atraído a un abrazo de oso al que no le importaban sus réplicas.
—Tom, es en serio. ¡En verdad tengo que irme! —dijo, y se quedó atónito cuando encontró sólo silencio como respuesta.
Mordió su labio y pensó rápido.
—Vendré mañana —enmendó, haciendo que los ojos de Tom se abrieran lentamente—. Mañana después de la escuela. Y me quedaré. Por favor, Tom.
Varios momentos pasaron mientras miraba al otro, quien estaba pensándolo, y pareció una eternidad. Con un suspiro, apenas perceptible, Tom comenzó a rebuscar debajo de su almohada sin entusiasmo, y de repente, la oreja de Bill se crispó cuando escuchó el sonido que delató que la puerta ya no tenía seguro.
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Podría decirse que se sentía bien al plantarse frente a la puerta principal de su casa, mientras contemplaba su entrada. Había esquivado dos balas masivas en los dos últimos días, y estaba esperando poder evadir una tercera. Con suerte, tal vez su madre ya estaría dormida, inconsciente de lo tarde que estaba llegando a casa.
Ciertamente, todavía quedaba un pequeño tartajeo en sus pasos. En realidad no había tenido la oportunidad de recuperarse de lo del fin de semana, y aunque el trato de Tom había sido gentil, todavía no había estado listo para hacerlo de nuevo.
Al demonio con él.
Con un suspiro, Bill decidió que era ahora o nunca. De otra forma, ¿qué se supone que debería hacer? ¿Acurrucarse ahí afuera?
Casi consideró la idea antes de maldecirse a sí mismo por ser tan estúpido. Puso una mano sobre la manija mientras sus llaves tintineaban al meter la correcta, y abrió tan silenciosamente como pudo. Cerró detrás de él y miró a su alrededor, creyendo que estaba a salvo…
Hasta que la lámpara de la sala se encendió y vio a su madre, mirándolo con una expresión desaprobadora en su entrecejo. Bill cerró sus ojos.
Mierda.
Iba a matarlo. Iba a morir, en ese mismo instante… su madre iba a desollarlo vivo, y…
—¿En dónde has estado, Bill? —preguntó ella, cortando su neurosis floreciente con un ceño fruncido.
—Estaba, eh… afuera. Con un amigo.
—¿Qué amigo? —indagó, claramente no le creía.
Bill lamió sus labios.
—Ehm… ¿con uno nuevo? No sé si lo conoces o no. —hizo su mejor esfuerzo por actuar casualmente e intentando lucir como si no entendiera a lo que ella quería llegar.
Los ojos de su madre se entrecerraron.
—Ah, ¿en serio?
Sus palabras lo encolerizaron de inmediato, como si fuera un animal acorralado en una esquina.
—Sí. En serio. —dijo, amargamente y cruzando sus brazos.
Su mamá levantó una ceja.
—¿No te dije que te quería aquí antes de la medianoche? ¿Qué estabas haciendo afuera a estas horas?
Bill resopló y comenzó a caminar a las escaleras, con decisión.
—Por dios, sólo fue una hora de diferencia —rezongó, ignorando su pregunta.
Sin embargo, antes de que pudiera salir huyendo del lugar, la voz de Simone lo cortó como un cuchillo.
—Quédate. Ahí.
Bill se detuvo en seco, odiándose a sí mismo. Su madre iba a intentar averiguar cosas, y él iba a enojarse. Y de nuevo, iba a lastimarla.
La observó levantándose y caminando hacia él.
—¡Me tienes harta de tu comportamiento últimamente, Bill! —empezó, sonando tan enfuriada como se veía.
Bill quiso subir al techo y tirarse desde arriba; estaba siendo golpeado desde otro ángulo, y todo era demasiado cruel. Si no estaba evitando maestros irritantes, o a Sloane, se la pasaba evitando a Tom o a sus padres, quienes definitivamente sabían que algo malo le pasaba, pero no podían averiguar qué.
—Me llamaron de tu escuela después de que te fuiste, Bill. Me dijeron que has estado durmiendo en las clases y comportándote mal… no has hecho tus tareas… ¿por qué, Bill? Todos tus maestros están preocupados, ¡tú no eres así! —detrás de su enojo, casi lucía desesperada—. Bill, por favor, sólo dime lo que te está pasando.
Bill apretó los dientes, pateándose a sí mismo mentalmente. Quería abrirse. Quería quebrarse, llorar y contarle todo. No quería que las cosas fueran tan difíciles como lo eran. Pero no podía.
Nadie delata a Tom.
—Nada. —insistió, intentando crear una fachada que mostrara su irritación.
La vio suspirar y notó el brillo sospechoso en sus ojos.
—Debo ser una madre horrible como para que ni siquiera puedas confiar en mí.
Sonó tan triste, e hizo que el corazón de Bill se apretara. Porque él sabía que no era una mala madre. Si de madres se trataba, ella era una de las mejores… le había dado todo. Recordó todas sus pláticas íntimas donde nunca había tenido que preocuparse porque lo juzgara. Lo amaba. Ella lo amaba.
Bill negó con su cabeza. Ella era perfecta… él sólo era un hijo terrible.
—Es que… puedo darme cuenta de que no estás feliz, cariño, y… —Bill se sobresaltó cuando ella levantó una mano; estaba listo para alejarse cuando su mano rozó su hombro. Ante esa reacción, la mano de su madre se cerró en un puño alrededor de su chaqueta por la sorpresa.
—No me toques… —Bill empezó, al mismo tiempo que ella jadeó. Se libró de su agarre, sin importarle que su mano estuviese envuelta en la de ella. Pero era demasiado tarde; sabía lo que había visto.
Bill casi gritó cuando su madre le dio un manotazo. Con los ojos bien abiertos, ella observó la marca en su cuello, a pesar de los esfuerzos de Bill por alejarse.
—Oh, por dios. Mi bebé….
Bill se concentró para intentar regular su respiración mientras permanecía bajo su mirada; nunca se había sentido tan humillado. Pero, como si el universo hubiese deseado que merecía otro castigo, dejó que sus ojos se cerraran cuando escuchó que su padre se acercaba por las escaleras al ser alertado, probablemente, por su grito anterior.
Estaba seguro de que esto era el principio del fin.
Continuará…
¿Comentarios?
No puedo esperar a leer lo que opinan de este capítulo.
Pobrecito Bill T-T