

Traducción de Ladyaradia
Capítulo 2
Cuando se fueron de gira por primera vez, ella pensó que estar alrededor de tantas personas, estando tan en el ojo público podría significar que Bill tendría que renunciar al control, dejar Tom afirmar su independencia y libertad de expresión. Seguramente David no permitiría que ellos continuaran de ese modo —no con todo lo que dependía de ello: carrera, reputación, dinero.
Ella veía las entrevistas en los periódicos, los miraba atentamente en la televisión mientras ellos se sentaban y eran interrogados por presentadores experimentados y famosas personalidades de la televisión. Ella sentía que había tenido razón —esperaba, pensaba, rogaba que lo que estaba viendo fuera real; que el agarre apretado del más joven sobre su hijo mayor había disminuido tanto como para ser casi inexistente. Bill estaba, repentinamente, siendo el blanco de todas las bromas de su gemelo; Tom luchaba contra él con fuego en sus palabras y hasta hizo ademanes de golpearlo una vez o dos. Finalmente, pensó ella tras apagar la última entrevista de esa primera semana. La normalidad había regresado y el reinado de autoridad de Bill había terminado.
Ella se permitió creer en eso, disfrutando el hecho de que sus chicos eran normales por primera vez en sus vidas. Ella nunca dejaría de quererlos, no le sería posible algo así, sin importar quién estaba o no a cargo, ellos eran sus bebés; pero tampoco había dejado de esperar que hubiera un balance de autoridad entre ellos.
Nunca había dejado de rogar que Tom usara la misma terquedad que mostrara contra ella y Gordon para quedarse desvelado en la noche cuando cumplió los once, y la pusiera contra Bill, apoderándose otra vez del control sobre su propia vida. Nunca había dejado de esperar que Bill perdiera ese control sobre Tom; el suave y delicado control que era tan blando como la seda pero tan irrompible como las cadenas de hierro.
Una madre puede querer a sus hijos, pero Simone nunca estuvo ciega a su dinámica. O así lo creía.
No fue hasta que llegó para una visita sorpresa a un hotel en medio de una ciudad, que era, por lo demás, común y corriente, que vio sus esperanzas acabadas. Esas esperanzas débiles y sutiles fueron agarradas por las manos crueles de la realidad y tiradas duramente contra la pared de la verdad, y Simone estaba impotente de hacer nada excepto entender y ver realmente lo que las cámaras no habían recogido, y cómo las esperanzas a las que se había agarrado tan triunfantemente se hacían añicos en silencio.
Ambos gemelos habían corrido hacia ella (tan altos ya, pensó) y hablaron sin parar entre ellos dos y Georg y Gustav, el flujo de la conversación se mantenía por el entusiasmo adolescente y la habilidad interminable de Bill para saltar de tema en tema, pero solamente cuando ella se recostó, y paró de dejarse llevar por el huracán de la seguridad y brillantez de Bill, vio lo que estaba ocurriendo en realidad.
Su control no había disminuido en absoluto – a decir verdad, estaba creciendo, cambiando, manifestándose en formas más sutiles que las demandas evidentes por el tiempo y la atención de Tom. En lugar de una letanía constante de «Yo quiero….» y «Tom, respóndeme esto…”, ella presenció un tipo de control que era sorprendente en su carácter absoluto, en su complejidad delicada.
Y Bill lo hacía parecer tan fácil.
En el restaurante al que fueron para almorzar, Bill escogió la comida para los dos, bajo la fachada de que Tom no comprendía el menú (¡tú tomaste francés también, Tom, e incluso obtuviste mejor nota que él!, quería decirle), en el lugar para la función de esa noche Bill eligió qué canciones ensayar por segunda vez (¡porque soy el cantante, mami! ¡tengo que escoger siempre!) Y Tom pulsaba las cuerdas de cualquier guitarra que le pasaran hasta que Bill estuviera feliz y solo entonces paraban; y de regreso al hotel después de la función y las firmas de autógrafos, y el resumen con David, cuando Bill quería irse a la cama (Andaaaaa, Tom. ¡Necesitamos dormir para esa entrevista mañana!), Tom lo siguió hasta la habitación que estaban compartiendo después de darle a ella un beso de buenas noches.
Aparentemente, sus dos hijos eran mejores actores de lo que pensaba.
La mañana siguiente, los encontró tomando el desayuno en el comedor reservado para su staff, bien resguardados en una esquina, en una mesa donde una señal colgaba del borde en inmensas letras negras denotaba «Mesa de la banda», pero eso no fue lo que llamó su atención a esa área.
Fue Bill ajustando la gorra de Tom con sus dedos manicurados y a Tom permitiéndoselo – sus manos estaban plegadas en su regazo, y no hizo ningún intento de parar a su hermano de tocarlo, de poner sus rastas sobre sus hombros justamente al gusto de Bill, el cuidado de Bill alisando la cinta gris sobre la muñeca de Tom, donde el gemelo más joven la quería.
Bill dijo algo, sus labios apenas se movieron pero Tom asintió inmediatamente, sus manos apretadas fuertemente hasta que Bill llevó sus dedos con uñas pintadas de negro hasta esos puños y Tom los abrió de mala gana, ofreciéndole las palmas a Bill, que rozó sus propios dedos sobre ellas, presionó un beso breve al centro de cada palma (tan finos dedos, incluso para un músico) antes de devolverlos al regazo de Tom y darle un suave golpecito sobre la nariz. Tom se rió, y Bill sonrió suavemente.
Eso era algo que a ella nunca se le había permitido hacer, tocar alrededor de la cabeza o la cara de Tom, a menos que fuera estrictamente necesario para deberes maternales y cuanto más crecía él, eso era cada vez menos necesario. Él se alejaba del contacto físico tanto como le fuera posible, pedía solamente el tacto de Bill en una cuota diaria, usando a Simone como último recurso cuando no podía encontrar a su gemelo para darle lo que Bill había llamado “roces de amor”.
Desde una edad temprana, había intuido que Tom se alejaba de ella, queriéndola desde una distancia que él rara vez violaba con un abrazo prolongado o un beso de más sobre la mejilla antes de irse a la cama.
Desde el momento en que tuvo sus rastas y habían hecho suficientes viajes al peluquero como para ser capaces de cuidar las nuevas raíces y mantenerlas ellos mismos, había sido desterrada de tocar a Tom casi completamente; solo era abrazada por Bill quien estaba bastante satisfecho con enrollar sus flacos brazos alrededor de ella en la puerta cuando volvía de la escuela y le daba un beso en la mejilla antes de tomar la mano de Tom y llevarlo hasta arriba de las escaleras para hacer las tareas escolares, o ensayar, o solo enrollarse juntos como gatos perezosos al sol que entraba a raudales por la ventana del dormitorio de Bill.
Ni una sola vez Tom vino hacia ella de ese modo.
Mirar a su hijo más joven hablarle tiernamente al mayor, sus dedos moviéndose constantemente alrededor de Tom, masajeando sus dedos, acariciando un lado de su cara, frotando su pulgar sobre el piercing del labio que Bill peleó con ella para que tuviera, incluso cuando Tom solo se había quedado en silencio sentado entre ellos, Simone sintió una punzada de pesar cruzada con el intenso dolor de una desvanecida cólera por el hecho de que Bill le hubiera robado a su hijo mayor, quedándoselo solo para él mismo mientras ella tenía que verlos crecer con un mínimo aporte suyo. Ese era un pensamiento que la había atormentado desde que dejaran de ser bebés, y ya no la necesitaran para todo. Los había llevado a los dos por nueve meses y desde entonces había estado corriendo detrás de ellos.
Cuando vio a Bill tocar la mejilla de Tom con sus dedos, sus anillos destellando con la luz del sol que entraba a través de la ventana, supo que nunca había sido capaz de alcanzarlos; no realmente. Bill siempre había dejado a Tom fuera de su alcance, feliz de aceptar su amor y pasárselo a Tom a través de sus propios abrazos y besos o, muy raramente, permitir un breve contacto entre ellos pero solamente por el tiempo que Bill lo permitiera.
Fue siempre Bill el que separó a Tom de sus abrazos, o quien alejó a Tom de su lado cuando quería, incluso cuando Tom no se había quejado; por lo contrario, siempre era Bill quien interrumpía su tiempo de calidad madre-hijo, echándose sobre el regazo de vuelta, y haciendo un mohín porque estaba siendo privado del tiempo con su gemelo, y de todos modos, ¿no es tiempo de que vayamos a practicar, Tomi?
Cuando los otros miembros de la banda llegaron, miró, desde su posición en la mesa de los adultos, cómo se sentaron al otro lado de la mesa y se preguntó si Bill pararía de su tocar a su gemelo frente a la nueva compañía, porque seguramente alguien habría señalado lo extraño y casi inapropiado que era. Ninguno de los chicos mayores pareció notar algo fuera de lo normal, sin embargo, y ella se sintió desvanecer cuando se dio cuenta de que para que ellos no consideraran aquello extraño o raro, tenían que haber estado expuestos a ello todo ese tiempo.
Bill nunca había dejado el control; solo lo había cambiado de una forma a otra y Simone no lo había notado hasta entonces.
Vio a Gustav acercarse para despeinar un grupo de rastas rubias muy bien posicionadas bajo la gorra, y a Tom echándose hacia atrás, subiendo sus manos para defenderse de los avances del baterista, con una amplia sonrisa pero los ojos asustados por la cercanía de otra persona.
Incluso desde la distancia, podía verlo luchar contra el ataque percibido, aunque él conocía a Gustav, y sabía que no lo lastimaría.
Inmediatamente, su protector vino a su rescate; Bill calmó su angustia dando una palmada a la mano escurridiza de Gustav que todavía amenazaba la gorra de Tom incluso cuando el baterista se rió y le alargó un periódico con la otra. Tan pronto como la atención de Gustav fue desviada con éxito, Bill se giró hacia su hermano, para ajustar la gorra casi perturbada y pasar sus dedos por los brazos de Tom, envolviéndolos alrededor de las manos temblorosas de Tom debajo de la mesa, donde la mayoría de las otras personas no podían verlos.
Tom le dio a Bill una media sonrisa y Bill se había inclinado hacia adelante, presionado sus frentes juntas y susurrado algo que hizo a Tom soltar el aliento, y a la tensión aligerarse de sus hombros que habían estado fuerte encorvados. Bill le sonrió luego a Tom, tan suave y gentilmente que ella podía ver el amor en sus ojos desde donde estaba sentada, y Tom se relajó, inclinando la cabeza hacia algo que Georg dijo mientras Bill le servía un vaso de jugo.
Aunque él parecía estar a gusto, Simone lo vio mirar a Bill atentamente en todo el resto de la comida, y a su gemelo que correspondía a ello; pasándole la salsa de tomate solamente para robarla de vuelta y echar un chorro de esta él mismo en el plato de Tom, Tom intentando alcanzar la jarra del té en el centro, solo para que Bill pusiera su mano sobre las de él, agitando su cabeza como negando silenciosamente, pasándole cubiertos y sal y escogiendo por Tom qué comidas comer en lugar de permitir que él escogiera por sí mismo. Tom se echó hacia atrás en su silla, bebiendo el jugo que Bill le había pasado con una sonrisa y riendo de cualquier cosa que el bajista acababa de decir.
Ni Gustav ni Georg parecían ver nada incorrecto con su comportamiento, riéndose por algo que hizo a Bill sonreír abierta y extensamente, y Tom contó una broma que dejó a Georg sin aliento con sus risitas tontas y Gustav doblando la esquina de su periódico para mirar fijamente al otro lado de la mesa con una ceja levantada. Los cuatro de ellos en su propio pequeño mundo, y Simone observándolo todo sin permiso. Vio cómo Bill apuntó a Tom hacia el tazón de fruta en el centro, en vez del de tocino al que él se había dirigido, y este trajo a su plato un plátano en lugar de la carne por la que había ido originalmente.
Simone miró fascinada cómo pasó la fruta a Bill, quien lo peló calmadamente, lo cortó por la mitad con un cuchillo limpio y dispuso una de las piezas en el plato de Tom sin quitar la vista de Gustav quien estaba leyendo en voz alta algo de la sección de deportes.
Solo cuando Bill asintió con la cabeza hacia él, Tom tomó el plátano en realidad y empezó a comerlo. Cuando terminó, Bill le pasó una servilleta para que limpiara su boca, y ella vio con perplejidad cómo Tom obedientemente pasó la tela por el otro lado de su cara antes de desecharlo. El pulgar de Bill fue hasta el otro lado de sus labios sin un pensamiento para las otras personas en la mesa, inclinándose cerca y cuchicheando en su oreja directamente.
Gustav solamente bebió su té, y Georg untó más tostadas con mantequilla y ninguno de ellos pareció encontrar nada malo con que Bill sujetara la mano de Tom, le sirviera más agua, metiera una mano en el bolsillo del hoodie de Tom para sacar un paquete de mentas sin preguntar.
David le pasó a ella una taza del café que ella poco había notado, demasiado enganchada mirando la dinámica de sus niños y eso apenas tenía sentido para ella al mismo tiempo que se sentía dolorosamente familiar. No sabía qué pensar y pasó la mayor parte de la comida enfocada en la mesa de la esquina donde las personas más jóvenes del salón mantenían su propia corte privada, y Bill mantenía su control sobre Tom como un collar de hierro envuelto en encaje.
El desayuno había terminado, y ella recuperó su bolso de mano de la habitación que había tomado para dormir, y dijo sus gracias a los varios miembros del staff que mantenían protegidos a sus hijos de la muchedumbre de fans gritonas que ya se habían reunido fuera del hotel. No demasiado pronto, sin embargo, fue tiempo de estar en camino al aeropuerto y a su propia casa -su propia casa vacía sin Bill y Tom, mientras ellos continuaban viajando con la banda, su seguridad y David.
Estrechó las manos de Georg y Gustav porque eran casi hombres ahora y seguramente querrían ser tratados de esa manera a los diecisiete y dieciocho, pero ellos se encogieron de hombros, y la halaron para abrazarla, de cualquier modo, porque tú eres Simone, y eres prácticamente familia de todos modos y los apretó muy fuerte contra ella porque eran las únicas personas que realmente podían mantener a Bill y Tom conectados, a veces, con este mundo. Los había visto, en la habitación verde, en el escenario durante el ensayo, en el restaurante durante la cena la noche previa; las únicas personas que podían sacar a Bill y Tom afuera de su propio pequeño mundo y traerlos de regreso a este eran el apacible Georg y el siempre observador Gustav.
Durante los últimos días, había mirado a los ojos oscuros del baterista y se preguntó qué había visto para estar, constantemente, tan pendiente de Bill y Tom -cómo estaba siempre listo con un comentario o una observación que llevaba a otro tema y Bill era llevado a otra conversación incluso cuando seguía sujetando la mano de Tom debajo de la mesa. Gustav había sido constante y fiel a sus gemelos, manteniendo bajo control, con la conversación, la tendencia de Bill a dominar, y dirigiendo palabras a ella para recordarle al hijo menor que su madre todavía estaba ahí.
Ella también estaba curiosa por enterarse de cómo Georg le hacía para mantenerse en el impulso sin parecer siquiera levantar un dedo cuando tenía que ver con los gemelos, qué lo hacía tan hábil en mantener a su socio guitarrista hablando cuando este parecía desear quedarse en silencio y dejar que su gemelo prevaleciera, del modo que ella nunca fue capaz de hacerlo, cómo Georg se las arreglaba para insinuarse a sí mismo en una posición que significaba que ella nunca entraría a la habitación de Bill y Tom sin él o Gustav, o sin que David llamara con anticipación primero, o entrar a la habitación verde sin que se los advirtiera antes.
Cuando le dio el beso de adiós a Tom después de que el desayuno hubo terminado, él olía de la misma manera que el desodorante y gel de ducha de Bill, y solo verdaderamente Bill y sus ojos estaban cansados aunque su sonrisa era brillante.
«Te quiero, mamá”, dijo él suavemente, de modo que los otros no lo escucharan ser sentimental.
“ Te quiero también, Tom.», dijo ella también en voz baja.
«Ten un viaje seguro, mamá.», dijo Bill, apoyándose sobre el hombro de Tom, sonriéndole intensamente incluso cuando interrumpía su adiós.
Cuando se alejaba, vio sus manos enroscarse juntas, y a Tom apoyándose en el costado de Bill. Bill sonrió hacia él y toda la cara de Tom se iluminó – su mundo estaba en su lugar otra vez, y todo estaba bien otra vez, y eso no era debido a ella.
Simone se estaba marchando. Su mundo debió haber estado fuera de orden, observando a su custodia parental alejarse de él y fuera de su mundo caótico que seguramente debía perturbar su DOC (desorden obsesivo compulsivo) que lo había reducido a lágrimas una vez cuando los platos en la despensa no estaban por orden de tamaño, pero su mundo no estaba en caos porque Bill estaba ahí.
Bill estaba ahí para restaurar sus escalas emotivas, transmitirle ecuanimidad a Tom, mantenerlo derecho y continuando adelante, hacia el meteórico ascenso al estrellato que Bill le había dicho que ocurriría todos esos años atrás. Solo un roce, una sonrisa, una palabra de Bill y todo el rostro de Tom se llena de júbilo, goce inocente a través del fino revestimiento de la adultez combinado con la arrogancia adolescente que había sido en parte creada por David y en parte por un muy renuente Tom (¿o fue realmente Bill?) para proteger su imagen de mujeriego que era, seguramente, falsa. Cuando ella le preguntó a Georg sobre eso, él le sonrió y le pidió que le pasara el agua de la mesa junto a ella. Él no había respondido a su pregunta, y ella no preguntó otra vez.
Ella vio desde el vestíbulo cómo Tom señaló algo fuera de la ventana y Bill rió, su mano dándole una palmadita en el hombro a Tom, su cara expresiva y sin sombras de la máscara que lo había visto ponerse sin pensarlo cuando ella estaba alrededor. David estaba de pie, separado de ellos, sujetando el teléfono junto a su oído pero ella no lo miró –estaba cautivada mirando a Tom.
Su sonrisa tímida, sus dedos moviéndose, mordiendo su labio cuando hablaba, sus manos que se movían alrededor mientras trataba de demostrar algún punto que su gemelo obviamente encontraba divertido porque, en lugar de responderle con palabras, Bill solo se apoyó en él y lo besó sobre la mejilla, llevando su pulgar hasta el labio inferior de Tom cuando se retiró. Tom se quedó en silencio después de eso.
La sonrisa que floreció como consecuencia de ese beso dijo, sin embargo, más que cualquiera de las palabras que ella sabía él podía usar; era dulce, delicada y tan salvaje que la dejó sin aliento, incluso cuando atrapó a Georg y Gustav mirándola fijamente a través de la puerta del restaurante, moviéndose para obstruirle la vista de sus hijos, pero eso no importaba. Ella lo había visto y sus ceños fruncidos no se lo harían olvidar: Bill hizo eso. Bill puso esa sonrisa ahí. No ella. No Georg o Gustav, o alguien más. Bill. Esa podía ser la cara de Tom, pero ¿la sonrisa?, pertenecía a Bill.
Simone se metió en el taxi, apenas recordando agradecerle al portero que lo pidió para ella, y puso su cabeza en sus manos después de balbucear su destino al conductor. Toda su esperanza de que el agarre ajustado de Bill sobre su hermano estaba desapareciendo definitivamente después de quince años, se acabó; esfumada en veinticuatro horas de observación cuidadosa. Bill todavía estaba en control. Bill todavía estaba a cargo. Bill todavía estaba marcando la línea para que Tom caminara por ella y Tom todavía la estaba recorriendo. Marchando obedientemente con la melodía que Bill le tarareaba, o cantaba, o solo pensaba para él, cada movimiento de Tom era dictado por Bill.
Fuera de la ventana hubo un torbellino de movimiento, y cuando miró hacia arriba y vio sus hijos agitar sus manos en el adiós a su madre, no supo qué pensar sobre nada más…
…Ambos estaban felices. ¿Y quién era ella para destruir eso?
F I N
Vaya…de los fics clásicos…no lo había leído pero pude imaginarme todo a la perfección.
En una operación de 1+1 no pueden haber tres y a Simone le costó muchos años para entenderlo.
Me gustó el carácter tan dominante pero amoroso de Bill para con Tom, y no es necesario leer explícitamente que pasaba para entenderlo.
Gracias por la traducción!!!!
Bellisimo two shot ….. nada más cerca de la realidad. Gracias por la traducción.
Amo este two shot *_* Tenia tiempo sin leerlo, amo la dinámica la verdad Jaja