
Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 8
Los labios de Tom se mueven con pasión, mordiendo y succionando mi labio inferior, deslizando au lengua de manera juguetona sobre él mismo.
Nuestra respiración se vuelve acelerada y los besos más salvajes, ardientes, sexys… provoca en mi sensaciones intensas de deseo y lujuria viva.
Siento como cada beso es un paso a la puerta del placer.
Mi cuerpo no puede evitar estremecerse de la excitación que se apodera de mi ser.
— Tom. — susurré apegando mi cabeza en su hombro. Él se encarga de apartar mi cabello en un acto tierno que volvió loco mis sentidos. — Quiero ir a casa…
— ¿Qué sucede?
— Hazme caso. — pedí suplicante, no le quedó de otra, solo aceptar la petición e irnos.
El trayecto fue silencioso, nada comparado hace unas horas que nos molestábamos mutuamente y no parábamos de reír. Miraba por la ventana los edificios que pasaban, tenía una pregunta rodando por mi cabeza que me hacía sentir inquieto.
¿Por qué si de verdad odiaba a los homosexuales… se besaba con uno?
Sé que si le pregunto, él va a evadir mi pregunta a toda costa con comentarios que me solo me harían sentir patético.
— Ya llegamos. — dice tocando mi brazo. — Baja, te acompañaré hasta dentro y luego me iré. — asentí bajando del auto un poco mareado. Tom aseguró el auto, luego vino hacia mi para abrazarme por los hombros e ir hasta el ascensor. Desde que nos subimos hasta que nos bajamos no ha soltado su agarre y en parte me hizo sentir bien.
Se tomó el atrevimiento de buscar las llaves en mis bolsillos para abrir la puerta del departamento.
— Listo, ¿o también quieres que vaya a recostarte en la cama como un niño pequeño y esperar a que te duermas?
— No, eso ya es exageración.
— Tampoco pensaba hacerlo, solo bromeaba.
Suspiré.
Después recosté mi cuerpo en el umbral de la puerta con los brazos cruzados observando como él entraba al a su casa. Mordí mi labio inferior y toqué mis labios con la yema de mis dedos. Cerré los ojos, volviendo unos minutos atrás. Exactamente a ese beso que me dió. Se sintió bien y excitante.
Lo quiero repetir.
¿Qué puede pasar mañana?
Decidido a lo que iba a hacer, cerré la puerta de mi casa y entré a la suya. Me encargué de ponerle seguro.
Luego me quité los zapatos al mismo tiempo que la camisa para ir a buscarlo.
Corría el riesgo de ser rechazado pero ya era tarde, estaba de camino hacia la única habitación que había en el depa.
Tom se encontraba poniéndose una mudada nueva de ropa para salir.
Caminé otro poco hasta estar en frente de él. Coloqué ambas manos en sus hombros antes de sentarme completamente y callar lo que estaba a punto de decirme con un beso.
Busqué su mano con la mía para subirla sobre su cabeza y entrelazar.
Me encanta como su aliento empieza a mezclarse con el mío.
— Bill, lo siento pero… — de un movimiento volteó mi cuerpo para que yo quedara abajo esta vez. — … me gusta tener el control pero no es el momento, estás borracho. El Bill sobrio se me resistiría un poco más.
— Joder. — murmuré avergonzado. — Lo siento, no sé en qué estaba pensando.
— En mi polla, ¿en qué otra cosa podrías pensar?
— Imbécil.
Tom sonrió.
— Ve a dormir, tus ojos están rojos, ¿crees que es chiste tomar tequila purito? — busqué las llaves en mis bolsillos mientras salía de la habitación con él rostro ardiendo en vergüenza y todo fue peor al encontrarlas. — ¿Qué?
— Creo que olvidé las llaves dentro.
— Dios, que estúpidos son los homosexuales. ¿No quieres que abra la puerta con mi super polla para que entres?
— No. — murmuré. — Mejor espero a mañana que venga Zamira y me haga entrar.
— ¿Y dónde vas a dormir?
— En el pasillo.
— Dios. — gemí adolorido al sentir el fuerte azote en mi nalga derecha. Di un paso adelante para mantener mi equilibrio y no caer. Me golpeó demasiado fuerte. — ¿Quieres que te meta mi pene en la cabeza para que pienses mejor?
— ¿Por qué no en otro lado?
— Que gay.
— Estoy borracho, maldita sea, ¿por qué no aprovechas?
— ¿Cómo para qué? así no me sirves, no te vas a acordar de nada mañana.
— Ajá.
— Mhmm… ¿por qué tú no admites que quieres que yo te coja?
— ¿Y en qué momento lo he negado? Si la intención de traerte a casa era para eso, solo que los hombres muchas veces no captan las indirectas y la terminan cagando to-do. — Tom abrió la boca de par en par y yo tapé la mía para no seguir hablando demás. Aproveché el silencio para huir hacia el baño y encerrarme ahí para no verle la cara hasta poder escapar a mi casa.
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Desperté en la enorme comodidad de mi cama. Me estiré de la mejor manera posible y abracé al peluche que estaba durmiendo junto a mi. Le acaricié el pelo duro con la yema de mis dedos, quizás no pasaba porque estaba viejo y descuidado pero no importaba. Estaba cálido para el jodido frío que estaba haciendo esta mañana.
No abrí los ojos en ningún momento pero si traía una sonrisa de satisfacción.
Hacía bien para el dolor de cabeza que traigo.
Luego, como si estuviera vivo, él corresponde mi abrazo de una manera atosigante, por poco y me ahogaba. A si que tuve que alejarlo de una patada y cayó al suelo. No me basto sacar la cabeza hacia donde había caído para saber de quién se trataba.
— ¿Así también le despiertas a tu novio o qué?
Salté como una pulga de su cama dispuesto a irme de su casa lo más pronto posible. Si recordaba la estupidez que quería hacer ayer y ahora me arrepentía de la forma más baja posible, ¿en qué carajos pensaba? y peor aún, recordé la forma tan estúpida de rechazarme y las basuras que le terminé diciendo porque no hay más idiota que yo.
Azoté su puerta una vez que estuve afuera y golpeé con insistencia la de mi casa.
Exhalé aliviado cuando la voz de Zamira se escuchó y no demoró en abrirme. Lastimosamente me llevé una sorpresa que no esperaba tan pronto, Isaac estaba ahí, sentado.
Tiene un expresión de molestia en el rostro e hizo que empiece a temblar de miedo.
— Isaac, que… b- bueno verte, ¿por qué no me dijiste que volverías?
— Primero responde tú, ¿qué haces con una camisa así de grande? nunca la he visto y se parece a las que usa el vecino.
— Es mía. — mintió Zamira. — Ya te dije que le he mandado hasta el periférico a buscar una pastilla para la regla y se fue así, no tuvo tiempo para cambiarse.
— ¿Y dónde está la pastilla?
— No encontré. — mordí mi uña mientras miraba a cualquier lado menos a mi novio. — Era la única farmacia que estaba abierta.
— Ni modo, para otro día. — sonrió.
— Mierda. — entra diciendo Tom a mi detrás. Se me bajó la presión por lo que dijo a continuación. — Gatito, aquí está tu pago por el servicio de ayer, no sabes lo bien que disfruté de ese culote. — esta vez, Tom me nalgueó en frente de Isaac. Colocó el dinero en el elástico de los boxers y salió riendo divertido.
Le dió un tic nervioso en el ojo.
— ¿De qué habla ese hombre, Bill?
— ¡Hey! — chilló. — ¿Qué no es obvio? ¡Bill pasó la noche conmigo!
— Eso tiene más sentido que ir a comprar una puta pastilla de la regla en esas fachas, Bill.
— Isaac, no…
— Cállate. — lágrimas se hicieron presentes en sus ojos con cada paso que daba hacia mí. Me encogí con mucha pena porque no recordaba haber echo algo así con Tom, solo recordaba que entré a su departamento, intentar hacer eso y después encerrarme en su baño.
Le resulta muy confuso a mi mente. — ¿Por qué no me hablaste de tu pasado? ¿cuál era la necesidad de volver a hacerlo? ¿no te basta conmigo?
— ¡Lo que dijo es una mentira! — chillé. — No me he acostado con nadie en ningún momento, solo le pedí posada porque olvidé las llaves dentro de la casa y no tenía a dónde ir, ni siquiera traía las tuyas.
— Creo que mejor debo irme, quiero estar solo.
No miré como salía de la casa, solo me enfurecí al ver a Tom parado en su puerta con una bolsa de palomitas comiendo como si lo que hizo estuviera bien. Apreté los puños con las enormes ganas de golpearlo. Estaba con una sonrisa de oreja a oreja, que pronto iba a borrarla con mis golpes.
— No me mires así, gatito. Te hice un favor. Una pareja homosexual menos.
Di unos cuantos pasos hasta intentar llegar pero se apresuró a entrar a su casa.
— Mierda, no sé que tanto pasó entre tú y el vecino pero que loco.
— ¡No pasó nada! me conoces bien, Zamira.
— ¿Seguro?
— Si, ¿por qué lo dudas? Tom no para de molestarme, de ponerme sobrenombres feos y hacer de mi existencia la más miserable de todas. ¿Por qué tendría algo con él?
— Porque te gusta.
Continúa…
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