
Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 5
Mi mente se quedó en blanco, no pude mencionar ni una sola palabra.
¿Hijo de un narcotraficante?
— Dime algo, anda… — lento me bajé de sus piernas para aclarar mi cabeza. Los tragos me están empezando a hacer sentir muy mal ~en el sentido de calentura~. No debo tomarle en serio. Tom sigue bromeando.
— ¿Acaso eres familiar de Pablo Escobar o qué? — comenté en medio de burla. Tom estiró sus piernas hasta la mesa de noche, muy fresco y suspiró gravemente. Como si le hubiera molestado mi pregunta.
La seriedad que había en su rostro me hizo poner nervioso. — B- bueno, no pensaría nada porque no eres responsable del destino que eligió tu padre y p- pues me siento m- muy feliz de que no quieras ser como él.
— ¿Y no te da miedo?
— No. — respondí con una seguridad que me asustó.
— Es que por eso no tengo amigos, mentí cuando te dije que sí pero esa es la cruda realidad. Estoy más solo que un desierto. A parte, eres la primera persona que siento que siempre hablaría con la verdad, lo malo que eres gay y yo con gays no me junto.
— Pero bien que te los quieres coger.
— ¿En qué momento he dicho que te quiero coger? solo dije que quería verte con esa lencería de gatito traga leches, por cierto… hablando de gatitos traga leches, ¿por qué no me haces una mamada? mi pene está ansioso de estar en esa boquita traviesa. — mandó una corriente escalofriante por todo mi cuerpo. Sentía mi pene atorado en esa braga molesta. Lo más extraño es que pedía a gritos ser atendido únicamente por él.
— No quiero tener tu pene en mi boca.
— Oww, vamos, gatito. Ya te dije que le pongas precio. — observo sin quitar la vista de la acción que está haciendo. Se levanta del sofá para quitarse el enorme buso junto con la camisa. De inmediato mi garganta se secó. La punta de mi polla se humedeció y de seguro estaba más sonrojado de lo normal. Y el torso. Ese torso tan delicioso que quiero lamer y morder a mi antojo. — ¿Mhmm?
— ¿Qué tal una condición?
— Denegado.
— Tengo derecho a pedir algo a cambio.
— Los gays no tienen derecho, es más, ni siquiera sé por qué te estoy dejando hablar. — más abajo estaba desabrochando el botón. Las piernas me flaquearon al ver su tercera pierna bien marcada en los boxers.
«¿Cómo esperas resistirte a él si lo qué esperabas era cierto?»
Gemí sin poder contener.
— No te asustes. — sonrió estirando su mano. La tomé con cierto recelo mientras me acercaba a pasos lentos hacia él. Me sentó una vez más en sus piernas. Se dedicó a acariciarlas de arriba abajo con suma lentitud, erizando mi piel. Asciende por el abdomen, acaricia el tatuaje de la estrella y el de un costado hasta llegar a mi cuello. Tragué saliva al sentir su mano cerrarse en el. — Ve.
Siguiendo sus ordenes como un esclavo, me arrodillo frente a él, con una mirada lujuriosa en mis ojos. Deslizo mis manos por sus muslos, acariciando suavemente su piel mientras siento cómo su excitación crece. Lentamente, llevo mi lengua a la punta de su miembro, dándole una pequeña lamida juguetona antes de envolver mis labios alrededor de él.
Comienzo a mover mi cabeza hacia arriba y hacia abajo, creando una succión deliciosa mientras mi lengua se desliza por cada centímetro de su erección. Le miro fijamente a los ojos mientras se la chupo con pasión, disfrutando de cada gemido y suspiro que se escapa de sus labios rosa.
Mis manos se unen a la acción, acariciando sus testículos y sobando su eje al mismo tiempo. Aumento la velocidad y la presión, llevándole al límite del placer. Puedo sentir cómo su cuerpo se tensa, cómo sus caderas se arquean hacia mí, rogando por más.
— Gatito…
Y justo cuando siento que está a punto de explotar, me detengo.
Observo a Tom con una sonrisa traviesa ante su mirada confundida.
— Quiero chuparla bien.
— Uy…
Vuelvo a tomar su miembro en mi boca, esta vez con más intensidad y pasión. Tom está al borde. Creo que no aguantaría más.
— Yo creo que será para otro momento.
Dijo eso cuando finalmente no pudo soportarlo más. Dejé que Tom llegara al climax en espesos hilos blancos. Siento cómo su cuerpo se estremece y cómo su cálido semen llena mi boca sedienta. Lo saboreo y lo disfruto, asegurándome de no dejar ni una sola gota desperdiciada.
— Eres tan asqueroso que me encantas. — estiró la mano para limpiar la comisura de mis labios. Con la otra agarró fuerte mi cabello y me levantó del suelo como una pluma para estar muy cerca de su rostro. Se acercó tanto que me puso nervioso. Colocó su dedo pulgar sobre mis labios y así improvisó un beso.
— ¿Y qué hay de mí?
— No lo sé, tampoco es mi problema. — relame sus labios mientras empezaba a acomodarse la ropa. De mi parte, solo me puse el abrigo y me senté en el sofá.
Con vergüenza.
— No le vayas a decir lo que pasó entre los dos a nadie.
— Oh, claro que no. Ni siquiera a ese noviecito tuyo ridículo que por cierto no lo he visto, ¿a dónde huyó?
— ¿Qué te importa?
— Nada. — caminó un poco hasta el estante donde Zamira tenía una colección de libros de arte romano y sacó una cámara oculta.
— ¿Qué es eso, Tom?
— Que tengas una excelente noche, gatito. — evadió mi pregunta caminando hasta la puerta. Rápido corrí hasta a él y me lancé encima para arrebatarle.
Al parecer estaba grabándome sin mi consentimiento. — ¡Tranquilo! — rió a carcajadas.
— ¿¡Por qué me estabas grabando!?
— ¡Porque pienso chantajearte con eso!
— Oh, dios. — dejé caer mi cuerpo paralizado. De inmediato mi vista se nubló y las lágrimas empezaron a caer. — Eres la persona que más odio en mi vida, ¡largo de aquí!
— Nos vemos mañana. — en medio de risas burlonas salió del departamento azotando la puerta sin consideración alguna.
Mierda.
&
Desperté de mal humor, no salí de mi habitación en toda la mañana y ni siquiera acompañé a Zamira en el desayuno. Caí estúpidamente en su juego, ¿cómo no me di cuenta antes?
Ya había conseguido lo que quería, ¿qué iba a pasar después?
En medio de ese mar de pensamientos, un par de golpes se hicieron presentes.
Lo primero que pensé fue en el imbécil del vecino. Agarré unas tijeras con la intención de amenazarle y corrí rápido a abrir la puerta. Lamentablemente no era él, si no mi madre: Charlotte. Dejé caer las tijeras al suelo, en un estado de shock. Sentí un escozor en los ojos. No quiero llorar frente a ella. Me niego rotundamente.
Maldito Bill sentimental.
— ¿Para que has venido?
— Quiero saber lo que pasa en la vida de mi hijo, ¿acaso es un delito?
— No es un buen momento, ¿qué tal otro día? — me abrazo a mi mismo y miro hacia el suelo con resentimiento.
— Sigues viviendo con tu novia, Bill.
— Sí, ¿no es obvio? — mordí mi labio inferior.
La última vez que ví a Charlotte le dije que estaba viviendo con mi supuesta novia ~Zamira~ porque tenía sospechas de que era gay. No tenía la suficiente confianza para confesarle algo tan serio como mi orientación sexual. Pensaba que estar lejos de ellos sería bueno porque no afectaría a mi paz mental.
El volver a casa para estar bajo sus reglas consistía en ser un niño como los de la élite que los rodea. Vestimenta de smoking, nada de maquillaje y en su mundo no existe el ser «emo». Creen que es una excusa perfecta para tapar lo que realmente eres y nada que ver. Entre toda la familia Trümper soy la oveja negra por no seguir los estándares requeridos.
— Estoy tan feliz con eso, me da mucha ira cuando en las cenas familiares surge el tema de él hijo de Charlotte y su curiosa sexualidad. Me niego a creer que eres homosexual.
Ya sabes lo que se piensa al respecto, el hombre se hizo para la mujer y la mujer para el hombre.
— Mamá…
— No. — interrumpe. — Esas personas deben estar muertas y también la gente que los apoya. — cada palabra que mencionaba me llegaba profundo al corazón. Era imposible no ponerme a llorar porque desde ya, estoy sintiendo el rechazo hacia mí. — Gente sin valores. — murmuró. — Iugh… ¡pero a lo que venía! mañana la familia se reunirá a casa de la tía Cynthia porque es el cumpleaños de la Nonna y tienes que ir, no le vayas a hacer un desplante. Por favor.
— Yo… — aclaré mi garganta antes de hablar. — sabes que no puedo, ni trabajo no me lo permite.
— Haz lo que tengas que hacer, solo ve. No me hagas guardarte más rencor. — colocó sus lentes perfectamente para luego irse junto con su guardia personal. Me dejé caer al piso, a punto de entrar en una crisis existencial.
— Uhm…
— No me molestes, por favor.
— Entra. — no pidió permiso para entrar al departamento y solo lo hizo. Yo lo hice con mucha lentitud. Muy desganado. Deprimido. Cerré la puerta a mi detrás. Después, arrimé mi espalda en ella y solté un suspiro mirando el techo.
— ¿Qué quieres?
Centré la mirada en él y lloré mucho, porque no esperaba que Tom me diera un abrazo fuerte, cálido y protector.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉