
Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 46
Hicimos una parada en el medio de la nada con la intención de quemar ese vestido que costó toda una fortuna y eso pude haberlo donado a alguna fundación de cachorros, me dolía.
Después fui llevado a un hospital y todo porque Tom había visto el vídeo en dónde le cuento que me dijeron que vieron algo más y que yo quería estar ahí con él para saber hablar.
A penas entré estaba temblando de miedo. El doctor aplicaba ese gel en mi pancita con suaves caricias. Luego acerca la máquina y enciende la pantalla para la visibilidad de Tom y para mí.
Le extendí la mano al mencionado para que la tomara, apretando en desesperación.
— Pues así que vea algo malo como dice, señor Kaulitz, pues no.
— ¿Entonces? ¿qué es si no es malo porque nos ha asustado y mucho? — habla por mi. — No quisiera que le pase nada al bebé.
— Bebés. — corrigió. — ¿Pueden verlo? — el señaló con su mano en la pantalla en un lugar donde había otro igual. Pude taparme la boca con la mano antes de soltar una risa de emoción. — Es un embarazo gemelar.
— ¿Dos? ¿dos… bebés?
— Así es, todo anda en orden. — agarró una servilleta para quitar el gel de mi pancita y darme espacio para acomodarme la ropa. — Se ve que se alimenta bien, su peso está bien y realmente nada de que preocuparse. Siga así, Bill.
Suspiré sintiéndome un estúpido por no esperar esa vez a que me dijeran pero en mi defensa solo me asusté.
— Gracias. — susurré antes de volver a tomar la mano de mi pareja y salir del lugar hasta el estacionamiento. Iba en completo silencio, con la mirada en el suelo, perdida. Tom se había sumido en sus pensamientos y me ponía nervioso. — ¿Qué sucede? te noto muy inquieto.
— No, todo está bien.
— ¿Seguro? — me dijo que sí con la cabeza, abriendo la puerta para poder entrar al auto. Después lo rodeó el para subir e irnos nuevamente a nuestro destino en Berlín. — Estoy muy feliz porque vamos a tener un par de bebés a los cuales cuidar, siento que va a ser un trabajo duro pero en equipo. — comenté dispuesto a cambiar el tema y dejar la frialdad entre los dos. — ¿Qué te gustaría que sean, eh? ¿niños, niñas o ambos?
— No estoy seguro.
— Tom… — suspiré estresado. Esa actitud tan de repente me va a poner de muy mal humor.
— De momento solo quisiera estar en silencio.
— ¿¡Por qué!? — di un golpe en la guantera del auto, muy enojado. — ¡He deseado este momento desde el primero y tú solo actúas así! ¡cómo si no estuvieras feliz de nuestros bebés!
— Bill.
— ¡No! — interrumpí levantandole aún más la voz. — ¡No sé que mierda te pasa!
— Solo estoy inseguro, ¿ya? no es para tanto.
— ¿De qué?
— De tí.
— Lo único que he hecho es esperarte pacientemente, seguir las putas reglas de Andreas al pie de la letra sin importar lo afectado que me viera ¿y dices que dudas de mí? deten el auto. — el siguió con la vista al frente, sin hacerme caso. — Carajo, deten el auto o me voy a lanzar. — pisó el freno de golpe y este se detuvo. Por suerte fue cerca de un hotel de paso donde había comida, un mini mercado, gasolina y entre otras cosas más.
Extendí la mano hacia el asiento de atrás para bajar mi bolsa de ropa antes de correr a pasos largos hasta el hotel, sin importar lo que Tom hiciera. Alquilé una habitación hasta mañana saber que hacer.
Desgraciadamente no contaba con un móvil para tener el número de los parientes lejanos que si me querían.
Eso de iniciar solo otra vez no estaba nada agradable pero lo pensaba mucho.
Debía relajarme un poco y ¿qué mejor forma la de tomar un baño? empiezo a desvestirme lentamente hasta ir a la ducha. El agua estaba muy deliciosa, a temperatura adecuada para mí, lastima que no era del todo un baño porque no traía shampoo y aún me sentía sucio.
Al salir envolví mi cuerpo en la bata y en ese instante tocaron a la puerta, fui a pasos lentos para abrir y ahí estaba Tom, detrás de ella.
— ¿Qué se te ofrece?
— Estoy enojado. — sentí arcadas al sentir su aliento a vodka. Rápido tapé mi nariz y lo dejé pasar. No tuve oportunidad a nada porque tenía sus labios sobre los míos besándome a la fuerza. Tuve que empujarlo fuerte hasta la cama para que cayera y no se hiciera daño mientras yo recuperaba mi aliento. — Estoy enojado porque una persona de mi absoluta confianza me dijo que esos niños que esperas no son míos y me duele porque ¿cuántas veces ese perro te tocó, eh? cuando volviste a mi ya estabas marcado, Bill. ¡Carajo!
— He descubierto que estaba esperando un bebé en nuestros tiempos de vacaciones, cuando fuimos a la India. Tu no querías salir pero me dabas dinero y al mínimo sentimiento acudí a un doctor. Ahí lo descubrí y no estaba cerca de Marc.
— ¿Cómo estás tan seguro, eh?
— Marc siempre ha usado protección, y justo cuando volvemos a encontrarnos sucede esto.
— Estoy asustado…
— Me duele que no confíes en mí.
— Billy, no es que no confíe… — recobró su postura en frente de mí y tomó mi mano para darle un beso en el dorso. — Solo quiero estar seguro.
— ¿Y que sugieres?
— Una prueba. — arqueé ambas cejas, tragué saliva y alejé mi mano de la suya. — No ahora… sí no cuando nazcan. Estaré contigo en el proceso e iremos a terapias.
— Bien, no tengo nada que perder porque estoy seguro que mis hijos son tuyos.
— Gracias.
— Pero de momento vas a respetar la desicion que tome, ¿entendiste? — Tom asiente con la cabeza, tal y como un niño regañado. — Acepto que me acompañes a las terapias y todo pero no quiero hablar contigo hasta que llegue ese día.
— ¿Qué quieres decir?
— Estoy terminando contigo, Tom Kaulitz. Es definitivo. — hablé dirigiéndome a la puerta para abrirla e indirectamente decirle que se vaya. — Si ibas a dudar de mi mejor me hubieras dejado al supuesto papá de los niños vivo porque ese si me iba a querer.
Tom sonrió.
— ¿Ese mismo perro que iba a robarte al bebé e irse con Ría? no sé si sea de tu conocimiento pero ese par eran amantes y ahora, ese mismo par, están muertos. A Sommerfeld la electrocuté, solo Marc tuvo una muerte… decente, y ¿sabes? — Tom vuelve a acercarse a mi, específicamente en el oído para susurrar. — …la siguiente es Sofía junto con la perra de Margareth.
— Con la que te iban a casar.
— No es mi tipo.
— Cómo sea. — respondí con desinterés, luego de cruzar los brazos y mirar a cualquier parte menos a él.
Tom se mantenía de pie en silencio, solo mirando mi rostro.
—Y no, no hemos terminado. — agarró mi mandíbula suavemente, su dedo pulgar recorre mis labios de una forma nada sensual. Gemí por lo bajo e intentando calmar mi respiración.
Cómo me derretía esa mirada dominante, penetrante… — Tu sigues siendo mío, soy el maldito dueño de cada parte de ti.
Esa misma mano se desliza por mi pecho hasta llegar al nudo del albornoz y deshacerlo.
Quedé exhibido ante su mirada lasciva mientras cada parte interna de mi empezaba a rogar por sus caricias, a pedir por él.
En el instante que su mano hace contacto con mi piel, Tom… decidió darle suaves caricias a mi pancita creciente, teniendo una delicadeza increíble. Hace que suelte un suspiro suave antes de ser envuelto entre sus brazos.
— Te amo, perdóname por ser un idiota e inseguro. — continúa, en voz baja. Correspondí su abrazo de la mejor forma antes de guiarlo a la cama para hacerlo recostar. — Me encanta como te vez, déjame hacerte el amor.
— ¿Nuevamente vas a actuar como a tus 18, Tom? Ya no somos niños… bueno, tú ya no eres un niño.
— ¡Mierda! — exclamó dando un golpe en la cama, después se tapó el rostro con una mano, mostrando frustración. — ¿Vas a seguir pensando que actúo como un niño, Bill? ¿¡Qué carajos hice para que pienses eso!?
— Nada, solo…
— Joder, no hables. — interrumpe. — Solo… no digas más.
&
A penas amaneció Tom me despertó para volver a viajar hasta nuestro destino. La condición para ir con él era que me deje ir en la parte de atrás, escuchar la música que yo quisiera y no dirigirnos la mínima palabra.
Por suerte ya no fue tan largo y llegamos a la enorme casa de Berlín, tenía un modelo bastante rústico pero elegante. Encantador. En el momento que llegamos, nos recibió aquella rubia que estaba ese mismo día la vez de nuestro reencuentro.
No pude evitar darle un golpe con el codo a Tom en el momento que se posó a mi lado y mirarle con mala cara.
— ¡Hola! — saludó con una sonrisa de oreja a oreja. — ¿Cómo estás? Soy Shermine, la hermana gemela de Heidi.
En el ojo me dió un tic nervioso.
— Tú debes ser Bill, ¿no? — a aquella mujer solo pude verla de arriba hacia abajo con asco antes de tirarle mis cosas.
— Sube las a mi habitación, por favor. Y no permito que las sirvientas me traten de tú. Igualada.
Continúa…
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