Fic Toll de WifesKaulitz

Capítulo 45

𝐓𝐎𝐌

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— Cariño, que bueno que hayas despertado…

— Si, si, si. A la mierda, todo. ¿Dónde está mi novio? — pregunté mirando por toda la habitación ansioso. Al ver que no tenía respuesta de mi madre tomé impulso para levantarme pero ella junto a Andreas lo evitaron. — ¿¡Pero qué!?

— Tienes que tomar reposo, no puedes levantarte aún.

— Llamaré a los doctores. — dice, Andreas. Pero lo evité con él siguiente comentario.

— ¿Qué doctores ni la mierda? ¿dónde está mi ropa? quiero ver a Bill, ¿oíste?

— Es que no puedes verlo, el pobre se encuentra entre la espada y la pared.

— ¿Cómo así? — crucé los brazos mirando fijamente a ese par. Mis ojos van y vienen de los dos, esperando una respuesta que me haga recapacitar… quedarme quieto con lo que me van a decir. — Claro, tómense su tiempo. — volví a hablar mientras me quitaba la intravenosa de golpe.
Dejé escapar aire con mucho alivio antes de recostarme un poco en la camilla.

— Mhmm, le he propuesto un trato hasta que te recuperes y… si bien recuerdo mañana ya se casa con Marc… — entrecerré los ojos, con rabia. — Entonces… armé todo un jodido plan, he movido influencias para que el plazo de la boda se alargue pero ya no pude más y ya tampoco le quiero ayudar por lo que dijo Ría.

— ¿Y que dijo Ría, Andreas? — arqueé una ceja, tratando de mantener la compostura. Andy era uno de mis mejores hombres y no quería perder mi fe en él.

— Dijo que Bill estaba esperando un hijo de Marc y que le iban a robar el bebé. — me desconocí al instante y empecé a tirar todo lo que encontraba a mi alrededor mientras le gritaba a Andreas junto a Simone sin control alguno.

Y, cuando ví que a mis espaldas empezaron a llamar a los estúpidos doctores salí huyendo de la habitación, armando todo un relajo hasta salir y ocultarme, dispuesto a darle un golpe final a Marc Eggers.

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[Mientras tanto con Bill…]

Finalmente había llegado el día y no estaba listo. Me miraba una y otra y otra vez en el espejo con él estúpido vestido blanco que aprieta un poco en mi panza. Adicional que me picaba la lentejuela y me causaba calor las medias que hacían el papel de un par de pechos para rellenar los espacios vacíos de las esponjas en el vestido.

— Hoy no vas a usar ese horrible maquillaje gótico, si no algo más lindo. — comenta Sofía a mi detrás. — He contratado a la mejor maquilladora profesional para que te haga el modelo que le pedí.

— Yo le dije que quería verme natural, no quiero maquillaje en el rostro porque de lo contrario yo mismo se maquillarme a mi gusto.

Sofía colocó una mano en su frente y la otra en su cintura.

— Bien, si la gente critica tu cara grasosa no quiero que te quejes, o si Marc me dice algo voy a…

— ¡Okay! — le grité. — ¡Haga lo que quiera pero cállese!

— Margareth, haz que pase la chica. — el corazón me dió un vuelco al ver a Meredith entrar por esas puertas con kit grande que contenía maquillaje. — Que sea rápido y perfecto. — dijo, antes de irse. Mi segunda mejor amiga solo caminó a pasos lentos hasta estar junto a mi y me abrazó con fuerza.

Ya ni siquiera pude llorar, en el interior de mi corazón no existía más que pueda hacerme sentir mal.

— Siéntate, no hay tiempo que perder. — musitó. — Esa mujer me ha dado solo diez minutos porque no quiere que nadie más esté cerca de tí.

— Lo imagino. — a si que en silencio se dedicó a hacer el maquillaje en mi rostro en tonos rosa pastel. No pude hablar mucho con ella porque me daba mucha pena que sepa de mi estado actual. Ni siquiera tuve la oportunidad de preguntarle sobre el resto del grupo de las chicas porque en el instante que acabó salió corriendo de mi.

— Ya, está todo. Solo te falta la peluca para ocultar ese terrible corte de roquero. — cerré los ojos, dejándome poner la peluca de cabello negro lacio con un horrible fleco. Seguido estaba el maldito velo. — Lindo, ahora vamos.

A pasos lentos voy saliendo de la habitación hasta llegar al jardín donde espera el auto, sin pensarlo tanto subí.

Tragué mucha saliva al ver al chofer de Tom, el mismo que me había llevado hace un tiempo al bar donde supuestamente me esperaba.

¿Por qué?

Me hizo un «Shh» con el dedo índice.

Ahí si que me había perdido.

— Llévalo a la iglesia, nada de trampas si amas tu vida. — aquel hombre asintió en silencio mientras ponía el auto a andar.

— ¿Has traicionado a Tom? — pregunté en voz baja. — ¿Por qué lo haces? déjame ir ahora con él, por favor. Quiero verlo, estar con él en el hospital.

— ¿Hospital? — cuestiona mientras me miraba por el retrovisor. — No, joven. Él ya salió ayer mismo y nadie lo ha visto, nadie sabe dónde está. Si yo estoy aquí con usted es porque Andreas así lo pidió, tengo que cuidarlo.

— Al menos oír eso me hizo bien, ojalá hubiera ido a buscarme ayer y hoy no tendría que estar aquí.

— ¿Sabe? yo le tengo fe, es cuestión de tiempo para verlo.

Hice una mueca de disgusto.

— ¿Y si le llegó a decir el sí a Marc y el no ha ido por mí? — el chofer no me contestó solo me brindó una última mirada antes de poner sus ojos en la vía. — Mhmm. — por suerte iba preparado para cualquier cosa que pudiera suceder en caso de que todo salga mal, Lili había logrado conseguir contacto con mi madre y ella me sacaría de todo ese maldito problema porque no estoy dispuesto a aguantar más.

Unos segundos más y ya veía a todas las personas ingresar a la iglesia a penas vieron mi auto acercarse. Di un último suspiro antes de que este se detuviera y la tía de Marc, Anelis, me abriera la puerta para que saliera.

— ¿Estás lista?

Fruncí el ceño antes de responderle: — ¿Sigue sin creer que entre mis putas piernas hay un miembro? un maldito pene. — aquello le ofendió pero aún así, colocó su brazo. Claro que no lo tomé y empecé a caminar rápido por medio de los muchos invitados ~que ni siquiera conocía~
Unos susurraban, otros solo miraban y ¿qué más da?

A lo que iba, claro.

Marc sonreía sin mostrar su dentadura. En su rostro no había señal alguna de que el día anterior nuevamente le di manotazos.
Al llegar al altar, Marc ~muy amable~ tomó mi mano y la besó para recibir la maldita ceremonia.

— En este día sagrado, nos hemos reunido para presenciar el matrimonio de Marc y Bill. Según las enseñanzas de nuestra fe, el matrimonio es un sacramento sagrado y una unión permanente entre dos personas que se aman y se apoyan mutuamente.

La verdad no atendí ni un momento a las palabras que decía el sacerdote, estaba muy inquieto mirando de un lado a otro.

— Marc y Bill, frente a todos los dioses y a esta congregación, prometen amarse, honrar y respetar a su esposo/a y a su esposa/o en todos los momentos de la vida. Prometen ser fieles y leales el uno al otro, trabajar juntos para construir un hogar lleno de amor y paz, y enfrentar los desafíos de la vida con valentía y comprensión.

— Sí. — respondimos al unísono.

— ¿Están dispuestos a unirse en matrimonio? — nuevamente respondimos con un sí. — ¿Hay alguna persona que tenga alguna objeción o inquietud respecto a esta unión?
Los invitados empezaron a murmurar, yo apreté los ojos con fuerza.

— Si no, podemos proceder con la siguiente parte de la ceremonia. — entonces un ruido a mi lado me hizo regresar a ver a Marc con el rostro perplejo. Aquel hombre cayó al suelo sin vida por el disparo. Las personas gritaron y por la voz deduje quien era.

— Ups, yo me opongo. — dijo Tom. — ¿Quien más lo haría?

Y empezó a reír como un loco delante de todas esas personas a penas volteé a verlo. El entraba acompañado de algunos hombres más que apuntaban a los invitados con maldad.

Los asustaban y a mi también.

— ¡Marc! — gritaba, Sofía. — ¡Mi niño! ¡No!

— Que alguien calle a la perra histérica. — sus ojos no se despegaban de los míos en ningún momento. — Sofía, te dije que nunca iba a morir. ¡Aquí estoy acabando con la vida de tu bastardo!

Volvió a reír todavía más.

— ¡Bill! — me gritó. — ¡Ya vine por ti, mi amor! ¡vámonos! — la sonrisa que traía no la pude describir, solo levanté lo suficiente del enorme vestido para irme corriendo hacia él. Uní mi mano con la suya mientras nos íbamos.

— ¡Maldito! — insistió Sofía. — ¡Me las vas a pagar una por una! ¡contaditas!

A lo cual la respuesta de Tom fue sacarle el dedo de en medio, meterme al auto y llevarme fuera de la ciudad.

A salvo.

Continúa… 

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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