
Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 42
— Bill, que sorpresa. — después de esperar como dos horas en la sala del hospital por fin estaba entrando al consultorio de Ría, con seriedad. Tal y como lo dije anoche. — No recuerdo que tenga una cita.
— No, a lo que vine es algo rápido y voy a ser breve.
— Por favor, es que tengo más pacientes que atender.
— Yo creo que pueden esperar.
— No por mucho. — sonreí dejando mi bolsa en el asiento y empecé a caminar por la habitación antes de hablar.
— Ya sé las intenciones que usted tiene con mi marido, Ría. — ella palideció. — Él ya me lo contó todo y no entiendo lo que trató de hacer al recordarle sobre la niña prematura que tuvieron.
— Yo no tenía ninguna intención más felicitarle por…
— Tú no tienes de que felicitarle y tampoco tenías el derecho de decirle algo que yo quería hacerlo cuando él volviera con una gran fiesta de compromiso porque ¿sabes qué? vamos a reforzar lo que quedó en el pasado.
— Perdón, solo fui una estúpida enamorada. — susurró con la voz rota. Caminó lento hasta sentarse en su silla y esconder su rostro entre sus manos.
— No está demás decir que para Tom no significó nada esa hija muerta, solo trató de reemplazar el que perdió conmigo.
— ¡Basta! — gritó. — ¿Cómo puedes ser tan malo? ¡ya te dije que solo soy una estúpida mujer enamorada que creyó que con su amor podría sacar al amor de su pasado!
— ¡Pues no! — le grité de vuelta. — Yo fui quien le hizo cambiar de opinión con respecto a tener hijos y como Tom mi marido y yo su esposo, con la única persona que va a tener hijos va a ser conmigo.
Ría lloró más.
— Quizás Tom le crea sus lágrimas de cocodrilo pero yo no, deja de buscar a mi marido, te lo advierto. Si me entero que le hiciste una tan sola llamada o le enviaste un solo mensaje, no voy a dudar en usar sus propias armas para borrarte porque ya nadie más se va a meter con lo que es mío.
¡Voy a defender mi relación con uñas y dientes! — agarré mi bolsa mientras caminaba hasta la salida e irme con cierta satisfacción.
Por alguna extraña razón, me sentía bastante poderoso.
Entonces llamé a Tom mientras voy a casa, ¿qué importaba si me cobraban una millonada por una llamada internacional? valía la pena.
— Gatito, que bueno que llamas.
— He ido a buscar a tu perra para dejarle unas cuantas cosas en claro, te lo digo de una vez para ahorrarle el saldo y el tiempo. — Tom soltó una risa ruidosa, provocando enojo porque sentí que no me tomaba en serio. — ¿Cuál es la gracia?
— Es que te oyes bien tierno, me encantas.
Joder y con eso ya me tenía a sus pies.
— Ay, ¿cuando vuelves, corazón? ya te empiezo a extrañar… ¿de verdad no hay la posibilidad de que vaya yo allá?
— Si pero ya te dije, a parte aquí está ese retrasado mental de tu ex, no te quiero cerca de él. La mierda que hizo nos tiene de un lado a otro, estoy agotado, estresado… pero bueno, quiero decirte algo importante, como todo padre preocupado por su hijo y su novio quiero que vayas a vivir a mi casa. Ahí hay toda vigilancia y tienen órdenes de protegerte.
— Bueno, no tengo problema.
— Gracias…
— ¿Y ahí me enseñarán a usar arma?
— Lo hablaremos… de momento haz lo que te pido y cuídate mucho, ya tengo que dejarte. — hice una mueca de disgusto. Entonces cambié el rumbo en dirección a mi casa para empezar a empacar unas cuantas maletas.
A penas llegué me encontré en la sala de la casa a un rubio alto.
No sé por qué se me hizo que el podría ser el galán de Simone.
— ¿Hola?
— Ehm, ¿qué tal? — saluda con una reverencia que me hizo reír divertido. — Soy Andreas, y el señor Kaulitz me ha dado la confianza de cuidar lo más valioso que tiene, entonces estoy a su disposición para lo que necesite.
— Soy Bill… — le devolví la reverencia en un gesto de amabilidad. — Me imagino que Tom ya le dijo que debo mudarme a su casa, ¿no es así?
— Así es.
— No sé si suene atrevido pero, ¿qué le parece si me ayuda con las maletas?
— Es mi deber ayudarle. — sonreí a lo grande e intenté llevar al rubio a la habitación para hacer las maletas pero todo se vió interrumpido por la llegada de la mamá de Marc.
La mujer empezó a aplaudir. Yo arqueé las cejas sin entender la razón.
Entonces me dirigí a mi sirvienta.
— Lili, dile a los demás que ya no le permitan la entrada a esta mujer.
— Bravo, Bill Trümper. Que arribista eres. — no dejaba de aplaudir y de negar con la cabeza. Fruncí el ceño de inmediato, cruzando los brazos. — Que huevos tan grandes tienes al ligarte al jefe de tu novio e irte con él a dónde solo Dios sabe. No hay más persona sin escrúpulos que tú.
— ¿Ya terminó? — miré la hora de mi móvil, pensando en que estoy perdiendo el tiempo hablando con la señora.
— Le arrebataste los sueños a mi hijo, ¿¡cómo crees que se sintió luego de que hayas cancelado la boda, eh!? ¡pensaste en sus sentimientos! ¡oh, claro que no porque el señorito solo piensa en él! ¡infiel! — no me resistí a las ganas de acercarme a Sofía y darle un golpe en el rostro con toda mis fuerzas.
— Usted no va a venir a ofenderme en mi casa, ¡yo estoy cansado de que usted siempre se ande metiendo en las cosas que no le importan! — Andreas corrió a meterse en el medio de Sofía y yo, para evitar cualquier pelea más grande. — ¡Vieja víbora!
Ella al instante se relajó pero dándome una mirada que me dió escalofríos. Lo sentí muy en el fondo de mis entrañas y traté de no darle importancia…
— Te vas a arrepentir de haber echo llorar a mi bebé hasta el cansancio, Bill. No me voy a quedar con las manos quietas sabiendo que le arrebataste su paz, su futuro junto con las ganas de ser una nueva persona mientras tú estás feliz de la vida con su jefe. Acuérdate de mí.
Dicho eso la señora dió media vuelta para irse de la casa.
Miré a Andreas un poco preocupado.
— ¿Cree que sus palabras sean de verdad?
— Nah. — comenta despreocupado mientras me jala del brazo para volver a tomar rumbo a la habitación. — Se ve que la señora habla mucho.
— También…
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𝐀𝐍𝐃𝐑𝐄𝐀𝐒
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Mientras el joven Bill arreglaba la ropa en las maletas yo me adelanté con los zapatos que estaban en la parte de arriba. Quería demostrarle que todo estaba en orden y que los comentarios de la señora no afecten en nada en lo que se soluciona las cosas en Argentina, que de verdad estaban graves.
No voy a mentir que tengo un mal presentimiento y con lo dicho me lo confirma aún más.
— Creo que es lo que necesito por el momento. — dijo finalmente. Di unos cuantos pasos para ayudarle a cerrar la maleta. — Vámonos, ya ni en mi propia casa me siento cómoda.
Asentí siguiéndolo detrás, lo acompañé hasta donde se encontraba el auto y le cedí el paso para que entre el primero.
— Andreas, ¿crees que pueda ir a visitar a Tom a Argentina? le tengo una sorpresa. Has de pensar que soy un maldito impaciente pero lo que le tengo que decir es importante… para ambos…
— Yo creo que sí tú vas no podrá atenderte, me imagino que por eso no te llama tan seguido y solo cuando puede.
Bill agachó la cabeza.
— Tengo mucho miedo, siento una maldita inquietud en el pecho que no me deja estar tranquilo. ¿Tu sabes lo que pasó entre los dos en el pasado, Andy? — asentí con lentitud. — No lo quiero perder.
— Ánimo, le aseguro que Tom tampoco quiere que vuelva a pasar, por eso me dijo que estaba haciendo las cosas pronto, para volver con su vida… — de reojo ví como se sonrojó al instante.
— ¿De verdad te dijo eso?
— Si, y muchas cosas más que solo me hizo sentir que a mí nadie me ha querido en esta vida, ¿puedes creer?
— Mierda, me acordé de cuando un ex me trataba bien empalagoso, pero resulta que me engañaba y bueno, al enterarme tenía que estar deprimido en mi cama pero solo me fui a hacer cosas con tu jefe, imagínate.
Esta vez los dos nos reímos antes de llegar a la casa. Pedí a unos cuantos empleados ~quienes estaban al tanto de las órdenes de Tom~ que nos ayuden con la maleta, al igual que la preparación de la habitación principal.
Yo me quedé en el jardín porque me llegó una llamada desde Argentina.
Suspiré antes de contestar.
Se oía mucho ruido a través de la línea e hizo que mi corazón solo bombee con desesperación.
— ¡Andreas! — chilló él. — Andreas por favor cuida a mi bebé, a Bill, por favor, por favor, po… f.. vor… las cosas se pusieron feas y no creo poder regresar.
— ¡Dime en dónde exactamente estás! ¡Quiero llevar a todos para ayudarte!…
No sé oyó nada.
— ¡Jefe!
Ni un tan solo sonido porque la llamada se acabó.
Continúa…
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