

Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 41
Ya estaba en casa otra vez.
La despedida con Tom me hizo sentir un poco triste pero lo que me mantenía feliz era la sorpresa que le quería dar.
Adicional conseguí el número de Simone para que volviera a Alemania y nos encontremos en las casas de anillos más caras de la ciudad.
Hace unos minutos me llamó para decirme que ya estaba cerca y que no me desespere.
¿Y como no? si ya quería oír su opinión.
— Ya he regresado, más linda, renovada, más guapa, sexy, sensual… — sonreí abiertamente al verla llegar con una bolsa, el cabello bien peinado y un vestido largo negro bastante bonito. Le di un abrazo fuerte demostrándole lo mucho que la extrañaba y me alegraba verla.
Es que adoro tanto a mi suegra.
— Una casa de anillos, ¿qué hacemos aquí?
— ¿No es obvio? — cuestioné entrelazando su brazo con el mío como un par de buenas comadres, adentrándonos al interior del local para empezar a ver las joyas.
— ¿Vamos a ir a una discoteca mientras Tom está en Argentina y necesitamos baratijas nuevas? — bromeó.
— ¡No! — respondí, escandalizado. Sonrojado y con el corazón latiendo a mil. — Ojalá pudiera pero si salgo quisiera ser acompañado de él, no me controlo cuando tomo.
— Yo ahora que no estoy con Jörg me doy una buena vida, lo que antes no podía ahora hago y, uh… estoy ligando con un chico de más o menos tu edad, eso Tom no lo sabe.
— ¿Qué importa lo que Tom diga? — susurro mirando los anillos de compromiso con la mirada. Todos estaban bonitos y con piedras caras, pero no quería algo con piedra, si no como una alianza. — Lo importante es que a usted le guste.
— Es que es uno de sus amigos, un rubio guapo. — abrí los ojos en sorpresa antes de comenzar a reír junto a ella con picardía. — Ay, yernito adorado. Es un amor en todos los sentidos, pero no me quiero atar a otro hombre, quiero ligar con muchos hasta cansarme.
Ella era mi ídola.
— Pero ya no hablemos de Andreas, hablemos de otra cosa.
— Ah… — reí mucho más. — A si que se llama Andreas.
— Uhm, no…
— Simone, lo dijiste.
— ¡Shhh! — no podía dejar de reír por su rostro sonrojado a lo cual solo pudo alejarse con la excusa de que me ayudaría a buscar un anillo pero aún no le había dicho de que.
Suspiro con fuerza aún buscando uno que llame mi atención.
Incluso una de las chicas me mostraba los que tenía pero no eran de mi agrado, muy simples.
— Oye. — Simone levantó la mano para que me acerque a ella. Antes de ir me disculpo con la señorita para poder ir y mi suegra me mostró un anillo lindo con una piedrita azul, no tan simple ni tan llamativo. — Este es un anillo de compromiso, se ve lindo y su precio lo vale. Es el único. No hay repetido.
— Es perfecto. — susurré. — Lo voy a comprar.
— Llevaremos este. — la mujer asintió llevándose el anillo a la caja para hacer su respectiva factura y nos dirigimos hasta ahí. — Adoro como tus ojitos brillan.
Está vez el sonrojado fuí yo.
&
Lamentablemente tuve que despedirme de Simone porque ambos tomamos rumbos diferentes a pesar de que se ofreció a acompañarme, le dije que no porque no quería que nadie supiera ~hasta que Tom vuelva~ que estaba esperando un bebé. Para no pasar lo de la última vez.
Desde ya iba a tomar un control para saber el estado de mi cuerpo o si no había algún problema con el bebé a futuro.
Iba a dónde mi doctora de confianza.
— ¿Se puede? — pregunté una vez que llegué.
— Claro, ven aquí. ¿Cómo has estado?
— Feliz y a la vez inquieto. — dije mientras me cambiaba de ropa para ponerme una bata. — Estoy embarazado otra vez y con lo último que le pasó a mi primer embarazo quiero saber si no hay problema alguno con la herida que me hicieron hace unos años atrás, quiero llevar mi embarazo lo mejor posible, siguiendo instrucciones al pie de la letra.
— Me hace feliz escuchar eso.
Colocó un par de guantes de latex en sus manos antes de comenzar a atenderme. El gel en mi abdomen me hacía dar escalofríos gracias a lo frío que estaba.
— Pues todo está en orden. — comentó. — La herida ya no se ve, ha cicatrizado y no veo problema pero aún así no dudes en asistir si sientes molestias, dolor o incluso algún cambio en tu cuerpo.
La castaña sonrió.
— A todo esto, no le he preguntado su nombre o tal vez sí me lo dijo y me olvidé.
— Me llamo Ría Sommerfeld. — mi primera reacción fue sonreír para no demostrar la puta rabia que sentí en ese instante porque a mí cabeza llegó lo que me dijo Zamira cuando fui a verla.
Pues ella era la madrina de su boda junto a Tom.
— Okay, doctora Sommerfeld. Gracias por su ayuda.
No pude evitar salir casi corriendo del consultorio.
Ahora, «¿dónde me conseguiría una nueva doctora?» – me pregunto mientras camino en dirección a mi casa con absoluto cuidado hasta llegar. Me puse cómodo en mi habitación, pedí unas palomitas porque se me antojaron junto con ketchup, salchichas de pollo y jugo de naranja. Adicional tenía que tomar las pastillas y me puse a ver novela, la misma que se ve interrumpida por una llamada entrante.
— ¿Sí?
— Hola, cosita hermosa. ¿No extrañas a mi y a este venudo?
— Si, ambos pero mejor dime, ¿quién es Ría?
— Uy.
— ¿Qué?
— Gatito lindo, hermoso, precioso, manojo de flores, eso tengo que hablar contigo de frente, para recibir con ganas la bofetada y la reconciliación… cuerpo a cuerpo, boca a boca, mhmm… no sé… pene a ano, fricción.
Solo con eso ya me acaloré.
— No digas eso, me haces sentir ansioso.
— Es la intención, pero llamó para saber cómo estás, sé que has ido al médico.
— ¿Cómo así?
— Te dije que estando lejos de ti no iba a estar tranquilo a si que… he puesto a uno de mis hombres a trabajar. No te asustes. — más le vale a esa perra no decir nada porque de lo contrario iría a quemarle viva dentro de su consultorio.
— Ah, sí… solo era p- por una duda, mhmm no te preocupes.
— ¿De qué?
Suspiré.
— Es que me dolía mucho la espalda pero no era nada serio.
— Gatito mentiroso.
«Al parecer ya me tocaba conseguirme un pasamontañas, gasolina, fosforera…»
— ¿Entonces según tú para que? — oí el suspirar de Tom seguido de una risa traviesa. Yo mordí el labio inferior, esperando a que me dijera. — ¿Mhmm?
— Ría fue más que una amiga, a si que tú sabrás.
— Esa hija de perra, — murmuré lo más audible. — ¿Qué te dijo? — fruncí el ceño, enojado.
— Que… ya encontré alguien que me va a dar lo que no pudo ella, que ahora entendía mi comportamiento y que… me deseaba lo mejor.
Miré fijamente hacia la ventana de la habitación, apretando el celular con mucha rabia.
— Explícate, Tom Kaulitz.
— Mi amor, es que…
— Es que nada, habla de una vez.
Entonces habló después de un gran silencio:
— Ría fue un destrabe para olvidarme de ti, ya te dije que hice cosas y bueno, accidentalmente ambos en una noche de locura hicimos cosas que siete meses después trajo una consecuencia, pues la niña nació antes de hora y murió… entonces Ría ya no puede tener hijos.
— ¿Y como sabe de nosotros?
— La hablé muchas veces de ti, muy borracho…
— Eres un idiota y esa estúpida es aún más idiota porque ¡yo quería decírtelo aquí! ¡con pruebas y todo! es una puta aguafiestas. ¡Eso a ella no le importaba!
— Estoy emocionado con la noticia que siento que a penas llegue debemos festejarlo y si no puedo fingir que no pasó nada, bebé. Cambiemos de tema.
— Te voy a cachetear a penas te vea, maldito.
Tom se echó a reír ante mi respuesta y le colgué la llamada. Me levanté de la cama para mirarme fijamente en el espejo. Empezaba a tener un tic en el ojo izquierdo si me quedaba así, con los brazos cruzados.
Ya perdí demasiado y ahora no lo iba a permitir, al parecer mañana le iba a dar una visita a la doctora para dejarle en claro las cosas con respecto a mi novio. Ya no tiene ningún motivo para que le llame a decir boberías, ya quedó en el pasado y su presente y futuro soy yo.
Bill Kaulitz.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉