
Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 34
Ya estaba de camino con Marc hacía la reunión de trabajo y por la dirección deduje que era en el bar y restaurante más prestigioso de la ciudad: «The End». Seguía sorprendido de que me haya invitado por primera vez a uno de sus eventos y estaba jodidamente nervioso por ello.
Cómo dije, para la ocasión decidí usar el vestido negro de gala con unos zapatos de tacón bajo, el cabello estaba como siempre y mi maquillaje igual. Marc no dejaba de decirme en todo el camino lo mucho que le encantaba porque según él me veía misterioso.
Al llegar, muy caballeroso tomó mi mano para hacerme bajar del coche y entrar conmigo. Empezó a presentarme delante de sus amigos como su ‘futura esposa’ y yo solo sentía emoción. Quizás sea un poco tonto el tiempo que llevamos de relación pero amor es amor, ¿no?
— Ahora quiero presentarte a mi jefe. — comentó con ansias mientras caminamos por toda la multitud de personas.
— ¿Qué tiene de importante eso, cielo? — comenté arrebatándole una copa de champagne al mozo que pasaba por mi lado con una charola en manos. Le di el primer sorbo mientras miraba el lugar. — Mejor llévame a bailar… no sé… empiezo a aburrirme.
En el lugar no había nada interesante.
— Deseo que conozcas al hombre que me ha salvado la vida con la oportunidad de trabajo, solo espérame un poco más y ya después nos vamos a dónde tú quieras.
— Bien. — Marc me dió un beso fugaz que me hizo sonreír con entusiasmo. Una vez estando solo, decidí ir a sentarme. Lo bueno es que la barra no estaba tan lejos y dirigí mis pasos hasta ahí. Tomé asiento, aún tomando de la copa mientras miraba como otro tipo, un poco más alto se sentó junto a mí. De reojo observé su mano. Aquel tipo traía un anillo de un sol, similar al que yo traía en mi cuello pero este era una luna.
Entrecerré los ojos para hacer memoria y recordar donde he visto ese anillo. Después de unos cuantos intentos de golpe llegó a mi aquella frase que me dijo ese hombre que amaba con toda mi alma hace cuatro años.
«Tu eres el sol y yo una luna…»
Oh, dios.
Él es…
— Tom. — susurré observando esta vez su perfil. Remojé mis labios secos y tragué saliva, bastante nervioso. Él regresa a verme con un rostro serio. Sus ojos expresan frialdad y ese sentimiento de culpa que no había sentido hace mucho volvió con más intensidad a mi mente y corazón.
— Dios, pensé que nunca ibas a reconocerme. — habla en un tono seco.
— Tú sigues usando él…
— ¿Y qué? ¿qué te importa?
No respondí.
— A si que te vas a casar. — sonrió. — Que descaro, Bill. — comenta en un tono burlón. Ahora siento como si mi compromiso con Marc estuviera mal. — Vienes aquí a presumir tu compromiso con Eggers delante de todos mis trabajadores y sigues usando aquel anillo que te dí ahora como un… collar. Vaya que no cambias nada. — acarició mi mejilla con ese toque de delicadeza que solía hacer cuando estaba a punto de darme un beso.
Suspiré con tristeza.
Cuánto ha cambiado aquel que juraba que sería mi último amor.
— Quisiera odiarte pero creo que de momento inspiras lastima. Tanto que decías que no querías involucrarte con un narcotraficante y terminaste peor.
Golpe bajo.
— ¿T- te gustaría hablar en privado? Quisiera solucionar unas cuantas cosas y…
— ¡Claro! — exclamó con una sonrisa socarrona. Interrumpió las palabras que estaba por decir. Sentía que esto iba a ser inútil de alguna forma u otra. — Vamos, creo que hay muchas cosas que dejar en claro entre los dos… ya sabes… para que pueda vivir en paz de una vez y yo también consiga un buen amor con el que hacer mi vida. — jaló mi mano sin una pizca de delicadeza para guiarme por unas escaleras. Para este punto ni siquiera me importó si Marc nos vió o no, solo quería quedar con Tom en buenos términos y amigar. Al llegar a una puerta en el segundo piso, me tiró dentro y caí sentado sobre un sofá. Apreté los ojos con fuerza y me abracé a mi mismo. — Mi padre tenía mucha razón cuando dijo que solo eras una etapa más de mi vida, cuánto le agradezco por abrirme los ojos.
«Si Tom supiera la verdad sobre él maldito de su padre no es a mi a quien odiaría.»
— ¡Pero habla, Bill! — jaló mi cabello con brusquedad para levantarme hasta la par de él. Respiraba violentamente en completo silencio. Sentía enormes ganas de llorar pero no podía hacerlo, las lágrimas no salían. — ¡Y sabes que me gusta que me mires cuando te hablo!
Y me abofeteó con tanta fuerza que caí al suelo, débil.
— Tom…
— Maldito perro, mientras yo sufría por ti… tú… ¡ya hacías tu vida con ese bastardo! — él estaba tan enojado que se subió sobre mí para ahorcarme. Lo más extraño es que no lo hacía con tanta fuerza. — Yo mismo me encargué de seguir todos tus rastros y hacer que tu noviecito entre al bajo mundo para darte duro en la boca. Estoy tan feliz de lo que he logrado hasta ahora.
No le estaba escuchando.
Tom estaba a la defensiva y lo que pude hacer para calmarlo ~como única solución~ fue hacer fuerza con un agarre de mis manos en su cuello para unir sus labios con los míos.
Se quedó estático por unos segundos. Aflojó su agarre para golpearme una vez más y después pegar su boca a la mía con brusquedad con la intención de seguir el beso mientras manoseaba mis piernas a su antojo. La otra acariciaba mi cabello con suavidad. Bajé hasta su espalda para acariciar y como pude le hice colocar en medio de mis piernas porque empezaba a sentirme un poco acalorado.
— ¿Por qué me dejaste? — murmura besando el cuello. Eché la cabeza hacia atrás, con los ojos bien apretados y la boca entreabierta. Adoro las caricias que Tom le proporciona a mi cuerpo en medio de su desesperación.
Yo sentía como que volví a nacer y como si la pieza que le faltaba a mi rompecabezas era él.
— Sufrí y estoy sufriendo demasiado. — el corazón se me partió en mil pedazos por escuchar eso. Apreté mi agarre en su espalda para poder sentirlo más cerca. — Soy tan débil cuando se trata de ti…
Tomé la iniciativa de despojarle de esa chaqueta de cuero negro, luego de ese chaleco de tela de seda azul. Después quité esa camisa blanca y finalmente, el jean ancho para tener una mejor vista a pesar de que él fue más rápido y en un abrir y cerrar de ojos yo ya me encontraba desnudo, expuesto ante esos ojos ahora negros por el deseo.
Su boca recorre todo mi cuerpo, repartiendo besos suaves y húmedos que logran estremecer todos mis sentidos.
¿Con que cabeza debería pensar ahora?
— He soñado cada noche contigo y con hacerte el amor una vez más.
— Yo también. — realmente no mentía porque en algunos momentos he terminado teniendo relaciones con Marc pensando que es Tom. Si cerraba los ojos mi mente creía que era él y lo disfrutaba mucho mejor, más íntimo e intenso.
— Te deseo, Billy. — muerde el lóbulo de mi oreja y cada vez me siento más necesitado.
— ¡Tómame! — exclamé sumergido en el mar del placer y de la agonía.
Voltea mi cuerpo para ponerlo a cuatro patas y sin esperar nada se adentró en mí. Se mueve tan rápido y como me gusta. Nalguea mis glúteos con tanta fuerza que ni siquiera sentí el dolor.
«Sus castigos eran lo mejor.»
Apegué la cabeza en el suelo mientras me soltaba en gemidos escandalosos que Tom no se preocupó en callar porque la música retumba en el lugar y a parte a nadie le importaría lo que haga su jefe en este momento, ¿o sí?
— Mierda.
¿Acaso era esto lo que necesitaba para sentirme pleno y satisfecho?
— ¡Mhmm, Tom! ¡sí!
Mi falo era estimulado con total bestialidad que mi orgasmo fue bastante explosivo y aún así mi seguía duro, quizás más que antes. ¿Qué poder tenía Tom Kaulitz sobre mí para hacerme sentir así? con tan solo un polvo yo ya estaba deshecho y muerto de sueño.
«Parece que se notaba demasiado lo mucho que mi pequeño Billy extrañaba a su dueño.»
— Ay, maldición… eres tan bueno en esto, Tom. — gimoteo mirando hacia el techo a lo cual el soltó una risa ronca acompañada de la siguiente frase:
— Confiesa que soy el único que mejor te hace sentir, bebé.
~bebé.~
Uh, iba a morir aquí mismo.
— S- sí. — musité atascado de gemidos. — Él único y nadie te va a igualar.
«Ni siquiera Marc.»
A pesar de no vernos cuatro años, el deseo, la pasión, la lujuria y la llamada interna entre los dos aún seguía viva. Jamás pensé en volver a decirme a mi mismo pero estaba urgido solo de una persona y esa era él, mi buen amor.
Tom.
Continúa…
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