Fic Toll de WifesKaulitz

Capítulo 33

𝐁𝐈𝐋𝐋

Vi el sol empezar a brillar a penas salí de el hotel donde Marc se alojaba. Traía la mejor de mis sonrisas en el trayecto que iba a ver a Zamira, dispuesto a contarle lo que hice ayer y claro, para saber el chismecito que tenía que contarme ayer ya que por primera vez decidí tener prioridades.

Al llegar a mi hotel me dirigí a la habitación, ya sentía como me picaba la lengua con la intención de destilar veneno.

Entonces al momento que se detuvo el ascensor, enfrente la puerta no tardé en abrirla para encontrarme con una Zamira emperrada. La misma que no dudó en abofetear mi rostro con la palma y el reverso de la mano.
Puedo ver sus ojos sin comprender su acción.

— ¿¡Qué te pasa!? — le grité, lleno de enojo sin dejar de sobar mi rostro rojito a causa de sus golpes. — ¿¡Por qué me golpeas!?

— Ah, ¿quieres saber por qué? ¿¡quieres saber por qué!?

— ¡Sí!

— ¡Tom estaba aquí, idiota! — mis ojos se abrieron como par de platos. Grandes, a punto de salirse de su lugar. Tomé asiento en el sofá con una mirada vacía y parpadea reiteradas veces.

— ¿C- cómo…

— ¡Cállate! — me gritó. — ¡Por eso te llamé tan apurada para que vengas, el estaba aquí, dispuesto a escuchar lo que había sucedido entre los dos! ¡a escuchar la maldita verdad, imbécil!

Tragué saliva.

— Yo lo encontré ayer en la fiesta de disfraces, él se volvió en una persona diferente. Dudó mucho aceptar a hablar pero al final vino y tú decides llamar para cagarla todo, Bill. ¡TODO! Y MI MALDITO ERROR FUE PONERTE EN ALTAVOZ PARA QUE PUEDA OIR, ¿¡SABES QUE RESPUESTA ME ESPERABA!? ¡UN ‘SI, ZAMIRA. YA ESTOY YENDO’! ¡NO QUE TE DEJASTE COGER DE ALGUIEN QUE TE ESTÁ VOLVIENDO UN MALDITO ESTÚPIDO!
¿¡SABES LO QUE PUTAS TIENES EN ESA CABEZOTA!? ¡MIERDA, BILL! ¡ESO ES LO QUE TIENES!

Ya no me contuve y lloré con rabia.

— Y no llores, cabrón. Que eso tu mismo lo jodiste. — entró a su habitación y yo decidí seguirle. Agarró su maleta para empezar a meter sus respectivas cosas.

— ¿A dónde vas?

— Voy a ver si me quedo en otra habitación, antes de que… — antes de continuar me mira de pies a cabeza con lastima. — …la estupidez me contagie también. — y me abracé a mi mismo a punto de entrar en una crisis.

— Tú no sabes lo que es perder un hijo, lo que es ser alejado de lo que amas por obligación, ¡no sabes lo que sufrí! ¡NO SABES NADA!

— Por lo mismo que no sé, la persona que debería estar compartiendo esto, la persona que debe saber y debe hacer algo para que el causante pague por lo que te hizo ¡es Tom! y hasta que no te des cuenta que hice todo esto con la intención de ayudar a que mi amigo no se involucre con una persona que al parecer se… avergüenza de estar con un hombre no hablaremos más.

Y yo no lo pude evitar… le devolví la cachetada a Zamira casi con toda mi fuerza.

— Es la verdad a si te duela, ¡Tom jamás trató de hacerte cambiar lo que eres! ¡Adiós! — al terminar de hacer la maleta la agarró para poder irse, azotando la puerta.

— Si, lárgate como todos los hacen. — murmuré para mí mismo.

Todos me abandonaron menos él.

Todos menos Marc.

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𝑪𝒖𝒂𝒕𝒓𝒐 𝒂𝒏̃𝒐𝒔 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒖𝒆́𝒔…
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En todo este tiempo mi vida ha dado un giro completamente inesperado.
Personas se alejaron de mi vida ~por razones que prefiero no mencionar porque ya no tiene caso que me sienta mal por ello~ y personas se quedaron para volverla de color rosa. Haciendo ver que en la vida existen buenos y malos momentos pero que todo pasa y, lo descubrí con Marc a mi lado.

Después del viaje a Roma decidimos conocernos más aquí en Alemania, compartir momentos, pasarla juntos y disfrutar al máximo. Siempre íbamos de viaje a distintos países pero había una triste desventaja porque cuando quería acompañarle no me lo permitía ‘por mi bien’ y, para compensar el que no pueda ir, me da para ciertos lujos… o en la cama.

A los dos años de relación decidimos ir a vivir juntos en mi casa. Con nosotros, la señora Sofía; que es su madre y su hermana: Margareth.
Éramos como una familia.

La que nunca tuve.

Tuve que acostumbrarme a muchas cosas por Marc, a aceptar que se dirigiera a de una manera diferente a lo que soy, lucir ropa femenina cuando saliéramos juntos porque le gustaba como me veía, dejarme crecer el cabello y conservar las rastas que no podían abandonar mi cabeza.

Le gustaba jalar mi cabello en el acto.

Ahm… actualmente nos encontramos en París, los dos haciendo fila para subir a la enorme torre y tener una vista bonita de todo el lugar. Estaba ansioso por subir. Ha sido mi sueño desde que Marc mencionó que teníamos que viajar por su trabajo y nos daríamos una escapadita para ver.

¿No lo puedo amar más?

— Sigan. — nos adentramos al elevador interno en la torre para nuestro turno. Saqué la cámara de Marc para empezar a fotografiar hasta llegar a un punto exacto. Los dos solitos.

— Oye… — habló para captar mi atención. Observo sus ojos antes de brindarle una bonita sonrisa seguido de un beso. — Hace mucho me ha venido dando curiosidad ese anillo que tienes en tu dedo, es una lunita, ¿por qué?

Suspiré profundo.

— Nunca te lo has quitado del dedo en ningún momento y debe ser importante para ti.

— No, no es importante. — respondí. — Adoro tener baratijas en los dedos y es una más de las que tengo.

— Esa la llevas a todos lados.

— Es que me gusta. — sonreí. — Va perfectamente con mi estilo, a parte es linda y de oro puro. No la puedo dejar por ahí a la deriva.

Marc sonrió.

— Entiendo, entonces deberías usarla en un collar como un dije porque necesito que el dedo anular de tu derecha esté libre para el día de nuestra boda. — mi boca se entreabrió con sorpresa y mis ojos al instante se humedecieron cuando vieron a Marc arrodillarse en frente de mí, con una cajita de terciopelo negra. La abre dejando ver un anillo de compromiso.

Reía y lloraba de emoción.

— Dos años conociéndote y dos años de relación es más que suficiente para unir nuestras vidas en matrimonio, Billy. Te amo demasiado. Quiero compartir el resto de mi vida junto a ti… ¿quieres casarte conmigo?

— Eso no se pregunta, ¡claro que quiero! — Marc tomó mi mano izquierda para colocar el anillo de compromiso en el dedo anular. Después me quitó el anillo de la mano izquierda. Sacó una cadenita de su bolsillo para colocarlo en la antes mencionada y ponerla en mi cuello. — ¡Te amo también!

Me lancé a sus brazos para llenar de besos su rostro sin poder contener la emoción que sentía.

Próximamente voy a ser Bill Eggers.

&

No podía con la emoción de indicarles mi anillo de bodas a mi nuevo circulo social de amigas una vez que mis pies pisaron Alemania. Natalie y Sara eran las más allegadas a mi por lo cual empezaron a hacer comentarios sobre la despedida de soltero tan grande que deberían hacerme un día previo a la boda.

Me siento tan feliz que no puedo dejar de hablar de las cosas que quisiera que estén presentes en ella y lo grande que debe ser.

— ¿Y Marc desea que te cases con un smoking o con un vestido? — hice una mueca de confusión. — Ya veo que no.

— Nati, yo… deseo casarme con un smoking blanco, un velo de novia tan grande como…

— Su entrepierna. — culminó Sara en medio de una risa y yo negué escandalizado. Sin dejar de soltar carcajadas nerviosas.

— Para nada.

— Oh, cariño. ¿Estás diciendo indirectamente que Marc tiene un pene pequeño?

— ¡Sara! — chillé. — ¡No lo sé! — ambas se rien de mi reacción tan bochornosa mientras yo juego con él collar que estaba adornando mi cuello en todo momento. — Bueno, no importa el tamaño si no como lo sepa usar.

— Que horror.

— Bueno, no hablemos de su diminuta entrepierna si no de que una de las tres se casa y se volverá aburrida. — agarró la jarrita de té para servir más en las pequeñas tacitas y hacer un brindis caliente. — Salud por ello.

— Salud…

En el momento que iba a brindar por mi gran noticia el móvil sonó dejando ver el nombre de mi futuro esposo en letras grandes acompañado de un corazón.

No tardé en contestarle.

— Marc…

— ¿Cómo estás futuro señor Eggers?

— Bien. — sonreí. — ¿Ha pasado algo?

— Tengo excelentes noticias… esta noche quiero que te pongas súper precioso porque vamos a salir.

— Perfecto.

— Sorpréndeme como siempre. — y colgó la llamada. Yo ya sabía que esa frase era para que use los vestidos que a el tanto le encantan. Miré a mis amigas con una sonrisa más grande antes de levantarme de la mesa y empezar a despedirme para ir a buscar la mudada que usaría.

Tomé un taxi en dirección a casa y corrí hasta nuestra habitación para empezar a desarmar todo el closet.
Tenía vestidos que ya había usado en anteriores salidas y ¿cómo usar uno repetido? eso no podía ser.

Tuve que recurrir a mi última opción a pesar de saber que a mí esposo no le gustaría ya que en las charlas aleatorias que hemos tenido él… desea que vista de cosas más vivas, alegres, llamativas.

Siento que ya no le agrada la forma en la que me visto.

Entre todas esas cosas encontré el vestido que hace tanto tiempo me puse para aquella cena con X persona y claramente nadie se acordaría de él.
Abracé ese pedazo de tela antes de echarme en la cama a mirar el techo.
Luego de no acordarme por mucho tiempo de él me llego a preguntar en ¿cómo estará?, ¿sus rastas permanecerán o ya no?, el piercing.

El corazón me late fuerte con resentimiento por no acordarme de sus ojos, sus labios y como me tocaba a pesar de tratar de obligar a mi cerebro a visualizar los recuerdos.

Después estaba la caricia que me proporcioné a mi abdomen vacío.
Nuestro bebé en estos tiempos estaría teniendo cuatro años….

Muchas veces me pregunto de que sexo le abría gustado y si compartíamos eso en común.
A mí me habría gustado un niño con todos sus rasgos y probablemente su misma actitud traviesa.

Mhmm…

«Parece que todavía no lo he olvidado del todo.»

— Ash… — rodeo los ojos antes de levantarme de la cama para verme frente al espejo. Soy un maldito idiota sentimental e imbécil por acordarme de cosas que no debo porque solo me hacen daño.

Mi presente ahora es Marc , él está aquí conmigo, no me ha echo daño ni me ha llamado por sobrenombres que hagan cambiar mi humor.
Tampoco me ha forzado a nada a si que el si le conviene a nuestro corazón y esa persona del pasado NO.

En mayúsculas para que entienda.

— ¡Agh! — tiré todas las cosas al suelo con enojo y no dejaba de verme al espejo.

— ¿Bill? — sentí tensión al escuchar la voz de Marc a mi detrás. Volteé para darle un abrazo, escondiendo mi cabeza en el hueco de su cuello y hombro con los ojos cerrados. — ¿Todo bien?

— Sí. — susurré. — Aunque sabes que cada que me invitas a salir suelo ponerme así porque temo a no sorprenderte como pides.

— No te preocupes, no defraudas.

Sonreí antes de alejarme para unir nuestros labios en un beso suave, lleno de toqueteos. Me guiaba a la cama a pasos lentos hasta que choqué con ella y ambos caímos en acostados.
Toca cualquier parte de mi cuerpo, haciendo que suelte un suspiro grande y, al cerrar los ojos me visualice con el rastafari en el acto.

Mi mente junto con las ganas me jugaron una vez más y me entregué a Marc de la forma más sucia, descarada y ardiente.

Joder, Tom.

«¿Por qué no me dejas en paz y te sales de mi cabeza de una vez?» – pensé al terminar.

— Oye…

— ¿Mhmm?

— ¿A dónde me vas a llevar? — le pregunto a mi novio acariciándole en el pecho. Marc muerde su labio inferior con una sonrisa traviesa.

— Te voy a llevar a uno de los eventos de negocio… yo pedí permiso para poder llevarte.

Continúa… 

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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