

Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 31
𝐁𝐈𝐋𝐋
Estaba jodido para empezar. Hace mucho frío. A ello le agrego que los zapatos de tacón que compré me hacen ver más alto que cualquiera aquí y al parecer soy el centro de atención de muchos, tal y como Marc lo había dicho.
Lo mejor de todo es que iba de su mano, dando la bienvenida a los invitados a la carpa donde estaba su stand con fotos mías, de la ciudad, suyas y entre otras más.
También quiero decir que cada mirada brindada es acompañada de un halago que me hace sonrojar la mayoría del tiempo y que ~en mis adentros~ quisiera besarlo.
Entre todos los invitados veo llegar a Zamira acompañado de la mano de un hombre atractivo. Me sonríe amable y yo también, no podíamos estar enojados todo el tiempo.
— Billy. — nos abrazamos fuerte a ojos cerrados sintiendo la calidez de ese abrazo reconfortante. — Te presento a Jackson Colins, un amigo que hice esta mañana al salir del edificio.
— Mucho gusto. — estrechamos las manos amigablemente.
— Y el es Marc Hue… — reprendí a Zamira con la mirada antes de que dijera un comentario mal hecho. — Digo… Marc Eggers, el amigo de Bill. — Marc solo hace un ademán con el rostro antes de voltear para irse a seguir atendiendo a las personas. — Ugh, es un odioso de mierda.
— Zamira, por favor. ¿Quieres dejar de llamarlo así? es inquietante e incómodo.
Zamira empezó a reír al igual que Jack.
— Parece que te cae mal.
— ¡Sí! — exclamó. — Ni te imaginas.
— Ni siquiera lo conoce como lo ando conociendo yo. — esta vez me dirigí hacia Jack para hablarle en confianza porque los amigos de Zamira son mis amigos también, que lastima que no sea lo mismo con ella. — Es una buena persona. No ha dejado de llenarme de palabras lindas sobre lo bien que me veo y…
— Ah, es que olvidé que te gustan los tipos que te dejan en terapia, ¿no?
Rodeé los ojos.
— No peleen, vamos a pasar una buena noche, chicos.
— ¿Ves? ese Marc no es como Jack. — el mencionado se puso al medio de ambos para empezar a recorrer las carpas y observar cada presentación. A todas las que íbamos agarraba unos tres vasos de bebida para hacer que esto se vea divertido porque Zamira con sus comentarios ha logrado ponerme de mal humor y también ya me sentía mareado.
Jamás podré beber considerablemente con él corazón hecho añicos.
— ¿Me disculpan un momento? voy a ver a Marc. — antes de que Zamira dijera algo ya los estaba dejando a pasos lentos. Una vez estando cerca acomodé mi cabello, bajé un poco el escote del vestido y levanté la abertura de mi pierna más arriba. — ¿Cómo te va?
— Estoy aburrido, quisiera ir a algún lugar más animado.
— Mhmm… ¿qué tal si vamos por ahí? solo un ratito.
Marc sonrió de lado entrelazando su mano con la mía para escabullirnos entre esa multitud a dónde no había nadie, ni siquiera un alma ahí.
En un movimiento arrebatado empujé a mi acompañante a la pared y lo besé descaradamente. Dejé que toque mis nalgas a su antojo, también mi pierna descubierto y yo me restregaba en su entrepierna como un necesitado.
Ambos estábamos erectos por la adrenalina corriendo nuestro cuerpo, el ser descubiertos era algo que jamás había experimentado y joder…
Echarse para atrás no era la solución en este instante.
Alenté a Marc a meternos en el callejón de más cerca y me tensé. Mis ojos vieron la silueta de Tom bajarse de un auto negro blindado. Se me olvidó quien me besaba y la excitación. Tenía un cosquilleo leve en la herida.
Salí del callejón a pasos rápidos, me olvidé de mi conquista nocturna e iba llorando en dirección a Zamira. Si realmente era él, teníamos que salir de aquí. No lo quería ver…
— Hola, ¿todo bien?
— No, vámonos. — jalé su mano sin darle tiempo para nada. Tomé el primer taxi obligándole a subir y cerré mis ojos.
— ¿Qué tienes?
— No sé si estoy muy borracho o que, pero… ví a Tom bajarse de un auto blindado y… mierda, Zamira. Le tengo un maldito miedo.
Lloré en completo silencio en todo el trayecto entre los brazos de mi mejor amiga por todos los sentimientos revueltos en mi interior.
.
𝐓𝐎𝐌
— Jefe… — se acerca Jack con el rostro desconcertado. — ¿Qué hace aquí?
— ¿Cómo que qué hago aquí? vine a verle la cara a ese perro desgraciado… es más, dime dónde está que yo mismo voy a terminar con su vida por jugar chueco conmigo. ¡Nadie! absolutamente nadie, se burla de Tom Kaulitz.
— Él ya se fue con su amiga, se veía asustado.
— Ojalá me haya visto. — sonreí incrédulo. — Pero dime, ¿tienes más información?
— Sí… — los dos empezamos a caminar para mezclarnos con las personas. — He investigado que está aquí por el concurso de Zamira, solo se van a quedar un mes y luego volverán a Alemania. Bill Trümper está conociendo a un Youtuber que igual es Alemán y según lo que escuché… le gusta.
Me enfermé de rabia con solo oírlo.
— Es modelo y bueno, lamentablemente la empresa con la que trabajaba lo botó dejándole con algunas deudas y ahora trabaja haciendo presentaciones de fotografías para pagar la deuda tan enorme que tiene ya que en Youtube no le va bien. Le dieron un plazo de tres semanas para pagar pero según las estadísticas no tiene reunido ni la mitad, entonces pienso yo que podríamos integrarlo con nosotros, hacer que lleve mercancía… ayudarle a pagar las deudas. Podemos seguir abriendo empresas para lavado de dinero con un nuevo socio que nadie conoce y si llega a pasar algo, Marc Eggers iría a prisión.
— Interesante, pero… ¿por qué no solo lo mato en su cama esta misma noche por tratar de enamorar lo que ya tiene dueño, eh?
¿O a Bill se le olvida que está ligado a mi eternamente?
«Al parecer.»
— Le recuerdo al señor Kaulitz que en la carta que el joven Trümper le dejó decía que no quería verse involucrado con alguien así y sería una lección maravillosa para él.
Suspiré.
— ¿Pero al final si puedo matarlo?
— Sí, y a Bill también en caso de que entre los dos llegué a pasar algo más.
Relamí los labios con satisfacción. Era esto lo que estaba esperando cuando mencioné la sed de venganza que tenía en contra de Bill y el perro por el cual me abandonó a mi suerte luego de decirle que no me dejara nunca.
¿Esas son las consecuencias de dar el cariño? porque si es así, no voy a volver a dar ni a recibir cariño nunca más.
Realmente me sorprende que la persona que te hace creer en muchas cosas te hace daño.
— Jack, ¿Marc sigue aquí?
— Por supuesto.
— Llévame con él.
Metí ambas manos al bolsillo, asegurando el arma para estar tranquilo ya que la paciencia era lo que menos conservo en estos momentos.
A lo lejos puedo ver un stand donde nadie cuidaba, las fotos de mi ex pareja posando y nuevamente ese aparato dentro de mi cuerpo molesta como si estuviera ansioso… cómo si le gusta lo que mis ojos pueden mirar.
Dejo de seguir a Jack para estar a solas en el lugar y no dudó en robar todas las fotos que me pertenecen de él, porque Bill no es libre.
Bill aún es mi pareja y en ningún momento acepto la derrota.
— Señor. — volteo lentamente para darle la cara a él, al…
— Señor Eggers.
— ¿Con quién tengo el gusto?
«Cómo quería borrarle esa sonrisa de falso galán de un golpe.»
— Tom Kaulitz. — susurré.
— Oh, ¿me va a felicitar por las fotos?
— Vengo a hablar de negocios, ¿que dice usted?
— Lo siento pero ya tengo muchas deudas a la mano, espero que encuentre lo que busca en alguien más. Que tenga una buena noche.
Con lo siguiente que dije, él volteó. Interesado: — Precisamente porque tiene una deuda acudo a usted para ayudarlo.
— ¿De qué estamos hablando?
— Quiere abrir una empresa de productos de consumo masivo, usted lo único que haría es viajar a dónde se le indica, venderlos y así nosotros nos encargamos de ayudarle con la deuda, ¿que dice?
Jack era una mente maestra por eso no lo mataba.
— Sería un socio más.
— Se oye muy bueno para ser verdad, lamentablemente no creo en lo que me ofrece.
Parece astuto.
— ¿Le gustaría que se le ayude con la mitad de la deuda para que crea en lo que le ofrecemos? — hablé yo está vez. — Lo mismo ha pasado con mis trabajadores y mireles, viven una vida llena de lujos, más tiempo con sus familiares, dinero, no les hace falta nada.
— Increíble, ¿qué tal si me deja pensarlo?
— Dudo mucho que haya un espacio para pensar, tenemos a muchos que distribuir en nuestra nueva empresa en América del norte y ya sabe, hay que ser veloz.
— Entonces sí.
Todos sonreímos con satisfacción.
— Genial, señor Eggers. Hable con Jack y dele los datos a dónde se debe depositar. Se le llamará una vez que el pago ya esté realizado para empezar.
Continúa…
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