
Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 30

El dibujo de Tom con el bebé en brazos me hizo poner amarga la mañana, pero debo admitir que estaba encantador.
Obviamente eso no le iba a decir a Zamira porque hubiera quemado una imagen tan bonita para no hacerme daño pero como digo, ya estaba decidido.
— Marc huevos…
— Eggers. — corregí rodeando los ojos. — Le he mandado una solicitud de seguimiento a su Instagram y la devolvió, no sabes lo feliz que estoy, creo que me enamoré.
— ¿Qué?
— Es broma.
— Uhm…
— ¿Sabes que me dijo? que debería usar seguido ropa femenina para tener la mirada de todos los hombres sobre mí y me convenció, estoy abierto a probar.
— No estoy de acuerdo. — empezó. — Si vas a coquetear con alguien debes mostrarte tal cual, no debes cambiar nada en ti, se supone que la ropa femenina te incomoda y…
— Puedo soportarlo. — dije ignorando lo que realmente trataba de decirme con sus palabras.
— Creo que Tom en medio de todo ese humor espantoso te quería tal y como eres.
— Me hacía poner lencería para molestarme, que no se te olvide.
— Pero…
— Basta, Zamira. No metas el nombre de Tom en esta conversación. A él le voy a guardar un lugar inmenso en mi corazón porque nos obligaron a separarnos. Probablemente me odia, pero… el no está aquí y yo me quiero liar con otro tipo de personas, entonces… debo hacer… algo… para encajar. Sobre todo si quiero conquistar a ese tigre.
— Desde ya me cae mal.
— Fue tu culpa por convencerme, ahora tendrás que soportar al nuevo Bill.
Zamira tira la servilleta con molestia evidente antes de abandonarme en la habitación del hotel. Al parecer estaría solo en la situación y no me importó. Revisé en la aplicación de la banca móvil cuánto dinero tenía a mi disposición. Si hay algo que siempre me ha gustado es ir de compras y es lo que haré en las mejores tiendas de ropa.
Busqué la bolsa de Zamira para guardar mis pertenencias. Cepillé bien mi dentadura, acomodé perfectamente mi cabello para salir.
En lo que voy al elevador, mi móvil suena indicándome que llegó un mensaje y sonreí abiertamente al ver su nombre al inicio.
marceggers
• Tal y como se lo había
prometido, Bill. Lo espero en
la exposición fotográfica en
Plazza Nova.
• 📌 Ubicación.
• Sorprendame.
• Ahí estaré.
.
𝐙𝐀𝐌𝐈𝐑𝐀
Maldición, ¿ por qué Bill se comporta así? odio cuando malinterpreta mis palabras y las cambia totalmente para darme otro sentido. Ni que ese Marc estuviera tan guapo.
Aunque nuestra amistad sea la más linda de todas siempre le voy a estar diciendo la verdad a si le duelan las cosas porque de eso se trata, mierda.
Estaba absorta en mis pensamientos que caminaba demasiado rápido y al dar la vuelta por la esquina choqué con un hombre alto de smoking negro. Hizo que mi móvil cayera al suelo.
— ¡Fíjate por dónde vas, imbécil!
— Lo siento. — ambos nos agachamos para recoger mi teléfono pero al hacerlo volvimos a chocar la frente. Caímos sentados. El hombre empieza a reír con diversión, contagiando de apoco su risa en mí. — Soy tan torpe.
— Y no lo culpo, ¡yo también lo soy!
— Permítame. — tomó mi mano de la manera más amable para ayudarme a levantar del suelo. En poco habíamos sido el centro de atención en la calle y la gente nos miraba mal. Luego toma mi móvil y hace una mueca al ver lo rota que está su pantalla.
— Mierda.
— No se preocupe, yo le compro otro con tal de seguir en compañía de una bella señorita. — sentí como me sonrojaba a millones mientras empezamos a caminar junto a él. — En el momento que chocamos se notaba distraída, ¿en que pensaba?
— Uh. — suspiré profundo. — En un amigo que está a punto de hacer pendejas pendejadas.
— ¿Tanto así?
— ¡Sí! — rodeo los ojos recordando lo estúpido que es mi amigo. — Quiere cambiar su aspecto a algo que no es para encajar con un chico y estoy molesta por eso… el se llama Bill, aunque lo entiendo, está pasando por cosas difíciles.
— ¿Cómo cuáles?
— ¿Me dejas desahogarme contigo?
— Claro. — besa el dorso de mi mano causándome cosquilleos en todo el cuerpo y ¿cómo no? si es un hombre jodidamente guapo. — Puedes contarle a tu buen amigo Jack tus penas, preciosa.
— Ah, ¿te llamas Jack?
— Jackson Colins, pero para los amigos Jack…
Sonreí de lado.
— Soy Zamira y bueno… Bill perdió a su bebé junto con el amor de su vida por obligación, él no lo sabe pero estuvo a punto de morir a causa de la herida que le hicieron, habían pocas esperanzas de que sobreviviera y sentí que mi vida se iba junto con el.
Esos días estaba haciendo lo posible para contactar a Tom, yo… quería contarle todo pero no pude.
— ¿Tom?
— Sí, así se llama la ex pareja de Bill y papá del bebé…
— Ah, me sonó familiar, al nombre de mi jefe.
— Quizás sea el. — bromeo.
— Lo dudo mucho, mi jefe es un ser despiadado. No te imaginas.
— ¿De verdad?
— Sí, mira. — nos detuvimos un momento frente a la tienda donde vendían un par de chucherías. Abrí un poco la boca cuando desabrochó su camisa para dejar ver. Aprieto los ojos con terror y sintiendo un cosquilleo en el abdomen. Tiene unos cuantos cortes casi sanando.
— Parece que de milagro estás vivo.
— Lo merezco… ahora hago lo posible para ganarme su confianza. Los defraudé mucho pero tenía mis razones.
— Entiendo. — mordí mi labio inferior con mucha pena. — Pareces ser una persona agradable, siento lastima.
— Todo está bien, sigue contándome, que no afecte lo que te acabo de decir.
— ¿En qué me quedé? ah, sí… en que… no pude contactarme con Tom porque él había abandonado el departamento. Le averigüé con el dueño pero dijo que no había ningún departamento comprado a su nombre y no sabes cómo mis esperanzas se fueron al suelo. Eso Bill no lo sabe.
— ¿No has pensado en decirle?
— No, me comería viva. — luego de decir eso finalmente llegamos a la tienda donde Jack me compraría el celular a modo de devolverme el que se arruinó. Elegí uno de la misma marca pero mejorado y ahí me dieron configurando algunas cosas y entre ellas, se agregó un nuevo número, el del joven Colins.
No puedo dejar de mirar el rostro de Jack, luego de haberme ofrecido a ponerle mi número telefónico. Tiene una mirada penetrante que me eriza la piel a más no poder.
¿Y si me meto con él?
— ¿Me permite hacerle una invitación?
— Con gusto.
— Hoy es la exposición fotográfica más esperada de la noche en la plazza Nova, ¿le encantaría acompañarme?
— Cuente conmigo ahí. — mordí mi labio antes de despedirme de él con un beso en la mejilla.
En lo que me iba Jack se quedó haciendo una llamada.
Yo creo que es mi chico ideal.
.
[Mientras tanto con Tom…]
— ¿Sabes cómo castigamos a las perras prostitutas como tú?
— ¡No! — gemía mientras saltaba encantada con mi polla. En cambio yo no sentía el mínimo sentimiento de placer en mi cuerpo, solo la adrenalina de la píldora de la felicidad corriendo por mis venas. Agarré el cuello de esa zorra para atraerla a mi boca y con asco le escupí.
No me gusta nada porque no está apretada.
— Que sucia eres, ni siquiera le haces sentir nada a mi pene, ¿no lo ves? — un par de golpes en la puerta me hacen poner furioso. Geovanni abre la puerta para dejarse ver con él móvil en manos. — Para que hayas entrado a mi habitación sin mi permiso debe ser algo importante, Geovanni. De lo contrario… — estiré la mano para agarrar mi arma y disparé hacia el techo. Aquella mujer deja de moverse con susto. No dudé en abofetearla. — ¿¡Quien carajos te dijo que dejes de moverte, eh!?
— N-nadie yo…
Sin más apunté el arma en su frente y acabé con su miserable vida.
— Stuart, llévate a esa zorra vagina floja de mi vista.
Él obedeció al instante.
— Ehm, jefe… es Colins.
— Trae. — agarré el teléfono para colocarlo en mi oreja, mientras tanto, Geovanni se dedida a piner un habano en mi boca para fumarlo. — Espero que tú perra interrupción valga la pena, hijo de puta, de lo contrario yo, personalmente iré matarte a domicilio.
— Escucheme… ¿recuerda mi exposición fotográfica aquí en Roma, en plazza Nova?
— ¿A mí que mierda me importa tu exposición, maldito?
— Iba a ordenar mi lugar para exponerlas y accidentalmente choqué con una chica llamada Zamira, que tiene un amigo de nombre Bill. ¿Le suena?
Tragué saliva amargamente.
— No estoy para tus putas preguntas, si tienes algo que decir, hazlo. Joder.
— Bill está en Roma, señor… e invitado a su amiga a esa exposición y por lo tanto, me imagino que también estará ahí, con ella. Los dos. Pienso que sería un buen plan para empezar a joderles la vida desde ya, solo deme el permiso para eso.
— Hazlo. — y colgué la llamada con la mirada fija en la pared blanca. Geovanni me quita el móvil para ponerlo en su lugar.
Entonces sonreí.
— ¿Qué tal si me preparas un par de maletas? saldremos ahora mismo a Roma.
Continúa…
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