Fic Toll de WifesKaulitz

Capítulo 27

𝐁𝐈𝐋𝐋

Tapé mi boca con una mano, sentándome en el sofá con mucho dolor. Mi corazón latía desenfrenado, compadecido por la perdida de mi enamorado. El mismo que no reaccionó de ninguna manera, solo entró en un estado de shock.

Apreté los ojos escuchando los gritos del padre de Tom hacia su personal. Hecha chispas sin control.

— Hay que viajar… — es lo único que sugiere el rastafari, también fue lo único que salió de su boca.

— Vamos… ¡pero ya!

Tom sale a la fuerza gracias a que el señor Kaulitz le jaló la camisa porque creo que sus piernas no respondían de ninguna manera.

Me animé a seguirlos, con la intención de irme con ellos pero una mano ajena detuvo mis pasos. Observo a ese hombre con total repugnancia y abofeteo su rostro a penas tuve la oportunidad.

— ¿¡Qué carajos, Bill!?

— Tú… — le apunté con el dedo índice, amenazándole. — Estoy seguro que tuviste algo que ver, maldito. ¡Confiesa!

— ¿Qué tal si entras a mi casa y hablamos? pero te juro que yo no tengo nada que ver con lo que sucede, es más, quisiera saber. ¿Problemas de trabajo?

— Isaac, no me hables ni me invites a pasar a tu maldita casa. ¿Qué no entiendes que te odio, que no te puedo ver…? ¿que no te soporto?

— Solo quiero ser tu amigo. — sonrió de lado, hipócritamente. — Ya no me trates así.

— ¡Un amigo es lo que menos quiero ahora! ¡iba a ir a ver a mi novio y tú no me dejaste! ¡estúpido!

— Ya te ha de llamar. — rodeó los ojos. Yo también estaba por soltar humo por las orejas si seguía hablándome en ese tono. — Relájate…

Simplemente no pude. Empecé a sentir dolor en el abdomen y gemía con mucho dolor. Isaac, tratando de ayudarme me agarra y mientras me quejaba le daba manotazos por ayudarme.

— ¡Déjame! ¡asghh! — hacía caso omiso a mis palabras, mientras me lleva a la habitación, hasta recostarme en su cama. — ¡Deja de ignorarme y llama a una puta ambulancia!

— ¿Por qué?

— ¿¡Cómo que por qué, estúpido!? ¡solo hazlo!

— Tengo una pastilla que puede ayudar para tu malestar estomacal. — lo ví perfectamente como sacó de su bolsillo un frasco de pastillas. Lo abrió y sacó una de ellas para pasarme. — Abre la boca, yo te la daré.

La abrí pero para escupirle en la cara.

— ¡Bill! — tiró la pastilla por cualquier parte de la habitación luego de gritar mi nombre con rabia. — ¡Quiero ayudarte por tu bien, maldita sea!

— Ayúdame llamando la ambulancia… por favor.

— ¿Pero para que? aquí me tienes a mi.

— ¡NO, MIERDA! ¡AUXILIO!

— ¡Shhh! — me asusté tanto al verlo agarrar una almohada con intenciones de cubrirme el rostro. De golpe me levanté al otro lado de la cama. Lejos de sus asquerosas manos. — Bill…

— ¡AYUDA!

— ¡BILL, QUE PASA!

— ¡Zamira!

— Mierda. — susurró. Salí corriendo a penas tuve la oportunidad. Me encontré con mi mejor amiga en la sala de la casa de Isaac y salimos a nuestro departamento. Debía relajarme, por lo que opté en acostarme en el sofá y respirar con ayuda de Zamira, reiteradas veces. — ¿Qué hacías con ese hijo de puta?

— La mamá de Tom falleció y… y yo iba a ir detrás de él, quería acompañarle pero el me detuvo, Zamira. Lo odio.

— Está bien. — acaricia mi pancita con mucha delicadeza. — No pienses en ese momento, es malo para el bebé.

Asentí con la cabeza.
Apreté los ojos tratando de no pensar en nada más pero es que no podía, todo iba a Tom.

— ¿Y si le marcas? — propuse. — Le quiero hablar, no me siento bien… no me puedo controlar, Zamira.

Iba a llorar.

Mi mejor amiga suspira agarrando el móvil para realizar la llamada en altavoz pero salía la operadora.
Sentí aún más frustración porque era otro país, que idiota fui al creer que podía contestar y aún más si está en el avión.

— Déjalo, ya habrá oportunidad.

&

No he podido dormir nada sin saber noticias de lo que pueda estar pasando en Moscow. Por otra parte, Zamira y yo decidimos dejar el departamento por mi bien y para estar lejos de Isaac junto con la peligrosa obsesión hacia mí persona.

Los dos amanecimos juntitos en la habitación más grande que le pertenecía a la Nonna.

Miraba el techo mientras deslizo la palma de mi mano sobre mi pancita.
No quiero tener complicaciones con el bebé. Si hago rabia u odio se va a parecer a esa persona y no.

Me niego.

— Joven, Bill. — la voz de la sirvienta junto con los golpes de la puerta se hicieron presentes. Coloqué la bata para salir de la cama e ir a atender sin hacer el menor ruido porque Zamira duerme profundamente, como un angelito.

— ¿Sí, Lili?

— El comprador del departamento ya está aquí, le quiere ver.

— Un momento, dile que ya voy.

Lili asintió antes de retirarse y yo decidí pasar primero al baño. Sentí un alivio intenso cuando descargué tremenda pistola. Lavé mis dientes y en lo que me miraba al espejo, escuché el sonar de mi móvil y próximamente a Zamira gritar mi nombre. Dejé de lado mi cepillo para atender cuando mencionó que la persona que llamaba era Tom.

Le arrebaté el móvil con ganas.

— Cariño…

— Estoy fatal, he perdido lo que amaba como a mi vida, Bill. No sé que voy a hacer y me duele… — su voz se quebró por más que intentaba sonar duro con las palabras que decía. — Estaba feliz pensando en darle la noticia, sorprenderla… pero el sorprendido fui yo.

— Mi amor, me tienes a mi, a tu bebé. Ahora nosotros somos tu familia, mi vida. ¿Qué tal si vuelves y me dejas consentirte como lo hiciste conmigo? quizás ese dolor no se vaya pronto pero…

— Volveré, solo voy a hacer un par de cosas más para que su cuerpo descanse en paz. Solo estuve yo presente porque el perro de Jörg Kaulitz desapareció a penas pisamos Moscow.

En eso vuelve Lili con nerviosismo hacia mi para insistir que la visita estaba esperándome.

— El señor pide verlo de inmediato.

— ¿Estás ocupado? no quiero quitarte más el tiempo.

— No, no. Puede… esperar…

— No, está bien. Voy a seguir con estas cosas, solo quiero que me prometas una cosa que me va a mantener estable mientras hago esto.

— Lo que sea, cariño…

— No me dejes nunca.

— Claro que no, te quiero y lo sabes. Lo que siento por ti es sincero.

— Gracias.

Y así colgó.

Terminé de lavarme la boca para bajar a atender al señor que compraría el departamento. No esperaba que sucediera tan pronto.

— Lili, ¿a dónde ha ido Zamira?

— Decidió ir a tomar un chapuzón a la piscina. Pidió que le lleven el desayuno.

— Gracias, ¿en dónde está el señor?

— En la biblioteca.

— Perfecto, que nadie interrumpa. Espero tener una buena venta.

Lili asintió no muy convencida.
Finalmente ingresé a la biblioteca y al ver a la persona que estaba sentada en el lugar donde debería estar yo, palidecí ya que me apuntó con un arma y me obligó a callar.

— Si no haces ruido alguno, todo estará bien, ¿okay?

— Señor Kaulitz…

— Entra y cierra la puerta con seguro.

Por supuesto que obedecí ya que no quería tentar contra mi suerte junto con la de mi bebé y bueno… evitar una pérdida más. Tom no lo soportaría.

Dios mío.

Ni siquiera me lo quiero imaginar.

— Si me va a comprar el departamento es todo suyo, no importa el precio. Mañana mismo lo estarían desocupando y bueno.

— Cierra la maldita boca.

Suspiré.

— Estoy aquí porque eres la razón de la debilidad de Tom. Es una completa vergüenza para un hombre verlo llorar. Me da asco… y para colmo, otro hombre le va a dar un maldito hijo, un bastardo, abominación, ¡extraterrestre! — apreté los ojos. Daba pasos lentos hasta acercarse a mí. Sentí el arma fría en la sien y definitivamente este era mi fin. — Voy a a acabar personalmente con tu miserable vida.

— Por favor, no lo haga… — supliqué.

— ¡Qué te calles! — el señor Kaulitz me agredió con él arma en el pómulo. Logrando dañarme y hacer que caiga al suelo. Desde donde estaba me arrastro a un rincón para protegerme. — No quiero oírte hablar, solo quiero ver cómo tú sangre se derrama por el suelo tan brillante de esta casa.

— Mierda, no. — empezaba a transpirar. — No es mi culpa que yo si pueda darle el cariño de forma incondicional a Tom, ¡usted debería hacer lo mismo!

— ¿Qué sabes tú de cariños, pobre asco? eres una mierda a la cual podría tirarle mi orina en la cara. Nadie en el mundo puede darle el cariño que Tom necesita más que yo.

— Pues hágalo, eso no va a cambiar el cariño que Tom siente hacia mí.

— Sí, si puedo. Ya no tiene a la perra de Simone y ahora tampoco te va a tener a ti, a si que… ¿qué carajos le vas a decir antes de morir?

Dios mío.

¿Qué hago ahora?

— Eso creí. — alistó el arma para disparar justo en mi cabeza. En mi mente vino un montón de pensamientos que no me dejan pensar con claridad. — Aunque no. — empezó a reír como un loco. — Pensándolo mejor si vas a vivir, pero adivina ¿qué?

No le respondí.

— Una decepción amorosa es lo que le va a doler más que decirle que has muerto porque por darme la contra, él va acabaría con su vida y eso no me conviene. — agarró mi cabello con mucha fuerza para levantarme y empujarme al escritorio. Recibí un golpe en la panza y no lo pude cubrir. Empecé a quejarme de dolor. — Así que le vas a escribir una maldita carta, con firma y todo dónde le dices que ya no quieres saber nada más de él.

Continúa… 

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!