
Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 24
By 𝐓𝐎𝐌
Me fui no muy convencido de que se sentía bien pero como estaba con sus amigas no debería sentir preocupación alguna. Sentía un poco de inquietud porque algo en el interior de mi cuerpo no andaba bien, específicamente el corazón. Le disgusta el tener que pensar en la desconfianza de su otra mitad.
Muevo mi pie desesperado, sentado en las bancas del bar mientras observo a la gente pasar de un lado a otro con la bebida en manos.
Yo pedí un shot tequila sin nada para amortiguar su sabor. Justo en el momento que iba a pedir otro mi móvil sonó haciendo que de un golpe sobre la mesa con enojo.
— ¿¡Qué!? — grité, cabreado.
— ¿Qué? — no podía verle el rostro pero estoy seguro de que su ceja estaba arqueada. — ¿Te he puesto de mal humor con mi llamada?
— Billy…
— Hola, ahm… hay un hombre en tu departamento y por el nombre supuse que era tu papá: Jörg Kaulitz.
— Mierda. — dije sacando a toda prisa la billetera para dejar una propina al bartender e irme de volada al departamento. ¿Qué carajos hacía aquí?
Nadie ~excepto mi madre~ sabía que yo estaba en Alemania. Me negaba a ir a ser parte de algo que no quiero.
Odio tener que seguir con la vida que lleva él. Ya le dije muchas veces que no me interesan sus asuntos o los de familia.
— ¿Tom?
— ¿Estás en mi departamento?
— No, he venido al mío porque me incomoda estar ahí. Él no deja de mirarme.
— Gracias, quédate ahí. — colgué la llamada luego de subirme al auto que paró frente a mí. No me puse a pensar en el peligro al que Bill podía estar expuesto. A ello le sumo el carácter de a perro que tiene mi padre, ni siquiera yo puedo con él y los comentarios tan groseros.
Salí huyendo por esa misma razón, no quiero estar bajo su mando.
Al llegar bajo al edificio fui corriendo por las escaleras, no me detuve a pensar en el elevador.
No sentí cansancio alguno por la preocupación, nervios, ansiedad junta en el cuerpo y… finalmente llegué a mi departamento. Primero pasé a ver lo que más me importaba: Bill. Necesitaba saber un poco más de él.
Golpeo la puerta tres veces, seguido se vió la silueta de Zamira y Bill sentado en el sofá abrazando a uno de los peluches que le regalé.
Suspiré con gusto en lo que me acercaba hacia él y rodeaba su cuerpo en mis brazos.
— Billy. — llamé su atención, acariciando su cabello con la yema de los dedos. — ¿Pasó algo?
El mencionado mira primero a su mejor amiga y luego a mí. Entrecierro los ojos con duda al ver a Zamira abandonar la sala para dejarme a solas con mi novio. Dejé de abrazarlo para levantarme del asiento. Le di la espalda, su silencio me daba angustia.
Tenía dos opciones:
1.- Irme a entrenar al mayor de mis miedos.
2.- Seguir esperando una respuesta de mi pareja.
Las dos me aterran de cualquier manera.
— Hoy dormiré aquí… — dijo, en voz baja y temerosa. Aprieto los ojos, fuerte. — ¿No te molesta?
— No… creo…
— Okay, ahm… puedes cerrar la puerta al salir.
Eso me enfureció.
Solo le di una última mirada demostrándole mi sentimiento y con ello su promesa de darme muchos besos en la noche. Sin más preámbulo salí de su departamento al mío.
A penas abrí la puerta me recibió una ola espesa de humo, algo de licor y un par de mujeres besándolo por algunas partes del rostro.
Me daba histeria.
— ¡Tom, hijo! que bueno verte. — alejó a esas mujeres de su cuerpo para poder acercarse a mí a darme un abrazo. — ¿Cuál de estas putas deliciosas se te antoja? ¿la rubia o la de cabello azul? ¡cualquiera puedo compartir!
— No me interesa ninguna. — aparté su cuerpo del mío para ponerme en una esquina, lejos de cualquier cosa que pueda afectar mi relación con él pelinegro. — Mejor responde, ¿cómo me encontraste?
— Ya sabes, Tom, con un par de billetes, personas leales a tu padre e investigadores privados, puedo encontrar hasta a quien no te imaginas.
¿Cómo se me pudo pasar por alto algo así?
— Debo admitir que Alemania si fue un gran reto para Jack y aún más saber que compraste este lindo departamento a nombre de Nick Wagner, tu falsa identidad comprada a través de redes sociales. — rodeo los ojos, estresado. Empiezo por quitarme la gorra para entrar en mayor comodidad. — Pero sabías que te iba a encontrar.
— No, estaba tan ocupado en divertirme y hacer mi vida que me olvidé de ti junto a toda la mierda que hay en tu cabeza enferma.
Mi padre ríe con gracia antes de estrellar una botella de licor en la pared, muy cerca de mí. Observo sus ojos, desafiante. Trago saliva tratando de evitar que los nervios salieran a flor de piel.
Jörg Kaulitz es la única persona a la cuál le tengo miedo.
No hay ser más malvado que él y probablemente así podría llegar a ser yo en cuanto tome el poder. Me niego a ser como él.
— ¿Divertirte con ese amiguito maricon que salía de tu departamento bien maquillado, amanerado, delicado, y bien abierto el culo gracias a ti?
Peor no podía estar.
— Con esa maldita abominación homosexual Чего ждет ваш сын? |(¿qué está esperando un hijo tuyo?)|. — y no lo pensé. Me lancé sobre él para descargar toda mi furia acumulada durante mucho tiempo solo en su rostro. Aquellas chicas que estaban con él se alejaron corriendo con miedo pero eso no bastó para que me detuviera.
Puño tras puño llegaban a él, ¿que importa si mis nudillos quedaban hechos una mierda?
Finalmente terminé por colocar las manos alrededor de su cuello para ahorcarle con fuerza demoniaca. Mi mente solo está nublada. No puede pensar en nadie más que el hombre que tengo en frente de mí.
Jörg buscaba con su mano algo para poder defenderse hasta que lo consiguió. Era un cristal de la botella antes lanzada y me apuñaló a un lado de las costillas.
Volví en si gracias a ello y me senté, arrimando la espalda en el sofá. Cerré los ojos, tragando las ganas de soltar un par de lágrimas. Ya no sabía de si de decepción, dolor, rencor, quizás traición…
— De seguro piensas que… es mentira lo que te digo pero… yo lo oí hablando con una muchacha Zamira. Ella le rogaba a él para que te cuente y él no quería, ¿quien sabe por qué, eh? quizás porque no es tuyo o es… mentira.
— ¿Por qué debo creerlo? eres un puto mentiroso y nada de lo que sale de tu boca es real. — tomé impulso para levantarme del suelo e irme del departamento a pasos lentos, pero, antes de cruzar por el umbral de la puerta me detuve para decirle: — Y así lo estuviera, amaría a mi hijo con toda mi vida. Nunca más tus palabras van a afectarme como un día me gritaste…
‘fuiste el peor error de mi vida, me quitaste el tiempo de pareja que tenía con tu madre y ahora solo piensa en ti. Siempre es Tom para todos lados…
te odio.’
— Tampoco le haría sufrir como tú me hiciste sufrir a mí.
Luego de decir eso, azoté la puerta para irme a algún lugar dónde puedan revisarme la herida.
Me quedé esa noche en atención médica, completamente solo. Pensaba una y mil veces en como podría ver a Bill a los ojos, decirle que ya sé ese secreto.
Una parte de mí ruega porque sea mentira, nadie está listo para tener un hijo a temprana edad y la otra se emociona porque se imagina a Bill de la mejor manera en la paternidad.
Siento ansias.
Pero, ¿por qué me escondería algo así? fue inesperado, no lo culpo por la falta de responsabilidad, pero de algo si estoy en claro es que jamás le voy a dejar solo.
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By 𝐁𝐈𝐋𝐋
Aprieto los ojos, enojado. Desde que amaneció hasta que salimos hacia el médico… Zamira no dejaba de molestarme por no haberle dicho a Tom la situación en la que me encuentro.
Estoy harto de escucharle.
— ¡No puedes dejar a ese bebé sin papá!
— Dios. — susurré tapando mi rostro con ambas manos. Volteo el rostro para verle con irritación. — Ya me tiene a mi, ¿no es suficiente?
— ¡No!
— ¡Tuviste la oportunidad de decirle que traes un hijo en tus malditas entrañas y solo decides decirle que vas a dormir en tu jodida casa! al parecer en tu cabeza hay mierda en vez de un cerebro, imbécil. ¡Se supone que el amor lo puede todo!
Preferí no seguir diciendo nada más porque iba a acabar mi paciencia.
Adelanté el paso para ingresar al consultorio ya que era la hora de la cita.
Ingresé solo ya que Zamira se enojó conmigo por la cara que traía y mejor así. No puede forzarme a decirle algo tan delicado a Tom y peor cuando piensa cosas opuestas a lo que yo deseo.
— ¿Cómo pasó la noche, Bill?
— Bien, pero si he sentido algo de molestia en mi abdomen.
— ¿Ha tomado reposo como le dije? — asentí mientras quitaba la ropa para poder ponerme la ropa que me brindaba para mayor comodidad. — Perfecto, en sus condiciones debe mantener reposo absoluto ya que con los primeros síntomas debiste acudir al doctor, no esperar a tener un sangrado para saber.
— Lo siento… pero como le dije ayer, no he notado cambios en mi cuerpo como para darme cuenta.
— Entiendo… ahora mi deber es atenderte hasta estabilizar el bebé adecuadamente, que lleve un cuidado sano para su salud y nazca en perfectas condiciones. — cerré los ojos en total agonía.
Empezó por ponerme un gel para realizar la ecografía que le permitiría ver al bebé. — Mi recomendación es que acudas a esas clases para madres primerizas, te relajes, leas revistas relacionadas al embarazo. Eso sí, nada de bebidas alcohólicas, perforaciones, tatuajes… debes comer cosas saludables y el sexo, Bill. Si te duele, no sigas, ¿okay?
— Sí…
«Pero dudo mucho que vuelva a tener intimidad.»
— Bien. — extiende su mano para que pueda acercarme hacia la balanza donde mediría mi estatura y peso.
Al terminar volví a colocarme la ropa para escuchar lo último que tenía que decirme. — Los resultados me agradan pero eso no quiere decir que ya todo está bien, debes seguir asistiendo a controles y tomar mis recomendaciones, solo así evitaremos las graves consecuencias.
Se sintió bastante reconfortante sus palabras que el ánimo me cambió por completo y salí de ahí con una sonrisa de oreja a oreja. La misma que se borró al ver a Tom sentado junto a Zamira, con la camisa manchada de sangre.
Mordí mi labio inferior con fuerza, mi respiración se aceleró al instante y parecía que todo desapareció a mi alrededor, permitiéndome estar a solas con Tom. La mirada que me brinda es escalofriante.
Siento como los pelos se ponen de puntita en todo mi ser.
Empiezo a desear un solo contacto con él pero no me lo puedo permitir. No es el momento.
— Zamira, ¿nos vamos? tengo que comprar un par de revistas. — claro que no esperé a que me responda para salir de aquel hospital casi corriendo.
Mi meta era evitar a Tom hasta que ya no vea el mínimo interés y así poder estar tranquilo con mi nueva vida en un par de meses. De igual forma estaba listo para irme con Zamira a su viaje a Roma por el concurso de pintura ganado.
Probablemente me consiga a alguien mejor, mayor que yo y que nos quiera a mi hijo y a mi juntos ya que su padre no se encuentra en planes a futuro.
— ¿Por qué no le hablaste?
— Porque necesito pensar las cosas, Zamira. Ya no estoy seguro de querer continuar con él padre de mi bebé, ¿algo más que quieras saber?
— Estoy en total desacuerdo. — entramos a la tienda de revista más cercana para poder empezar a ver lo que podría leer.
— Entonces puedes irte y dejarme.
Zami me dedica una mirada inexpresiva antes de irse de la tienda.
Continúa…
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