Fic Toll de WifesKaulitz

Capítulo 2

Mi corazón empezó a latir desbocado.

A mí mente volvieron los recuerdos de la vez que decidí abrirme con las personas más cercanas. Esperaba una buena reacción de su parte, algo como el apoyo, la comprensión, pero lo único recibido fue rechazo, odio y exclusión.

Ahora que lo pienso mejor, siento que ese es el miedo de entrar a la universidad.

Me asusta que sepan de mi sexualidad y que me hagan daño porque sigue siendo mal visto por la sociedad.

— Necesito ir a quejarme seriamente con el dueño del edificio.

— ¿Por qué? — pregunté en un hilito de voz. Nunca hemos tenido problemas con ninguno de los vecinos y tampoco hemos dado problemas o de que hablar.

— ¿Y todavía lo preguntas? ¡nadie me dijo que iba a tener un par de vecinos extraños que como no se conforman con su pene, deciden ir tras otro para sentirse satisfechos!

— Largo de aquí antes de que te golpee. — amenazó Isaac apretando sus manos hasta formarlas un puño.
En cambio el vecino solo se dedicó a reír de forma burlona.

— Claro que me iré porque no quiero contagiarme de estupidez y homosexualidad junta, ¡adiós!

Después de decir eso dió media vuelta para volver a su departamento y cerrar la puerta de un azote. Apegué mi cabeza a la madera, mirando hacia el techo y exhalé rendido.

— ¿Qué mierda le pasa? ¿por qué se atreve a hablarnos así? ¿acaso no sabe del respeto o qué? ¡yo voy a ir a quejarme con el dueño del edificio por la gente que mete a vivir aquí! ¿quién mierda se cree? ¡ja!

— No lo sé, Isaac, pero de momento… — tomé la fuerza suficiente para empujarle afuera del departamento. — Tienes que irte, debo continuar ayudandole a Zamira con su lienzo.

— Sí, está bien, amorcito. Cuídate de ese idiota porque si me entero que te volvió a molestar le romperé las bolas de una patada.

— Gracias. — sin más cerré la puerta; me deje caer hasta que mi trasero tocó el frío suelo y me abracé a mi mismo con frustración aunque no debería hacerlo, es solo un desconocido que no sabe absolutamente nada de la vida y habla por hablar.

Sí, eso me gusta más.

&

Cómo de costumbre, ya estaba de pie a las siete de la mañana de camino a mi trabajo a pesar de que el sueño casi me vence porque junto a Zamira nos quedamos hasta la una de la mañana haciendo el lienzo. ¿Para que voy a mencionar los resultados? Si todo lo que hace es hermoso y mucho más si yo estoy presente.

A modo de recompensa me preparó un café cargado en el termo pequeño para que lo tome en caso de ser necesario. Antes de salir del departamento tomé las llaves que tenía un adorno bonito de una Pucca y de camino al elevador.

Entré cuando las puertas de metal se abrieron y esperaba paciente a qué se cierren pero no sucedió. El pie de un conocido lo interrumpió.

— Ay, no pude ser. — murmuró. — Que desgracia y pérdida de oxígeno.

— ¿Vas a entrar o no?

— Agh. — en medio de quejidos lo hizo y me dió mucha gracia porque tenía comportamientos de un niño pequeño berrinchudo. Ambos estábamos juntos con la vista en la puerta. Me abracé a mi mismo y pegué la cabeza en la fría pared. Pronto sentí el olor a perfume caro inundar mis fosas nasales hasta el punto de ahogarme.

— ¿Por qué..?

— Discúlpame, es que el ambiente huele a homosexualidad y ya sabes. — fruncí el ceño exageradamente porque también usaba un cubrebocas. — Soy 100% heterosexual.

Entonces las puertas del elevador se abrieron indicando que llegamos al primer piso y salió caminando con total prisa hasta que lo perdí de vista.
Mordí mi labio inferior, tragando las ganas de perseguirlo y golpearlo para contagiarle de mi homosexualidad al estúpido ese.

¡Agh!

De seguro a ese imbécil le gusto pero es que…

¿A quien no le gustaría Bill Trümper, por favor? – pienso rodeando los ojos. – Le gusto a ambos sexos y de ser posible, hasta a los perros pero eso sería exageración.

Joder.

Cómo amo subirme el autoestima todas las mañanas antes de ir a trabajar. La razón es porque en el trabajo no puedo usar el maquillaje que deseo porque hay que dar la mejor impresión al cliente.

A lo lejos pude divisar mi trabajo por lo cual apresuré el paso para llegar pronto. Amaba ese trabajo porque no hacía mucho esfuerzo físico, solo tenía que estar sentado en caja, esperando a que el cliente vaya y yo así cobrar el pedido. Lamentablemente suele ser muy estresante cuando las personas se aglomeran y hacen muchas compras para el fin de semana.

De seguro di el cambio demás solo por distraído.

En fin.

— Hola, Bill. ¿Cómo te va?

— Hey. — saludé a Meredith de un abrazo con beso en ambas mejillas. Ella era otra mi segunda mejor amiga y luego estaba Georg, que trabajaba en un bar pero no siempre se le veía porque se seguro vuelve cansado. — Mi mañana empezó con el pie izquierdo… si se podría decir así. — saqué de mi mochila la camisa con mi nombre y recogí mi cabello en una coleta para mayor comodidad.

— ¿Por qué?

— Ayer se mudó un vecino que resultó ser homofóbico después de que se enteró que yo no era mujer, sino hombre.

— ¿¡Qué!? — tuve que taparle la boca para no llamar la atención del resto de trabajadores presentes. — Necesito una maldita explicación, Bill.

— No, por favor. — susurré. — Esta mañana me lo encontré e hizo un comentario fuera de lugar que causó mi mal día.

— Claro, un Bill estresado no es bueno para los negocios.

En medio de una sonrisa empezamos nuestro día para trabajar. En lo general, las mañanas suele estar muy vacío por lo que se aprovecha a rellenar los estantes con productos que hacen falta para una mejor apariencia.

También aprovechaba para contar el dinero y anotarlo en una libreta con la intención de entregar lo requerido.

— Dios, no puede ser. ¿Es que acaso no hay otra persona que esté de cajero para que me atienda? vas a contagiar las cosas que voy a comprar con tu…

— Mierda. — di un golpe en la mesa con rabia. — ¿Es que acaso no sabes qué otra cosa decir?

— Odio encontrarte en todas partes.

— Ah, que bueno. ¿Algo más? — empecé a cobrar el montón de cosas que había puesto y entre ellas habían dos cajas de preservativos fluorescentes y con sabor de talla «XL». Tragué grueso la saliva.

¿Serán suyos?

Ah, que calor.

— Sí, después de verte en el ascensor me puse a pensar.

— ¿Acaso si piensas?

Reprimió una carcajada tapando su boca.

— Aunque no lo creas, verás… pensé en que como estabas vestido de mujer ayer era porque eres de los trasvestis de mala vida, entonces… yo… quiero saber cuánto cobras. Prometo ser tranquilo.

— ¿Qué? — abrí la boca a más no poder. Sentí como mi rostro se enrojeció de rabia. Yo lo quiero  golpear.

Le quiero a dar.

Lo voy a hacer.

¡Maldita sea!

— Sí, sí… pero creo que no mucho porque pareces una prostiputa de las baratas.

— ¿No te cansas de hablar?. — pregunté irritado. Al acabar de cobrar miré el precio y claro que lo iba a duplicar. — Son doscientos treinta euros, incluyendo IVA del 30%, impuestos del producto, calidad y variedad. — estiré la mano con una sonrisa de oreja a oreja a lo cual me mira desconcertado.

— Ya entiendo. — rió. — Me estás cobrando tus servicios también, que idiota soy… a si que ¡super! haz la factura a nombre de Tom Kaulitz.

Suspiré apoyando la mano en la mesita porque me estaba cansando.
Observo como saca de su billetera un billete de quinientos euros y me lo lanza hacia la cara.

— Ya sabes, el resto es porque iré a tu casa a cobrar tus servicios, zorra. — dicho esto agarró la funda y abandonó la tienda en medio de risas que aumentaban mi rabia junto con el desprecio.

En mi corazón nunca he guardado odio pero aquel hombre se ha ganado el lado oscuro de mi corazón como no se lo imagina.

— Ay, y tan guapo que es el condenado hijo de mil perras.

Continúa… 

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!