
Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 17
— ¿Perdió? — arqueo una ceja sin comprender. — ¿Quien?
— ¡Isaac! — susurró/gritó jalando mi mano para poder ir a hablar hasta un lugar más privado, lejos de los murmullos fastidiosos de la familia. — Escuchó como Tom le aclaraba a su supuesta hermana que eran novios y se le fue encima, estaba borracho… te juro que siento en mi rostro el dolor como si Tom me hubiera pegado a mí.
Pobre… pero se lo merecía por mentiroso.
— Ay…
— Aunque Tom si recibió unos cuantos, le partieron el precioso piercing y la argolla se perdió por algún lugar del suelo. — hizo una mueca. — Pero se compró una nueva antes de venir aquí, ¿qué tal si vas a verlo?
— Sí, ¿me das un momento? — Zamira asiente con una sonrisa cálida.
Le di un abrazo una vez más como agradecimiento antes de ir a buscar a Tom en la cafetería de la planta baja del hospital. Iba a pasos lentos mientras me abrazaba con vergüenza, no quería causarle molestia a Tom con mis problemas.
Una vez que el ascensor indicó que ya había llegado a mi destino, seguí hasta que lo ví sentado de espaldas en una de las mesas, completamente solo y con su taza de café enfrente.
Me dirijo a pasos lentos y cuando estoy cerca, coloqué la mano sobre su hombro.
El rastafari regresa a verme serio.
— ¿Todo bien?
— Tú dímelo a mi, ¿todo bien? — senté mi trasero en la banca con lentitud. Mordí la piel interna de mi mejilla mientras mis ojos se llenaban de lágrimas.
— Dicen que no hay noticias, no saben cómo está y muero por dentro.
— Mhmm…
Sentí más tristeza.
— No sé que hacer. — Tom no respondió, solo se quedaba observando con una actitud media distante a lo cual me ponía más horrible. No quiero causarle lastima o algo por él estilo pero alguna palabra suya me caería bien. Lo que no esperaba fue lo que dijo a continuación…
— Que horrible te ves llorando. — mi corazón se partió más de lo que estaba.
— Mejor deja de tratarme así y dame un abrazo, lo necesito…
— No quiero. — pegué mi frente a la mesa dejando salir toda la rabia atorada desde hace tiempo atrás.
¿Por qué tenía la puta necesidad de sentir sus brazos rodeando mi cuerpo para darme consuelo? no quería a nada, solo apreciar su protección en mí. — Bill, ¿qué te pasa? Estás llorando como una nena, ya basta.
— Es que… es que… es que tú… — Tom agarra mi cabello sin una pizca de grosería para que levante la cabeza y lo vea pero a su detrás, pude observar a Cynthia, mi tía. Estaba mirando la escena con el ceño fruncido y cuando se dió cuenta que la estaba mirando, acomodó sus gafas e hizo como si no hubiera visto nada.
— Por eso no quiero. — añadió.
«Mierda, que estúpido me siento.»
Tremendo show que hice…
— Lo siento. — apresuré a decir con él rostro más rojo que nunca, ¿cómo puedo corregir el berrinche que hice hace un momento? en mi defensa puso haberlo dicho desde un principio y me reservaba las ganas de llorar.
— Si quiero abrazarte, gatito. — murmura solo para que yo pueda oírlo. — Y de ser posible, también meterte el pene por los ojos para que ya no llores más porque no es mentira de que te ves horrible llorando.
Sonreí como si lo que dijo fuera lo más normal del mundo. Limpié mis lágrimas con el dorso de mi mano para que no quede rastro alguno.
Moría por darle un beso pero solo pude agradecer.
— Gracias, Tom. Te quiero.
— Ahm, ya… — miró hacia otro lugar, después empezó a rascarse la nuca con un toque de nerviosismo a lo cual me hizo ensanchar la sonrisa. Estaba consciente de lo que le dije pero no esperaba una reacción así de adorable de su parte. — No sé cómo responder a eso pero ¿gracias?
Dejé escapar un suspiro largo al mismo tiempo que cubría mi rostro, pues yo también me había sonrojado sin razón alguna.
— ¿Ya has comido algo, Bill?
— No, con tanta cosa que me pasa ni siquiera he sentido hambre
— Bien. — Tom se levantó hasta donde estaba la señora encargada de tomar los pedidos. Arqueé una ceja sin comprender hasta que lo ví volver con un papel en mano.
Luego, la misma mujer de la caja, volvió detrás de él con una charola que puso en la mesa.
Hice una mueca.
— ¿Y eso qué?
— Vas a comer.
— Pero no tengo hambre.
— No te he preguntado si tienes hambre o no.
— Pero Tom… — refunfuñé con una mueca.
— ¿Me haces el favor? — insiste con voz sería, demandante y muy sensual.
A lo cual me iba a seguir negando porque en el momento que obligue a mi estómago a comer, iba a ser un completo desperdicio porque todo lo iba a devolver en el inodoro.
— No quiero.
— Come… ahorita. — finalmente obedecí con mucha lentitud. La tostada de jamón y queso si me gustaba pero de momento mi estómago lo veía como mi némesis. Empezó a hacer guerra, haciéndose escuchar fuertemente.
La reacción de Tom fue neutral.
Podría sacarle una foto a su seriedad y le pondría de fondo en mi móvil.
&
Nuevamente seguía en sala de espera, con mi espalda arrimada en la pared y los ojos cerrados.
El doctor seguía sin aparecer, eran horas sin noticias y ya pronto iba a amanecer.
Zamira estaba sentada en una de las bancas más alejada mientras se abrazaba a si misma para entrar en calor, en cambio Tom se había perdido de mi vista hacia unas cuantas horas sin ni siquiera decirme nada…
De mi familia habían quedado solo dos: mi madre y April.
— ¿Por qué no te vas a descansar? — abrí los ojos para encontrarme con los oscuros de mi tía, también estaban cansados y apagados como los míos.
Me negué rotundamente, ¿qué tal si en el momento que salgo de aquí al doctor se le ocurre dar las noticias? También quiero ser el primero en enterarse. — Entonces ve a sentarte, descansa esas piernas un poco, te vas a hacer más alto.
Asentí con una sonrisa fingida.
Di media vuelta pero para ir al baño a remojar mi rostro y quitarle la grasa impregnada del día anterior.
También me miro en el espejo, mi cabello estaba desalineado e igual de grasoso que mi cara.
Estoy horrible.
Las ojeras me hacen ver como un ogro o quizás peor.
— Mhmm, ¿por qué me veo así? agh… — terminé de verme en el espejo para ir a tomar una toallita y secar mi rostro, si seguía mirándome el cristal terminaría hecho un caos. Antes de estirar mi mano para tomar lo que quería mi móvil sonó haciéndome asustar.
Tiré la servilleta al suelo y de inmediato tomé el móvil sin fijar el nombre de la persona que se comunicaba conmigo, solo rogaba porque fuera Tom.
— Hola…
— Que bueno que contestas, amorcito. — sentí una presión intensa en el pecho, mis sentidos agonizaron y por un instante perdí el equilibrio. — ¿Cómo estás, mi cielo?
— Odiándote como nunca, Isaac.
— Necesitamos hablar ahora mismo, ¿qué importa si estás en el hospital? la que se está muriendo es tu abuela, no tú.
— No tengo nada de que hablar contigo. — murmuré con rabia evidente en mi voz. — Mejor hazte un buen padre para tu hijo y no fastidies más la vida.
— Te conviene. — continuó tratando de convencerme. — Caramelito, sabes que yo deseo tu bien porque te amo como a nadie en el mundo, ¿qué importa mi hijo? tú eres lo principal.
— Mierda…
Coloqué el dorso de mi mano sobre la frente sin creer la estupidez que estaba escuchando, ¿por qué la persona que creí diferente hablaba así de su sangre? a penas es un bebé.
No tiene la culpa de nada, ni siquiera de tener un padre tan imbécil como Isaac.
— Bill.
— Si acepto verte… ¿prometes que me vas a dejar tranquilo?
— Desde luego, te veo en el mismo restaurante que te llevé.
Y colgó.
Con el corazón en la boca salí del baño a toda prisa y próximamente del hospital para tomar un taxi e ir a la dirección que se encuentra mi ex novio. No puedo mentir en decir que no estaba nervioso cuando en realidad era lo opuesto.
¿Qué iba a hacer con Isaac encerrado en una habitación? De seguro iba a tratar de convencerme en volver, después el tema de la intimidad y finalmente el bebé.
Dios…
Alejé todos esos pensamientos de mi cabeza una vez que el auto se detuvo y yo entré al hotel. Un guardia que al parecer estaba bajo las instrucciones de él, a penas me vió entrar empezó a guiarme hasta el piso donde se encuentra Isaac, quien a penas golpearon la puerta se dejó ver con una sonrisa.
— Entra, chocolatito bonito. — obedecí sin más y directo pregunté algo antes de que él continuará hablando:
— ¿Qué es lo que quieres para que de una vez me dejes en paz?
A lo cual sonrió malicioso y su acción me dijo más que mil palabras.
…pues se empezó a desnudar…
Continúa…
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