“Basai” de Gaja. Traducido por OuterSpace
Capítulo 7
Tom gimió cuando la brillante luz del sol penetró sus párpados, enviando chispazos de dolor al centro de su cabeza y haciéndole agarrar la almohada más cercana para cubrirse y librarse de ellos.
—Buenos días, dormilón —dijo el Emperador animadamente, logrando que Tom lo mirara un breve instante por debajo de su almohada de plumas.
—Me duele la cabeza —se quejó Tom, enroscándose más debajo de la almohada y echando también las sábanas sobre su cabeza. Se encogió un poco cuando la tela suave se deslizó por su muslo expuesto al mover sus piernas desnudas contra las sábanas—. ¿Por qué no tengo pantalones?
El Emperador se rio con suavidad.
—No dudo que tengas un dolor de cabeza esta mañana. Creo que te bebiste tres botellas de vino tú solo.
—¿Mis pantalones…? —preguntó Tom de nuevo comenzando a sonar preocupado y echando otro vistazo desde debajo de las sábanas.
—No podía dejarte dormir con tus nuevas ropas. Son nuevas —dijo el Emperador simplemente, despidiendo a Carlotta quien se encontraba colocándole unas bandas de metal más gruesas en su cabello—. Ve a traer algo para la cabeza de Tom, ¿sí?
La chica hizo una reverencia y salió, provocando que Tom hiciera una mueca ante el sonido de la puerta cerrándose detrás de ella.
El Emperador atravesó la habitación silenciosamente, se arrodilló junto a la cama y masajeó con suavidad la espalda de Tom en forma circular.
—¿Dormiste bien?
Tom murmuró suavemente, acercándose un poco más al borde de la cama y a las manos del Emperador.
—No sé, estaba dormido —dijo, siendo ensordecido por las telas—. ¿Por qué estás aquí tan temprano?
—Porque es mi recámara —dijo el Emperador, destapando el rostro de Tom y apoyando su cabeza sobre la cama, cerca de él—. ¿No lo recuerdas?
—Recuerdo chardonnay. Mucho chardonnay —dijo Tom, retorciéndose ante un punto tenso en su hombro bajo la mano del Emperador—. Y flamas de velas.
El Emperador suspiró tristemente, acariciando con las puntas de sus dedos el costado de la cara de Tom.
—¿Sólo eso?
Tom asintió, gruñendo cuando el movimiento sacudió su cabeza.
—Todavía no estoy muy despierto.
—Avísame si recuerdas algo más —dijo el Emperador en voz baja—. Debo ocuparme de algunas cosas el día de hoy, así que tendrás que entretenerte solo. Debería estar libre para la cena, por si deseas comer conmigo esta tarde…
Tom gruñó de nuevo, haciéndose bolita ante la idea de la comida.
—Tal vez —murmuró, intentando convencer a su estómago de que dejara de revolverse.
El Emperador sonrió, inclinándose y besando la esquina de la boca de Tom.
—Preguntaré de nuevo más tarde. Tú descansa e intenta sentirte mejor. Toma lo que te dé Carlotta y te ayudará —el Emperador acarició el costado de su cara suavemente y le dedicó una pequeña sonrisa triste antes de colocar las sábanas de vuelta sobre los ojos del otro hombre y levantarse—. Puedes quedarte aquí el tiempo que quieras. Sólo jala el cordón gris si necesitas algo.
—Mmkey, cordón gris —repitió Tom, acurrucándose en la oscuridad.

El Emperador le echó una última mirada a la pila desarreglada que estaba sobre la cama y salió, cerrando la puerta detrás de sí silenciosamente. Tom casi había vuelto a quedarse dormido cuando otro par de manos lo despertaron de nuevo.
—Hora de la medicina, Tom. —susurró Carlotta.
—No quiero, estoy dormido. —contestó Tom, rodando.
—Oh, vamos, nada de eso —dijo Carlotta, haciendo tintinear algo contra la mesa cercana y quitándole las sábanas a Tom—. Su Alteza sólo quiere que te sientas mejor, así que vas a tomarte hasta la última gota. Si quieres volver a dormir después de eso, está bien, pero tengo ordenes y no me harás romperlas.
Se sentó cerca de Tom y lo jaló hacia arriba, ofreciéndole el vaso.
—Hasta la última gota.
Tom frunció el ceño ligeramente y le dio un pequeño trago al líquido oscuro vacilantemente. Luego arrugó la nariz severamente y tosió.
—¿Qué es esto? Es horrible.
—Té de corteza de sauce. Hará que tu cabeza se sienta mejor —dijo Carlotta, quitándole el cabello de la cara—. Es un poco amargo, pero funciona.
—¿Un poco amargo? —preguntó Tom, mirando las profundidades del vaso.
—Tómatelo rápido y ni siquiera lo vas a notar.
Tom arrugó su nariz con desagrado y se bebió de un trago su té, dando arcadas ligeramente al sentir el lodo que sedimentó al fondo del vaso. Después le devolvió el vaso a Carlotta.
—Ugh, ya. Si ése es el remedio para una resaca por aquí, recuérdame nunca volver a beber.
Carlotta se rio, dejando el vaso en la mesa de al lado y poniéndose detrás de Tom.
—Supongo que en el lugar de donde vienes tienes algo diferente para tratar con estos dolores—dijo, deslizando sus dedos a través del cabello de Tom y masajeando su cuero cabelludo con gentileza.
—Los nuestros vienen en forma de píldoras —explicó Tom, encorvándose sin fuerzas—. No saben a nada a menos que las dejes derretir en tu lengua. E incluso así, algunas tienen sabor dulce, al menos al principio.
—Suena bien —dijo Carlotta, formando círculos con sus pulgares sobre la nuca de Tom—. Me alegra que estén empezando a llevarse bien. No he visto a su Alteza así de contento desde que…
Carlotta se aclaró la garganta y movió sus manos.
—No lo he visto así de contento en un buen tiempo.
—No desde que Bill murió —dijo Tom, dejando que su cabeza cayera contra su pecho.
—¿Cómo… cómo supiste de él?
—Encontré su recámara el otro día. Yo también tengo un gemelo. De hecho, también tengo un Bill. Ni siquiera puedo forzarme a imaginar lo horrible que debió ser para él. Yo no sé qué haría si mi hermano muriera —dijo Tom silenciosamente—. Ni siquiera sé si voy a volver a verlo de nuevo. He estado aquí por una semana y no creo… no creo que pueda volver.
Tom sorbió su nariz y la frotó con el reverso de su mano, cubriéndose más con las sábanas.
—Bill debe estar muy preocupado. Nunca hemos estado separados por tanto tiempo. Espero que los chicos lo estén cuidando.
Carlotta tocó su hombro suavemente.
—No lo sabía.
—Sí, bueno ¿cómo podrías? No es como que alguien me ha preguntado sobre mi vida antes de terminar aquí —dijo Tom, enfurruñado mientas la chica volvía a masajear su cabeza—. Sólo espero en verdad que Bill vaya a estar bien. Qué rayos, espero que yo vaya a estar bien.
—Estoy segura de que todo estará bien. Todo se arreglará. —le aseguró Carlotta.
Tom sacudió su cabeza y se alejó de su agarre.
—No veo cómo. Creo que quiero volver a dormir ahora, así que puedes irte —dijo silenciosamente, alejándose y acurrucándose en el otro extremo de la cama.
—Como desees —dijo Carlotta, acariciando su hombro suavemente—. Si necesitas algo…
—El cordón gris, ya sé —dijo Tom, esperando a escuchar que la puerta se cerrara para llorar en silencio contra la almohada.
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—¿Qué tal está tu sopa? —preguntó el Emperador, mirando su tazón y cuchareando el líquido.
—Está buena —contestó Tom, removiendo la suya.
—La cocinera normalmente usa otros vegetales, pero no está mal con los cambios —siguió el Emperador, aun batiendo distraídamente su tazón.
Tom suspiró, dejando su cuchara.
—¿Qué pasa?
El Emperador parpadeó y miró a Tom con sorpresa.
—¿Qué te hace pensar que algo anda mal?
—¿En serio? —preguntó Tom, levantando una ceja—. Más o menos hemos establecido que somos la misma persona. Estás haciendo lo que yo hago cuando no quiero hablar sobre algo. Así que, ¿qué intentas esconder?
—Yo no…
—Sólo dímelo.
El Emperador frunció el ceño ligeramente, soltando su cuchara y mirando a Tom con ojos oscuros y tristes desde el otro extremo de la mesa.
—Sé por qué estás aquí.
Tom se enderezó velozmente. Sus manos se agarraron con firmeza de los brazos de la silla.
—¿Ah, sí? —preguntó intentando mantener la sorpresa fuera de su voz.
—Tienes que entender que no creí que sucedería así. Pensé que podrían traerlo de vuelta, no sólo… robar a otro de alguna parte —dijo el Emperador precipitadamente—. Me dijeron que me traerían a Bill de vuelta y les permití intentarlo. Aparentemente, en lugar de eso, te trajeron a ti.
El Emperador bajó la cabeza, temblando suavemente.
—Lamento tanto todo lo que he intentado hacerte. Sé lo que es perder a un hermano y nunca podré disculparme lo suficiente por intentar quitarte al tuyo. Nunca podré disculparme con él lo suficiente por robar a su hermano.
—Estoy aquí sólo por un accidente —dijo Tom, más para sí mismo que para el Emperador—. Por eso tenía su nombre.
—¿Qué cosa tenía su nombre? —preguntó el Emperador con curiosidad.
—Había un espejo. Lo toqué y terminé aquí. Era para él. Se suponía que él debía estar aquí —dijo Tom, ligeramente horrorizado ante la idea de que su hermano pequeño estuviera perdido en este mundo.
—Perdóname —dijo el Emperador, pellizcando el borde de la mesa—. Voy a intentar arreglarlo.
Tom miró al otro hombre, ladeando su cabeza un poco.
—¿Cómo?
—Con mis reuniones de hoy. Voy a hacer que mis magos reviertan lo que hicieron. Haré que… te envíen a tu hogar —dijo el Emperador tristemente—. Dijeron que todo debería estar listo para mañana.
—¿Me voy a casa? —preguntó Tom sorprendido, miles de pensamientos atravesaron su cabeza al mismo tiempo y la mayoría de ellos eran sobre lo aliviado que Bill iba a estar.
—Te vas a casa —respondió el Emperador, levantando la vista para mirarlo de nuevo—. En verdad voy a echarte de menos. Fue agradable tener a alguien por aquí de nuevo.
Ésa era una idea que no había entrado a la mente de Tom. Su corazón se rompió ligeramente por el otro hombre.
—Oh, sí… —dijo en silencio—. En realidad, yo voy a extrañarte también. Ha sido interesante ver cómo sería mi vida si las cosas hubieran sido muy, muy distintas.
El Emperador le dedicó una sonrisa débil, estirando su brazo sobre la mesa y atrapando los dedos de Tom debajo de los suyos.
—¿Crees que estarías dispuesto a dormir en mi recámara de nuevo esta noche? Sólo una última noche antes de que te vayas. No haré nada que te haga sentir incómodo, te lo prometo.
Tom apretó la mano de Emperador.
—Eso estaría bien —dijo, todo en su interior quería jalar al hombre desde el otro extremo de la mesa y abrazarlo hasta que la luz triste se esfumara de sus ojos—. ¿Pero puedo levantarme un minuto? Volveré enseguida.
El Emperador hizo un gesto con la mano, dándole a Tom el permiso para irse. Tom se puso de pie rápido y caminó casualmente hacia la puerta, dejando que se cerrara antes de caminar por los pasillos a paso veloz. Se metió al cuarto del Emperador, tiró de la cuerda gris y esperó impacientemente.
—¿Milord? —preguntó Carlotta al entrar—. Oh, eres tú. ¿Con qué puedo ayudarte?
Rápidamente, Tom le susurró su idea a la chica en el oído, asegurándose de ser silencioso por si el Emperador lo había seguido.
—¿Puedes hacerlo?
—Sin problema, Tom —dijo Carlotta, ofreciéndole una sonrisa brillante.
Tom le dio un beso rápido en la frente.
—Gracias —susurró, saliendo a hurtadillas y tomándose su tiempo para regresar al comedor. Volvió a entrar a la habitación y caminó a la mesa—. Perdón por eso.
—Está bien —dijo el Emperador sin ánimos, formando figuras imprecisas en la ligera capa de aceite en la superficie de su tazón.
Tom estiró una mano y le quitó la cuchara de los dedos al otro hombre, tomando la mano del Emperador.
—Ven conmigo por un minuto, ¿sí?
—¿Qué hay con la cena? —preguntó el Emperador, levantándose cuando Tom lo jaló con más persistencia.
—No creo que ninguno de nosotros esté de humor para seguir comiendo. Sólo ven conmigo —dijo Tom, jalando al Emperador detrás de él.
Tom merodeó, asegurándose de tomar el camino largo de regreso a la habitación del Emperador. El otro hombre enarcó una ceja cuando llegaron a su puerta, pero Tom ignoró su confusión y abrió, guiándolo y pasando de la cama directo al baño donde estaba la bañera llena soltando vapor en el aire de la noche.
—¿Tom? —preguntó el Emperador mirando entre la bañera y su doble cuando Tom soltó su mano.
—Lo que dijiste el otro día —dijo Tom, sacándose su camisa por encima de la cabeza y dejándola caer al suelo—. Quiero que tengas lo que querías.
—¿En serio? —preguntó el Emperador con un murmullo titubeante y esperanzado.
—En serio —dijo Tom, estrechando una mano hacia él—. Antes de que el agua se enfríe.
El Emperador tomó la mano de Tom y lo acercó para besarlo con fuerza.
—Gracias.
—Ni lo menciones —respondió Tom con una sonrisa, quitándole la camisa al otro hombre y besándolo a cambio, un poco más vacilantemente.
Después de pelar sus ropas, el Emperador se metió primero a la bañera, adentrándose en el agua caliente antes de que Tom se le uniera, acurrucándose cómodamente a su lado.
—Esto es bastante agradable —dijo Tom cuando el Emperador pasó un brazo sobre sus hombros, besando su frente—. Es relajante.
—No tiene que serlo —susurró el Emperador, tomando el mentón de Tom y volteando su cabeza hacia él—. ¿Recuerdas lo que pasó anoche?
Tom cerró sus ojos, repasando los recuerdos borrosos de la noche anterior.
—Yo… —empezó, arrugando su entrecejo cuando unas cosas nuevas se filtraron—. Oh. Ohh…
—Tomaré eso como un sí.
Tom asintió. Los recuerdos del Emperador debajo de él, de sus lenguas entrelazadas, cómo volteaba a Tom para que estuviera abajo y cómo Tom le pedía más, todo eso se hacía más claro mientras pasaban los minutos.
—Vaya.
Lentamente, el Emperador bajó una mano por la espalda de Tom.
—¿Quieres…?
—No lo sé —respondió Tom honestamente, sorprendido de encontrarse indeciso ante la idea.
—Ven aquí —dijo el emperador, moviendo a Tom sobre su regazo con facilidad dentro del agua—. No te forzaré, pero por favor considéralo.
Pasó una mano detrás de la cabeza de Tom y lo acercó hasta que sus labios casi se tocaban.
—Por favor. —pidió de nuevo antes de besar a Tom con suavidad.
Tom se derritió lentamente; su cuerpo se derrumbó con facilidad contra el del Emperador mientras sus besos se tornaban gradualmente menos castos y sus bocas se abrían para la otra con menos cuidado que antes. Con los ojos cerrados, Tom se dejó llevar por el momento, disfrutando la sensación de tener a otra persona debajo de él, respondiendo a su toque.
Con cuidado, el Emperador dejó que sus manos descendieran por el cuerpo de Tom, deslizándose debajo del agua y rozando tentativamente la piel erecta del otro hombre, haciendo que Tom diera un salto repentino.
—Lo lamento —dijo el Emperador rápidamente, alejando sus manos—. Fue demasiado pronto.
Tom se sentó en el otro extremo de la bañera con sus piernas abrazadas contra su pecho.
—No puedo ir tan lejos —dijo, a modo de disculpa—. Pensé que podría, pero… lo siento. No quería que te ilusionaras.
—Está bien —dijo el Emperador con suavidad, levantándose sobre sus rodillas y gateando la corta distancia que había entre Tom y él, colocando sus manos sobre las rodillas de Tom—. Estoy dispuesto a tomar lo que estés dispuesto a darme mientras estés cómodo. Y si eso significa tener sólo tu presencia esta noche, entonces eso es lo que quiero.
Tom suspiró para sí mismo y presionó sus manos sobre las del Emperador, acercando al hombre contra él y estirando sus piernas. Tom apoyó su cabeza contra la del otro hombre mientras abanicaba con cuidado las rastas del Emperador sobre el borde de la bañera.
—Estoy cómodo con esto —dijo, acurrucándose con firmeza contra el otro hombre.
—¿Lo dices en serio?
Tom sonrió.
—Bueno, es un poco extraño, pero está bien. Estoy lo suficientemente cómodo.
—Entonces estoy feliz con eso —dijo el Emperador apoyando su cabeza en el hombro de Tom y satisfaciéndose a sí mismo al acariciar con sus dedos la piel que estaba fuera del agua—. ¿No más besos?
—Tal vez algunos más, pero ahora es momento de acurrucarse —dijo Tom con una pequeña sonrisa, dándole un abrazo.
El par se abrazó en la enorme bañera hasta que Tom empezó a bostezar y el Emperador no pudo evitar estremecerse un poco en el agua fría. Se separaron y se cubrieron con toallas lo suficiente como para evitar que la cama terminara mojada y al final cayeron en los brazos del otro nuevamente debajo de las sábanas cálidas.
El Emperador presionó más besos por el rostro de Tom y exhaló con tristeza.
—No quiero devolverte —susurró, acariciando la ceja de Tom con sus dedos y frotando la cicatriz que dañaba su superficie.
—Lo sé, pero es lo correcto —susurró Tom, levantando su mentón mientras el Emperador besaba su cuello—. Si estuvieras en mi lugar, querrías que te devolviera a tu hogar.
—Eso no significa que no quisieras que me fuera —dijo el Emperador, lamiendo un línea sobre la clavícula de Tom—. Hubiéramos funcionado tan bien juntos.
—Tal vez —concedió Tom, pasando sus dedos sobre los nudos de metal en el cabello del otro hombre, preguntándose cuándo había cambiado los aros gruesos por los delgados de nuevo—. Deberías venir conmigo. Tienes magia aquí, podrías hacer una visita y volver a casa cuando estés listo.
El Emperador sacudió su cabeza, subiéndose al regazo de Tom y estirándose sobre su torso.
—No puedo dejar a mi pueblo. Si me voy inesperadamente aunque sea por un día, nuestros vecinos intentarán entrar y conquistar. No puedo hacerles eso —dijo, besando a Tom con suavidad—. Iría contigo en un abrir y cerrar de ojos si pudiera. Me gustaría ver tu mundo.
—Es un lindo lugar. Será agradable estar de vuelta en el escenario —dijo Tom, aceptando sus besos soñolientamente—. De hecho extraño a las fans.
El Emperador asintió simplemente, acurrucándose en el hombro de Tom.
—Es donde perteneces —dijo, con tristeza.
—Mm —murmuró Tom, posando un beso en la cabeza del otro hombre y cayendo en una siesta con sus labios rozando la cabeza del Emperador.
Continuará…
Un capítulo más y terminamos con Basai. :c
Sí, parece que Tom regresa a su mundo, ¡¿pero qué pasará con el Emperador?!
Muchas gracias a todas las personas que comentaron el capítulo anterior. :’) Son los mejores. <3
Un abrazo a todos, y que pasen una excelente semana.