“Basai” de Gaja. Traducido por OuterSpace

Capítulo 6

Seguía lloviendo cuando Tom volvió a despertar, envuelto en una incómoda maraña de cabello y extremidades y con la frente del Emperador presionada contra la suya. Tom liberó una de sus manos y con cuidado trazó las líneas de su rostro, preguntándose en su somnolencia si alguna vez podría acostumbrarse a ver en alguien más su reflejo exacto.

Mientras Tom pasaba su pulgar sobre la ceja del otro hombre, el Emperador musitó suavemente y arrugó su nariz, sacudiendo su cabeza.

—Buenas tardes —dijo Tom en voz baja.

—¿Hmm? —preguntó el Emperador adormecido, abriendo  sus ojos lentamente—. Oh, hola.

—Hola a ti también. Me muero de hambre, ¿y tú?

—¿Qué hora es? —preguntó el Emperador, mirando la habitación oscurecida a su alrededor, pero sin hacer un intento por desenredarse de Tom.

Tom se encogió de hombros lo mejor que pudo.

—No tengo idea. ¿Hora del almuerzo, quizás?

—¡Oh, no! ¿Me perdí la mitad del día? —exclamó el Emperador, haciendo amago de sentarse sólo para volver abajo debido al brazo que fijaba accidentalmente su cabello a la cama—. Tenía una prueba para ti esta tarde. Espero que todavía estemos a tiempo.

—¿Una prueba para qué? —preguntó Tom mientras intentaba averiguar qué cabello le pertenecía a cada quien antes de sentarse.

—Oh. Hay un evento mañana —dijo el Emperador, reforzando algunos de los broches de metal en su cabello—. Pensé que tal vez te gustaría ir, pero no puedo dejarte usar las mismas cosas aburridas que ya te has puesto. Iba a ordenar que te hicieran algo lindo.

Tom sonrió de lado.

—¿Quieres llevarme a una fiesta?

—No es una fiesta, en realidad. Sólo un banquete. Algo ostentoso para mostrarles a algunos visitantes dignatarios que sé lo que hago cuando se trata de relaciones personales. Y no te voy a llevar, dejaré que vengas —dijo el Emperador, alisando el frente de su camisa.

—¿Y si no quiero ir?

El Emperador miró a Tom, atónito.

—¿No quieres ir?

—No dije eso, pregunté qué pasaba si no quería ir —dijo Tom—. ¿Tengo permitido excusarme?

—Oh. Bueno, no, no realmente. Ya tengo la tela lista, no tendría nada qué hacer con ella de otra manera.

Tom se rio.

—Me lo imaginé —dijo, meciendo sus piernas a un lado de la cama—. En ese caso, deberíamos ir a ver si todavía estamos a tiempo y luego conseguir algo de comer. No desayuné hoy.

—Debemos remediar eso —dijo el Emperador, abriendo la puerta y saliendo de la habitación.

Aaron saltó asustado, poniéndose de pie.

—¡Milord! Yo… n-no sabía que estaba… adentro. —tartamudeó.

—Está bien, Aaron. Puedes regresar a tus deberes habituales. Ya no requiero que Tom sea vigilado —dijo el Emperador educadamente, tomando la mano de Tom detrás de él—. ¿Pero podrías informar en la cocina que iremos a comer pronto? Me gustaría tener algo preparado para entonces.

Aaron miró a Tom con una ceja levantada.

—Como desee, Milord —dijo con una reverencia antes de alejarse rápidamente por el pasillo.

—¿No más guardias, eh? —preguntó Tom, alcanzando al Emperador que avanzó en otra dirección.

—No estás aquí para lastimarme, ahora lo puedo ver —dijo el Emperador simplemente—. Así que no hay razón alguna para mantenerte encerrado bajo llave. Eres libre de ir a donde desees, cuando lo desees. Tal vez incluso considere darte una recamara más bonita. Tal vez.

Tom se rio.

—Vaya, gracias.

—¡Alteza! —exclamó Carlotta al dar la vuelta en una esquina—. ¡Hemos estado buscándolo por horas! ¿Dónde…

Carlotta se detuvo cuando el Emperador acercó más a Tom junto a él.

—El sastre ha estado aquí por casi una hora, su Alteza. Ha comenzado a amenazar con que se va a ir si alguien no venía pronto.

—Entonces será mejor que lleguemos ahí rápidamente. Gracias, Lotta —dijo el Emperador, dándole a la rubia una sonrisa y llevándose a Tom.

Carlotta sonrió detrás de ellos y sacudió su cabeza suavemente.

&

—¿Debo hacerlo? —se quejó Tom, examinando la máscara que Amber le había dado más temprano esa tarde junto con su nuevo vestuario.

—Es sólo por esta noche —dijo el Emperador, tirando de la costura del hombro de Tom para hacer que se emparejara—. No puede haber dos como yo caminando por ahí. Sería confuso. ¿Sabes? La mayoría de las personas en la realeza no son del todo brillantes.

—Ya lo he notado —se burló Tom con una sonrisa—. ¿Y no puedo sólo quedarme lejos o algo así? Podría quedarme en una esquina a observar.

—No te divertirías si te quedas atrapado en una esquina. ¿Para que ir, si no te vas a divertir? —preguntó el Emperador, quitándole la máscara a Tom de las manos y colocándola cuidadosamente en su rostro—. Sólo unas cuantas horas. Puedes irte cuando gustes.

Tom suspiró mirándose en el espejo; estaba vestido de púrpura y plateado, con su cabello atado hacia atrás y la máscara plateada ahora escondía su rostro.

—¿No es más sospechoso que sea la única persona usando una máscara?

—No te preocupes, no serás el único. El rey de Little Fallworn usa una gracias a un accidente que tuvo cuando era más joven. La mitad de su corte tomó la misma costumbre para, bueno… por ser lameculos, en realidad. Deberían haber al menos una docena como tú —dijo el Emperador, retrocediendo para admirar a Tom apropiadamente—. Sin embargo, tú serás por mucho, el más hermoso de todos.

Tom se mofó, rodando los ojos.

—Anda, vas a llegar tarde a tu propia fiesta si insistes en quedarte ahí intentando alagarme —dijo, dándole al Emperador un pequeño empujoncito hacia la puerta.

—Bien. —concordó el Emperador, comenzando a caminar hacia la salida.

Sin embargo, se detuvo y se volteó, tomando a Tom del brazo y dándole un beso repentino; el primer intento después de que Tom hubiera tocado para él.

—No te vayas a ir sin avisarme primero. —exhaló contra su boca, mirando a Tom a los ojos.

—O…key —dijo Tom, tartamudeando y dándole un asentimiento.

El Emperador tocó ligeramente la piel que no se ocultaba del mundo debajo de la máscara de Tom antes de alejarse para ir a su fiesta. Tom jaló el borde de su camisa pensando que no había pasado tiempo suficiente y se sentó a dejar pasar la media hora que habían concordado que sería mejor esperar hasta que nadie pudiera notar su entrada.

El banquete era un acontecimiento lujoso, mucho más de lo que le habían hecho creer. Había una gran cantidad de comida esparcida por toda la longitud de la mesa y la gente estaba vestida de una manera que sólo podía llamarse opulenta.

—¿Vino, señor? —preguntó uno de los mayordomos, ofreciéndole un plato de copas altas y acanaladas llenas con un líquido pálido, casi claro.

—Oh, gracias —respondió Tom, tomando una copa e inclinándola hacia el hombre joven a forma de agradecimiento. Se adentró entre la multitud, dando pequeños sorbos y captando pequeños fragmentos de chismes fatuos sobre gente que no conocía y no le importaba. Otras personas enmascaradas le dedicaron familiares asentimientos de saludo, susurrando entre sí e intentando averiguar quién de su grupo se había vestido de púrpura, algo que hizo reír a Tom por lo bajo.

A la mitad de la velada, Tom tomó otra copa de vino de uno de los mayordomos y decidió que era bastante agradable estar en una fiesta en la que no tenía que preocuparse por ser el centro de atención. Casi nadie habló con él y las conversaciones que tuvo, eran accidentales, opuestas a las de la gente que solía intentar cuestionarlo. Era refrescante ser sólo otra cara entre la multitud para variar.

El Emperador, por otro lado, no era nada más que el centro de atención y resplandecía verdaderamente bajo los ojos de las docenas de gente que demandaba un momento de su atención. Mientras la noche avanzaba, Tom se encontró cada vez más cerca de él sólo para observar al otro hombre deslumbrando a su audiencia con sólo alguna sonrisa o un ademán. Tom sonrió, consciente de cómo se sentía eso y cambió su copa de vino vacía por otra.

En menos de nada, los invitados de la fiesta comenzaron a hacer reverencias, mostrando respeto a su anfitrión antes de salir a la noche, y el personal del palacio comenzó a recoger los últimos platos que quedaban sobre la mesa. Tom se apoyó pesadamente contra la pared manteniéndose fuera del camino y viendo cómo las velas en lo alto ardían inconstantemente mientras las puertas del salón se abrían y cerraban cuando la gente salía.

—¿Te divertiste? —preguntó el Emperador sólo cuando Tom, él y otros cuantos trabajadores de la cocina quedaban ahí.

—Estuvo bien —dijo Tom, dejando que su cabeza rodara para descansar en su hombro y dedicándole al Emperador una sonrisa ladeada.

El Emperador se rio.

—Estás borracho, ¿verdad?

Tom se le quedó viendo con la boca abierta.

—¡…lo estoy! No. ¡No lo estoy! —dijo, alejándose de la pared y meciéndose suavemente—. Tal vez un poco.

El Emperador meneó su cabeza con una sonrisa y envolvió la cintura de Tom con un brazo, pasando uno de los de Tom sobre sus hombros.

—Vamos a llevarte a tu cama antes de que te desmayes aquí en el suelo —dijo, ayudando a Tom a caminar hacia la puerta.

—Mi cuarto está muy lejos —se quejó Tom suavemente, inclinándose contra el Emperador.

—Podríamos… ir al mío. —ofreció el Emperador vacilantemente.

—Podríamos —concedió Tom, descansando su cabeza en el hombro del Emperador—. Muestra el camino y yo… te seguiré a tropezones.

El Emperador guio a Tom hasta su habitación, ayudándolo a andar arrastrando los pies a través de los pasillos. Abrió la puerta y depositó cuidadosamente a Tom en la cama.

—Entonces…

—Entonces —repitió Tom, alargando las vocales y levantándose sobre sus codos para quitarse la máscara. El Emperador seguía de pie junto a la cama, mordisqueando su labio inferior y retorciendo sus dedos nerviosamente. Tom sonrió ligeramente con satisfacción y palmeó el colchón junto a él—. Anda.

—¿Disculpa?

—Ven —repitió Tom, dándole otra palmadita a la cama—. Ven aquí.

El Emperador hizo su cabello hacia atrás delicadamente y tomó el asiento ofrecido.

—Me alegra que te hayas divertido.

—Yo también. —concordó Tom, tambaleándose un poco al darse vuelta para enfrentar al Emperador.

Levantó una mano y tocó el lunar en la mejilla del otro hombre, bajando sus dedos por el mentón del Emperador y escabulléndolos hasta su nuca. Tom se inclinó y acercó al otro hombre hacia él, besándolo con fuerza.

El Emperador gimoteó suavemente y se agarró de la camisa de Tom, acercándolo y cortando el balance de forma que cayó sobre las almohadas. Tom se acomodó y se sentó a horcajadas sobre el otro hombre, rozando la punta de su lengua suavemente sobre los labios del Emperador hasta que éste lo dejó entrar. Por un largo y duradero momento, Tom exploró el espejo de su propia boca. La lengua del Emperador acarició la suya mientras sus manos avanzaban lentamente por debajo de la camisa de Tom, presionándose firme y calientemente contra su piel.

Tom se separó para respirar y miró al Emperador desde arriba. Los ojos del hombre lucían casi negros en la luz tenue.

—He estado pensando.

—¿En?

—En muchas cosas, de hecho. Pero justo ahora… supongo que no se trata de pensar, más bien tengo curiosidad —dijo Tom, moviendo su piercing con su lengua.

El Emperador se mordió su labio ligeramente.

—¿Qué quieres saber?

Tom volvió a bajar, subiendo por el cuello del Emperador con besos húmedos.

—Quiero saber qué se siente. —susurró, mordisqueando ligeramente el lóbulo de la oreja del Emperador.

—¿Qué se siente qué? —preguntó el Emperador en voz baja, estremeciéndose cuando Tom recorrió sus brazos con sus dedos.

—Estar contigo. Dijiste que tendrías cuidado, que te asegurarías de que disfrutara —susurró Tom—. Muéstrame por qué es un honor.

El Emperador gimió con las palabras de Tom, persiguiendo su boca y rodando su lengua a través de la amargura con sabor a vino detrás de los labios de Tom.

—¿Estás seguro? ¿Lo dices honestamente?

Tom asintió, sentándose y quitándose la camisa.

—Sí.

El Emperador lo jaló hacia abajo y le hizo rodar, sosteniendo a Tom debajo de él.

—Entonces tienes que esperar —dijo, besando a Tom en la frente.

—¿Esperar? ¿Por qué esperar? —preguntó Tom, frunciendo el ceño.

—Porque estás ebrio y me niego a tomarte si no estás completamente en control de tus facultades cuando me lo pides. Quiero saber… Necesito saber que me quieres incluso si es sólo la mitad de lo que yo te quiero a ti. Sería falso, a menos que no lo sepa por seguro —dijo el Emperador, acariciando el entrecejo de Tom con las puntas de sus dedos—. Así que mañana, si sigues deseándolo.

—¿Y si no? —preguntó Tom, arqueándose contra el Emperador y presionando su dureza contra la de él—. Habrás perdido la única oportunidad que podrías tener.

El Emperador tembló y presionó a Tom de vuelta contra la cama.

—Es un riesgo que estoy dispuesto a tomar por ti.

—Pero…

—Duerme ahora —dijo el Emperador suavemente, dándole a Tom otro beso más suave.

—Pero…

—Duerme. —susurró el Emperador en la oreja de Tom.

La simple magia mezclándose con la embriaguez jaló a Tom rápidamente al sueño profundo. El Emperador besó la frente de Tom y le quitó sus pantalones con cuidado, doblándolos pulcramente y colocándolos a un lado antes de desvestirse él mismo y gatear para meterse a la cama.

—Por favor, que no sea sólo por la bebida. —le pidió a la mano del destino, acurrucándose contra el costado de Tom y dejando que el sueño lo llevara también.

Continuará…

Podemos decir que Tom se sentía atrevido… ¡Lo que hace el alcohol! Por eso no beban en exceso, eh. ;D

Sólo dos capítulos más. :c

Muchas gracias a las personas que se toman un minuto para dejar un comentario. 

Un abrazo.

por OuterSpace

Traductora del Fandom

Un comentario en «Basai 6»

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