“Basai” de Gaja. Traducido por OuterSpace

Capítulo 4

Un nuevo guardia estaba postrado afuera de la habitación de Tom cuando el Emperador finalmente lo dejó volver a sus aposentos por esa noche y éste lucía muchísimo más amigable que el anterior. Había sido un largo día y,  por mucho que Tom odiara admitirlo, en realidad se había divertido vagando por los jardines mientras hablaba con el Emperador. Cuando el hombre se relajaba un poco y dejaba de intentar arrastrarlo a situaciones sexuales incómodas, de hecho resultaba ser una persona casi agradable.

Como era de esperarse, el Emperador le recordaba mucho a sí mismo.

Tom le dirigió un asentimiento al guardia, dejándolo cerrar la puerta detrás de él y luego se hizo camino a la cama, bostezando. Casi llegaba ahí cuando notó algo que le hizo pausar.

Cuidadosamente colocada en la mitad de su cama estaba una guitarra pulida que brillaba en la habitación bajo la suave luz de la vela. Tom casi sintió miedo de parpadear mientras se acercaba a la cama; estaba casi seguro de que el instrumento desaparecería si lo hacía. Con cuidado, extendió una mano y tocó la suave superficie de madera, dejando que las puntas de sus dedos la trazaran completamente antes de tomarla entre sus manos.

Era obvio que éste había sido en el pasado un instrumento muy amado pues el barniz alrededor de la boca estaba desgastado, dejando expuesta a la madera suave. Tom pasó sus dedos ligeramente sobre los trastes, seleccionando los acordes de sus canciones en un silencio áspero y raspando las cuerdas con las callosidades de sus dedos. Habían pasado siglos desde que había tocado sin usar una púa, pero después de unos minutos no pudo sostener la guitarra sin querer hacerla cantar.

Iba por la mitad de Rette Mich por segunda vez antes de darse cuenta de que la puerta había sido abierta.

—Yo… La cena —dijo Amara cortantemente, dejando la charola sobre la mesa cercana a la puerta—. Se supone que debes tomar otro baño esta noche. Lo prepararé mientras comes.

Tom asintió distraídamente, repitiendo el coro de nuevo mientras ella se alejaba.

—Está bien, gracias. —murmuró, más para sí mismo.

Estaba tan absorto tocando que nunca se dio cuenta de que Amara había dejado la puerta del baño entreabierta para poder escucharlo. Cuando Rette Mich estaba llegando a su fin, Tom comenzó a tocar las primeras notas de In Die Nacht antes de detenerse abruptamente y alejarse de su guitarra. No podía tocar esa canción, no aquí; no con su hermano tan lejos.

Recostó la guitarra en la cama y fue por su bandeja dándose cuenta de que estaba más hambriento de lo que pensó una vez que el aroma de la comida llegó a su nariz. Ya había pasado mucho tiempo cuando Amara volvió del baño.

—La bañera está lista para cuando tú lo estés. —dijo, inclinándose sobre el marco de la puerta y quitándose el cabello del rostro.

—¿Puedo hacerlo solo? —preguntó Tom al levantarse.

Amara se mofó.

—Ya quisiera.

Tom suspiró ligeramente, pasando de ella y entrando al baño. Le fue más difícil cohibirse esta vez, considerando que ya había tenido que estar desnudo frente a ella una vez antes,  y rápidamente se desnudó y entró al agua que estaba bastante caliente.

—¿Hay alguna posibilidad de que pueda ver al Emperador después de esto? Me gustaría agradecerle la guitarra. —dijo, atrayendo sus rodillas contra su pecho mientras ella caminaba hacia él.

—Sabe que serás bañado esta noche. Probablemente está planeando venir a ti, así que bien podrías simplemente esperarlo —dijo ella, retorciendo su cabello bruscamente hacia arriba para quitarlo del camino antes de enjabonar sus manos y comenzar con su espalda—. Estoy segura de que entre los dos encontrarán muchas maneras para que puedas demostrar tu gratitud.

Tom se tensó ligeramente ante las implicaciones.

—Si ése es el caso, entonces preferiría devolverla.

—Como quieras. Estoy segura de que eso no le molestaría demasiado. Probablemente disfrutará mucho que alguien le agradezca un gran gesto como ése de esa manera.

—¿Cómo es que darme una guitarra vieja es un gran gesto? —preguntó Tom, haciendo una mueca de dolor cuando ella raspó con fuerza uno de sus lunares.

Amara negó con la cabeza.

—Pobre y tontito doble.

—Creo que darme a una mejor asistenta de baño sería un mejor gesto —gruñó Tom entre dientes, dejándola tomar uno de sus brazos—. ¿Por qué no puede venir Carlotta? Ella parecía agradable.

—Por dios, estoy empezando a pensar que ella tenía razón al pensar que eres inofensivo. Inofensivo o simple, da igual —dijo Amara con una risa—. Ella es del Emperador y tú eres un prisionero. Si no fuera suficiente el hecho de que ya son de mundos distintos debido al estatus, siempre está el hecho de que ella es la que está con su Alteza cuando está en sus momentos más vulnerables. El Emperador no puede confiarse de que no intentarás en corromperla para hacerle daño a él. Ya has hecho que ella se distraiga demasiado, suficiente para preocuparlo.

—Ella sólo estaba siendo amable… Y al menos ella no intentó arrancarme la piel mientras hacía esto. Tal vez por eso te forzaron a lidiar conmigo, porque realmente apestas en tu trabajo. —disparó Tom, apartando su brazo y enjuagándolo por su cuenta.

Amara se levantó con la frente en alto.

—Espero estar ahí para ver la cara del Emperador cuando tu disfraz llegue a su fin y se desvanezca. —escupió, saliendo de la habitación.

Tom la vio alejarse con una mezcla de confusión y alegría; al final la segunda venció y él se hundió en el agua, contento de estar solo.

&

Tom se despertó tarde la mañana siguiente, notando un desayuno helado sobre la mesa que estaba junto a la puerta. Arrugó su nariz al verlo y caminó al gabinete, eligiendo una camisa gris y poniéndose sus pantalones de nuevo por cuarto día consecutivo antes de dirigirse a la puerta.

—Buenos días.

—Buenas tardes, Doble. —El guardia lo saludó alegremente—. Comenzaba a pensar que hoy planeabas quedarte en tu habitación todo el día.

Tom le sonrió al hombre ligeramente corpulento.

—Sólo dormí de más, eso es todo. Estaba preguntándome si podría ver al Emperador hoy.

—No veo por qué no —dijo el hombre, encogiéndose de hombros y levantándose del banco que estaba afuera de la puerta de Tom—. A esta hora probablemente está en el salón del trono. Tengo el presentimiento de que ya sabes en dónde está eso.

—Sí, ya he estado ahí una o dos veces —dijo Tom, señalando hacia el final del pasillo—. Por aquí, ¿verdad?

—Y luego a la izquierda en el tercer pasillo, así es. —dijo el hombre con un asentimiento, siguiéndolo de cerca.

A su debido tiempo, el par llegó a la sala real y algunas voces resonaron a través de la puerta antes de que Tom la abriera. El Emperador estaba sentado en su trono con una cara seria mientras miraba la gente que estaba alineada frente a él. Las tiras finas de metal que habían adornado su cabello las últimas veces que Tom lo había visto, habían desaparecido y habían sido reemplazadas con unas bandas gruesas que le daban una apariencia ligeramente amenazadora y acorazada, manteniendo su cabello alejado de su rostro.

—Puedo entender el razonamiento detrás de tu propuesta, pero no puedo ver cómo beneficiaría a mi Imperio. De hecho, parece que tu idea sólo lograría debilitar mi poder, dándote la libertad de entrar e intentar limpiar el desastre que resulte. —dijo, tamborileando sus dedos en el brazo de su trono.

—Su Alteza, creo que no entiende la complejidad que se involucra en este asunto —dijo uno de los hombres frente a él, señalando a uno de los escribas que estaban a su lado—. Es un plan de niveles múltiples. Las cosas podrían ir un poco tensas al principio, pero una vez que todo empiece a funcionar como debe, verá que nos dará poder a todos.

El Emperador sonrió burlonamente de forma apenas perceptible.

—¿Y quiénes precisamente son “todos”? —preguntó casualmente.

El hombre frente a él se enderezó de repente.

—Yo, por supuesto, sólo me refiero a nuestras naciones desde luego, su Alteza. Nuestras dos naciones.

—¿Así que los rumores que he escuchado acerca de que te estás aliando con Tronheim en una tentativa de toma para derrocar Basai no tienen fundamento alguno? —preguntó el Emperador con los ojos bien abiertos en una inocencia fingida.

—Son rumores completa y totalmente infundados, se lo aseguro. —dijo el hombre, reverenciándolo profundamente.

El Emperador asintió pensativo, tamborileando sus labios con un dedo.

—Deberías confirmarlo con uno de tus auxiliares. —dijo, haciendo un gesto con la mano. Un instante después, un guardia entró por la puerta lateral con un joven abochornado pisándole los talones.

El hombre que había estado hablando con el Emperador se encrespó.

—¡Tú! ¡Miserable traidor! ¡¿Cómo te atreves a traicionar a tu Imperio con este… este feudal mal educado?! —gritó.

Un par de guardias pasaron junto a Tom y su propio guardia se puso frente a él. Los otros dos tomaron al hombre antes de que pudiera abalanzarse y atrapar al chico que estaba ahora a su lado.

—Para ser honesto, él no dijo nada, pero aprecio mucho tu franqueza en este asunto —dijo el Emperador con una sonrisa de satisfacción—. Llévenselo a las mazmorras, decidiré qué hacer con él después. En cuanto al chico, denle una bolsa de monedas y mándenlo a su ruta. Sin embargo, no te recomendaría volver a casa en estos momentos.

El Emperador le sonrió con tristeza al chico mientras los guardias arrastraban al otro hombre y a su séquito fuera de la sala, gritando.

Con otro gesto de su mano, el Emperador despidió a los guardias restantes en la habitación, frunciendo el ceño cuando el guarda de Tom permaneció ahí.

—Puedes irte, Aaron. Si recuerdo bien, tienes que estar en otro lugar.

Aaron sacudió la cabeza.

—Me temo que no, su Alteza. Sólo estoy en donde tengo que estar. —dijo, señalando detrás de su hombro donde estaba Tom.

—Oh, Tom —exclamó el Emperador. Una sonrisa honesta se levantó en las esquinas de sus labios cuando se puso de pie—. Aaron, sabes que no debes dejarlo detrás de ti.

—Pensé que, con lo que sucedía, lo mejor sería mantenerlo oculto. —dijo Aaron, dándole a Tom un empujoncito para alejarlo de la pared.

—Bien pensado —dijo el Emperador con un asentimiento aprobador, tomando las manos de Tom antes de amonestarlo suavemente—. No se suponía que estuvieras aquí para ver eso. Son asuntos de Estado.

—L-lo lamento, no lo sabía —dijo Tom, resistiendo las ganas de liberar sus manos—. Sólo quería darte las gracias.

El Emperador casi sonrió antes de dedicarle a Tom la misma apariencia de falsa inocencia que le había dedicado antes al hombre que acababan de llevarse.

—¿Por qué?

Tom sonrió preguntándose cómo es que alguien honestamente podía caer con esa inocencia fingida. Después de todo, él había podido distinguirlo en Bill desde que tenían siete años.

—Por la guitarra. Nadie más hubiera pensado en darme una.

—Oh, eso —dijo el Emperador con un asentimiento evasivo, soltando a Tom y caminando sin prisa en otra dirección—. Supuse que sería bueno darte algo para mantenerte fuera de problemas de vez en cuando. Además, sólo es una cosa vieja que había estado tirada recolectando polvo.

—Lo sé.

El Emperador se volteó, con un pequeño ceño fruncido.

—¿Lo sabes?

—Bueno, no lo sé, pero sí asumí que era vieja. Se ha usado mucho; el acabado está gastado. —dijo Tom rápidamente.

—Oh. Ya veo, está bien entonces —dijo el Emperador, sonriendo de nuevo—. Tendrás que tocar para mí más tarde. Tengo curiosidad de saber qué tocaba esta sorprendente banda tuya que tenía a todos muriendo por verte.

Tom bajó la vista.

—Bueno, no era sólo yo, por supuesto —dijo en silencio—. No es lo mismo sin todos nosotros.

El emperador volvió a su lado en un aliento, levantando el mentón de Tom suavemente para verlo a los ojos.

—Estoy seguro de que aun así será hermoso —dijo, pasando su pulgar sobre la curva del pómulo de Tom mientras un chispazo de tristeza inundaba el fondo de sus ojos; luego se separó y sonrió ampliamente—. Quiero escuchar. Te veré después del almuerzo en tu habitación y tocarás para mí.

—¿No voy a almorzar contigo de nuevo? —preguntó Tom con verdadera sorpresa.

El Emperador sonrió brillantemente y plantó otro beso no correspondido en los labios de Tom.

—Lo haría si fuera posible, pero hoy estoy atrapado en un almuerzo de negocios. Mañana sí. Dile a Amara qué te gusta y haré que lo preparen en la cocina. Creo que sería interesante probar un platillo de tu Imperio.

—Sí, tal vez… pero Amara no me habla, así que no sé cómo podría hacerte llegar el mensaje. —dijo Tom, cruzando sus brazos sobre su pecho.

—¿No?

—Nop. De hecho, ha sido muy difícil tratar con ella desde que llegué —dijo Tom cuando una idea brillante le cruzó por la cabeza—. Anoche se fue antes de la mitad de mi baño. Tuve que terminar yo solo.

El Emperador frunció el ceño.

—Eso es decepcionante. En ese caso, te asignaré a una nueva chica tan pronto como pueda. Tal vez a Amber. Es nueva, pero lo suficientemente servicial —dijo, pensativo mientras golpeteaba su mentón con su dedo índice—. En cualquier caso, debo irme antes de que la gente piense que los he dejado plantados.

El Emperador se acercó de nuevo y posó un beso ligero en su mejilla.

—Me alegra que te guste la guitarra. —susurró contra su oreja antes de desaparecer rápidamente por la puerta.

Aaron sonrió.

—Muy bien entonces, ¿y ahora a dónde, Doble?

&

Tal y como le prometieron, Tom tenía una nueva asistenta para cuando llegó la hora del almuerzo; se trataba de una pelirroja con rostro ligeramente pecoso que lo escuchó con atención mientras intentaba explicarle cómo debía ser el spaghetti. Le tomó unas cuantas veces explicarle ciertos ingredientes porque no tenía idea de cómo se llamaban aquí, pero al final ella le aseguró que lo que fuera que almorzara al día siguiente, al menos se parecería a lo que él conocía.

La chica se fue con los platos vacíos y Tom se desplomó en su cama, poniendo la guitarra en su regazo y haciendo una revisión para asegurarse de que estuviera lo más perfectamente afinada que pudiera sin ayuda mecánica. Se había acercado bastante a ello cuando escuchó un pequeño golpe en la puerta. Confundido, ya que nadie nunca antes había tocado, Tom se levantó sin soltar la guitarra y fue a abrir.

—¿Confío en que ya terminaste tu almuerzo? —preguntó el Emperador.

—Tocaste.

—Lo sé, yo lo hice. Es lo apropiado —dijo el Emperador, sacudiendo su cabeza divertido ante la reacción de Tom y entrando a la habitación—. Sólo porque eres un prisionero aquí, no significa que tengo que ser descortés.

Tom reprimió un comentario, dejando la puerta ligeramente abierta detrás de él.

—No, supongo que no.

El Emperador se sentó a la orilla de la cama y se recorrió hacia atrás para recargarse contra el cabecero antes de asentir.

—Bien, toca para mí.

Tom se sentó al final de la cama, mordisqueando su labio inferior y asegurándose de dejar tanto espacio entre el Emperador y él como le fuera posible.

—¿Qué quieres escuchar?

—No lo sé, tus canciones, pequeño doble.

—Oh… claro —dijo Tom suavemente, deslizando sus dedos sobre las cuerdas con ligereza.

Punteó las primeras notas de varias canciones hasta que se decidió por Schwarz, pronunciando las palabras mientras tocaba.

—¿También cantas? —preguntó el Emperador cuando la última nota dio cierre.

Tom negó.

—No, no realmente. Sólo la guitarra —dijo, tocando una de las cuerdas.

El Emperador asintió.

—¿Otra?

Tom asintió una vez y empezó a tocar Rette Mich nuevo; la canción parecía forzar su camino hasta su cabeza cada vez que miraba la guitarra. En el fondo, sabía por qué la canción le venía a la mente: quería, más que nada, que alguien lo rescatara, que alguien viniera y lo llevara a casa, pero decidió que sería mejor no pensar mucho en las razones y se permitió perderse en la canción.

—Eso fue hermoso. —dijo el Emperador, provocando que Tom diera un salto debido a su proximidad.

El Emperador le quitó la guitarra y la acostó a un lado respetuosamente antes de atrapar el rostro de Tom con sus manos y presionar un beso cuidadoso y cauteloso contra sus labios.

A decir verdad, por medio segundo Tom correspondió, impulsándose contra el Emperador antes de retroceder nuevamente. Luego volteó su cabeza y negó.

—Detente.

—¿Por qué? —preguntó el Emperador, girando con suavidad la cabeza de Tom para mirarlo de nuevo.

—Ya te lo dije. No me gustan los hombres. —dijo Tom, liberando su mentón y recuperando la guitarra.

El Emperador extendió la mano y sus dedos rozaron delicadamente la mejilla de Tom con una silenciosa  mirada suplicante en los ojos. Sin embargo, después retrajo su toque y su expresión se endureció al mismo tiempo que sus ojos se enfriaban.

—Entonces buenas noches. —dijo, abandonando la cama y desvaneciéndose por la puerta.

Tom suspiró, pellizcando el puente de su nariz con su pulgar y su índice. Sacudió su cabeza para aclarar sus pensamientos y hundió sus manos en sus bolsillos, pescando su celular y abriéndolo de inmediato. No sabía cuándo, si es que algún día, tendría la oportunidad de cargarlo de nuevo. No quería gastar la batería que conservaba, pero la necesitaba ahora. Se desplazó rápidamente por sus tonos, eligió la carpeta de Bill y dejó que el coro de An Deiner Seite tocara por las pequeñas bocinas sólo una vez antes de cerrar el teléfono de nuevo.

Continuará…

Muchas gracias a las personas que han estado comentando. ^^ Me alegra que les esté gustando Basai. En este capítulo se ve que ya comienzan a llevarse mejor, ¿eh? 🙂 Vamos progresando poco a poco y ya estamos a la mitad de esta historia.

¡Gracias por leer! Saludos a todos.

por OuterSpace

Traductora del Fandom

Un comentario en «Basai 4»
  1. Ya había leído está historia en algún lugar pero es una delicia leerla de nuevo.
    Adoro cuando tenemos a un Tom sensible y vulnerable 🙂

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