Fic TOLL de Twincestoxa

Capítulo 3 (P.1)

Bill se encontraba en una de las mesas del lugar soplando suspiros de fastidio cada tres por dos segundos. Apoyó un codo sobre la mesa colocando todo el peso de su cabeza sobre su mano, luciendo totalmente aburrido y hastiado. La música, el lugar, las personas ¡TODO! le parecía molesto y no sabía por qué… o eso es lo que se limitaba a creer. Que Georg le prohibiera tener contacto con ese tal Ken se había convertido en una herida abierta y dolía, dolía mucho. Ken era guapo, simpático, gracioso y divertido… pero muy insistente y eso le había causado molestias con Georg y ese era su principal problema, tener un novio al que ya no quería y encima posesivo. Quizá debería tomar el consejo de Gustav y enfocarse sólo en encontrar la felicidad porque estaba claro que con Georg no se sentía así. ¿Pero cómo hacerlo?

Gustav aún seguía secuestrado por las locas muñecas que no dejaban de abrazarlo y consentirlo. Aunque estaba claro que a Gus le molestaba su acoso, no hizo nada por impedirlo, temía ser grosero con ellas. Buzz por otro lado, tampoco se encontraba con Bill. Ante su sentencia “quédate aquí y no hagas nada estúpido” Bill le falló al quedarse ahí y obedecerlo. No había nada más estúpido que eso.

Así que decidido se puso de pie. Lo primero que hizo fue localizar a Geo y asegurarse de que él aún se encontraba charlando con sus amigos. Se dio la vuelta y se mezcló entre la multitud con la única intención de divertirse. Esto era una fiesta al fin y al cabo y él siempre había sido el rey en ellas mucho antes de conocer a Georg. Por casualidad pasó cerca de la mesa donde había visto a Ken con su Ex y alzó una ceja cuando no encontró ni a uno ni al otro. Se encogió de hombros y sacudió la cabeza como si así lograra alejar los malos pensamientos. Se dirigió a la barra con la intención de beber algo pero al llegar dio un brinquito inconsciente cuando unos dedos fríos le tocaron un hombro. Localizó una bonita sonrisa junto a él.

—¡Bill, viniste a buscarme, no me lo creo!

—¿Eh? —Bill apenas y reaccionó—. Yo no…

—Jamás pensé que lo harías —los ojos de Tom brillaban y Bill no pudo evitar perderse por un segundo en ellos. Un pequeño regocijo lo invadió al no ver a Ria por sus alrededores, pero lastimosamente Bill se oscureció al no poder expresar su alegría ni tampoco ser amable con el chico frente a él aunque eso era lo que quería hacer. Si Georg los veía juntos nuevamente… ya no quería ocasionarle ningún problema a Ken—. ¿Entonces ya te diste cuenta? —Tom continuó, ajeno a los pensamientos de Bill.

—¿Darme cuenta de qué?

Tom sonrió y se acercó más. Bill hizo todo lo contrario.

—De que tú y yo somos el uno para el otro.

Barbie rodó los ojos.

—No especules, ni siquiera sabía que estabas justo aquí. Sólo vine por una bebida.

—¡Yo te la invito!

—No, gracias.

—¡Oh, vamos! Ya no hagas eso, no te hagas el difícil, no muerdo.

—¡Pues yo sí, así que por favor, ya no te me acerques más!

Y sin pedir ningún trago, se alejó de la barra huyendo como Cenicienta a media noche. Claro que Cenicienta tenía a su príncipe azul, como Barbie de ley tiene a Ken. Así que era predecible lo que estaba a punto de pasar.

¡Córrele que se te va! Una vocecita gritó dentro de la cabeza de Tom y él le hizo caso.

¡Córrele que te alcanzará! Otra vocecita advirtió dentro de la cabeza de Bill.

Tom empujó a un par de personas que bebían a su lado y una de éstas se echó el vaso encima, pero a Tom poco le importó. Casi se rompe la boca cuando se tropezó con los pies de un chico que se atravesó en su camino pero Tom siguió como si nada. En ese momento sólo tenía ojos para una sola persona y esa persona se estaba yendo de su lado. Sintió miedo, impotencia y dolor ante el continuo rechazo de su parte, así que cuando por fin alcanzó el brazo de Barbie boy, y lo hizo girar frente a él con una interrogante en su rostro, no supo si fue por verlo jadeando y colorado por la rápida caminata repentina o quizá fue la presión al pensar en perderlo para siempre que lo hizo aferrarse a aquel impulso desesperado y ponerlo en marcha al tomarlo del rostro y besarlo.

Las princesas encuentran a su amor verdadero con un beso. Blanca Nieves regresó de la muerte con el beso de su príncipe; la Bella durmiente despertó de un sueño eterno cuando su salvador la besó, y Bella liberó de una maldición a la Bestia de la misma forma al igual que una Princesa lo hizo con un Sapo. Así que con esa misma fórmula, Tom esperó que su táctica funcionara.

Sin embargo, se olvidó de un detalle.

Bill no era una princesa.

El beso no llevaba ni tres segundos cuando Bill lo apartó bruscamente y con la cara roja de vergüenza, miedo, coraje ¡lo que sea! Hizo su mano un puño y tomó vuelo antes de estamparle un fuerte golpe, aterrizando justo en el ojo izquierdo de Tom.

Algunas personas se quedaron en shock al ser testigos pero no se acercaron, sólo permanecieron inmóviles preguntándose qué diablos estaba pasando.

Tom en cambio arrugó el rostro y se llevó una mano al ojo, apretándolo fuertemente tratando de calmar el punzante dolor aún sin creer lo que acababa de pasar. Se quedó ahí de pie observando a Bill con su ojo sano, su puño aún flotaba en el aire. Bill parecía estar en shock, sus ojos demasiado abiertos como para indicar un pequeño atisbo de arrepentimiento, pero Tom no estaba muy seguro. Sus hombros subían y bajaban agresivamente.

—Bill… —Tom comenzó con un gesto de preocupación en su cara pero Bill, pareciendo reaccionar ante la voz de Tom parpadeó y, retrocediendo un par de pasos, dio media vuelta y se marchó de ahí.

Los presentes volvieron a lo suyo con un nuevo chisme en boca. Andreas corrió hacia Tom y lo ayudó a enderezarse aunque su cuerpo no estuviera lastimado. Pero Tom lucía bastante decaído como para desplomarse en cualquier momento.

—Hey, ¿qué pasó? ¿Estás bien?

Tom asintió.

—No es nada.

Andreas frunció la boca y llevó a Tom a la mesa más cercana que encontró.

—Eso fue duro.

Tom negó y siseó tras el repentino dolor de cabeza.

—Me lo merezco, Andy. Me pasé de la raya.

—Bueno, Tom ¿qué quieres que te diga? ¡Te lo dije! Te dije que no era una buena idea, te advertí que tendrías problemas pero como siempre hiciste de oídos sordos y mira, estas son las consecuencias.

El muñeco Ken sonrió lastimeramente.

—Pareces mi madre. Aunque sí, tienes razón. Pero ya, shhh, que me haces sentir peor —Tom suspiró abatido—. Con esto me queda claro que no está interesado en mí.

—Lamento que las cosas salieran así.

—Está bien.

Andreas palmeó el brazo de su amigo, dándole ánimos.

—¡Ouch! Bill estará vestido de niña y todo pero, veo que tiene un buen brazo. Se te está poniendo negro el ojo.

—Maldición —ya lo presentía al sentirlo palpitar y palpitar—. Voy al baño a ver qué puedo hacer.

Dejando a Andreas atrás, llegó al baño y agradeció encontrarlo vacío. Fue directamente hacia los lavamanos y observó su rostro a través del espejo. Chasqueó la boca. No lucía nada bien. Su peluca estaba despeinada y efectivamente el contorno de su ojo izquierdo había tomado un tono oscuro y doloroso. Estaba consciente que se merecía ese golpe por haber sido irrespetuoso; pero jamás imaginó que éste sería el final. Los besos unen corazones, ¿por qué no pudo hacerlo con el suyo?

Aturdido, exhaló rindiéndose ante los hechos. Se sacó la peluca con mucho fastidio y nuevamente se miró al espejo. Su cabello estaba revuelto, se había amarrado el pelo en una cola y varios mechones rebeldes cayeron frente a sus ojos. Sopló tratando de apartarlos pero cuando vio que no resultó no hizo más intentos. Entonces recordó que llevaba lentes de contacto. Se preocupó por su ojo malo y lo examinó con mucho cuidado asegurándose de que el lente siguiera ahí y no perdido en algún lugar dentro de su ojo. Quiso sacarlo para prevenir cualquier infección pero recordó que no había llevado el estuche así que sólo se limitó a escrudiñar cada rincón herido mientras ideaba cómo resolver su problema. ¿Por qué no había ido de pirata? ¡Así al menos tendría un parche! Peleó consigo mismo.

En ese momento uno de los cubículos se abrió.

Un sensor se activó dentro de Tom al escuchar un ruido tras de él. Vaya, no pensó que hubiera alguien dentro. Instintivamente miró a través del espejo quedándose rígido ante el reflejo de aquella muñeca alta que caminó directamente hacia los lavabos con la mirada concentrada en sus pasos. Se acomodó justo a un lado de Tom ajeno a su presencia.

Ken tragó saliva, más pesado que ningún otro día, y sin saber cómo actuar decidió seguir como si no estuviera allí. Abrió el grifo y se mojó el rostro con el agua fresca siendo ésta su única manera de esconderse. El avestruz metió la cabeza en un agujero.

Bill en su caso, se lavaba las manos muy concentrado en su labor cuando notó una maraña de pelos recostada a un lado del lavamanos. Frunció el ceño ante la peluca, mirando automáticamente al chico de junto quedándose sin aire al reconocerlo.

De pronto se congeló y pensó en huir, pero sus piernas no le respondieron. Se maldijo internamente. Jamás se había sentido tan avergonzado y arrepentido por el golpe que le dio, pero lo único que pensó en ese momento fue que Georg los fuera a ver y armara todo un escándalo, o peor aún, una pelea; pero estúpidamente tomó una precaución exagerada. Suspirando decidió actuar como si nada. Así que sólo se mantuvo ahí, lavando sus manos mientras Ken lavaba su rostro, aun siendo un avestruz. Cuando Tom terminó lo suyo, tomó una servilleta y se secó con ella sin apartar la mirada de su reflejo frunciendo el ceño fingiendo indiferencia. Bill continuó con el rostro agachado y también secó sus manos al terminar, pero no se movió de ahí. Instintivamente alzó la mirada hacia el reflejo de su compañero y sorprendió a Ken observándole de igual modo pero éste rápido apartó la mirada y se concentró en la suya. A Bill le dolió ese gesto. Ese chico parlanchin y alegre ¿dónde estaba? Incluso pensó que quizá le tenía miedo. El momento en sí ya era bastante incómodo, el silencio era brutal que incluso creyó escuchar el eco de sus propios pensamientos y eso no le convenía en absoluto porque sólo estaba pensando en Ken. Bill se sintió realmente mal al notar aquél anillo colorado bajo su ojo. No había sido su intención herirlo en serio, sólo no supo cómo reaccionar. ¿Y ahora cómo le daba una disculpa?

Tom suspiró, jamás se había sentido tan incómodo con la presencia del que creía ser el amor de su vida, pero sin saber qué hacer más que lucir totalmente indiferente acercó su rostro al espejo y con un trozo de papel húmedo palpó su ojo afectado como si así pudiera cambiar algo. Ante eso Barbie se mordió el labio inferior y dio media vuelta con toda la intención de marcharse; pero sus pies se detuvieron a mitad del camino. Cerró los ojos con fuerza antes de girarse y bajar los hombros.

—¿Ne-necesitas ayuda? —su voz casi se quebró. Tragó saliva—. Eso no te servirá de nada.

Tom se congeló por unos segundos y miró a Bill a través del espejo asegurándose de que en realidad se estaba dirigiendo a él. Lo estaba mirando, ¡por supuesto que se dirigía a él!

—Yo… em… no, quiero decir… no te molestes.

Bill bajó la mirada.

—Puedo ir por algo de hielo, si tú quieres —insistió.

Tom sonrió tímidamente, girando a verlo.

—Estoy bien, no te preocupes —y retirando algunos cabellos sueltos de su rostro, continuó con lo suyo patéticamente.

Aun así Bill se mantuvo ahí, jugando con sus manos nerviosas, mirando a Ken. Lucía tan diferente sin la peluca… tan preciosamente diferente. Incluso aquel ojo morado no le quitaba ni una pizca de atractivo. Su estómago se contrajo. Ken aún seguía luchando con su ojo herido.

—… A ver, ven aquí —sin previo aviso tomó a Tom de un brazo y lo acerco hacia él, quedando frente a frente. Tom se rascó la nuca sin saber qué hacer mientras Bill sacaba una polvera de su bolso rosa. Enseguida tomó un poco de él y volteó a ver a Ken, esbozando una media sonrisa tímida—. ¿Puedo? —dijo alzando la esponjita y Tom sonrió, asintiendo despacio. Bill tomó su barbilla y con suma delicadeza comenzó a cubrir aquella mancha oscura bajo su ojo. Tom tragó nerviosamente ante el acercamiento repentino de Bill y no supo hacia dónde mirar, así que sólo se concentró en los bellos ojos que tenía justo enfrente—. Listo, como nuevo —miró a Ken y le sonrió. Tom tenía el rostro rojo por el nerviosismo, le devolvió la sonrisa como pudo. No se percataron de lo cerca que estaban el uno del otro hasta que Bill se apartó con un paso, cabizbajo.

Tom se sintió fatal.

—Oye, perdóname. No debí… haber hecho lo que hice —comenzó Tom mientras Bill negaba.

—No, no…

—No, ¡sí! Lo siento tanto, fue algo muy estúpido de mi parte. Yo…

—¡Basta! En realidad me quitaste las palabras de la boca. Por favor, perdóname tú a mí, lo mío fue innecesario.

—Bueno, me lo merecía.

—No realmente… —Bill meneó la cabeza— quiero decir, no debí herirte.

Tom se encogió de hombros.

—Al menos tendré un buen recuerdo tuyo.

Barbie ladeó la cabeza.

—¿A esto le llamas un buen recuerdo? —alzó una ceja.

—No todos los días una linda persona me da un golpe. A veces son tipos grotescos y eso no es agradable.

Bill frunció el ceño y rio divertido.

—Entonces te metes en problemas muy seguido.

Ken meneó la cabeza, pensando.

—En realidad yo sólo vivo, son otros los que hacen de mis actos un problema.

Bill asintió procesando las últimas palabras.

—Lo capté.

—No, no lo dije por ti —se apresuró a decir.

—No, está bien. Tienes razón. Uno mismo hace de una llovizna una tormenta. Si dejáramos de ser tan impulsivos o pensáramos dos veces antes de actuar, las cosas serían muy diferentes.

Un chico entró en ese momento interrumpiendo su conversación. Su disfraz de cochecito estaba hecho de cartón y se notaba el esfuerzo en cada parte del traje. El problema para el chico se hizo presente cuando se dio cuenta que ir al baño sería una misión complicada, así que aprovechando la presencia de Barbie y Ken, pidió su ayuda para quitarse el coche de encima.

—Muchas gracias —les sonrió a ambos y enseguida entró a uno de los cubículos.

—Creo que ya estuvimos un buen rato aquí —comentó Barbie.

Tom asintió. Tomó su peluca y se la puso tratando de esconder todo el cabello suelto.

—Permíteme —Bill ofreció y con los dedos comenzó a meter todos los mechones de pelo que se escapaban por doquier. Sus dedos estaban fríos pero por la delicada manera en cómo acariciaba ligeramente su frente y nuca, lejos de ser molesto a Tom le encantó. Cuando Bill terminó se apartó un poco y lo miró por largos segundos—. No te ofendas, pero me gustas más sin la peluca.

—¿Te gusto? —inquirió Ken juguetonamente.

—No lo arruines.

—Sólo bromeaba —Ken rio y contagió a Bill con su sonrisa. Y sin saber por qué, de pronto se sintió decaído—, bueno, tú novio debe estar buscándote como loco. No te entretengo más.

Y a Bill se le fue la sonrisa. Sintió un hueco horrible en el estómago ante la mención de Georg y sólo pudo asentir casi a la fuerza.

—Bien, entonces cuídate Bill.

Ken se marchó al instante y Bill se quedó ahí, con una pregunta atrapada en su garganta desde hacía horas, pero no había tenido la oportunidad de soltarla.

Tom llegó con Andy con una expresión triste.

Andreas frunció el ceño al verlo.

—Wow, te quedó bien el ojo.

—Digamos que me ayudaron —Tom miró por todos lados, inquieto—. Andy, ¿podemos irnos? No quiero estar aquí.

No, no quería estar aquí y ver a Bill reunirse con su adorado novio. No podría soportarlo.

Continúa…

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por Twincestoxa

Escritora del Fandom

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