
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 25

Estaba paseando a gusto por los pasillos de las celdas luego de haber tomado una ducha y de haber ignorado increíblemente a Marc mientras le hacían limpiar la celda de Tom, quien había ordenado que ese lugar se volviera mucho mejor de lo que tenía.
Había ordenado que pongan una cama decente donde compartiriamos los dos, hizo colgar una televisión, un lugar donde pondría más seguro todos esos fajos de dinero de ventas ilegales y para tapar su reja hizo que Gustav y Andreas le pusieran unas cortinas oscuras.
Para sus hombres hizo lo mismo a diferencia de que ellos no tendrían una televisión, si no un equipo de sonido con cassettes de distintos tipos de música. Sus hombres estaban demasiado felices y al parecer con más razón lo querían frente Stammheim.
También había comentado que como estaba de buen humor, haría traer pizza para todos, absolutamente todos incluidos sus enemigos excepto su mascota—Marc—que comería los desperdicios de todos en el comedor.
Y así era.
Estaban todos ahí en el comedor, que la prisión se sentía vacía mientras yo iba tras de un guardía directo a dónde se encontraba Abby. Le había rogado a Tom por largo rato que hablara con sus gorilas para que soltara a Abby de una vez por todas y cedió al cansancio pero con una amenaza de por medio.
«— Si vuelve a atacarte colgaré su cabeza en la bandera que cuelga la entrada de Stammheim. —»
Tenía en mis manos dos porciones de pizza, uno era mío y uno era suyo pero le daría el mío de ser posible.
Al llegar Abby se veía muy mal, estaba palida y varios platos de comida que al parecer eran pasados no los comía. Estaba muriendo en vida por el abandono en las celdas de castigo.
Me detuve frente a los barrotes, viendo cómo su figura menuda se encogía en un rincón. Stammheim podía ser un paraíso para los que estaban bajo el ala de Kaulitz, pero para los demás, seguía siendo la antesala del infierno.
— Abby… — susurré, haciendo una seña al guardia para que se alejara. El hombre no obedeció, recordé que Tom le había pedido estrictamente que no me dejara a merced de «ese loco» y bueno, acataba órdenes.
Ella levantó la cabeza con lentitud.
Al ver la pizza en mis manos, el olor a queso derretido y embutido fresco pareció despertarla de un trance. Sus pupilas se dilataron, pero no se movió; el orgullo —o quizás la debilidad— la mantenía anclada al suelo.
— Traje comida. — sonreí con tristeza. — De la de verdad, tú favorita… — le dije, pasando las dos porciones a través de la ranura de la puerta.
Abby se arrastró hacia los pedazos de pizza con movimientos torpes. Las cadenas le permitían moverse un poco y pudo tomar con las manos temblorosas la pizza, misma que empezó a comer con una voracidad que me revolvió el estómago. Era una imagen tan cruda, quizás peor que la de Marc.
— Tom te va a dejar salir. — solté de golpe, viendo cómo ella se detenía en seco. — ¿No te hace feliz? — Abby tragó un trozo de masa, limpiándose la boca con el dorso de la mano sucia. Soltó una risa ronca, sarcástica quizás.
— No.
— Ay, Abby. — mordí mi labio inferior para tragarme las lágrimas pero no me era posible aguantarlas, cayeron solas.
— ¿Por qué me ayudas? Si todavía tengo ganas de que te mueras. Me quitaste a Gerard y me quitaste a Tom…
— Gerard q-quería…
— No. — interrumpió suspirando y luego abrazándose asimisma. — La realidad de todas estas cosas son distintas, Bill.
— No me importa, solo… te salvé y ya, ahora solo quiero ayudarte. Te ves muy mal. — pero ella insistía.
— Te diré la verdad. — su voz era un siseo que me cortaba la piel.
— Abby, basta…
— No, escúchame.
— Oh, por dios…
— Gerard no me estaba tocando. Gerard no era ese monstruo que tú creíste ver. — Abby soltó una risa seca, sin toque de gracia. — Aquella noche yo estaba muriendo, Bill. La abstinencia me estaba desgarrando por dentro. Me rompí la ropa yo misma, me arañé la cara, estaba fuera de mi cabeza. Llamé a Gerard porque necesitaba una dosis, lo que fuera… pero no tenía dinero.
Me quedé helado y mis manos empezaron a temblar.
— Le ofrecí mi cuerpo. Se lo puse en bandeja, pero el muy imbécil me rechazó. — Abby apretó los barrotes con fuerza. — Me dijo que no podía hacértelo a ti porque tú le gustabas y mierda. No sabes lo humillante que es que todos Me rechacen por ti… Gerard me dio la bolsa de polvo blanco con una sola condición… que hiciera planes para que tú te fijaras en él y yo acepté, claro que acepté, porque pensé que era fácil. Pero en cuanto el polvo entró en mis venas, me volví una perra, Bill.
— ¿Qué estás diciendo? — mi voz era apenas un susurro.
— ¡Yo lo obligué! — gritó ella, y el guardia dio un paso al frente, pero yo lo detuve con un gesto ciego. — Bajo el efecto de esa mierda, me lancé sobre él. Lo forcé, Bill. Forcé a Gerard a querer tener relaciones conmigo y entonces… escuché tus pasos y lo supe. Supe que si gritaba, si lloraba, tú pensarías lo peor de él. Quería que te decepcionaras de él, que no tuvieran oportunidad alguna, quería que él fuera el villano para que tú no te fijes en él y así arruinarlo.
Me tambaleé hacia atrás, sintiendo que el aire se escapaba de mis pulmones. El rostro de Gerard, su mirada de confusión y dolor antes de que todo estallara, pasó por mi mente como una ráfaga de fuego.
— Pero se me fue de las manos… — continuó Abby, bajando la voz, ahora cargada de una culpa tardía y amarga. — No pensé que terminaría así, no pensé que ibas a matarlo por defender a alguien que no quiere verte feliz, ¡por defender a alguien que te odia desde que empezó a vivir contigo y parecer su sombra siempre delante de los hombres!
Era mucho para mi…
— Me entregué y me culpé porque no podía vivir con la imagen de tu cara de decepción hacia él siendo mi culpa. Pero la realidad es esa, Bill, tú defendiste a la persona que quería tu destrucción ¡pero no la quería así! ¡la quería contigo enterandote de que me acostaba con Leonardo, joder! ¡porque Leonardo también me gustaba a mi y ese imbécil siempre se fijó en ti! ¡nos acostabamos cuando tú te emborrachabas y te quedabas dormido! ¡yo lo drogaba, lo convencía y así fue cada fin de semana que salíamos!
Sentí un vacío inmenso en el estómago. Me sentí estúpido. Realmente estúpido. Había pasado meses odiando a Gerard, defendiendo a Abby, rogando por su libertad, arriesgando mi propia estabilidad por una mentira que ella misma había tejido por egoísmo y droga.
Me di la vuelta, ignorando los llamados de Abby con palabras de odio diciendo «te voy a hundir, maldito». Mis piernas se sentían como de plomo. Salí de aquel sector de castigo sin mirar atrás, con el corazón hecho pedazos no por el odio, sino por la verdad.
Al llegar a la celda, las cortinas oscuras estaban cerradas. Tom estaba sentado en la cama, rodeado de su lujo, de su dinero y de su poder. Levantó la vista y su expresión cambió de inmediato al ver mi cara bañada en lágrimas y mi mirada perdida.
Ahora todo parecía tener sentido.
— ¿Qué te hizo? — rugió Tom, poniéndose de pie de un salto, con la vena del cuello palpitando. — ¿Te tocó? Juro que le arranco la piel ahora mismo.
Me lancé a sus brazos, escondiendo mi cara en su pecho, sollozando con una fuerza que me sacudía el cuerpo entero. Él se quedó mudo por un segundo, sorprendido por la violencia de mi llanto, antes de rodearme con sus brazos y apretarme contra él.
— Fui un idiota, Tom… fui un maldito idiota. — repetía una y otra vez contra su piel.
Tom no entendía nada, pero me sostuvo con una fuerza sobreprotectora, acariciando mi espalda mientras en su cabeza mi reacción quizás no tenía sentido alguno. Me aferré a la camisa de Tom como si fuera lo único sólido en un mundo que acababa de desmoronarse bajo mis pies. El el calor de su pecho eran mi único refugio contra las palabras de Abby, que seguían zumbando en mis oídos como avispas venenosas.
— Bill, mírame… — ordenó Tom, separándome un poco para buscar mis ojos con desesperación. — ¡Habla ya, carajo… ¿qué te dijo ese loco?
— Me mintió, Tom… — logré articular entre hipos, limpiándome la nariz con el dorso de la mano. — Todo este tiempo… tu hermano no le hizo nada. Ella lo planeó. Ella se drogó, ella lo forzó y ella gritó para que yo lo odiara y ¿sabes que es lo peor..? lo de Leonardo.
Tom frunció el ceño, su mandíbula tensándose tanto que creí que sus dientes estallarían.
— ¿Leonardo? ¿Qué tiene que ver ese niño bueno ahora?
— Se acostaban, Tom. — solté con una risa amarga y carente de ganas. — Cada vez que yo me emborrachaba y me quedaba dormido, ella lo drogaba o lo convencía. Se reía en mi cara, en mi propio departamento, en mis cosas. He sido el idiota más grande de toda Alemania defendiendo a un amigo que solo quería verme destruido.
El silencio reinó la habitación. Esperaba que Tom estallara en furia, que saliera disparado a cumplir su amenaza de colgar la cabeza de Abby en la bandera. Pero en lugar de eso, sentí cómo sus músculos se relajaban un poco. Soltó un suspiro largo y tosió un poco.
— ¿Qué? — él me tomó del rostro con ambas manos, obligándome a ver su expresión. No había burla, solo una especie de satisfacción sombría mezclada con su habitual arrogancia.
— Bueno… — empezó Tom, y una chispa de su humor negro volvió a sus ojos. — Ya lo sabía. — suspiró él sin dejar de verme. — Entre la droga empezó a decirme cosas sobre el odio que te tenía e indirectamente terminé sacándole las cosas, por eso me molesté cuando lloraste por tu ex, Bill.
— Ah…
— Lo único que no esperé es que fuera a decírtelo así tan de repente, me sorprendió.
— No sabes cómo me siento ahora mismo, Tom. ¿Por qué no me lo dijiste?
Tom vaciló con su respuesta.
— No era mi deber..
— Okay. — digo arqueando las cejas, queriendo alejarme de su tacto en mi piel pero no me lo permitió. — Tom, yo…
— Escúchame. — interrumpió, dándome un pequeño apretón en las mejillas, haciéndolas ver regordetas. — Olvida a eso, a esos perdedores, olvida todo. Lo único bueno de toda esta mierda es que te has librado de ese infiel de allá fuera y que tú mejor opción soy yo. — me quedé mirándolo, procesando su extraña forma de consolarme.
— ¿Y qué vas a hacer con ella? —pregunté con voz queda.
Tom se encogió de hombros, sentándose de nuevo en la cama de lujo y tirando de mí para que me sentara a su lado, rodeándome con su brazo.
— Nada. — soltó con una naturalidad, jugando con mi cabello negro en su dedo índice y tirando de el.
— ¿Nada? ¡Dijo que me iba a hundir! ¡Dijo que me odiaba! — Tom soltó una carcajada ronca, esa que siempre me ponía los pelos de punta, y se recostó contra las almohadas suaves, mirando la televisión que aún no había encendido.
— Bill, por favor. ¿Hundirte desde dónde? Está encadenada en un agujero que huele a mierda… que te odie lo que quiera. Me vale una mierda. Esa malparida ya está muerta, solo que todavía no le han avisado. Dejala que se pudra en su veneno y ya.
No pude evitarlo. Entre el dolor y la traición, la forma tan vulgar y cruda en la que Tom despachó el asunto me arrancó una sonrisa involuntaria. Era tan él. Tan descaradamente superior.
— Eres un bruto, Tom. — dije, escondiendo mi sonrisa en su cuello.
— Soy un bruto que comió pizza luego de mucho, soy un bruto de dinero y tengo la perrita más linda de la prisión en mi cama. — replicó él, dándome un beso sonoro en la frente, dejando rastro de su saliva. — Así que deja de llorar por ese asqueroso y pásame el control remoto, que quiero ver si pasan algo que no sea noticias de política.
Rodeo los ojos mientras obedecía su petición y terminaba acurrucandome contra él.
Continúa…
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sinceramente el personaje de abby es de los personajes más odiables e hdp q he leído en una fanfic ☠️ ojalá le llegue el karma porque bill lo dio todo por ella, incluso su libertad y vida