
Fic TOLL de ZenTortugaHua
Capítulo 4
El entrenador pitó el segundo descanso y el equipo se dispersó por el campo con las botellas de agua y su ruido habitual.
Tom se sentó en el banco lateral, bebió un largo trago y miró hacia el perímetro de la cancha sin pensarlo demasiado.
Bill seguía trabajando.
Llevaba casi cuarenta minutos limpiando sin parar, con el sol pegándole directo en la nuca. El rastrillo iba y venía con la misma cadencia de siempre, pero Tom notó que los movimientos eran un poco más lentos que al principio. Los hombros, ligeramente caídos.
Miró su botella; todavía estaba casi llena.
Se levantó antes de terminar de decidirlo.
Georg lo vio irse, sorprendido, y no dijo nada, lo cual significaba que estaba guardando el comentario para después. Tom lo ignoró preventivamente y cruzó la cancha hacia donde estaba Bill.
El pelinegro lo escuchó llegar. Tom lo notó porque los movimientos del rastrillo se pausaron medio segundo antes que Bill alzara la vista.
—Toma— El capitán le extendió la botella.
Bill parpadeó por confusión.
—¿Eh…?
—Agua— Tom movió levemente la botella.— De seguro tienes sed.
El menor miró la botella, después lo miró a él.
—Es tuya…
—Ya bebí.
—Pero…— Las mejillas de Bill empezaron a ponerse rojas.— ¿De verdad no te importa…?
Tom frunció el ceño, aunque sin dureza.
—Si me importara no te la estaría ofreciendo.
Bill dudó un segundo más, con esa expresión tímida que Tom ya había guardado.
Finalmente tomó la botella con cuidado, como si pesara más de lo que debería.
Bebió despacio. El de rastas no tenía ninguna razón para seguir ahí parado, y sin embargo, no se movió.
Cuando Bill bajó la botella y lo miró para devolvérsela, sus ojos se encontraron.
Y ahí se quedaron.
No fue un segundo. Fue más. Lo suficiente para que Tom sintiera algo raro instalarse en su pecho, algo quieto y denso que no supo dónde poner.
Bill no desvió la mirada esta vez. La sostuvo, con las mejillas encendidas y los labios todavía húmedos del agua.
Tom tampoco apartó los ojos.
El ruido del equipo detrás de él existía en algún lugar lejano.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí?— Preguntó Tom, sin saber muy bien por qué preguntaba eso.
—Desde antes que llegaran…— La voz de Bill salió baja.
—¿Y no te haz cansado?
—No tanto…
El capitán iba a decir algo más, no sabía qué, cuando una voz cortó el aire desde el pasillo lateral.
—Bill.
Los dos giraron la cabeza al mismo tiempo.
Heidi estaba de pie en la entrada de la cancha, con una carpeta bajo el brazo y una expresión que pretendía ser neutral y no lo lograba del todo. Sus ojos fueron de Bill a Tom, y algo en su cara cambió en ese instante, tanto que los chicos lo notaron.
—Se supone que debes estar trabajando, no hablando— Su tono era lo único calmado.— Todavía te falta mucho por hoy.
El pequeño tomó el rastrillo sin responder. Un gesto tranquilo, correcto.
Pero el de rastas abrió la boca.
—Solo le di agua— Directo, sin adorno.— Lleva más de media hora trabajando bajo el sol y se le nota lo cansado. Si tiene algún problema con eso, me lo dice a mí.
Heidi lo miró tratando de mantenerse tranquila.
Tom la miraba fijamente, serio. No era el chico de todos los días anteriores.
Fue un silencio corto, pero lleno.
La profesora sonrió. Una sonrisa pequeña, controlada.
—Por supuesto, Tom. Solo me aseguraba que cumpliera con lo que se le asignó— Pasó la vista por Bill una vez más, brevemente.— Sigue con lo tuyo.
Se dio la vuelta y se fue por donde había venido.
Los dos la vieron irse.
Cuando desapareció en la curva del corredor, el azabache bajó la vista al pasto. Sus dedos apretaron el mango del rastrillo y luego lo soltaron.
—Gracias…— Pronunció en voz muy baja.
Tom no respondió de inmediato. Todavía tenía los ojos en el pasillo vacío, con algo apretado en la mandíbula que tardó un momento en soltar.
—No le hagas caso— Dijo finalmente.
Bill asintió, sin mirarlo.
Tom le devolvió una última mirada, corta, y volvió hacia la cancha.
Por otro lado, Heidi caminó por el pasillo sin apurar el paso, pensativa.
La carpeta bajo su brazo. Los tacones sonando parejos.
En su cabeza: la imagen de los dos chicos mirándose sin decir nada, la botella pasando de una mano a la otra, Tom plantándose delante de ella sin pensarlo dos veces.
Cerró los dedos sobre la carpeta.
Entonces era ese chico.
El raro ese con vibras extrañas.
&
Tom volvió a la cancha con paso normal, o lo que él consideraba paso normal, que era ligeramente más rápido de lo habitual y con los ojos demasiado fijos al frente.
El castaño ya estaba esperando.
No comenzó con su discurso cuando su mejor amigo llegó a su lado. Solo lo miró con esa sonrisa quieta, sin prisa, que significa que tiene todo el tiempo del mundo y piensa usarlo.
Tom bebió de otra botella sin mirarlo.
Georg seguía sonriendo.
—No digas nada— Habló el de rastas.
—No he dicho nada…
—Estás a punto de decir algo.
—¿Yo?— Georg se llevó una mano al pecho con expresión de inocencia ofendida.— Para nada. Solo estoy aquí, hidratándome, pensando en el partido.
Tom lo miró de reojo.
—Mentira.
—Completamente— Georg se dio vuelta hacia él con la sonrisa ya sin control.— ¿Le diste tu agua, Tom?
—Tenía calor.
—¿Quién? ¿Tú o él?
—Él. Obviamente él. ¿De qué hablas?
Georg asintió despacio, entrecerrando los ojos, con aquella sonrisa instalada en su rostro.
—Ajá. Y te quedaste ahí parado mirándolo beber porque…
—Porque estaba hablando con él.
—¿De qué?
—De cosas.
—¿Qué cosas?
—Georg.
—»¿Cuánto tiempo llevas aquí, Bill?» «¿No te haz cansado, Bill?»— Habló con una voz más grave, imitándolo con aspereza que Tom encontró innecesaria.— «¿Quieres que te sople viento para que estés más fresco, Bill?»
—No dije eso.
—No sé; no alcancé a escuchar lo demás.
—Oye…
—Y luego te plantaste delante de Heidi como si fuera lo más natural del mundo.— Georg lo señaló con la botella.— Tú, que normalmente te ríes de sus comentarios y le sigues el juego, hoy la miraste como si te debiera dinero.
El capitán se quedó calladito.
Georg lo estudió un momento con curiosidad, sin la sonrisa esta vez.
—Oye, en serio. ¿Qué te está pasando con ese chico?
—Nada.
—Tom.
—Que nada, Georg. Es solo…— Hizo una pausa— No me pareció agradable su trato hacia él. Está haciendo su trabajo, no está molestando a nadie.
—Ajá. Nada que ver con lo que te pregunté.
—Es verdad.
—Completamente— La sonrisa volvió.— Y por eso le das tu agua y te quedas mirándolo con esa cara.
—¿Qué cara?
—Con la cara de los que no están satisfechos con solo una noche, capitán. Hay dos significados en esa frase.
Tom le lanzó una mirada que pretendía ser severa.
Georg se echó a reír.
El entrenador pitó desde el centro de la cancha y Georg salió trotando sin dejar de reírse, levantando una mano como despedida.
—¡Ya hablamos después!
Tom se quedó parado un segundo, mirando el pasto.
Luego miró sin querer hacia el perímetro de la cancha.
Bill estaba agachado recogiendo algo del suelo, con el cabello cayéndole hacia adelante.
Tom volvió la vista al frente.
La cara de los que no están satisfechos con solo una noche, había dicho Georg.
¿Qué insinuaba?
Continúa…
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