
Fic TOLL de ZenTortugaHua
Capítulo 2
El sol pegaba duro sobre la cancha de fútbol.
Tom corría detrás del balón, pero su mente estaba en otro lado.
En un chico de cabello oscuro, ojos grandes y…
—¡Kaulitz!
La voz del entrenador lo sacó de golpe de su ensueño.
Parpadeó y se dio cuenta que el balón había pasado justo a su lado sin que lo tocara.
—¡¿Qué tienes en la cabeza?! ¡Concéntrate!
—¡Sí!
Georg le lanzó una mirada desde el otro lado de la cancha, con una ceja levantada y una sonrisita burlona.
Cuando el entrenador pitó un descanso de diez minutos, el castaño se acercó corriendo y le lanzó una botella de agua a Tom.
—¿Qué te pasa, capitán? Estás súper perdido hoy.
Atrapó la botella y bebió un largo trago antes de responder.
—Nada. Solo… tengo la cabeza en otro lado.
—Eso ya lo noté— Georg se dejó caer en el pasto a su lado, limpiándose el sudor de la frente con la camiseta.— ¿Qué es? ¿Problemas en casa? ¿Te peleaste con alguna de tus noviecitas?
Negó con la cabeza y soltó un suspiro.
—No es eso.
—¿Entonces?
Tom dudó un momento. Pero Georg era su mejor amigo. Si no podía hablar con él, ¿con quién más?
—Es… un chico…
Georg frunció el ceño.
—¿Un chico?
—Choqué con él en el pasillo…
El castaño lo miró sin entender.
—Ajá…
—No sé…— Pasó una mano por sus rastas, frustrado consigo mismo.— No dejo de pensar en él…
La expresión de Georg cambió a una de sorpresa.
—Espera, espera— Se incorporó, mirándolo fijamente.— ¿Hablas del raro de Bill?
Tom le lanzó una mirada severa.
—No le digas raro.
—Perdóóón…— Una sonrisa se le dibujó en la cara.— Pero sí hablamos de ese Bill, ¿verdad? El que parece una mona china.
Asintió, mirando hacia el pasto.
—Sí
Georg soltó una carcajada incrédula.
—No mames, Tom. ¿En serio?
—¿Qué tiene de malo?
—Nada, nada— El castaño lo miró sonriente.— Solo que… bueno, es diferente a las chicas con las que normalmente andas.
Se quedaron en silencio un momento.
Luego Georg se volvió a sentar, apoyándose en sus manos, y miró a Tom con una expresión extraña.
—Oye… ¿tú sabías que ese chico te ha estado viendo en todos los entrenamientos?
—¿Qué?
—Sí, hermano— Asintió con naturalidad— Cada vez que entrenamos, ahí está. Sentado en las tribunas, solo, mirándote. Parece que no está en un club.
El de rastas sintió que algo se le revolvía en el estómago.
—¿En serio?
—Sí… pensé que ya lo sabías…— El castaño soltó una pequeña risa incómoda.
—Pues no.
Se quedó procesando la información.
Además del nombre.
Bill.
El chico que lo miraba durante los entrenamientos.
Su nombre era tan lindo como él.
Georg se encogió de hombros y le dio un codazo juguetón.
—Tal vez busca algo de ti, ¿no crees?
El capitán lo miró de reojo.
—¿Qué quieres decir?
—Pues… que tal vez le gustas— Sonrió con picardía.— Y si tú también sientes algo… ¿por qué no lo invitas a salir o algo?
El de rastas frunció el ceño.
—Hagen… se le nota que es menor que yo.
—¿Y? También es hermoso, ¿no?
Tom no respondió, pero el calor en sus mejillas lo delató. Georg soltó una risita.
—Mira, no te estoy diciendo que te cases con él después de cogértelo— Se encogió de hombros— Solo digo que si te parece atractivo y él claramente está interesado… ¿por qué no? Después de todo, solo sería para el rato. Un polvo. Nadie tiene que saberlo.
El capitán lo miró, sorprendido por la crudeza de sus palabras, pero también… tentado.
Porque no podía negarlo.
Bill sí le parecía atractivo.
Esa cintura delgada, esas caderas pequeñas, esa forma en que sus ojos lo miraban con tanta intensidad…
Y si Bill quería algo…
¿Por qué negárselo?
—Lo pensaré.
—Házlo— Georg le dio una palmada en la espalda y se puso de pie.— Pero no te distraigas más o el entrenador te va a matar.
Volvió corriendo a la cancha, dejando a Tom sentado en el pasto, con la mente dándole vueltas.
Solo en el chico de las medias.
El chico que lo miraba desde las tribunas.
Tom alzó la vista hacia las tribunas.
Y ahí estaba. Sentado en la última fila, solo, mirándolo, como Georg había dicho. Sus ojos se encontraron por un segundo.
Bill desvió la mirada rápidamente, al mismo tiempo se escondió entre ellas, como si lo hubieran descubierto cometiendo un crimen.
El capitán sintió una sonrisa involuntaria dibujarse en sus labios.
El entrenador pitó y todos volvieron a la cancha. Pero durante el resto de la práctica, Tom no dejó de pensar en aquel chico bonito.
&
El timbre final de clases sonó, los estudiantes comenzaron a guardar sus cosas rápidamente.
Tom estaba metiendo su libro de Lengua en la mochila cuando escuchó la voz de la profesora Heidi llamarlo.
—Tom, ¿puedes quedarte un momento?
El de rastas alzó la vista. La profesora Heidi estaba de pie junto a su escritorio, con esa sonrisa que siempre usaba con él. Diferente a la que les daba a los demás.
—Sí— Respondió, aunque su tono era ligeramente de incomodidad.
Georg, que estaba a su lado, le dio un codazo y le susurró al oído:
—Fuerzas, capitán. La necesitas— Le guiñó el ojo con una sonrisa burlona antes de salir del salón.
Los labios de Tom se apretaron en una línea recta, pero las comisuras traicioneras tiraban hacia arriba. Un pequeño hoyuelo apareció en su mejilla mientras luchaba por mantener la compostura.
Se acercó a la maestra mientras el resto de los estudiantes se dispersaba por el pasillo.
Solo quedaron ellos dos. Heidi se apoyó en el borde de su escritorio, cruzando los brazos. Su expresión era amable, casi maternal, pero había algo más en la forma en la que lo miraba.
—He notado que últimamente estás… distraído— Dijo ella, inclinando la cabeza ligeramente.— No es propio de ti, Tom. Siempre has sido uno de mis mejores estudiantes. ¿Todo bien?
Tom se rascó la nuca, tratando de encontrar una respuesta que no sonara ridícula.
—Sí, todo bien. Solo… tengo algunas cosas en la cabeza.
—¿Cosas?— Heidi sonrió con complicidad.— ¿O alguien?
—Eso…
—Oh, vamos— Ella se rió suavemente y dio un paso hacia él.— Eres joven, guapo, popular… es normal que tengas la mente ocupada. Puedes contarme, sabes. A veces hablar con alguien mayor ayuda.
Tom no sabía qué decir. No quería hablar de Bill con ella. No quería hablar de nada personal con ella, en realidad.
—Es solo… alguien que me parece interesante— Dijo finalmente.
Heidi sonrió más ampliamente.
—¿Y esa persona sabe que existes?
—Creo que sí…
—Entonces no hay problema— Ella se acercó un poco más y tomó su mano, dándole un apretón suave.— Los chicos como tú no necesitan andar con rodeos, Tom. Si alguien te mira, ya sabes lo que significa.
Tom asintió, y sentía que la mano de Heidi se quedaba demasiado tiempo en su mano.
—Gracias, profesora.
Heidi no retiró la mano de inmediato. Sus dedos se deslizaron ligeramente un momento después.
—De nada— Su sonrisa no desapareció.— Ah, ya que estás aquí y todos se fueron… ¿podrías ayudarme con algo? Necesito mover unas cajas a la bodega del instituto. Son pesadas y, bueno…— Deslizó la mirada por su cuerpo de manera nada sutil.— Tú eres el único lo suficientemente fuerte para ayudarme.
El capitán sintió ese mismo escalofrío incómodo, pero no supo cómo negarse sin sonar grosero.
—Claro. No hay problema.— Sonrió
—Perfecto. Están en el armario del fondo. Acompáñame.
Se dirigió hacia el fondo del salón, donde había un pequeño armario de almacenamiento. Tom la siguió, tratando de ignorar la incomodidad que sentía.
Mientras que Bill había estado observando toda la escena desde la ventana sin ser visto.
Tenía las manos apretadas en puños, las uñas clavándose en sus palmas. Lo había visto todo.
Los vio reírse. Heidi se rió de algo que Tom dijo, y puso su mano en su pecho por un segundo.
El pelinegro sintió algo oscuro retorciéndose dentro de él.
Se alejó del salón antes que pudieran verlo, caminando rápido por el pasillo sin vida con la mirada seria.
Continúa…
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