
“5 Kills” Fic de Ywanie. Traducido por OuterSpace
5: La Forma Pervertida
Esto le gustaba a Bill. El número cuatro de la lista. Era simplemente perfecto. Tom pasaría por un infierno que Bill conocía bastante bien. Bill había pasado por ello por muchos años, y Tom había estado siempre ahí para darle un respiro de vez en cuando.
Pero esta vez, Tom no tendría tiempo para tomar aire. Bill ya lo tenía todo planeado; sólo que tampoco estaba completamente seguro de que esto era lo que realmente quería. Le traería de vuelta muchos recuerdos. Pero Bill intentó pensar en ello.
Los pantalones ajustados le quedaban perfectos a Bill. Los había escogido cuidadosamente de su closet y eso le había tomado demasiado tiempo. Pero ahora se veía genial. Sabía que Tom amaría la forma en la que ahora estaba vestido, con sus pantalones ajustados y su camisa de botones.
El plan era bastante bueno. Saldría bien. Cada vez que había algún partido de fútbol importante, Tom iba a verlo en el bar local, y tomaba y actuaba como el hombre que era. Bill sabía que hoy no sería una excepción, así que se dirigió al bar.
No quería cargar muchas cosas así que tomó las drogas que necesitaría y las metió en el bolsillo de su chaqueta la cual llevaba sobre su hombro al entrar por las puertas del bar. Pudo escuchar la plática animada de todos seguida por un vitoreo repentino. Sin duda su equipo acababa de anotar. A Bill no le interesaba el fútbol en lo más mínimo, pero había estado leyendo un poco al respecto sólo para averiguar cuándo sería que Tom estaría por estos rumbos.
El bar estaba a oscuras y sólo un viejo hombre en la esquina opuesta no veía el juego. Bill estaba seguro de que todos los demás estaban ahí sólo para verlo. Eran amigos de fútbol, o al menos así era como Tom los había llamado.
Bill caminó hacia el grupo de gente intentando ser tan anónimo como le era posible. Apenas y había salido en público en los últimos meses y ahora le resultaba bastante raro. Se sentía con algo de nauseas, pero principalmente nervioso. Aunque eso nunca pasaría, tenía miedo de que alguien fuera a atacarlo. Eso no estaba destinado a pasar esa noche, pero Bill imaginó que podría utilizar ese sentimiento para hacer su acto con Tom más fácil.
Bill permaneció de pie junto al pequeño grupo de gente por casi dos minutos completos antes de que uno de los hombres más viejos, probablemente entre los cuarenta, volteara su vista hacia él. Todos ellos ya habían visto a Bill antes, pero eso había sido hace casi seis meses. Aun así, lo reconoció sin problema alguno y se volteó para dirigir la atención de Tom hacia Bill, porque el hombre supuso que esa era la razón por la que Bill estaba ahí.
Tom volteó a ver a Bill y pareció como si acabara de ver un fantasma. Se veía sorprendido, y ligeramente contento, pero aun así, asustado. Como si pensara que algo malo le hubiera pasado a Bill. Y la razón de esos pensamientos era quizá la apariencia del rostro de Bill, la cual le decía que estaba cagado de miedo.
—Sácame de aquí, Tom… —Bill tomó todos sus sentimientos y se concentró en mostrarlos tanto como pudo. Sabía que Tom sería incapaz de decir que no. Amaba demasiado a Bill. Fácilmente podría perderse el resto del juego por ese chico.
Con una corta mirada hacia la televisión, Tom se puso de pie y tomó el brazo de Bill con gentileza, después lo guió a través del bar vacío. Cuando salieron, Tom respiró profundamente.
—¿Qué estás haciendo aquí, Bill? —preguntó apaciblemente con un letrero en la cara que decía “preocupado”.
—Sólo quería hablar contigo… —Bill fingió una mueca e intentó verse lo más pequeño e indefenso que pudo. Sabía cómo hacerlo, pero sí sintió algo de culpa al fingir todos los sentimientos que en algún momento había tenido; tener miedo, sentirse solo y alejado del mundo.
—¡Oh, Bill! —Tom jaló a Bill y lo abrazó, acariciando su espalda al igual que solía hacerlo cuando estaban juntos. Nunca dejaría de preocuparse por este chico, y se había convencido a sí mismo de que tarde o temprano, Bill regresaría a él; y a pesar de que no podrían estar juntos de la misma forma que antes, Tom seguiría protegiendo a Bill.
—Llévame a casa, Tom. Llévame a casa… —Bill susurró mientras dejaba que Tom lo sostuviera entre sus brazos. Realmente se sentía bien, pero Bill había aprendido que “bien” era sólo algo temporal, sin embargo, el dolor era algo duradero. Bill nunca volvería a ser feliz, ¿así que por qué no matar al que se llevó su felicidad?
—He estado toman… —Tom se detuvo antes de que un taxi que pasaba cerca se detuviera ante la señal de Bill. Aunque quería volver a entrar al bar, Tom supuso que lo mejor sería llevar a Bill a casa. Después de todo, no sabía cuándo volvería a tener la oportunidad de volver a verlo.
Se subieron en el asiento trasero del taxi y Tom estuvo a punto de pedirle a Bill su dirección para decirle al chofer a dónde ir, pero Bill lo detuvo y negó con su cabeza.
—Por favor no me lleves ahí. Déjame ir contigo.
Bill apoyó su cabeza en el hombro de Tom. ¿Cómo podría si quiera considerar decir que no? También había sido el hogar de Bill en algún momento. Y si Bill se quedaba a dormir, quizá tendrían tiempo para hablar las cosas. Tom quería tanto poder explicarse; a pesar de que no había mucho qué decir.
—Okay —susurró Tom en el cabello de Bill antes de darle su domicilio al conductor y el taxi empezara a moverse. Bill se mantuvo en silencio, sin saber qué decir. ¿Por cuánto tiempo podría jugar a ser vulnerable?
—Bill, ¿qué pasó? —preguntó Tom con cuidado mientras acariciaba el cabello del pelinegro. No podía creerse que Bill se hubiera aparecido sin razón alguna y para comportarse así. Era como si algo estuviera completa y terriblemente mal.
—Oh, Tom. Las cosas ya no son como eran antes… —dijo Bill en una voz baja, aferrándose al otro como si tuviera miedo de ser alejado de él. Pero Tom, ni en un millón de años, querría alejarse del pelinegro. Al menos eso era lo que pensaba.
—¿De qué hablas, Bill? —Tom vio el rostro de Bill haciendo una mueca, se veía inquieto. Toda la energía que Bill emanaba se sentía diferente a como se sentía antes. Había algo que no estaba bien, pero no sabía lo que era y no sabía de qué clase de cosa podría tratarse.
—La vida es difícil. Lamento haberte ignorado por tanto tiempo —mentira. Bill pudo escuchar a su propia mente una y otra vez diciéndole lo mal que era decir eso en voz alta. No se arrepentía ni por un segundo de lo que había hecho, pero tenía que mantener esa actitud hasta entrar a la casa de Tom.
—No lo lamentes. Entiendo que te haya tomado un poco de tiempo —Tom sonrió con su sonrisa amable; pero Bill, ni siquiera con esa encantadora sonrisa, pudo ver nada más que a una persona fría como el hielo. Cuando Bill se convencía a sí mismo de que Tom era una persona horrible, tan horrible como lo que había hecho, todo se apaciguaba en su mente. Las personas normalmente obtenían lo que merecían, y esta no era la excepción.
—Gracias —susurró Bill al cerrar los ojos. Si podía hacerle creer a Tom que se había quedado dormido, podría relajarse un poco.
Tom conocía a Bill. Lo conocía de adentro hacia afuera, de arriba hacia abajo y en toda dirección. Y sabía cuando Bill estaba siendo real y cuando estaba fingiendo. Y muy en el fondo, Tom sabía que Bill estaba actuando. Pero una gran parte suya se negaba a creerlo, simplemente porque cada célula de su cuerpo extrañaba al pelinegro. Había sido su vida, ¿por cuánto? Quince largos años. Y después de todo, quizá esta era la forma de Bill para regresar con él. Tal vez se le hacía mucho más fácil que caminar hacia él en la calle y decirle ‘hola’.
La respiración de Bill disminuyó y Tom supuso que se había quedado dormido por lo que sólo se sentó ahí en el taxi y acarició a Bill en la espalda de vez en cuando. No faltaba mucho para llegar a su casa, y Bill se veía bastante cansado.
Cuando el taxi se detuvo, Bill seguía dormido. O al menos actuaba como si lo estuviera. Tom imaginó que simplemente podría cargarlo y prepararle la cama del cuarto de huéspedes mientras descansaba en el sofá. De cualquier forma, Bill había perdido mucho peso y si hace meses había sido fácil cargarlo, probablemente ahora sería mucho más fácil.
Tom cargó a Bill en sus brazos y lo levantó como a una novia hasta la puerta principal. En ese momento se dio cuenta de lo mucho que Bill había adelgazado. Tom casi tuvo miedo de romper al pelinegro.
Tuvo que mover a Bill en sus brazos al abrir la puerta, y fuera o no que hubiera estado dormido antes, ahora definitivamente estaba despertando, pero estaba bien. Tom podía sostenerlo en sus brazos de todas formas, así que no tuvo que despertarlo completamente antes de dejar de cargarlo.
Tom abrió la puerta y lo cargó hasta el sofá, lo colocó en él y le sonrió cuando sus ojos se abrieron ligeramente.
—Cambiaste el sofá —dijo Bill fingiendo una voz adormilada. Tom le asintió antes de sentarse en el suelo junto al sofá.
—Bill, voy a prepararte el cuarto de huéspedes, ¿vale? Sólo descansa aquí hasta que regrese —Tom acarició la mejilla de Bill y sonrió. Ese chico era una belleza y siempre lo había sido. Tom imaginaba que Dios probablemente estaba tan celoso de él y que por eso le había dado a Bill una mala vida, sólo para que él pudiera sentirse mejor.
—¿No puedo dormir en tu cama? —Bill hizo sus famosos ojos de cachorrito y Tom no supo cómo decirle que no. No quería tener que dejarle su cama, pero al mismo tiempo, siempre quería lo mejor para Bill.
—Entonces dormiré en el cuarto de huéspedes, ¿bien? —Tom esperaba no tener que compartir la cama con Bill. No porque no le gustaría, pero tenía mucho miedo de enviar señales equivocadas. Cruzó sus dedos y esperó a que Bill no discutiera al respecto. Y obtuvo lo que quería, más o menos.
—Okay —susurró Bill.
No importaba lo que Tom pensara hacer, Bill ya lo tenía todo planeado y sería perfecto. Bill estaba convencido de que así sería. Cada pensamiento negativo se había ido, o al menos por un tiempo. Bill había intentado convencerse a sí mismo de que matar a Tom sería la solución a todo lo que sentía, pero muy en el fondo, sabía que no cambiaría nada. Seguía siendo algo tan profundo que no ayudaría mucho.
Tom levantó a Bill en sus brazos con cuidado y lo llevó hacia su habitación. Ni siquiera se dio cuenta cuando Bill sacó algo de su bolsillo antes de que sus brazos fueran alrededor de su cuello y su cabeza se apoyara en su brazo.
El pasillo de la sala a la habitación no era muy largo. Después de todo, Tom vivía en una casa muy vieja de un piso sin mucho espacio. Era acogedora, a Bill le encantaba ahí, pero tarde o temprano, si Tom hubiera tenido la oportunidad de tener una vida perfecta con una familia, hubiera tenido que mudarse.
Tom entró al cuarto con Bill en sus brazos y estaba a punto de recostarlo sobre la cama cuando sintió que el pelinegro hizo un movimiento rápido antes de sentir una aguja siendo presionada contra su cuello y estaba seguro de también haber sentido el fluido entrando en su sistema.
—Bill, ¿qué estás haciendo? —preguntó Tom con una voz preocupada, pero al mismo tiempo calmada. Bill se removió fuera de sus brazos y se plantó de pie frente a él, sonriendo misteriosamente. Ya no había señal alguna de cansancio en su rostro.
—Por lo que has hecho, pagarás —Bill empujó a Tom sobre la cama y se sentó encima de él. Las drogas comenzarían a trabajar en cualquier momento y Tom estaría más o menos paralizado.
—¿De qué se trata todo esto? —la voz de Tom era más baja y ahora parecía asustado. No tan asustado como estaría si supiera lo que estaba a punto de suceder, más bien como si tuviera miedo de que algo le hubiera pasado a Bill.
Bill no le contestó, pero se acercó a él de tal forma que quedó casi completamente acostado sobre él. Tom se confundió cuando sintió un par de labios presionándose contra los suyos. Quería tanto empujar a Bill lejos, pero su cuerpo se sentía pesado y no podía levantarlo más de una pulgada del colchón.
Bill se irguió, sonriéndole a Tom mientras desabotonaba su propia camisa. Podía ver cómo los ojos de Tom se movían desesperadamente del rostro del más joven hacia su pecho que cada vez estaba más y más expuesto por cada botón que era abierto. Cuando la camisa estuvo completamente abierta, Tom observó los movimientos de Bill mientras se la quitaba de su cuerpo.
En ese preciso instante, varios escenarios atravesaron por la mente de Tom. Estaba paralizado y Bill se estaba desvistiendo. No podía imaginar a Bill en verdad violándolo, pero aun así, parecía que eso era lo que estaba a punto de suceder. Ni siquiera en lo más loco de su imaginación hubiera sido capaz de adivinar que cuando esta noche acabara, estaría ambos: violado y muerto; y ambas acciones ya habían comenzado.
Las manos cuidadas de Bill se escurrieron debajo de la camisa de Tom y con cuidado la jaló para sacársela sobre su cabeza mientras una sonrisa no abandonaba su rostro. Pero aun así, había seriedad escrita por toda su cara. Se veía un poco confundido, y ni siquiera asustado, pero intentaba lo más que podía esconderlo detrás de su sonrisa.
—Bill, no tienes que hacer esto —susurró Tom. Con cada segundo que pasaba, su vida se drenaba más y más de su cuerpo. Ahora se sentía más pesado a como se había sentido hace treinta segundos.
—No me hables —contestó Bill con brusquedad mientras le quitaba rápidamente sus pantalones a Tom. Tocó el cuerpo del mayor con cuidado, respirando lentamente al cerrar sus ojos y dejar que el sentimiento inundara su cuerpo.
—Te quiero tanto ahora mismo —susurró Bill comenzando a quitarse su propio cinturón. Ladeó su cabeza un poco hacia un lado y suspiró—. Desearía que nunca me hubieras abandonado, así nunca hubiera tenido que forzarte. Extraño los tiempos en los que tú mismo te entregabas a mí.
Tom quería decirle que nunca había dejado de entregarse a sí mismo a Bill. Podía pertenecerle a Bill por siempre, sólo que no en una forma física, y ya que su relación nunca había contenido mucho sexo, no habría problema, ¿no? Pero Tom no dijo nada en absoluto. Le tomaría mucho esfuerzo, y no podía encontrar la fuerza dentro de sí mismo para hacer algo en ese momento.
Bill se levantó y se sacó sus pantalones y sus bóxers y por primera vez entonces, Tom notó que el más joven estaba medio erecto. Bill notó hacia dónde se había dirigido su mirada y sonrió ligeramente al sentarse sobre él.
—Pareciera como si nunca me hubieras visto desnudo —dijo Bill con mucha confianza, una confianza que ninguno de los dos sabía de dónde había venido, porque de hecho, había sido raro haber visto completamente desnudo a Bill. Tom podría contar con sus dedos las veces que lo había visto. No habían sido más de siete veces o algo así. En los quince años en los que se habían conocido, había visto a su ex novio completamente expuesto siete veces; y dos de esas veces, ni siquiera habían sido cuando Bill estaba dispuesto, solo que Tom había salido fuera de la nada después de que su padre le había hecho cosas que tenía prohibido pensar.
Bill no esperó por una respuesta de Tom. Estaba más que feliz de ser el único hablando.
—Sigo siendo un humano funcional y si quiero, puedo hacer que se me pare —Bill soltó una risa falsa para esconder lo nervioso que estaba. Y funcionó bastante bien.
Se inclinó más cerca hacia el rostro de Tom como si tuvieran diez años y estuviera a punto de decirle un gran secreto.
—Al menos cuando pienso en tu cuerpo —Bill acarició con dos dedos el pecho muscular y desnudo de Tom.
Tom ya casi no podía sentir nada. Cuando los labios de Bill besaron su pecho y bajaron por su estómago apenas y sintió una sensación difusa. También sus ojos comenzaron a nublarse. No podía distinguir nada en absoluto. Y en ese momento supo que estaba muriendo. Sus pensamientos comenzaron a irse a la deriva. Dejó de concentrarse en el toque de los suaves labios de Bill y sólo cerró sus ojos.
Nada sofisticado sucedió. No había luz al final del túnel, ni familiares fallecidos saludándolo desde lejos. Todo era oscuro y Tom no pudo evitar sentirse decepcionado. La muerte era sólo eso: morir e irse para siempre. Y estaba más cerca de eso con cada segundo que pasaba.
Bill se dio cuenta de que Tom estaba a punto de morir. Sólo le quedaban algunos minutos. Una ráfaga de estrés lo inundó y su mano comenzó a temblar un poco más. Con un movimiento rápido, quitó los bóxers de Tom y los tiró al piso.
Nunca había pensado que estaría así de nervioso. No lo había tomado en consideración mientras lo planeaba. Porque, después de todo, ¿por qué estaría nervioso? Había aprendido el arte de la violación del mejor violador.
Bill puso las piernas de Tom alrededor de su cintura y miró al, ahora, chico completamente expuesto que estaba debajo de él. Por un segundo se preguntó si quizá debería esperar a que su corazón dejase de latir, pero no le tomó más de un segundo pensar que el que estuviera muerto, no haría menos humano el hecho de violar a alguien. Ahora Bill podría violar a Tom hasta la muerte, literalmente.
Bill no estaba listo, ni física ni mentalmente, pero aun así, cerró sus ojos y se concentró en penetrar a Tom sin preparación alguna. Su pene tocó su ano y Bill presionó entre el anillo de músculos…
Bill secó sus lágrimas. Se estaba sonrojando por el hecho de estar llorando, incluso aunque sabía que nadie nunca lo sabría, y lo hacía todo el tiempo. No podía hacerlo. Ni siquiera era capaz de pensar en hacerlo. No era lo suficientemente fuerte para hacer algo así.
Bill caminó hacia su habitación. Sólo le quedaba una opción en su lista, y sólo había una razón para que estuviera ahí: estaba ahí en caso de que todos los otros métodos fueran eliminados. Y este, era el único con el que Bill no se sentía para nada cómodo. Simplemente decía: “Rentar a alguien para matarlo”, pero Bill tenía miedo de perderse algo importante. Aun así, Dios sabía que era tentador.
La mente de Bill estaba llena de pensamientos cuando se quitó su ropa y se metió debajo de las sábanas. Si él, de alguna forma milagrosa, lograba pensar en otra forma para el amanecer, iría a la casa de Tom y lo haría. En serio. Sin ninguna preparación mental. Sin ninguna guía mental.
Continuará…
Un capítulo más y esta historia se acaba.
¿Cómo creen que Bill terminará con todo esto? ¿Será que logra encontrar otra forma para llevar a cabo su plan, terminarán juntos?
Muchas gracias a los que están leyendo. Y también a las chicas que comentan. ¡Besitos! :3