“5 Kills” Fic de Ywanie. Traducido por OuterSpace
3: La Forma Sucia
Bill pasó a la próxima forma que había en su lista. Tenía algunas similitudes con la primera, pero el cadáver ser vería bien. Bueno, Tom necesitaría algunas puntadas, pero a Bill no le molestaba eso. Incluso él mismo podría coser sus cortes, antes de que Tom estuviera muerto.
Pero había algunos altibajos en cada método, y especialmente en este. A Bill le tomaría siglos limpiar, si es que decidía limpiar. De alguna forma, quería que todo quedara desastroso para que la persona que encontrara a Tom viera por todo lo que había pasado.
Bill cerró sus ojos lentamente y comenzó a imaginar cómo sería. La última vez que Bill había matado a Tom en su mente, Tom había estado feliz por verlo de nuevo, pero Bill imaginó que sería mucho más divertido que Tom estuviera un poco… preocupado por su vida desde el principio.
Bill no se preocupó por llamar a la puerta antes de entrar. Había tenido cuidado de ser silencioso al caminar por la entrada del auto para que Tom no lo escuchara. Quería sorprender al hombre que pronto estaría muerto. Y, por supuesto, Tom se llevó la sorpresa de su vida.
—¡Hola, Tom! —gritó Bill al entrar a la cocina donde Tom estaba sentado leyendo el periódico, al igual que siempre lo hacía por las mañanas al tomar su taza de café mañanera. Así era como se suponía que debía ser.
Tom se veía como si acabara de ver un fantasma y se le quedó viendo a Bill por varios segundos. Bill actuó como si no lo hubiera notado y caminó hacia una gaveta; la abrió y sacó un gran cuchillo de metal. Tom tartamudeó algo, pero Bill no lo entendió. Probablemente sólo necesitaba otros pocos segundos para volver en sí.
Y Bill tenía razón. Después de otros cuantos segundos, Tom dejó salir algún tipo de suspiro, casi como si estuviera aliviado, lo cual era un sentimiento completamente equivocado para sentir en ese momento, en la opinión de Bill.
—Oh, Dios, ¡Bill! Es tan bueno volver a verte.
Por un segundo, Bill estuvo seguro de que Tom iba a llorar. El chico trenzado ni siquiera era del tipo de esos que son sentimentales, pero sus ojos se veían tan brillantes y felices. Bill sabía que estaba genuinamente feliz de verlo de nuevo, lo cual hacía mucho mejor saber que Bill iba a matarlo. Para no arruinarle la felicidad tan repentinamente, Tom batallaría para saber lo que estaba sucediendo. Justo como Tom lo había hecho. Lo merecía, y lo merecía muchísimo.
—Sí, lo que sea. Te ves bien —Bill fingió una sonrisa mientras balanceaba el cuchillo entre sus dedos y avanzó unos pasos más hacia Tom. Pudo ver los ojos de Tom paseándose por su cuerpo antes de que le contestara.
—Tú siempre te has visto bien, pero ahora te ves un poco delgado, ¿no crees?
Bill quería abofetear a Tom. No era nadie para decirle a Bill que estaba muy delgado. Claro que Bill estaba completamente consciente de eso, pero no necesitaba escucharlo de Tom sólo así.
—Por eso me dejaste, ¿eh? ¿Porque me volví más delgado de lo que querías que fuera?
A Bill no le importaba si estaba siendo injusto con Tom. Quería terminar con esto de una vez para poder continuar con su vida. Pero al mismo tiempo, al haberle tomado tanto tiempo decidir cómo quería hacerlo, no tenía tanta prisa.
Tom rápidamente negó con su cabeza.
—No, Bill. No, ¡por supuesto que no! —inseguro, Tom se acercó unos pasos hacia Bill mientras estiraba sus brazos como si quisiera abrazar al pelinegro—. Nunca me diste la oportunidad de explicarte, Bill. Nunca me dejaste hablar de eso, Yo sól…
Bill apuntó el cuchillo hacia Tom en el segundo en el que intentó comenzar a explicar. Bill no quería saber. Ahora, ya ni siquiera le importaba.
—¡Cállate! —Tom hizo una mueca viendo a Bill con una mirada perdida. Obviamente no entendía nada en absoluto. Se veía tan triste. Se veía más triste que asustado, lo cual realmente fastidiaba a Bill.
—Bill, ¿en verdad me estás amenazando? —la voz de Tom estaba tan calmada, pero aun así tan llena de tanta emoción. Bill tuvo el mal presentimiento de que Tom no entendía de lo que realmente era capaz de hacer. Y tenía razón, sabía que la tenía. Y lo hacía enojar, así que negó con la cabeza.
—No creo que sea una amenaza cuando voy a matarte sin importar si me escuchas o no —entonces la cara de Tom cambió a una más asustada, lo cual hizo que una amplia sonrisa creciera en el rostro de Bill—. Pero esto sí es una amenaza: si no haces lo que te ordeno que hagas, haré que esto sea peor y más doloroso para ti.
Bill dio los pasos restantes antes de estar de pie frente a Tom. Dejó que la navaja del cuchillo descansara en la espalda de Tom mientras abrazaba al hombre que había amado alguna vez. De hecho, aunque Bill no quería admitirlo, aún amaba a Tom. Sólo que no lo suficiente para dejarlo vivir. Probablemente Tom hubiera intentado hacer algo, intentar llamar a alguien o quizá empujar a Bill, pero realmente no creía que Bill fuera capaz de matar a alguien; aunque sí tenía miedo.
Tal vez estaba equivocado.
—Ahora, camina lentamente de espaldas hasta la sala —susurró Bill en el oído de Tom mientras empezaba a empujar a Tom hacia esa dirección. Tom no necesitó más de un segundo para hacer lo que se le había ordenado, y, lentamente, se movían en dirección a la sala.
—Compraste un nuevo sofá —murmuró Bill, más como una nota para sí mismo. Era algo que siempre había hecho, tomar notas mentales en voz alta y Tom normalmente las respondía también. Y el día de hoy no era excepción. Aunque tenía la navaja de un cuchillo presionándose contra su espalda, asintió.
—Me gustaba más el café —Bill pasó su mano libre sobre el cuero negro del sofá, acariciándolo antes de que su atención se enfocara nuevamente en Tom. Se sentó sobre él y con una sonrisa en su rostro, movió el cuchillo de la espalda de Tom hasta el costado de su cuello.
—Por lo que has hecho, pagarás—susurró. Esas palabras lo significaban todo. Lo que se hace, se paga; no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti. Tom rompió a Bill, y ahora Bill quería romper a Tom. Tan fácil como eso—. ¿Pero qué te quiero hacer a ti?
Bill se irguió con un rostro de concentración, meciéndose ligeramente de adelante hacia atrás mientras pensaba. Prácticamente sólo estaba prolongando el tiempo, intentando poner a Tom tan nervioso y asustado como fuera posible.
—Siempre podría hacer algo clásico… —dijo Bill en un tono especulativo mientras dejaba que el cuchillo viajara a través del cuerpo de Tom, con sólo un poquito menos de fuerza como para atravesar la piel—. Ya sabes, algo como abrirte el estómago…
Bill detuvo el cuchillo entre las costillas de Tom, justo encima de la boca del estómago. Le sonrió a su ex novio, pero Tom se veía extremadamente serio. Y eso, en realidad no era tan sorprendente.
—Podría sacarte los intestinos y estrangularte con ellos —continuó Bill, riendo un poco cuando vio que el rostro de Tom hizo una mueca de náusea. Eso era justo lo que Bill quería ver—. Oh, Tomi, todavía no acabo. Deja tus muecas hasta que termine de hablar y empiece a actuar.
—Después de que mueras, volveré a meterte tus intestinos y te voy a cerrar con una engrapadora para que tu familia no esté tan asqueada de verte como yo lo estoy. Tu madre es una persona tan dulce y amorosa, ¡no puedo entender cómo pudo tener un hijo tan malvado! —cuando Bill comenzó a pensar en Simone, se volvió más serio de repente. Ya no estaba riendo ni tenía una sonrisa traviesa en su cara.
Tom desvió la mirada, evitó ver a Bill a los ojos.
—Desearía poder decir lo mismo, pero siempre pensé que con tu familia era al revés; que tú eras el dulce y amoroso. Pero me equivoqué, y ahora vas a intentar cometer un pecado más grande que el de tu padre.
Bill abofeteó a Tom en la mejilla antes de gritarle.
—¡¿Cómo te atreves?! —volvió a abofetear a Tom, seguido de un gruñido gutural. Ahora Bill estaba enojado. Estaba muy, muy enojado.
Bill acarició el rostro de Tom con la punta del cuchillo mientras sostenía un fuerte agarre en las trenzas del chico. Lentamente, el metal penetró la piel y dejó un corte. Pero después de todo, Bill no quería usar el cuchillo. Debido lo que acababa de decir Tom, su muerte sería sucia, pero no terminaría cubierto de sangre.
Bill aventó lejos el cuchillo y no se fijó en dónde cayó, pero pudo escuchar un vidrio quebrándose en el fondo, por lo que supuso que había golpeado algo de cristal.
Tom estaba a punto de tomar el control de la situación e intentó quitar a Bill cuidadosamente de su regazo, pero cuando lo hizo, recibió un rodillazo en sus bolas.
Bill se levantó del sofá mientras Tom estaba retorciéndose por el dolor repentino en su entrepierna y comenzó a patearlo. El pelinegro aún tenía puestos sus zapatos y no se arrepentía de ello en ningún momento. Pateó sin parar para que Tom no tuviera nunca la oportunidad de defenderse.
Tom recibió una patada justo en su boca y pudo sentir el sabor de la sangre. Pero eso no podía compararse al dolor en su estómago, el cual se sentía completamente destrozado. Bill pateó a Tom para tirarlo del sofá y se subió encima de él.
—¿Sientes el dolor? —preguntó mientras se agachaba sobre el suelo a un lado de Tom. Para ese entonces ya estaba tan adolorido que se había rendido. Algunas costillas estaban rotas y cada movimiento que intentaba hacer era como la definición exacta del dolor. Silenciosamente, Tom le agradeció a Dios cuando Bill se detuvo. Tristemente para él, Dios estaba ocupado con algo más porque no dejaría que Tom tuviera paz por un largo tiempo.
—Ese es el dolor que yo sentía, Tom. Cada vez que mi padre se satisfacía conmigo. Me golpeaba, me pateaba y me castigaba de la peor forma posible. Sí, ese es uno de los pecados que mi padre cometió. Pero te prometo que yo seré un mejor hombre que él —Bill susurró esa última oración, haciendo que Tom se estremeciera. Pero al mismo tiempo, intentó convencerse a sí mismo de que las palabras de Bill le daban algo de esperanza.
Cualquier esperanza que Tom hubiera tenido, no duró mucho tiempo. Bill volvió a ponerse de pie antes de que Tom pudiera pestañear dos veces y para su sorpresa, el pelinegro había desaparecido en dirección de la cocina. Cuando regresó, después de unos minutos o algo así, llevaba una cubeta con algunos litros de algún fluido, pero los puso sobre la mesita de café antes de ir con Tom nuevamente.
—¡Esto es por lo que teníamos, Tom! —Bill dio una serie de patadas sobre el costado del torso de Tom. Pudo escuchar otra costilla rompiéndose y casi se soltó a reír. Ahora Tom estaba gritando. Casi estaba hiperventilando. Bill pudo notar que tenía problemas para respirar y no iba a dejar que Tom muriera por una paliza.
—¡Y esto es por lo que seguiríamos siendo si no fueras un pendejo! —Bill le dio una última patada antes de detenerse. Respiró hondo varias veces intentando calmar su ira. Esto no era parte de su plan, pero no podía evitarlo. ¿Cómo había podido Tom compararlo así con su padre? Bill ni siquiera podía pensar en ello. Necesitaba terminar con esto.
Puso la cubeta en el suelo detrás del sofá antes de tomar a Tom de sus antebrazos y levantar la parte de arriba de su cuerpo del suelo. Logró arrastrarlo arriba del sofá de tal forma de que la cabeza de Tom quedara colgando sobre la parte trasera y que la cubeta quedara justo por debajo de su cabeza.
Tom pudo sentir el ligero aroma a orina que emanaba de la cubeta. Y en realidad sus sentidos no habían engañado a su mente. Su cabeza estaba colgando sobre una cubeta llena de una mezcla de orina y agua. Pero antes de que tuviera algún chance de pensar en ello, sintió que Bill le dio un extraño empujón a su estómago y casi como un reflejo, Tom vomitó y todo lo que había comido en el día terminó en la cubeta junto con ácido estomacal y sangre. Bill repitió la acción mientras tarareaba alegremente. Tenía que asegurarse de que Tom estuviera completamente vacío antes de pasar al siguiente paso.
Cuando Bill repitió la acción por cuarta o quinta vez, pero ya nada más salía, declaró que esa parte del plan estaba terminada. Aunque no soltó a Tom, todavía tenía agarrado al chico firmemente.
—Ahora estamos mezclados, Tom. Ambos estamos dentro de esa cubeta —dijo Bill como si fuera un hecho sacado de un diccionario. Como si eso fuera algo muy especial. Y lo era, era tan absolutamente especial.
Tom no respondió. Ya no le quedaba fuerza alguna, ni siquiera podía moverse por cuenta propia. Se había dado por vencido completamente. Y probablemente eso era lo mejor.
—Soy un mejor hombre que mi padre, porque te dejaré morir en lugar de dejarte vivir con todo lo que has pasado —dijo Bill. Ahora su voz era cálida. Realmente pensaba que era una mejor persona que su padre, pero a Tom no le importaba. No le importaba si Bill tenía razón o no. De cualquier forma, ahora ya nada importaba.
Lentamente, Bill hundió la cabeza de Tom en la cubeta y no se detuvo hasta estar seguro de que la cabeza de Tom hubiera tocado fondo. Bill lo empujó hacia abajo, sólo para asegurarse de que no pudiera levantarse. Pero Tom no se resistió en absoluto. Se estaba ahogando en la mezcla de dos ex amantes.
Después de pensarlo bien, Bill dejó a un lado esta forma de hacer las cosas. ¿Cómo podría encontrar la fuerza para hacer semejante cosa? Al principio había pensado que sería capaz de hacerlo, pero después de haberlo pensado detalladamente, creyó que después de todo, quizá no sería capaz de llevarlo a cabo.
Bill amaba a Tom demasiado como para verlo sufrir por tanto tiempo. Ahora sólo quedaban tres métodos restantes en su lista, y Bill tenía el presentimiento de que se decidiría por el último método: el pacífico.
Continuará…
Tal vez las formas para matar a Tom no sean precisamente las más originales, como se mencionó en el prólogo, pero yo personalmente pienso que hasta ahora las formas para torturarlo sí han sido bastante creativas. e_e
¡Muchas gracias por sus comentarios! Lindo fin de semana para todos. 🙂
