

Fic de WifesKaulitz. Temporada IV
Capítulo 5
Alemania, 15:38 p.m.
Siete años después…
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(Aclaro que Bill seguirá teniendo las rastas al igual que Tom las trenzas.)
— ¿Tú? — rodee los ojos cuando vi a Heidi de pie en el umbral de la puerta con cierta prepotencia y una expresión altanera al verme afuera de su casa. — ¿Qué haces aquí?
— ¿Está Tom?
— Que descaro, ¿no? — cruzó sus brazos. — ¿No te da vergüenza venir a buscar a un hombre comprometido?
— Heidi, no tengo tiempo ni ganas de venir a discutir contigo, ¿sí? Solamente dale esto a Tom. — levanté el ramo de rosas falsas que traía en mi mano izquierda. — Y dile que se equivocó de dirección que le mandó a la equivocada. — lancé el ramo a su pecho y estaba a punto de irme pero ella lo evitó, poniendo su sucia mano en mi espalda. — Suelta. — amenacé.
— ¿Qué piensas, eh? ¿Quién te crees para mandarle rosas a mi prometido? Que pena das, Bill. Quierete a si sea un poco, ya no le interesas.
— ¿Segura? — sonreí de lado y adopté su misma postura. — Ay, lo que no entiendo es como un hombre comprometido le anda mandando flores a su ex justo el mismo día que cumplen exactamente siete años de casados… uff, y sin contar las anteriores que siguen adornando en mi casa.
— ¿Sigues insinuando que él te las mandó? ¡Retractate o te juro que te mando a palasos de mi casa!
— El amor a veces nos ciega, Heidi.
— Eres tan mentiroso que tus putas flores ni siquiera tienen una carta que diga que son para ti.
Me di el lujo de soltar una carcajada burlona mientras abría el papel que traía en mi mano derecha, en ella decía lo siguiente:
«El tiempo que duren estas
flores, será el mismo tiempo que
dure el cariño que sientas por
mí.»
T. K.
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Podría pagar lo que fuera por ver la expresión de Heidi una vez más, podría decir que casi se desmaya leyendo la babosada que Tom mandó a mi trabajo.
Me di cuenta gracias a Luci que estaban ahí porque según mi manager eso sería algo poco profesional para un modelo como yo.
— Esto es tan gracioso y ridículo a la vez. — esta vez fue ella quien me lanzó las flores para luego comenzar a romper la carta.
— ¿Te dolió? — cuestioné un poco curioso, sabía la respuesta pero aun así quería oirla. — ¿Mhmm?
— Son flores artificiales, a si que vete con tu mentira a otra parte.
— No entendiste. — burlé otra vez. — Las flores son de mentira asi que el cariño seguirá intacto, a eso se refiere.
— No, solo vete… ¡largo! — claro que me iría riendo de ella y de la forma en la que trató de solapar lo que hizo Tom. — ¡No vas a poder separarme nunca de mi marido, idiota!
— ¿Tu marido? Ja. ¡Que no se te olvide que de pura picardía no le doy el divorcio, pendeja!
— ¡Cállate!
— ¡Amo ver como Tom se sigue arrastrando por mi perdón!
— ¡Ya, jodete!
— Jodete tú, Heidi. — le saqué el dedo medio. Le quité seguro a mi auto y me subí en él, pegué un brinco exagerado cuando lo vi llegar en su auto. Quería salir huyendo de ahí rápido que se me olvidó ponerle la marcha para arrancar el carro. Este bramó con fuerza y se me escapó una grosería antes dicha por respeto a mis bebés, quienes dormían en los asientos de atrás luego de una gran tarde en la fiesta de uno de sus compañeritos.
— Bill.
Un suspiro ahogado salió de mi boca, me bajé del auto y crucé los brazos mientras me arrimaba en el.
— ¿Qué haces por aquí? — sonrió.
«Ni se le nota que le descubrí una infidelidad en mi propia casa en Francia.»
— Hoy no me toca quedarme con los niños.
¿No le toca? Ah, sí… olvidé que mediante Andreas llegamos a un trato de que los vea cada fin de semana y comparta con ellos.
— Vine a devolverte las estúpidas flores que mandaste a mi trabajo, Tom. ¿Qué parte de que no quiero saber nada de ti no entiendes?
— Lo siento. — agachó la cabeza. — Lo que hice ni siquiera se merece eso y entiendo que me odies pero quiero arreglarlo.
— ¿Arreglarlo? ¿Se te olvidan las palabras que me dijiste? — negó con la cabeza. — Joder ¡Si hasta ya te comprometiste con Heidi!
— ¡No! — se apresuró a decir. — Ya le dije a Heidi que no me interesa, que lo que pasó entre los dos solo fue cosa de una noche y… — no terminó de hablar porque le di una cachetada que le viró el rostro. — ¡Au, Bill!
— Basta de mentiras, Tom.
— Joder… quiero volver a casa con nuestros hijos, los extraño.
— Eso no decías cuando te la estabas follando, cara dura.
— Oye, no digas eso. — rió por lo bajo. — Haría lo que sea por volver a casa para estar contigo, en serio.
— ¡Que bueno que llegas, Tom! — bufé cuando la señora corrió hasta mi ex esposo y lo abrazó con mucho drama. — Bill dice que mandaste unas flores falsas a su trabajo, dime que es mentira.
— Oh, es cierto. Olvidé preguntarte, ¿te gustaron las flores? — entrecerré los ojos y miré a Heidi quien tenía un rostro de desconcierto total, a si que sonreí y asentí con lentitud.
— Muchísimo, Tom. Al menos te acuerdas de las que me gustan y en que fecha mandarlas. — comencé a subirme al auto y bajé la ventana. — Te voy a estar llamando para darte una respuesta de que si te quiero perdonar o no, mi amor. Adiós.
Me aseguré de poner la marcha e irme mientras los veía por el retrovisor como discutían.
Verlo me hizo sentir mejor.
Todos me aconsejaban que debía dejarlo pasar y que no sufra por él porque si ya me falló una vez lo volvería a hacer pero seguía amándolo. Aún lo amo y siempre voy a seguir porque con él pasé muchas cosas que no puedo dejar ir tan fácil.
Sam me aconsejó que no se la deje fácil a Heidi y que luche por Tom ya que aun no estamos ni divorciados…
Mi hermana me confundía, primero decía una cosa y ahora otra, mhmm…
— ¿Qué hago? — murmuré estacionandome fuera de la nueva casa que compré con la mitad del dinero de la hacienda, lo suficiente espaciosa para una familia de cinco. — Lo amo mucho…
Continúa…
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